Capítulo 25


La mosca es tu hermana; no le hagas daño. Los pájaros silvestres, que vagan por el bosque, tienen su libertad; no se la arrebates por gusto. Dios hizo a la lombriz y al topo, y cada uno tiene su lugar. ¿Quién eres tú para traer el dolor al mundo de Dios?
‒Oscar Wilde, El niño estrella

El semáforo se puso verde. Huang Fan se subió a la bicicleta y cruzó junto al resto de ciclistas. Ya en la entrada de la universidad el número de bicicletas había disminuido drásticamente. Las flores de las pagodas estaban a punto de marchitarse y el viento hacía bailar los pétalos caídos. Sin embargo, Huang Fa no estaba de humor para apreciarlo.
Desde donde estaba se podía ver la colada y varias plantas de las casas. El joven giró al llegar a cierta puerta de metal, aparcó la bicicleta, cogió la mochila de la cesta y subió las escaleras corriendo, entonces, frenó en seco. Dejó de rebuscar las llaves en la mochila. Delante de la puerta trescientos dos había alguien con el pelo corto, negro y sedoso, unos pantalones negros, una camiseta blanca y la cabeza escondida en sus rodillas, dejando a la vista el cuello pálido que recordaba a una grulla en una noche nevada.
Huang Fan contuvo el aliento.
‒¿Xu Ping…? ‒ Susurró.
Los dedos de Xu Ping se contrajeron, y el muchacho levantó la cabeza. Huang Fan entrecerró los ojos al verle la cara, pero sonrió.
‒¡Vaya sorpresa! ¿Por qué has venido tan de repente?
Xu Ping se obligó a levantarse y se quitó el polvo de los pantalones.
‒Perdona, no te he avisado. Quería pedirte los apuntes, y como no tenía nada que hacer, pues…
Huang Fan encontró las llaves y abrió la puerta.
‒Deberías habérmelo dicho. ¿Y si llego a venir tarde? Habrías esperado para nada. No has estado mucho rato, ¿no
Xu Ping le miró a la cara.
‒Qué va. Pasaba por aquí y se me ha ocurrido venir a probar. Si no llegas a estar, me habría ido.
Huang Fan miró de reojo los pétalos blancos que Xu Ping tenía en los hombros, pero no quería delatar su mentira.
El piso consistía en una sala de estar donde había una mesa con una montonera de libros de cálculo avanzado y mecánica cuántica y un diccionario enorme de inglés-chino.
Huang Fan cerró la puerta y se quitó la chaqueta.
‒Qué mala suerte tienes. Mi compañero se piso se ha ido esta mañana a casa, sino te habría abierto la puerta.
Xu Ping sonrió un poco incómodo.
‒Siéntate. ‒ El mayor hizo una seña al sofá. ‒ ¿Quieres algo para beber?
Xu Ping sacudió la cabeza.
‒No, gracias. Pareces ocupado. Cojo los apuntes y me voy.
‒¿Qué dices? ‒ Huang Fan vaciló unos instantes. ‒ Llevo esperando a que vengas mucho tiempo. ‒ Fue a la cocina y abrió la nevera. ‒ ¿Te apetece cerveza?
Xu Ping no quería ser quisquilloso porque no era su casa, así que asintió.
‒Claro.
Huang Fan abrió las botellas de Qingdao[1] y dejó una delante de Xu Ping.
‒Gracias.
El cristal verde oscuro de la botella estaba frío. Xu Ping titubeó, pero le pegó un buen trago. La cerveza era amarga y el olor invadió sus fosas nasales. No pudo evitar toser.
‒¿Eh? ‒ Huang Fan soltó una risita. ‒ No me digas que es la primera vez que bebes cerveza.
Xu Ping también rio un poco y asintió dócilmente un poco avergonzado. Huang Fan se lo miró fijamente.
‒Al principio no le gusta a nadie, pero luego empiezas a cogerle el gustillo. Cuando estoy muy cansado o estresado la necesito.
Xu Ping tuvo que hacerle caso y, al final, le pareció un sabor bastante peculiar. Después de pasarse tanto rato sentado en la puerta le había entrado sed y, antes de darse cuenta, ya se había acabado la botella.
Huang Fan le pasó la suya.
‒No, gracias. ‒ Xu Ping le rechazó. ‒ Con una ya me vale.
‒No te preocupes. ‒ Huang Fan sonrió. ‒ No tengo mucho, pero cerveza nunca me falta. ‒ Entonces, se dio un golpecito en los muslos y se levantó. ‒ Un momento.
Xu Ping asumió que iba a buscar los apuntes, por lo que asintió conla cabeza. Entonces, se acomodó en el sofá para relajarse. El piso estaba muy tranquilo. La puesta de sol entraba por la ventana y los pájaros saltaban de un árbol a otro en busca de comida. Xu Ping se inclinó sobre la mesa y repasó los libros, abrió el de física cuántica y leyó la dedicatoria: para mi querida esposa, Kathleen. Gracias por los treinta años mas hermosos de mi vida.
‒Si te interesa, te lo puedo prestar.
