Capítulo 102: Caos


‒Las niñeras de Si Shaoye son muy meticulosas. ‒ Zhao Nan estaba informando del estado de Li Min Zhi. ‒ Todo está bien preparado y nunca le dejan solo en la cuna. La Furen le visita tres veces al día y dos más a medianoche. Al parecer, Laoye dijo que le trataba mejor que a un hijo de verdad. ‒ Zhao Nan habló sin pizca de emoción, aunque estaba claramente disgustado porque Li Wei Yang le tuviera vigilando a un bebé.
‒Mimar demasiado a un niño puede ser perjudicial. ‒ Li Wei Yang sonrió.
Zhao Nan notó algo extraño en sus palabras, pero supo exactamente el qué.
‒¿No lo entiendes? ‒ Una voz habló desde detrás del muchacho. ‒ Si Di es astuto; ha aprendido a moverse y a darse la vuelta muy deprisa. Busca a Qi Yiniang por todas partes. Es muy prudente por su parte que no le dejen solo ni pisar el suelo.  ‒Zhao Nan vio entrar a Li Min De y le saludó. Li Min De hizo un gesto con la mano y continuó. ‒ ¡Qué lento eres! Te ha ordenado que vigiles y escuches, ¡y sigues sin entender nada de nada!
En los últimos dos años Li Min De apenas visitaba a Li Wei Yang para evitar sospechas, pero era totalmente necesario discutir el estado de Min Zhi, por lo que tuvo que hacerlo.
Li Wei Yang le miró. El joven Li Min De vestía unas ropas doradas bordadas y un abrigo de piel plateada. El color que había elegido le hacía destacar todavía más.
‒Bueno, tampoco es una sorpresa, a Zhao Nan no se le dan bien estas cosas. ‒ Sonrió. ‒ Todavía le queda mucho que aprender. ‒ Dicho esto se giró hacia el lacayo. ‒ Jiang Yue Lan es astuta. Se puede dar a alguien las mejores ropas y las mejores comidas y, aun así, no criarle bien. No hacen falta golpes, maltrato o regañinas para criar mal a un niño.
Li Xiao Ran había estado monitorizando las acciones de Jiang Yue Lan y le estaba eternamente agradecido. Aunque Min Zhi se volviese un ignorante o un incompetente, culparía al destino, no a su madrastra porque la buena mujer sólo le había dado lo mejor de lo mejor.
Aunque se descubriese el pastel, Jiang Yue Lan sólo quedaría como una madre que había mimado demasiado a su niño sin mala intención. Sin embargo, Li Wei Yang y Li Min De eran personas retorcidas y sus ideas también: ambos habían llegado a la misma conclusión.
Zhao Nan no podía creérselo. La frágil Furen era dulce y parecía amar a Min Zhi, preocuparse por él y le cogía en brazos como si le diese miedo que se rompiera. No parecía maquiavélica.
‒Yo solía poner muchos juguetes y dibujos en su cuna para que interactuase, escuchase y viera. ‒ Li Wei Yang sonrió. ‒ ¿Ella también lo hace?
Zhao Nan pensó unos instantes y acabó negando con la cabeza.
‒Por eso mismo. ‒ Continuó la joven con indiferencia. ‒ Si un niño crece en un entorno así acabará volviéndose un inútil. Da Furen siempre me ha parecido despreciable, pero Jiang Yue Lan se está llevando la palma.
‒Claro, ‒ dijo Min De. ‒ Jiang Rou era la hija mayor, tenía a todos los suyos cubriéndole las espaldas, no hacía falta que se preocupase de nada. Jiang Yue Lan es otro cantar. ¿Cómo iba a sobrevivir en esa casa plagada de hermanastros y madrastras sin un buen plan? Por eso se le dan tan bien estos métodos sutiles.
‒Jiang Yue Lan no va a por mí. Se dio cuenta de lo mucho que padre quiere a Min Zhi y temió que su propio hijo estuviese en desventaja en un futuro lejano. ‒ Afirmó Wei Yang.
