Capítulo 25


Cuando Hai Xiu se levantó a la mañana siguiente estaba solo. Se sentó en la cama ignorando si todo había sido un sueño, un producto de su imaginación y miró la hora: seis y cuarto.
A pesar de que su cuerpo solía despertarse siempre a esta hora, aquel día todavía tenía sueño. Por lo que lo sucedido la noche anterior era real… Le empezó a latir el corazón un poco más rápido y se rozó los labios con los dedos, Entonces, supo que no había sido un sueño. ¿Pero dónde estaba Feng Fei? Hai Xiu se cambió y se dirigió al baño a buscarle: pero no estaba. Después, bajó las escaleres y recorrió la casa, pero seguía sin haber ni rastro de Feng Fei.
‒¿Feng… Feng Fei? ‒ Llamó en voz alta un tanto inquieto.
Se tapó y abrió la puerta de la calle, pero seguía sin ver a Feng Fei. Lentamente, volvió a entrar en casa con el corazón en un  sin vivir. ¿Se habría arrepentido?  
Repasó lo ocurrido la noche anterior mentalmente y determinó que todo podría haber sido fruto del momento. Le había robado un beso y por simpatía, él le había devuelto es favor: era factible. Hai Xiu sacudió la cabeza, no quería seguir pensando en ello y, de repente, se acordó que un libro que había leído ponía que era mejor esperar a ver cómo reaccionaba la otra persona antes de llegar a una conclusión. Decidido, llamó a Feng Fei.
‒¿Te acabas de levantar? ‒ Fue lo primero que dijo Feng Fei al descolgar.
‒S-sí… ‒Hai Xiu tragó saliva con dificultad. ‒ ¿Dónde… estás…?
‒He salido, pero ya estoy en casa. ‒ Feng Fei añadió. ‒ Cuelga, que ahora entro.
En cuanto colgó, Feng Fei entró por la puerta con comida. Dejó la caja con el pan, se quitó el abrigo y se cambió los zapatos.
‒Te has levantado muy temprano. Iba a llamarte después.
‒¿Feng Fei? ‒ Susurró Hai Xiu acercándose unos pasos.
‒¿Mmm? ‒ Él sonrió. ‒ ¿Qué pasa?
Hai Xiu se ruborizó, acortó la distancia que les separaba y le abrazó.
‒Lo de anoche… La verdad es que… Me gustas mucho.
Hai Xiu estaba dispuesto a dejar su orgullo a un lado y no esperar la reacción de Feng Fei para que supiera que iba en serio. Feng Fei se quedó inmóvil unos instantes y después se lo miró risueño.
‒Lo sé, tú también me gustas. ¿Qué pasa?
‒No, nada… ‒ El nudo que tenía en la garganta se deshizo, se sonrojó aún más y sacudió la cabeza. ‒ Voy a ir a lavarme.
Hai Xiu corrió escaleras arriba mientras que Feng Fei se quedó abajo pensando en lo que acababa de suceder. Tardó tres minutos en comprender lo que ocurría, entonces, subió las escaleras y se dirigió al baño para abrazar a Hai Xiu por la espalda mientras el otro muchacho se lavaba los dientes.
‒Oh…
‒¿Pensabas que me había arrepentido? ‒ Feng Fei bajó la cabeza, le besó la mejilla y sonrió. ‒ No seas tonto. ¿No me dijiste que te apetecía comer pan? Me he levantado para ir a comprarlo.
Hai Xiu se lo quedó mirando con el cepillo de dientes colgando en la boca.
‒Te he dejado dormir un poco más, no me esperaba que te fueras a despertar tan pronto. ‒ Volvió a dedicarle una sonrisa. ‒ ¿Me buscabas? ‒ Hai Xiu asintió con total sinceridad. ‒ Pero… ‒ Feng Fei notó algo dulce en su pecho. ‒ ¿Te has atrevido a decírmelo? ¿Tú? ¿A la cara?
Hai Xiu parpadeó un poco perplejo, se limpió la boca, se la secó y susurró:
‒Bueno… Es que me gustas demasiado…
Feng Fei cogió aire, le dio la vuelta y le levantó la cara para besarle. Los labios le sabían a menta y, a diferencia de la última vez, Feng Fei invadió su boca con más agresividad. Hai Xiu intentó alejarse por reflejo, pero Feng Fei le sujetó la espalda, evitándolo. Su beso se tornó más exigente.
Tardó cinco minutos en estar satisfecho y en soltarle.
‒Si te da igual llegar tarde, yo… ‒ Entonces, se sintió un poco culpable y cambió de idea. ‒ Voy a hervir la leche. Arréglate y baja cuando estés listo. 
Feng Fei había comprado el pan que Hai Xiu había descrito: olía bien y era suave. Comieron muchísimo y, después de recoger todo aquello que necesitarían para clase, se pusieron en marcha.

