Capítulo 97: El cuarto hijo de los Jiang


‒¿Y tú qué representa que eres, General Wu Wei? ‒ Li Wei Yang sonrió disimuladamente.
‒¡Qué cara dura tienes, Wei Yang! ¡Cómo me hablas así! ‒ El hombre resopló de mala gana.
‒Bueno, primo Nan, tú sólo eres un generalucho de tercer rango… En cambio, yo soy una Xianzhu de segundo. Me da igual que no me saludes como se debe, pero que me faltes al respeto… ¿Se te ha olvidado cómo funciona la jerarquía?
La sorpresa de la expresión de Jiang Nan se reemplazó rápidamente por una sonrisita. La muchacha tenía razón. Ella era de un rango superior, pero el suyo era por mérito militar, no como el de una mujer. Fuera como fuere, pocas mujeres gozaban del privilegio de tener méritos, por lo que Jiang Nan no se había parado a pensar en ello. Además, esa ocasión no era oficial. Como general no hacía falta que la saludase ceremoniosamente, sin embargo, tampoco era una buena idea dejar que la noticia se esparciera por ahí.
‒No te equivocas del todo, Wei Yang. ‒ Contestó el general a lomos de su rocín. ‒ Es la primera vez que nos vemos.
Li Wei Yang sonrió. Se trataba del cuarto hijo de Jiang Xu: Jiang Nan, que había heredado el carácter noble y la apariencia refinada de su familia y quien, además, había conseguido convertirse en el general más joven de Da Li. En su vida pasada había admirado al valeroso Jiang Si.
Jiang Da era el más tranquilo y tenaz de los hermanos, seguido por Jiang Er, el más solemne, Jiang San, el más inteligente, Jiang Nan, el más joven, y Jiang Wu o Jiang Si, el más misterioso.
No es que el muchacho hubiese tenido suerte, era una víctima más del destino. Por haber nacido en una familia noble estaba obligado a servir en el ejército. De hecho, Jiang Xu ya se llevó al niño al campo de batalla a la corta de edad de los ocho, no obstante, no llamó la atención de los que tenía a su alrededor hasta los trece.
Jiang Nan era una persona que comprendía que el más mínimo error podría costarle la derrota y por ese motivo iba pasito a pasito, jugando con sus peones, sin apresurarse. En la batalla de Min Yang, el ejército rebelde preparó una emboscada Jiang Xu, sin embargo, su hijo atrapó a los rebeldes y así, de la noche a la mañana, derrotaron a los enemigos. No obstante, lo más admirable de este hombre no eran sus hazañas militares, sino su astucia.  De hecho, ninguno de los hermanos Jiang eran comunes ¡A saber cuánto habían sacrificado en su vida anterior los Jiang para conseguir semejante descendencia!
Li Wei Yang suspiró. No quería relacionarse con esa familia, pero a veces el conflicto es inevitable.
‒Acércate. ‒ Ordenó a un eunuco que había por ahí. ‒ Ayuda al cochero en mi lugar.
Bai Zhi, que era la única que la acompañaba a parte de Zhao Yue porque las otras cuatro criadas se habían quedado fuera de los límites de palacio, temblaba de miedo y era incapaz de musitar ni un simple suspiro. Zhao Yue deseaba desenvainar la espada, pero estando en palacio le era imposible.
‒¿No me has oído? ‒ Preguntó Li Wei Yang viendo que el eunuco continuaba allí de pie, sin hacer nada y muerto de miedo.
El criado no había visto jamás a una mujer capaz de hablar con tanta dureza y mucho menos con unos ojos tan desgarradores. Sobresaltado, corrió a la ayuda del conductor y le untó un ungüento para la herida.
Jiang Nan continuaba erguido a lomos de su montura. En esos momentos sus ojos brillaban con cierta admiración: la muchacha era capaz, eso estaba claro.
La mayoría de los hombres poderosos anhelan a una mujer dulce y vulnerable para acrecentar su ego, sin embargo, aquellos con el corazón de hierro admiran a las mujeres fuertes y determinadas que son, por supuesto, más difíciles de conseguir.
Lo que más aborrecía Jiang Nan eran las jovencitas frágiles y gentiles, sobretodo a esa prima suya de belleza implacable. Li Wei Yang era joven, pero misteriosa. Lo único que le humillaba era el tener que hablar con alguien de origen humilde.
‒¿Por qué no me contestas?
‒Primo Nan, ‒ Li Wei Yang le sonrió con una alegría casi burlona. ‒ no entiendo por qué no dejas que mi carruaje siga su camino… ¿Para robarme? ¿Para castigarme? ¡Será mejor que mires donde estás si lo que quieres es lo primero! Y si es lo segundo… ¿De verdad crees que eres el adecuado para hacerlo? Si fuera el tío Da que es un general de primer rango todavía, pero tú sólo eres un generalucho de tercera… Esto es el palacio, ¿o te parece un mercadillo?