Sí, el amor de Li Xiao Ran iba mucho más allá de lo esperado para ser el hijo de una concubina. No era de extrañar que la matriarca se preocupase.
En realidad, Li Wei Yang estaba algo preocupada. Siempre había sido fácil lidiar con las despreciables acciones de Da Furen, pero Jiang Yue Lan era otro cantar. Aunque los demás se enterasen de sus planes sólo podrían acusarla de haber mimado en exceso al niño. ¿Qué iban a recriminarle? ¿Quererle demasiado? Si Da Furen hubiese usado un método tan poderoso, no habría durado tan poco.
‒¿Qué hacemos? ‒ Li Min De miró a Wei Yang
‒Tiene el toro cogido por los cuernos, pero yo también sé hacerlo. Será mejor que esperemos.

Tras la nevada, parecía que los días eran más soleados porque los rayos se reflejaban en la nieve. Lao Furen estaba de pie en el pasillo admirando los capullos de las flores y la nieve rodeada por sus aromas.
‒Qué vista tan hermosa. ‒ Sonrió.
‒Es gracias a la piedad filial de Yue Lan. ‒ La criada Luo sonrió. ‒ Fue ella quien ha plantado estos ciruelos.
‒Es una muchacha lista. ‒ Dijo la anciana, entre sonrisas.
La criada Luo soltó una risita, pero guardó silencio.
‒Estoy segura de que a Min Zhi le gustaría ver un muñeco de nieve con toda esta nieve. ‒ Pensó Lao Furen con los ojos aún puestos en la nieve.
‒Si Shaoye todavía es joven, Lao Furen. ‒ Sonrió la criada. ‒ ¿Cómo va a correr con este temporal? Tal vez en un par de años…
‒Es un niño encantador; le sonríe a todo el mundo. ‒ Lao Furen sonrió. ‒ Qué pena que sea hijo de una concubina. Si fuera el hijo biológico de Jiang Yue Lan todo sería diferente.
‒Si Shaoye ya tiene la suerte de que lo críe ella. ‒ La criada Luo también sonrió. ‒ He oído decir que la Furen lo lleva en brazos todo el día. Está claro que le quiere con locura; a la larga será como si fuera su propio hijo.
‒Sí, lo único que me preocupa es que cuando Jiang Yue Lan tenga su propio hijo dejé de prestarle tanta atención a mi querido Min Zhi.
Era la primera vez que la anciana añadía “mi querido” al nombre de un heredero, de hecho, siempre había mantenido las distancias con Li Min Feng por culpa de Da Furen. Le quería, pero aun así siempre había tenido un mal presentimiento. Temía que Da Furen fuera más difícil de controlar por haber tenido al primogénito. Esas malas ideas no le rondaban la mente con Min Zhi que siempre sonreía.
La criada Luo no pudo evitar suspirar. Su señora seguía ocupándose y preocupándose de sus nietos a su avanzada edad.
‒No creo que eso suceda… Me han contado que ayer Si Shaoye rompió a llorar de noche y, se ve, que se ha resfriado. Cuando la Furen se enteró fue corriendo a cuidarle y todavía sigue ahí. Eso demuestra lo mucho que le quiere. Cuando crezca podrá estudiar.
‒También es verdad. ‒ Lao Furen suavizó el ceño.
‒La nueva Furen sabe cómo llevarlo todo. ‒ Continuó la criada. ‒ Hasta Da xiaojie se porta mucho mejor, la está enseñando como se debe. Y la casa está en perfectas condiciones, todo está en su sitio. Gracias a eso usted puede empezar a velar por su propia salud.
‒Últimamente, Li Zhang Le es más querida. De vez en cuando viene a visitarme con Jiang Yue Lan con unos modales impecables. Al principio quise advertirle que era la última oportunidad que le doy, pero me he dado cuenta que ha mejorado. En cualquier caso, dentro de tres años la casaré. Que vaya bien o mal depende de ella.
‒Es usted muy sabia, Lao Furen. ‒ Mientras la criada hablaba, vio a una jovencita que atraía todas las miradas. ‒ ¡Mire, Wei Yang cada vez es más encantadora! ‒ Exclamó sonriente.
