Capítulo 27


Pocos estudiantes creían que tener que pasarse la tarde y parte de la noche estudiando era maravilloso. Al parecer, un grupo había ido a quejarse al despacho del decano, pero no habían conseguido nada.
Durante el cambio de clase se formó un corrillo para buscar formas de acabar con el castigo. Feng Fei, que había estado observándoles un buen rato, les criticaba mentalmente. Ese tiempo que estaban malgastando en quejas podrían haberlo aprovechado para estudiar o recitar poesía.
‒Luego vamos a tu casa. ‒ Le dijo a Hai Xiu. ‒ No podemos esperar hasta el fin de semana, será mejor que lo hagamos cuanto antes. Vamos a tu casa, haces las maletas, lo dejamos todo en la mía y ya volvemos directamente a clase. ¿Qué te parece?
‒Pues… ‒ Hai Xiu vaciló unos segundos y asintió con la cabeza. ‒ Qué considerado por tu parte. ‒ Susurró avergonzado.
‒No es fácil ganarte, tengo que serlo. ‒ Repuso el otro joven entre risitas.

Después de clases, Feng Fei llevó a comer a un restaurante chino a Hai Xiu antes de dirigirse a su casa. La última vez que Feng Fei había pisado la casa de Hai Xiu había conocido a Jiang Yu Man, así que no había podido pasearse por ahí libremente. Sin embargo, aquel día la madre no estaba, por lo que Feng Fei acompañó a Hai Xiu hasta su habitación y la estudió mientras el otro muchacho ordenaba y escogía todo aquello que necesitaba llevarse.
‒¿Eres tú? ¿Cuántos años tenías? ¡Esto es adorable! ¿Me lo puedo quedar? Me lo pondré en la mesita de noche. No puede ser… ¡¿Tienes un premio?! ¿Los libros están ordenados… alfabéticamente? Caray, qué detallista.
‒Siéntate de una vez… ‒ Hai Xiu suspiró. ‒ ¿Qué quieres para beber?
Feng Fei estaba ocupado inspeccionando el escritorio de Hai Xiu.
‒No quiero nada, tenemos que darnos prisa. Ah, sí. ¿Quieres llevarte el escritorio también? En mi casa no hay.
Feng Fei empezó a leer cuando conoció a Hai Xiu y su hermano mayor jamás abrió un libro, por lo que en su casa no se molestaron en comprar un escritorio.
‒No hace falta. ‒ Hai Xiu sacudió la cabeza. ‒ Si tengo que leer, ya buscaré un sitio.
‒Pues será un problema. ¿Qué te parece mi estudio? Hay buena luz, aunque la silla… ‒ De repente, a Feng Fei se le ocurrió algo, se dio la vuelta y prosiguió. ‒ ¿Y si me siento en la silla y tú encima de mí?
Hai Xiu se ruborizó de inmediato y se quedó callado un buen rato mientras Feng Fei se reía de su propia obscenidad.  Hai Xiu dejó de prestarle atención al otro muchacho, metió el resto de ropa que necesitaba y fue hasta la cocina a por dos botellas de medicina que escondería en su maleta. Justo cuando volvía de ir a por las botellas pilló a Feng Fei releyendo unas notas que se habían pasado en clase meses atrás.
‒Serás… ‒ Murmuró Hai Xiu sorprendido.
‒Perdona. ‒ Feng Fei se disculpó sin pizca de sinceridad. ‒ He cogido tu álbum de fotos y he visto que tenías estas notitas escondidas detrás. ‒ Sonrió.
Las notas estaban grapadas y bien guardadas. Feng Fei las hojeó y sonrió.
‒¿Por qué las escondes? ¿Eres un ratoncito o algo?
‒Cuidado… no las rompas… ‒ Hai Xiu estaba muerto de vergüenza, pero le preocupaba el estado de los pedazo de hojas por la fuerza con la que Feng Fei las movía.
‒¿Lo escondes y te lo quedas porque ya no lo uso? ‒ Feng Fei soltó una risita. ‒ Sé sincero, ¿qué más tienes?
‒Pues… ‒ Hai Xiu enrojeció todavía más. ‒ Uno de tus garabatos…
En realidad, Feng Fei se lo había preguntado en broma, no se le habría pasado por la cabeza que Hai Xiu guardaba otras cosas a parte de las notitas. No sabía si reír o llorar.
‒¿Algo más?
Hai Xiu tenía ganas de llorar. No se atrevía a alzar la cabeza y respondió en un susurro.
‒Y… ‒ Tampoco osaba mentir. ‒ Un tapón de un refresco.
‒Tráelo. ‒ Feng Fei contuvo la carcajada.
Hai Xiu abrió el cajón de su escritorio de mala gana y sacó todas las cositas de Feng Fei que tenía.
‒Toma…‒ Justo cuando Feng Fei iba a cogerlo, Hai Xiu apartó la mano y rogó. ‒ Devuélvemelos. No te lo lleves todo…
Feng Fei rio en voz alta y aprovechó el momento para cogerle de la mano y acercarse a Hai Xiu.
‒¿Por qué les tienes tanto cariño a estas cosas?
Hai Xiu bajó la cabeza; estaba demasiado avergonzado para responder.  El corazón de Feng Fei se ablandó al verle.
‒Sólo te estaba molestando, no voy a quitártelo. Toma. ‒ Sonrió. ‒ Soy todo tuyo, ¿para qué quieres estas cosas?
‒Es un recuerdo. ‒ Contestó Hai Xiu rojo como un tomate. ‒ Me gusta guardar cosas que me recuerdan a ti.
‒Yo soy el que te iba detrás, ‒ Feng Fei se burló. ‒ ¿ahora vas a girar las tornas y decir que eras tú el que estaba locamente enamorado?
Hai Xiu notó una sensación dulce en el pecho al recordar la confesión de Feng Fei y sonrió. Feng Fei le cogió la mano y le besó los dedos.
‒¿Sabes? Mientras metías las cosas en la maleta me he acordado de una cosa.
‒¿El qué? ‒ Hai Xiu parpadeó y notó la calidez en sus dedos.
‒El poema que me enseñaste el otro día: la doncella se dirige a su futuro hogar para crear una casa armoniosa y ordenada. ‒ Hai Xiu se quedó atónito. ‒ Tranquilo, no voy a molestarte cuando vengas a casa. Si quieres esconder estas cosas, hazlo. No voy a buscarlo ni preguntar. ‒ Feng Fei era consciente que cambiar el entorno a una persona que padecía la enfermedad de Hai Xiu era muy inquietante. Sin embargo, Hai Xiu confiaba en él, así que no se había negado. ‒ Si alguien de mi familia tiene que venir te lo diré con tiempo. También he ordenado el armario para que te quepan tus cosas. Como si estuvieras en tu casa, ¿vale?
Hai Xiu no se esperaba que Feng Fei le garantizase tantas cosas y se regozijo. ¿Cómo podía ser tan bueno con él?
‒Sé que eres bueno conmigo… Y que no me vas a molestar…
‒Me alegra que lo sepas. ‒ Feng Fei suavizó su tono de voz. ‒ ¿Ya estás? Vamos primero a mi casa.
‒Sí. ‒ Hai Xiu asintió con la cabeza.
Después de repasar que no se le hubiese olvidado nada, Feng Fei cogió la maleta de Hai Xiu con una mano y cerró la puerta con llave.

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