A Jiang Nan lo habían tratado de prodigio desde nacimiento, siempre había vivido siendo adorado por todos. Al crecer consiguió la atención y la admiración del resto que aplaudían cada una de sus acciones. Li Wei Yang era la primera persona que se atrevía a burlarse de él. De él, que había conseguido convertirse en general por sus méritos, no como esa muchacha que era la Xianzhu por saber hablar bien. Qué ironía. A pesar de ser más noble que ella, le tocaba hacerle una reverencia.
‒Hablas mucho para ser la hija de una zorra. ‒ Jiang Nan no aceptó su derrota.
‒Hay dos tipos de herejes. Los que nacen impotentes y los que se creen mejores que los demás. Es como si me estuvieras pidiendo que te deje en evidencia. ‒ Li Wei Yang sonrió como cualquier jovencita de su edad.
Jiang Nan se rio sin enfadarse.
‒A tu criado no se le da mal luchar. ‒ Comentó el general cuando ella estaba a punto de subirse al carruaje otra vez.
Li Wei Yang se detuvo.
‒¡¿Tú eres quién atacó a mi hermano?! ‒ Saltó Zhao Yue.
‒Fue un regalito. ‒ Jiang Nan sonrió con crueldad. ‒ Si no se hubiese escabullido, habría vuelto con una pierna menos.
‒¡Quieta! ‒ Ordenó Li Wei Yang al notar lo mucho que se sacudía Zhao Yue. ‒ Bueno, ¿qué quieres? ‒ Continuó mirando a su primo.
‒Recordarte tu lugar. ‒ Jiang Nan se la miró con frialdad. ‒ ¡No te atrevas a soñar con lo que no es tuyo!
‒¿Cómo por ejemplo? ‒ Ella arqueó las cejas.
‒Sabes que eres inferior a mí, ‒ empezó él. ‒ naciste de una concubina y siempre vas en contra de los hijos de la primera esposa. Sólo eso ya es malo, pero es que encima te atreves a atacar a tu hermano mayor. ¡Qué despiadada! ¡No me culpes por contárselo todo a tu padre! ¡Recoges lo que siembras!
‒Adelante, cuéntale lo que quieras. ‒ Li Wei Yang sonrió. ‒ Pero date prisa o perderás la oportunidad.
‒¿Qué quieres decir? ‒ Jiang Nan frunció el ceño.
‒Mientras tú le cuentas a mi padre lo del asesinato, ‒ La sonrisa de Li Wei Yang era extrañamente dulce. ‒ mucho me temo que yo iré a informar al Emperador de que has abandonado el campo de batalla sin un edicto… Cosa que no es muy diferente a la traición. ¡A ver quién muere antes de los dos!
Jiang Nan se aferró a las riendas. Estaba furioso y quería pegarle, pero la muchacha había dado en el clavo: los Jiang no podían hacer nada hasta que consiguieran un edicto. Él había corrido a socorrer a Li Min Feng para evitar que muriese a manos de un asesino. Su plan había sido capturar al malhechor como prueba para usar contra Wei Yang, pero Zhao Nan había huido.
‒Sólo eres una payasa, Wei Yang. ‒ Le espetó.
‒Oh, ‒ Li Wei Yang sonrió. ‒ ¿ahora soy una payasa?
Jiang Nan sonrió con malicia al recordar que Li Min Feng le había contado que esa joven estaba en buenos términos con el príncipe Qi.
‒Te han otorgado el título de Xianzhu a pesar de ser una niñata pobre. Llevas tanto tiempo vistiéndote de persona que se te ha olvidado quien eres. ¡Qué asco! ¡¿Cómo te atreves a intentar convertirte en un fénix?! Tú, que tu madre se dedicaba a lavar pies. ¡Si te matase, nadie correría en tu auxilio!  ‒ Jiang Nan se regocijo. ‒ Deberías ser un poco más lista.
‒Bueno… ‒ La voz de ella era suave, aunque desdeñosa. ‒ ¿Y a qué esperas? ¡Mátame con la espada! Pero recuerda qué tipo de gente son la familia Li y la familia Jiang. ¿Qué crees que es peor? Un escándalo porque mi vida esté en peligro, o uno sobre que mi primo me ha matado porque sí. Creo que deberías pararte a pensar un poquito…
Jiang Nan se sorprendió. Pensaba que podría intimidarla con esa amenaza, pero la muchacha había sido capaz de adivinar los posibles desenlaces mucho mejor que él. Estaba tan enfadado que no le salía ni la voz.
‒Si lo que quieres es matarme, adelante, no tengo nada que objetar. Pero me gustaría que supieras que suelo venir a copiar escrituras budistas para la Emperatriz Viuda y… Mucho me temo que sería difícil de explicarle la razón por la que no estoy. Ah, sí, recuerda no mencionar a Dajie cuando veas al Emperador y a la Emperatriz Viuda. No les gusta mucho… ‒ Añadió Li Wei Yang con suavidad. Entonces, miró un carruaje que pasaba por ahí. ‒ Tengo que ir a saludar a alguien importante, siento no poder seguir hablando contigo.