Li Wei Yang había cumplido los quince años. Era más alta, delgada y grácil. Poseía una belleza juvenil e irresistible a pesar de que su rostro no podía ni compararse con el de Zhang Le.
Li Wei Yang se les acercó con una gran sonrisa en los labios.
‒¿Por qué no vas más tapada? Nunca te ha gustado el frío. ‒ Se quejó la anciana cogiéndole las manos.
‒He preferido venir a verte para entrar en calor, abuela. ¿No es mejor? ‒ La joven sonrió.
‒Vaya, vaya, con que querías aprovecharte de mí, ¿eh? ‒ Lao Furen sonrió y se dio la vuelta. ‒ Venga, hablemos dentro.
La calidez del interior de la casa relajó el cuerpo de Li Wei Yang. De vez en cuando se escuchaba un chasquido del carbón entre las muchas velas que iluminaban la estancia.
Lao Furen estudió a la muchacha que se había sentado a su lado. Li Wei Yang se había peinado de una forma exquisita: se había llenado el pelo de cristales en forma de flor. Era simple y elegante. Lao Furen asintió. La muchacha solía vestir de blanco, pero su elección al vestir no permitía que nadie la menospreciase.
Lao Furen indicó a una de las criadas que trajeran un tazón de azúcar moreno y sopa de jengibre que había en una bandeja. Li Wei Yang se la bebió mientras que otra sirvienta la ayudaba a desembarazarse del pesado abrigo de piel.
‒¿Por qué has venido con el frío que hace? ‒ Le preguntó la anciana ahora que su nieta tenía mejor cara.
‒Precisamente he venido para traer un poco de sopa caliente para el frío.  ‒ Dijo, y ordenó a Bai Zhi que sacase una caja envuelta en piel llena de sopa.
Lao Furen asintió con la cabeza. Aquella joven no había dejado de traerle sopa caliente desde principios de invierno.
‒¡Puedo sobrevivir sin beberla cada día, no hace falta que sufras tanto!
‒En invierno siempre toses y se te seca la garganta. Esta sopa es buena para los pulmones, va de miedo. ¿Por qué no esforzarme con las pocas cosas que puedo hacer por ti, Lao Furen?
‒He oído que Min Zhi ha pasado mala noche. ‒ Lao Furen asintió satisfecha. ‒ Voy a ir a verle, vente conmigo.
Algo le cruzó los ojos a la jovencita, pero se limitó a sonreír.
‒Sí.

Antes de entrar al patio Fu Rui la anciana y su nieta ya pudieron oír los llantos de una criatura. Li Wei Yang sintió una molestia en el pecho y alzó la vista para ver cómo la anciana aceleraba el paso con el ceño fruncido. Ambas entraron en la habitación y se encontraron a Jiang Yue Lan con Min Zhi en brazos. La matriarca llevaba el cabello cargado de perlas de jade rojas y un vestido de seda gruesa.
‒¿Qué pasa? ‒ Lao Furen entró casi corriendo.
Jiang Yue Lan se sobresaltó y corrió a saludarla con el niño en brazos. Lao Furen levantó una mano y la detuvo.
Era la primera vez que Jiang Yue Lan se enfrentaba a un bebé que no dejaba de llorar. Min Zhi no paraba de chillar y llorar sin importar lo que probase, lo ignoraba todo.
A Lao Furen le cambió la cara. Ese niño nunca lloraba hasta que empezó a vivir con esta mujer. ¿Qué explicación había?
‒Puede que todavía no esté acostumbrado a vivir aquí, Lao Furen.
‒Han pasado diez días. ¿A qué se tiene que acostumbrar? ¡Cuál es el problema! ¿Tan mal lo hacen tus niñeras? ‒ Lao Furen estaba terriblemente angustiada.
Jiang Yue Lan empalideció y se le enrojecieron los ojos.
‒Lao Furen, le quiero con locura. Pero como todavía soy joven y no tengo mucha experiencia, Laoye ha contratado a una niñera experta. Ni siquiera ella sabe qué hacer.
