Capítulo 26


Cada vez que Feng Fei pasaba por delante de He Hao se lo miraba con cierto remordimiento. ¡Cuántas vueltas da la vida! Primero le había tocado a él estar castigado y ahora su amigo. Pesé a ello, le asombraba que el primero en sufrir una reprimenda por una carta de amor hubiese sido He Hao que mantuvo la boca cerrada.
‒¿No me vas a contar los detalles? ¿Ni siquiera a mí, tu amigo? ‒ Feng Fei tomó la iniciativa y le sacó tema. ‒ ¿De qué clase es? ‒ Arqueó las cejas. ‒ No me lo esperaba.
He Hao rechinó los dientes y se lo miró furioso; se lo podría comer.
‒Pero dime algo. ‒ Feng Fei descansaba las manos en los bolsillos del pantalón y continuaba a apoyado contra la pared al lado de su amigo. ‒ Yo te lo diría.
‒¡Qué me dejes en paz! ‒ Escupió He Hao entre dientes.
‒Todavía me queda un rato para la siguiente clase. ‒ Como mucha gente, Feng Fei era de esas personas que cuando se enamoraban, les entusiasmaba la idea de que sus amigos también lo hicieran. ‒ ¿Vais en serio?
‒¡¿Qué dices?! ¡No es asunto tuyo!
‒¿No? ‒ Feng Fei asintió. He Hao hizo ademán de contestarle, pero Feng Fei le interrumpió. ‒ Bueno, la última vez fue culpa mía. ¡El decano es un imbécil! ¿Qué quiere que hagamos si alguien nos escribe una carta de amor? ¿Qué culpa tengo yo de ser guapo y un partidazo? Qué harto me tiene… Hasta me preguntó quién había sido. Pero bueno, tú has hecho bien. Los chivatos no gustan.
‒Jaja… ‒ He Hao habló con una sonrisa desolada. ‒ A mí no me ha dado la oportunidad de chivarme… No me ha preguntado quien ha sido, me ha castigado y punto.
‒¿Ibas a chivarte? ‒ Feng Fei se sorprendió. ‒ ¡No me lo esperaba! ¡Vaya amigo!
He Hao se mordió la lengua y se tragó las palabras que sabía que no debía decir y escuchó pacientemente el resto de las quejas de Feng Fei hasta que su amigo volvió a la clase.
‒¿De verdad va a tener que quedarse de pie todo el día? ‒ Le preguntó Hai Xiu a Feng Fei. ‒ Pero si no ha sido culpa suya…
‒Si muriese bajo una peonía, seguiría siendo encantador de fantasma[1].
‒¿Te gustó que te enviaran la carta…?
‒¿Eh? ‒ Feng Fei sonaba relajado. ‒ ¿Cómo no iba a alegrarme que cierta persona se negase a pasarme una carta de amor? ‒ La respuesta contentó a Hai Xiu y Feng Fei le pellizcó la nariz. ‒ ¿Sigues celoso, aunque tiré la carta delante de tus narices?
‒Para… ‒ Hai Xiu esquivó su ataque y susurró. ‒ ¿Mañana podrá volver a estar en clase?
‒Si es un día entero, tendrá que estar fuera hasta mañana por la tarde. Pero si el decano no está atento, seguramente le dejarán entrar antes. ‒ Feng Fei hizo una pausa. ‒ A la profesora Ni no le importa demasiado todo esto, si le ha castigado es para que el decano se esté tranquilito.
Hai Xiu rezó para que el decano olvidase todo el asunto, por desgracia, sus plegarias sirvieron de poco. Al día siguiente el decano volvió dispuesto a llegar al fondo del asunto y castigar a todo el mundo. El castigo fue una noche de estudio. En realidad, en la escuela se ofrecían clases de repaso de siete a diez de la noche y era cosa de los alumnos decidir si querían asistir o no. Para la mayoría era algo bueno, pero para los que vivían tan lejos como Hai Xiu era una molestia tener que asistir.
