Capítulo 85

Me levanto acompañado por un dolor que me conozco demasiado bien, que cala hasta los huesos. Cuánto más me duele, mejor puedo pensar. Sigo viviendo por el dolor, sigo vivo.
Abro los ojos y giro la cabeza para encontrarme la silueta de alguien que también conozco muy bien: Ye CanSheng. No sé qué estará mirando porque las persianas están bajadas, tampoco consigo adivinar qué hora es, lo único que sé es que ya debe ser de día y que debe hacer buen tiempo.
Él se da la vuelta y me devuelve la mirada. Entonces, extiende la mano para apartarme el pelo de la frente con una calidez impropia de él. Me observa con cariño. Con cariño, dulzura y una pizca de crueldad que no debería existir. Ni el mayor de los amores podría vencer a semejante crueldad.
Yo también estiro la mano para poner la mano sobre la suya mientras mis cadenas resuenan por la habitación.
‒Buenos días, CanSheng. ‒ Saludo con la voz ronca.
Su mano tiembla bajo la mía y la crueldad que habita en sus ojos se vuelve más evidente.
‒Buenos días, YunSheng.
Sé que la crueldad de CanSheng es proporcional a su adorabilidad. Para él, el amor es violencia.
Puede que sea porque mi confesión de anoche le ha dado cierta seguridad o tal vez sea una mañana especial, pero por fin me deja tocar la luz del sol. Todavía estoy demasiado delgado y, aunque como muchísimo, no engordo, sólo me da más pereza todo. De ahí que Ye CanSheng tenga que llevarme en brazos y llevarme al sofá.
Yo me río y bromeo con él diciéndole que parece un granjero pesando a sus cerdos para calcular el precio, y cada vez que lo hago, él se pone serio, me muerde los labios y me jura que nunca, jamás piensa venderme.
Antes fantaseaba con momentos como este, es como si fueran una realidad, pero entonces oigo las cadenas que descansan en mis manos y me quedo callado contemplando mis propias cicatrices.
Hace tiempo que se me curó la herida, pero como no hice rehabilitación no ha servido de nada que XiYan me haya vuelto a coser el tendón.
Como la cadena es larga tengo cierta movilidad, así que a veces me levanto para sentir el suelo y la luz solar, pero se me acaba hinchando el tobillo. Llevo así medio mes y puedo andar muy despacito y con gran dificultad. Pero me da igual, me gusta consolarme diciéndome que dónde podría ir, no tengo ningún lugar al que regresar.
Estoy mejorando, ahora sueño despierto más a menudo y XiYan se burla de mí diciendo que me estoy atontando todavía más.
Aunque me da igual.
Me he leído el libro que tengo entre manos más de cuatro veces… Tengo que recordarle a CanSheng que me traiga más, pero últimamente se me olvida todo.
El verano está a la vuelta de la esquina y el perro suelta muchísimo pelo, tanto, que no paro de estornudar.
‒¿Por qué no lo cepillas? ‒ Me pregunta acercándose lentamente y agazapándose a mi lado.
‒No llego. ‒ Contesto alzando la cabeza.
El cepillo del perro está dentro de casa, pero la cadena sólo me permite llegar al baño. Él me mira como si nada, como si fuera algo totalmente normal. Encadenarme, encerrarme… Cree que es lo normal.
 El Golden terrier mueve la cola sin parar cuando se entera de la llegada de CanSheng. Él sonríe, me besa la esquina de los ojos y se dirige al baño a por el cepillo. Cacahuete se tumba sobre su pierna satisfecho y permite que le cepille.
‒Es un buen día para darle un baño. ‒ Ye CanSheng cierra los ojos tranquilamente, para descansar.  Debe haber estado ocupado con algún negocio tedioso.
‒La liará.
‒Cuando acabemos lo podemos soltar por el jardín.
‒¿Será una enfermedad?
Ye CanSheng abre los ojos, me rodea el cuello con los brazos y me abraza.
‒Ningún veterinario podría curar esta enfermedad.
‒Es culpa tuya por mimarle demasiado.
‒No he sido yo. ‒ Me muerde el cuello. ‒ Yo sólo me dedicaba a buscarte.
“A buscarte”, dice, refiriéndose a cuando ShangFan me secuestro. No me ha contado muchos detalles de aquellos momentos, y yo no pregunto. No me interesa saber cuánto mató, ni cómo subió de rango.
‒Ah, sí. Estoy harto de estos libros. A ver si a la próxima te acuerdas de traerme alguno nuevo.
‒¿Ya te los has acabado? ¿Tan rápido?
‒Sí. Será mejor que me traigas alguno con dibujitos… Me quedo dormido si no tiene.
‒No pasa nada si te quedas dormido, así engordarás más.
‒Mocoso. ‒ Le empujo y le insulto.

XiYan trae la cena justo cuando acabamos de bañar a Cacahuete que se dedica a corretear por ahí como un loco. Cuanto terminamos de comer, yo me siento en el sillón de la esquina y CanSheng habla con su secuaz en privado. Me aburro muchísimo, pero todo lo que puedo hacer es mirar cómo Cacahuete corretea por el jardín.
Me preocupa. Me preocupa mucho lo que CanSheng me dice.
‒Creo que pesas un poco más.
Eso es lo que me dice antes de irse.
Pesar un poco más. Me estoy recuperando y eso signfica que todo volverá a empezar.
Suspiro pesarosamente.
Sabía que volvería, pero deseaba que no fuese tan radical. Cuando CanSheng me quitó las cadenas anoche para bañarme, me di cuenta de que las marcas no se iban del tiempo que llevo usándolas. Se van a quedar ahí para siempre. Lo único que le queda es cortarme el pie derecho…
Cacahuete corretea alegremente por el jardín bajo el sol que se cuela por la ventana y acaricia mi cuerpo y sobre los libros que tengo al lado, entre ellos: “Walden”.
Dicen que los libros tranquilizan tu espíritu, pero a mí sólo me hacen dormir, no me purifican nada. Siempre me he preguntado si se puede gozar de una epifanía teniendo una vida como la mía, pero es imposible.
Él jamás ha experimentado el tormento de no poder moverte de un sitio y pasarte el día contando cada segundo y minuto que transcurre. Nunca se ha quedado sentado en un sitio durante un día, porque, al fin y al cabo, CanSheng puede pasearse por este cristal mientras que yo sólo puedo leer el mundo que guarda en sus ojos. No puedo tocarlo, tampoco vivirlo, sólo mirarlo.  

Title: Capítulo 85
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