Li Wei Yang sonrió. La elocuencia era muy importante. Si Lao Furen tenía que culpar a alguien, tendría que apuntar a su propio hijo.
‒Si sigue llorando así, acabará siendo una mala manía. Mira, hasta tiene la voz ronca.
Jiang Yue Lan estaba atónita. Ese maldito niño o lloraba o dormía. Lo único que permitía era que le dieran de comer, y entonces, volvía a chillar. Se había pasado la vida cuidando de sus siete u ocho hermanos y nunca se había enfrentado a algo así. No sabía qué le hacía llorar.
Lao Furen miró al niño de hito a hito y dijo:
‒¡Dame el niño!
Por supuesto, Jiang Yue Lan se lo entregó sin titubear. Y, en cuanto Min Zhi alzó la vista y vio a Lao Furen, se calló sin parpadear.
‒¿Ves? ¡Es porque no sabes cuidarle! ‒ Dijo Lao Furen. Sin embargo, acto seguido, Min Zhi rompió a llorar con todavía más fuerza.
‒¿Se encuentra mal? ‒ Preguntó Li Wei Yang.
‒Los médicos dicen que no le pasa nada. ‒ Jiang Yue Lan estaba preocupada. Esta vez era inocente, pero hasta Li Xiao Ran la había malentendido y estaba seguro de que le había hecho algo a su hijo porque cada vez que lo cogía en brazos berreaba o se removía.
‒¡A lo mejor hay algo que le molesta! ‒ Pensó la anciana mientras acariciaba la cabeza de Min Zhi. Como si la hubiese entendido, el bebé volvió a llorar.
‒¿Molestando…? ‒ Jiang Yue Lan se sorprendió. ‒ Esto… No puede ser.
‒¿Quién lo dice? ‒ Lao Furen frunció el ceño. ‒ ¡Estoy segura que hay algo aquí que le molesta!
Todo el mundo se disgustó al escuchar esas palabras. Todos los presentes recordaban que la anterior señora había fallecido por una maldición. ¿Tal vez ese patio estuviera maldito de verdad? La superstición se apoderó de sus dudas.
‒Lao Furen, ¿por qué no llamamos a un taoísta para que le haga una revisión?
‒Mucho me temo que no va a funcionar. ‒ Afirmó la anciana. ‒ ¡Ningún taoísta ha conseguido librarse del mal de ojo!
Jiang Yue Lan se quedó callada. Cualquier cosa que dijera iba a tomarse de mala manera. Echó un vistazo al niño que seguía llorando y pensó en que, a pesar de que lo creía en la palma de su mano, ese bebé era una bomba. Todos sus esfuerzos se irían al garete si no dejaba de llorar. ¡Hasta podrían sospechar que había abusado de él! Justo iba a abrir la boca cuando Li Wei Yang esbozó una leve sonrisa.
‒¡Mire, Lao Furen! ¡Creo que Si Shaoye tiene un salpullido!
Li Wei Yang se acercó en pánico. Cogió el brazo de su hermano pequeño y lo estudió con detenimiento. El bebé estaba cubierto de puntitos rojos con el centro negro.
‒¡¿Qué es esto?! ‒ Exclamó furiosa.
‒Jiang Yue Lan, ‒ El tono de Lao Furen cambió de inmediato. ‒ ¡¿cómo has estado cuidando a este niño?!
‒Lao Furen… ‒ Jiang Yue Lan se quedó de piedra y se acercó para verlo mejor, aterrorizada. ‒ Esto… ¡No sé qué ha podido pasar!
Li Wei Yang frunció el ceño sin querer. Jiang Yue Lan había conseguido a Min Zhi con mucho esfuerzo, ella no iba a hacerle daño sin motivo, pero esas marcas tenían que ser fruto de una picadura de un insecto venenoso.
‒Lao Furen, rápido, hay que llamar a un médico. Min Zhi es frágil, ¡a saber qué podría pasar si algo le pica!
Min Zhi continuó llorando entre los brazos de su abuela.