‒¿Qué vas a hacer? ‒ Le preguntó Feng Fei a Hai Xiu en cuanto se enteró de las malas noticias. ‒ Tu madre no suele estar en casa, no creo que te pueda recoger.
‒No quiero molestarla, está muy cansada. Creo que iré en taxi a-…
‒No, con el taxi tardarás por lo menos una hora y media. ‒ Feng Fei sacudió la cabeza. ‒ Entre que cenas, te duchas y todo no podrás irte a la cama hasta las once.
‒No es tan tarde… ‒ Hai Xiu no quería que se preocupase. ‒ Además, no pasa nada, no suelo dormir mucho.
‒Hai Xiu… ‒ Feng Fei empezó lentamente. ‒ ¿Por qué no te vienes a vivir a a mi casa? Está cerca y podrías dormir más.
‒¿Vivir…? ¿Vivir en tu casa…? ‒ Hai Xiu no daba crédito a sus oídos.
‒Sí, y puedes ir a tu casa cuando quieras. Al fin y al cabo, tu madre siempre está de viaje de negocios, tampoco la ves tanto. Podrías vivir en mi casa entre semana y volver los fines de semanas. Así no te cansarías tanto. ‒ Feng Fei habló elocuentemente. ‒ Y podrás dormir más.
‒Pero, tu familia…
‒Si eres tú a mi madre no le importará. Le caes bien. ‒ Feng Fei sacó el móvil. ‒ ¿Quieres que la llame para preguntar?
‒No, es que-… ‒ Hai Xiu vaciló. ‒ Esto…
‒¿Qué pasa?
Hai Xiu no quería molestar tanto a Feng Fei, pero tampoco se le ocurría una buena razón para rechazarle. Mientras el joven titubeaba, Feng Fei ya había marcado el número. Sorprendido, Hai Xiu corrió a taparle la boca, pero no consiguió nada. Al cabo de unos minutos, Jiang Yu Man no dudó y aceptó e incluso se ofreció a cubrir los gastos de Hai Xiu.
‒Somos amigos, pero Hai Xiu me ayuda muchísimo con los estudios, ¿no debería pagarle? ‒ Jiang Yu Man no supo qué decir. ‒ Pues ya está.  ‒ Feng Fei colgó y se giró para Hai Xiu. ‒ Tu madre ha dicho que puedes venirte a casa. ‒ Feng Fei suspiró. ‒ Por fin vamos a vivir juntos…
‒¡Serás…! ‒ Exclamó Hai Xiu ruborizado.
‒Se me ha escapado, se me ha escapado. ‒ Feng Fei se rió. ‒ Bueno, vamos a clase.
Feng Fei llevaba tiempo buscando una buena excusa para que Hai Xiu tuviese que vivir con él. ¿Cómo no iba a aprovechar la ocasión tan buena que se le acababa de presentar? El adolescente reflexionó y cuánto más lo pensaba, mejor le parecía la idea. Durante el cambio de clase se acercó a He Hao y le contó lo que acababa de suceder.
‒Por cierto, ¿has hablado con la chica? ‒ Continuó Feng Fei después de explicarle lo sucedido. ‒ Nos has ayudado mucho.
He Hao estaba agotado física y mentalmente, y se negó a decir nada más.


[1] mǔdānhuā xià sǐ, zuòguǐ yě fēngliú o en chino “牡丹花下死做鬼也風流” significa que si es por una bella dama, vale la pena morir. Es una cita del Pabellón de las Peonías de Tang Xianzu. Relata la historia de amor entre la hermosa Du Liniang y el joven Liu Mengmei. En medio de un ambiente bélico, por la amenaza de unos bárbaros a la dinastía Song, la joven luchará por alcanzar el objeto de sus sueños enfrentándose a todos aquellos que intentan impedir su amor, incluso hasta la muerte.

Title: Capítulo 26
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