Xu Ping se dio la vuelta.
‒No, da igual. No lo entendería. Sólo le echaba un vistazo.
Huang Fan dejó los apuntes y se sentó al lado de su invitado.
‒La demostración y las pruebas te las puedes soltar, es muy complicado. Pero lo de la cosmología cuántica es interesante. ¿Has oído hablar del gato de Schrödinger? ‒ Xu Ping sacudió la cabeza. ‒ Hipotéticamente hablando, si dejas un gato en una caja con veneno y un átomo radioactivo, este átomo tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de decaer al cabo de una hora, activar el veneno y matar al gato. Así que, cuando abras la caja tendrás dos posibles desenlaces: que el gato este muerto, o que el átomo no haya decaído y el gato siga vivo.
‒Sí.
‒La cosa es, ¿en qué condición está el gato? Según la teoría cuántica, mientras el gato esté en la caja no estará ni vivo ni muerto, sino en un estado de traslapo.
‒No lo acabo de entender. ¿Qué significa estar en un estado de traslapo?
‒Sí, es un poco complicado. ‒ Huang Fan soltó una risita. ‒ La teoría cuántica se discute desde la micro perspectiva. Cuando la masa y la cualidad de la masa se vuelven muy, muy pequeñas, hasta ser partículas subatómicas, el movimiento es totalmente diferente. Pero hay una explicación en particular que me gusta. Pongamos que en la caja no está el gato, sino tu destino. Antes de abrir la caja existes y, a la vez, no. En cuanto abres la caja el mundo se divide en muchos, y tú existes en el espacio dependiendo de tus elecciones. Sin embargo, hay otros muchos tú que viven en los mundos paralelos porque han escogido otra cosa.
‒O sea que, según lo que has dicho, ‒ Xu Ping tardó unos momentos en procesar la información. ‒ yo estoy aquí, pero a lo mejor en otros mundos paralelos hay otro yo que ha venido a hacer los deberes, en casa, jugando, muerto en la carretera o así.
‒Podría decirse que sí. ‒ Huang Fan sonrió.
‒No lo acabo de entender. ‒ Confesó el adolescente. ‒ Pero es interesante.
‒Fascinante, ¿verdad? La física también investiga la religión y demás. Hasta Newton acabó abandonándose a Dios al final de su vida. Pero, si te paras a pensar, tal vez su vida de investigación fue la voluntad de Dios.
‒¿Estás en la facultad de física?
‒No, estoy en la facultad de matemáticas. Le damos más importancia al riguroso proceso de la demostración matemática, no al significado filosófico de los resultados. Aunque últimamente han pasado muchas cosas y estos libres me han hecho reflexionar mucho.
‒¿Cómo va el movimiento estudiantil? ‒ Preguntó Xu Ping en voz baja.
‒Pues va, pero todavía nos quedan retos. ‒ Huang Fan hizo una pausa. ‒ La huelga de hambre no dio los resultados que esperábamos, así que ahora estamos pensando qué hacer. Algunos estudiantes han hablado de inmolarse.
‒¡¿Inmolarse?! ‒ Xu Ping estaba un poco grogui y tardó unos segundos en comprender el significado de la palabra.
‒Sí, quieren usar sangre y carne para crear consciencia.
‒¡No! ‒ Exclamó Xu Ping. ‒ ¡Eso no está bien!
Huang Fan se quedó callado unos minutos observándole en silencio y asintió con la cabeza.
‒Yo tampoco estoy de acuerdo, por eso voté en contra. Si insisten, me iré con los míos.
Xu Ping asintió.
‒Lo mejor es seguir vivo. No importa qué, lo mejor es vivir.
‒Sí, si pensaran con un poquito de cabeza verían la verdad, pero cuando estás delante de una multitud y sabes que cada una de tus palabras afecta a cientos de personas empiezas a creer que eres invencible. Se vuelve difícil saber controlarte.
‒¿Tú también te sientes así?
‒Sí, pero soy más tranquilo que ellos porque quiero algo más.
‒¿El qué? ‒ Xu Ping alzó la vista.
Huang Fan pensó unos segundos.
‒Seguramente la libertad, supongo.
‒¿Por qué? ‒ Xu Ping se burló. ‒ ¿Crees que no eres libre?
‒No ese tipo de libertad. ‒ Huang Fan sonrió.
Xu Ping no contuvo la risa.
‒¿Pues entonces?
Huang Fan fijó la vista en su visitante mientras decía:
‒La libertad que te permite caminar al lado de la persona que amas sin que nadie cuchichee o te señale por la calle.



[1] La cerveza Qingdao (青島), antes transcrita como Tsingtao, es famosa por la cervecería Tsingtao, establecida en la ciudad por los alemanes en 1903 y que produce la cerveza Tsingtao, la más famosa en China y que se exporta a todo el mundo.

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