‒¡Rápido, id a buscar al médico imperial! ‒ Entonces, le dedicó una mirada furiosa a Jiang Yue Lan. ‒ ¡Te dejo al niño y así es como le cuidas! ¡Me has decepcionado! ‒ Le pasó el bebé a Li Wei Yang y dijo. ‒ ¡Vámonos!

Cuando Lao Furen y Wei Yang se marcharon con Min Zhi, Jiang Yue Lan se sintió desfallecer. La criada Rong se quedó pasmada, no entendía nada. La señora había cuidado a ese bebé con esmero. ¿Cómo había podido ocurrir algo así? Ayudó a la matriarca a sentarse y le acercó una taza de té.
‒No se lo tome a pecho. ‒ Dijo con suavidad. ‒ No podemos hacer nada contra el frío, Lao Furen la ha malentendido.
Jiang Yue Lan acababa de volver a la normalidad. Aceptó la taza de té pero no la probó.
‒¿Qué acaba de pasar? ‒ Preguntó lentamente.
‒¿Habrá sido cosa de San xiaojie para que le devuelvan el niño a Qi Yiniang? ‒ Se preguntó la criada.
Jiang Yue Lan sacudió la cabeza.
‒Estoy segura de que quiere que le devuelvan a su hermano, pero no la veo capaz de usar insectos venenosos contra Min Zhi. ¿No le has visto la cara? Estaba furiosa y sorprendida.
‒Pero aun así, ‒ La criada Rong se angustió todavía más. ‒ ¿Qué vamos a hacer? Lao Furen la culpará a usted.
Jiang Yue Lan suspiró pesarosa. Echó un vistazo a un montón de ropa infantil bordada nueva y dijo:
‒Ahora me veo obligada a sufrir en silencio sin poder hablar de mis penas. Si algo le pasase a Min Zhi, mucho me temo que Li Wei Yang y Qi Yiniang me odiarán. Quería usar a ese bebé para controlar a Wei Yang, pero he acabado perdiéndolo todo.
‒No ha sido culpa suya, señora. ‒ Se lamentó la criada.
‒Hay algo que no encaja… Mis criadas siempre han ido con cuidado con su comida. ¿Qué ha pasado? ‒ Jiang Yue Lan pasó la mano por la ropa de bebé inconscientemente. ‒ ¡Tengo que descubrir quién ha ido a por mí!
‒Yo tampoco lo entiendo. ‒ Contestó la criada Rong. ‒ ¿Quién ha podido hacerlo?
Jiang Yue Lan sacudió la cabeza y frunció el ceño.
‒Qué suerte tiene Qi Yiniang. Su hijo es tan difícil de cuidar que nadie puede hacerlo bien. ¡Haz que lo investiguen!
Quizás alguien había aprovechado todo el movimiento de gente para actuar.
‒Sí, señora. ‒ Contestó la criada. ‒ ¿Dónde va? ‒ Le preguntó a Jiang Yue Lan cuando se levantó.
‒¡Tengo que ver a Lao Furen!
‒Furen, Lao Furen está furiosa, si va ahora mismo-… ‒ La criada estaba preocupada.
‒Si no voy, será más fácil culparme.
La criada lo comprendió de inmediato y ayudó a su señora a llegar al patio de la anciana. Cuando llegaron se encontraron a todas las concubinas, Li Xiao Ran y Li Wei Yang reunidos. Todo aquello había armado un buen revuelo.
‒¡¿Qué haces aquí?! ‒ Preguntó Lao Furen cuando vio entrar a Jiang Yue Lan.
Jiang Yue Lan miró a la anciana y dejó que le brotasen lágrimas de los ojos en silencio. No ofreció ninguna excusa.
‒Lao Furen, ‒ Li Xiao Ran había tenido la intención de regañar a su esposa, pero viendo su estado decidió apaciguar a su madre. ‒ Yue Lan todavía es joven y no sabe cómo cuidar a los niños…
‒¡Si no sabes, entonces, no hagas ver que sí! ‒ Lao Furen tenía los ojos inyectados en sangre. Min Zhi era el único nieto que tenía a su lado, si le pasaba algo moriría de tristeza.