Entraron a la clase juntos. No llegaron demasiado temprano y He Hao que había estado hablando con varios compañeros de clase en la parte de atrás del aula les dirigió unas miradas furtivas. Feng Fei empezó a sacar los libros de su mochila cuando notó que He Hao le hacía señas y salió de la clase con él.
‒Vosotros… ‒ He Hao vaciló. ‒ Bueno, he estado pensando en ello y… Cuanto más lo pienso, peor me parece. Creo que vosotros-…
‒No pasa nada. ‒ Feng Fei asintió con la cabeza. ‒ Esa es tu opinión y sólo tuya.
He Hao miró a su alrededor nervioso, bajó el tono y musitó:
‒¿Sabes lo que estás diciendo? ¡¿Por qué eres tan impulsivo?!
‒¿Impulsivo? ¿Quién? ¿Yo? ‒ Se burló. ‒ Entiendo lo que quieres decir, y tú ya sabes lo que hay entre nosotros. Nos entendemos.
He Hao se lo miró con incredulidad y le echó un vistazo rápido a Hai Xiu que seguía dentro de la clase.
‒Vosotros…
‒¿Qué pasa?
He Hao se ruborizó y se quedó callado un buen rato. Feng Fei se irritó y lo arrastró hasta el descansillo de las escaleras donde tenían más intimidad.
‒Sé que no eres un chivato, ‒ susurró. ‒ por eso te lo he contado. Puede que no sea lo mejor del mundo, pero estamos bien. No hace falta que te preocupes por nosotros, ¿vale? ‒ Feng Fei hizo el ademán de marcharse, pero He Hao le detuvo.
‒Esto no está bien, esto-…
‒¿Por qué? ¿Qué estamos haciendo? ‒ Feng Fei se lo miró y soltó una carcajada. ‒ ¿A quién le estamos haciendo tantísimo daño?
He Hao se irguió y volvió a clase, era imposible razonar con Feng Fei. Cuando entró se encontró con una carta de Ji Ya Qi para Feng Fei sobre su escritorio.
Ji Ya Qi llevaba tiempo sin aparecer por ahí desde lo de la carta, pero sí que se había pasado muchas veces para preguntarle si Feng Fei tenía novia y si le podía pasar su número. Aunque a He Hao le parecía guapa, no le gustaba su forma de actuar, así que la ignoraba. Sin embargo, aquella mañana había aceptado su carta de todas formas: tal vez con esto su amigo volvería al buen camino. 
Hai Xiu no le disgustaba, de hecho esperaba que el muchacho pudiese tener una vida estable y tranquila, pero no le entendía. ¡Con lo buen estudiante que era le esperaba un futuro brillante! ¡¿Cómo podía ser gay?!
He Hao volvió a mirar la carta que tenía sobre la mesa, vaciló y al final, decidió volver a repensárselo. Se pasó el resto de la mañana estudiando a la pareja, observando cada pequeño gesto desde la última fila, pero no vio nada raro.  Feng Fei no hablaba con Hai Xiu durante la clase, en los descansos sólo se movía para ir a por agua, dar un paseo, jugueteaba con el móvil o se dedicaba a leer cualquier cosa. Por su parte, Hai Xiu sí que mantenía un ojo en Feng Fei mientras estaban en clase. Si se dormía o le pillaba mirando el móvil, le pasaba una notita para regañarle; durante los descansos Hai Xiu se molestaba en explicarle lo que no terminaba de entender y ya está, eso era todo. No habían cambiado, su relación continuaba siendo la misma. El único intercambio de palabras había sido cuando a Hai Xiu se le había caído la regla al suelo y Feng Fei se la había recogido.
‒¿Qué haces? ‒ El compañero de pupitre de He Hao frunció el ceño. ‒ ¿Qué te pasa? Llevas toda la mañana igual.
‒¡Tú qué sabes! ‒ He Hao estaba irritado. ‒ Un amigo mío no está haciendo lo que debería.
‒Ahora mismo el que no está haciendo lo que debería eres tú. ‒ El chico le miró con cierta frialdad. ‒ No estás para meterte en asuntos ajenos.
He Hao se sorprendió, pero su compañero tenía razón. Feng Fei y Hai Xiu estaban juntos, pero todo iba bien. No obstante, él había perdido una mañana entera… como siempre. Suspiró, sacó la carta de amor que tenía en el pupitre, la arrugó y la tiró, pero al recordar lo que había ocurrido la última vez, la abrió. Por suerte, Ji Ya Qi no había escrito ningún nombre, dipuesto a tirarla, volvió a moverse pero la puerta se abrió en ese preciso instante.
‒¡¿Qué tienes ahí?!
A He Hao le temblaron las manos, se asustó tanto que casi se mea en los pantalones. Se dio la vuelta y se encontró al decano mirándole furioso.
‒¡Levanta! ¡Dame eso!
He Hao balbuceó, o lo intentó, una explicación.
‒Esto… Esto no es para mí… ¡De verdad! ¡Lo juro!
‒¡Te he visto sacarlo de tu escritorio! ¡Y abrirlo! ¡¿Vas a seguir con tus excusas?! ¡Ve a por tu tutora ahora mismo!
‒¡No es mío! ¡Lo juro! ‒ Gritó el estudiante.
‒¿Entonces de quién es? ‒ Exigió el hombre disgustado.
He Hao cogió aire, se debatió unos minutos y terminó resignándose.
‒Vale… Sí, es mía. ‒ Admitió cerrando los ojos.
‒¡Serás…! ‒ Exclamó el profesor furioso. ‒ ¡No es la primera vez que esto pasa en esta clase! ¡Ahora sí que vais a tenerla! ¡Escribe una carta de disculpa y quédate de pie todo el día! ‒ Dicho esto, el señor se lo llevó consigo para ir a ver a la tutora, Ni Mei Mei Lin dejando la clase en silencio.
‒Menuda faena… ‒ Musitó Feng Fei mientras mordisqueaba la punta del bolígrafo. ‒ Joder, con esto ya lo he visto todo. ¿Quién le va a sar una carta a He Hao?
‒¿Qué… acaba de pasar? ‒ Hai Xiu no se había enterado de nada porque había estado haciendo sus ejercicios religiosamente.
‒Nada, nada. ‒ Feng Fei sacudió la cabeza. ‒ Recoge ya y vamos a comer.
‒Vale.

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