Capítulo 44


A lo lejos donde sólo las flores silvestres sobrepasan la muerte, la luna cuelga en lo alto, resplandeciente; como un espejo sobre el milenio. El sonido de mi música chilló sin ruido. Solo, vagué por la pradera.
‒Hai Zi, Setiembre.

El teléfono del comedor sonó durante un buen rato antes de pasar al contestador automático. El sol, ya en lo alto del cielo, iluminaba toda la estancia.
Xu Ping parpadeó, frunció el ceño por el sol e intentó cubrir los rayos del sol con la mano. Su hermano yacía a su lado dormido. Sólo le cubría la sábana y arropaba a Xu Ping con el brazo.
Xu Ping se quitó el brazo de encima y se sentó con esfuerzo. Le dolían todos los músculos del cuerpo; era como si su esqueleto fuese una silla vieja. Allí sentado reflexionó sobre lo ocurrido la noche anterior y enterró la cara entre sus manos.
La última parte de sus recuerdos estaban borrosos. Después de llegar al orgasmo por primera vez se sintió ligero como una pluma, como si hubiese fumado marihuana. Todos los problemas, todo el dolor y todos sus miedos sobre el futuro y el destino desaparecieron junto con el semen. Nada le importaba. Tanto la vida como la muerte parecían de otra dimensión. Lo que importaba era el ahora.
Movió la cola y rogó como un perro, frotando el pene de su hermano contra su ingle como si fuera una zorra en celo. Se ocupó de ello con la boca y las manos hasta que se endureció otra vez y se lo comió con impaciencia. Se movió sobre su hermano, abrió las piernas sin tener en cuenta nada. Su expresión ya no era de tolerancia y dolor, sino de felicidad lasciva. Como si su moral hubiese caído en picado y el Xu Ping más indecoroso hubiese salido a la luz.
Jugó sin contenerse, se frotó su propio pene y se masajeó los testículos. Hasta se metió los dedos en la boca para humedecerlos antes de tocarse los pezones, pellizcándoselos hasta que se pusieron rojos. Suplicó placer imaginándose el miembro de su hermano atacándole sin piedad. Ya no le dolía, ya no le apenaba. Su cuerpo se había convertido en un instrumento para follar y cada penetración le daba felicidad.
Olvidándose a sí mismo, dejó de controlar su voz, gritando cada vez más y más fuerte. Quería morir en manos de su hermano. Estaba tan lleno de semen que cada vez que se movía goteaba de entre sus piernas. Se quedó enredado con su hermano como si fueran serpientes, incapaz de dejar al hombre que le seducía sin parar.
Lo último que recordaba era estar físicamente agotado después de que su hermano eyaculase en él por novena vez. Entonces, Xu Zheng había caído rendido sobre la cama, jadeando violentamente, pero Xu Ping todavía había estado mentalmente insatisfecho. El mayor de los hermanos había separado las piernas, se había pasado el dedo índice por su entrada y con una voz melosa y suave había dicho:
‒Xiao Zheng, ven a chupar a tu gege.

Title: Capítulo 44
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