Cuando Li Zhang Le y Li Ming Feng nacieron ella no pudo estar presente, por lo que sus lazos emocionales con ellos no eran del todo fuertes; sin embargo, desde el primer momento en el que la anciana había cogido en brazos a Li Min Zhi lo había empezado a mimar.
‒No parecen picaduras de insecto. ‒ Concluyó el médico imperial después de examinar al bebé.
‒¿Qué puede ser? ‒ Li Xiao Ran frunció el ceño.
‒Parece ser veneno.
En cuanto el médico afirmó algo así, las expresiones de todos los presentes cambiaron radicalmente. Todos fijaron la vista en la nueva matriarca y Li Wei Yang se levantó de repente.
‒Envenenado. ‒ Repitió Lao Furen fríamente. ‒ ¡¿quién puede ser tan inhumano como para envenenar a un bebé?!
Qi Yiniang contuvo las lágrimas y se aferró a Min Zhi. Li Wei Yang se hallaba genuinamente molesta. Se preguntó si su descuido había sido el problema, cuánto más lo pensaba, más se arrepentía. Tenía un mal presentimiento; había estado guardando los aposentos de su madre día y noche, sólo lo habían podido envenenar en los de Jiang Yue Lan…
‒Por favor, padre, ordena que lleguen al meollo de este asunto.
Los ojos de Li Xiao Ran escupían fuego.
‒¡Investigad! ‒ Gritó furioso. ‒ ¡Quiero saber quién se ha atrevido a hacerle daño a mi propio hijo!
‒Este joven amo ha tenido suerte, ‒ dijo el médico. ‒ no es un veneno severo. Si fuese más mayor se curaría con dos meses de medicación, pero es demasiado pequeño así que habrá que mezclarle la medicina con la leche y tardará un poco más.
Li Wei Yang tenía la cabeza llena de pensamientos.
‒¿La medicación tiene ingredientes tóxicos para adultos?
‒No.
Li Wei Yang suspiró aliviada.
‒Mucho me temo que no podrá bebérselo, aunque se lo mezclemos. Será mejor que se lo beba la niñera.
‒Es una buena idea, pero requiere preparación. Si se lo bebe ella, el olor no será tan fuerte…
Li Wei Yang miró a su alrededor. Min Zhi se había quedado dormido y a su madre le corrían las lágrimas por las rodillas. El bebé tenía los labios y las mejillas rojos, no parecía estar enfermo. ¿Quién se había atrevido a tocar a su hermano pequeño? ¡¿Quién quería morir?!
‒Madre, ¿había alguien a tu lado que no sepa cuando estaba contigo?
Sabía que Jiang Yue Lan no lo había hecho, porque la primera perjudicada si Min Zhi lo pasaba mal era ella.
Jiang Yue Lan reflexionó y miró a Zhang Le. La joven parecía estar preocupada y sorprendida, pero, sinceramente, su sobrina había sido su primera sospechosa. Era la única capaz de entrar y salir cuando quisiera de sus aposentos.
‒Min Zhi sólo bebe leche. Nadie puede tocar su comida ni entrar en su habitación la mayoría de los días. No entiendo cómo ha podido pasar. ¿Lo habrán hecho a través de la niñera?
‒Este tipo de veneno es fácil de descubrir en adultos ‒ El médico sacudió la cabeza. ‒ Los síntomas aparecen mucho más rápido que en los niños.
Li Wei Yang se levantó y se acercó a su hermano. Estudió su cuerpo y su pañal, que le quitó, y lo dejó sobre una sábana. Y aun así, no encontró nada. Finalmente, se fijó en el collar y pulsera de oro. Se detuvo y se los quitó. Entonces, se volvió hacia el médico.
‒¿Puede decirme si hay algo raro?
‒¡San Xiaojie! ‒ Exclamó la criada Luo. ‒ ¡Lao Furen es quien los encargó!
‒No sospecho de Lao Furen, ‒ suspiró la joven. ‒ pero han pasado por varias manos, ¿y si los han tocado?
La criada Luo miró a la anciana. Lao Furen asintió y dijo con los dientes apretados.
‒Sí. ¡Investigad! Es más fácil descubrir ladrones de fuera que dentro.
Todos los presentes contuvieron la respiración y aguardaron la respuesta del médico. Li Xiao Ran sólo tenía un hijo, si algo le llegaba a pasar el culpable tendría que responsabilizarse y asumir las consecuencias.
El médico cogió las joyas de las manos de la jovencita y las examinó con el ceño fruncido.
‒Esto… ‒ Era difícil de decir.
Li Wei Yang resopló. No era difícil de decir, sino algo que debía afirmar con la más suma prudencia.
‒Disolvedlo.
Todo el mundo se sorprendió e intercambiaron miradas de espanto. Lao Furen frunció el ceño y alzó la voz.
‒¡¿Estáis sordos?! ¡¿No habéis oído a San xiaojie?!
‒Sí. ‒ Contestaron las criadas que volverían al cabo de unos minutos con un jarrón de porcelana.
Li Wei Yang tiró las joyas dentro y se negó a aceptar la ayuda de la criada Luo para cortar en pedazos el collar.
‒Traed el perro. ‒ Ordenó una hora después cuando las joyas ya eran líquido.
La criada siguió sus palabras. Trajo el perro de caza que ladró y le enseñó los dientes a Li Wei Yang.
‒Que se lo beba. ‒ Ordenó.
La criada que sujetaba al perro vaciló, pero le pasó un tazón al perro que se lo bebió a lametones. Instantes después, la fiera bestia cayó al suelo, inerte. Li Chang Xiao retrocedió un par de pasos y casi vomitó. SI Yiniang se cubrió la boca con un pañuelo, disgustada.
‒Querer hacerle daño a un bebé es despreciable. El culpable no tiene corazón. ‒ Afirmó la anciana.
El médico examinó el cadáver del perro y asintió con la cabeza.
‒Es acónito. Quien lo haya hecho, ha usado acónito. Al principio no pasa nada, pero con el tiempo las toxinas harán empeorar a su portador. Mucho me temo, que hasta podrían causar la muerte.
‒Yo fui quien se lo regaló. ‒ Lao Furen no daba crédito. ‒ El culpable se ha atrevido a aprovecharse de mi buena fe. ¡Es intolerable!
Hasta el mismo Li Xiao Ran se quedó pasmado y se le cayó la taza de té al suelo.
‒¡¿Quién se ha atrevido?! ‒ Gritó.
Todos los presentes se miraron entre ellos. La madre de Li Wei Yang casi se desmaya y, ayudada por Bai Zhi y Zhao Yue, señaló a Jiu Yiniang incapaz de contener su llanto.
‒¡Tú eres la única que lo ha tocado! ¡Has tenido que ser tú! ¡Has tenido que ser tú! ¡¿Por qué le has hecho daño a mi Min Zhi?!
Jiu Yiniang se acobardó con todas las miradas puestas en ella.
‒Laoye, de verdad que no he sido yo. ‒ Se lamentó de rodillas. ‒ Yo sólo… Yo sólo… quería hacer uno igual para Jing er. ¿Cómo ha podido pasar? No he hecho nada…
Lao Furen no le había hecho ni caso porque había tenido una hija. Jiu Yiniang admiraba la exquisita cadena de oro de Min Zhi y se puso celosa, así que se lo quitó unos dos días para poder copiarlo. Sin embargo, era imposible copiar exactamente dos joyas… Por eso las había cambiado.
‒¿Te niegas a admitirlo?  ‒ Estalló su marido. ‒ ¡Eres la única que lo ha tocado!
Jiu Yiniang estaba aterrorizada. No sabía de qué hablaban.
‒¡No lo he hecho yo, Laoye! ‒ Chilló desesperada. ‒ ¡No he sido yo! ¡¿Cómo iba a hacerle nada?! ¡Yo también tengo una hija! ¡¿Cómo podría?!
‒Jiu Yiniang, ‒ Jiang Ye Lan se la miró. ‒ creo que lo mejor será que seas sincera y te expliques.
‒¡Laoye, ‒ lloró Jiu Yiniang. ‒ si hubiese sido yo, lo confesaría! ¡Pero no puedo admitir algo que no he hecho!
Li Zhang Le abrió la boca:
‒Odias a Si Di porque se ha ganado el favor de Lao Furen, por eso lo has hecho. ¡Será mejor que seas sincera!
Jiu Yiniang se lamentó y se negó a confesar nada. Li Wei Yang repasó con la mirada a todos los presentes y acabó en Li Zhang Le.
‒¿Qué pasa, San mei? ‒ Li Zhang Le se asustó. ‒ ¿Por qué me miras así? ¡Estoy de parte de Si Di! Para empezar, Jiu Yiniang odia a Si Di y a madre porque padre las mima. Estoy segura de que su idea era culpar a madre.
Li Wei Yang la miraba con solemnidad. Hasta ella no sabía con exactitud quien era el culpable. Jiang Yue Lan, no, no lo habría hecho, ¿pero y si hubiese querido acabar con Jiu Yiniang? Entonces, habría podido acabar con Min Zhi y la concubina de uno, habría matado dos pájaros de un tiro. Sin embargo, habría sido demasiado arriesgado con Lao Furen vigilándola. ¿Y Jiu Yiniang? Esa mujer ya había intentado hacerle daño a su madre antes de que la manipulasen. Era sospechosa. La que más odiaba a la nueva matriarca era ella. Sin embargo, Li Zhang Le había tomado cartas en el asunto y se había puesto de parte de Min Zhi, lo que era raro. No obstante, Li Wei Yang había ordenado a Zhao Nan vigilar a su hermanastra y evitar que se acercase con su hermanito, cosa que no había sucedido.
Jiu Yiniang corrió hasta Li Zhang Le y la abofeteó dos veces al escuchar sus acusaciones. La mujer quiso volver a pegar a la joven, pero Jiang Yue Lan ordenó:
‒¡Detenedla! ¡Rápido! ¡Detenedla!
Las criadas se apresuraron a atraparla, pero la concubina empezó a insultarlas.
‒¡Da xiaojie, no te he hecho nada! ¡¿Quién eres tú para acusarme?! ¡¿Cómo puedes ser tan mala y cruel?!
Li Zhang Le jamás se habría imaginado que la más débil de las concubinas se atrevería a pegar a nadie. A la hermosa jovencita se le nubló la vista y sintió que le ardía la cara. Entonces, cuando se llevó la mano a la cara notó sangre.
‒¡Me has pegado! ‒ Exclamó de repente. ‒ ¡Te has atrevido a pegarme en la cara!
Por desgracia, no pudo devolverle el golpe porque una mujerona que tenía detrás la detuvo.
‒¡Da xiaojie! ¡Deja que sea Laoye quien la juzgue!
Li Zhang Le se tranquilizó de repente y se volvió hacia su padre llorando. Li Wei Yang estudió a la mujerona alta y recordó que era una de las criadas de la familia Jiang, la criada Zhou.
‒¿Por qué no la tenéis sujeta todavía? ‒ Dijo Lao Furen con el ceño fruncido.
Jiu Yiniang se resistió como si hubiese enloquecido y fue justo entonces, cuando Li Wei Yang notó algo en su rostro.
‒Lao Furen, ‒ Dijo. ‒ Jiu Yiniang está rara.
Por algún motivo el rostro enrojecido y los labios pálidos de esta concubina eran exactamente iguales que los de Li Chang Xi antes de explotar. Si Yiniang retrocedió unos pocos pasos, aterrorizada. ¿Por qué? Jiu Yiniang estaba normal hasta hacía apenas unos momentos, ¿por qué había enloquecido de repente? Li Wei Yang estudió a todas las criadas que intentaban sujetar a la concubina.
Todo se estaba sumiendo en el caos.
‒¡Déjate de teatros, Jiu Yiniang! ‒ Dijo Lao Furen con frialdad.

Title: Capítulo 102: Caos
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Writed by Nana L15R1