Entonces, se adelantó, se acercó al coche de caballos mientras se despeinaba y se desarreglaba la ropa además de poner una cara de susto e impotencia.
Estupefacto, Jing Nan la vio correr a ofrecer un saludo ceremonial a un carruaje refinado que pasaba por ahí. No consiguió adivinar lo que decía, pero sí la vio subirse. El general entrecerró los ojos para agudizar la vista, al percatarse que se trataba de alguien de la familia imperial, se preparó para retirarse.
‒La princesa le invita a acercarse, General Wu Wei. ‒ Le anunció un eunuco.
Jiang Nan se sorprendió, pero se serenó rápidamente y se acercó.
‒La saludo, princesa. ‒ Dijo después de una reverencia formal.
Una criada de palacio levantó la cortina para dejar ver a los viajantes del carruaje. La princesa le dedicó una mirada de disgustada y Li Wei Yang, a su lado, continuaba temblando y sollozando en silencio.
‒¿Qué significa esto? ‒ Jiang Nan tenía un mal presentimiento.
‒Suelo oír hablar de lo talentosos que son los hijos de los Jiang ‒ empezó la princesa Yongning con frialdad. ‒ y hoy veo con mis propios ojos a uno de ellos desenvainar la espada e intentar matar a alguien delante de las puertas de palacio. ¡Menuda escenita!
Jiang Nan miró con furia a Li Wei Yang. Ella levantó la vista y le devolvió la mirada con los ojos repletos de lágrimas de inquietud y con el aspecto más débil y frágil que consiguió fingir. Cuando sus ojos se encontraron, ella se encogió y se escondió detrás de la princesa.
Jiang Nan estaba atónito. La había visto responderle sin miedo, ¿cómo podía estar así de repente? ¿Había nacido para ser actriz? Se había ido corriendo a la princesa Yongning con ese aspecto como si la hubieran injuriado. ¡¿Cómo podía existir una mujer así?!
‒No temas. ‒ La princesa consoló a la joven. ‒ Esto no es la residencia de los Jiang, es el palacio. ¡No creo que vaya a atreverse a sacar la espada!
Desenvainar la espada en palacio era un sinónimo de traición.
‒Princesa, es un malentendido. Sólo estaba bromeando… ‒ Sonrió de mala gana. ‒ Wei Yang, te estás pasando. Iba en broma… ¿Por qué se lo cuentas a la princesa? ¡Caray! ‒ Le fue imposible ocultar su enfado.
La princesa Yongning frunció el ceño, en su opinión, aquel hombre estaba amenazando a la muchacha.
‒Princesa, ‒ Li Wei Yang se aferró al brazo de la princesa aterrorizada. ‒ ¡por favor, permítame quedarme aquí un ratito más! El General, a pesar de que yo también soy su prima, sólo hace caso a Dajie, que es la hija legítima, y las que somos hijas de concubinas le damos asco… Si padre tuviese que despedirse de mí antes de tiempo sería una lástima, sería poco filial por mi parte… ‒ Sonaba triste.
Yongning la consoló. ¡Hija de concubina, hija de concubina! Hervía de rabia. ¡Daba igual quién fuese la madre! Ella era misma era hija de una de las concubinas del Emperador y, aunque la Emperatriz la había adoptado, todos los criados se dedicaban a parlotear a sus espaldas. ¡El simple hecho de recordar sus habladurías y su eterno recordatorio de que no era la hija legítima la enfurecía!
Jiang Nan se quedó allí de pie abochornado y apretando los dientes. ¡Esta niñata! ¡Maldita sea! ¡Con razón se había acercado tan rápido! La había subestimado y había permitido que jugase con él.
Al lado de Li Wei Yang, Jiang Nan no contaba con mucha experiencia con atacar a los demás sin armas.
‒No llores, niña. ‒ La princesa continuó intentando calmarla. ‒ Aquí no te hará daño. ¡No hables de morir! Ante todo, eres la Xianzhu. ¡Ya veremos quién se atreve a tocarte, aunque sea sólo un pelo!
Jiang Nan miró furtivamente a la criada que, como la princesa, trataba de consolar a la joven, pero se mantuvo callado.
‒Princesa, ‒ empezó la oficial Tao que se había quedado prendada por el atractivo del general. ‒ tal vez ha habido un malentendido. No creo que el general sea capaz de semejante osadía. Además, tampoco creo que sea bueno para la Xianzhu que el Emperador se entere de lo ocurrido aquí.
Li Wei Yang adivinó que Jiang Nan había jugado con esa mujer y dejó que le cayeran las lágrimas.
‒Me voy ahora mismo, así esto no se nos irá de las manos…
Todo el mundo se la quedó mirando atónito, hasta Jiang Nan se sorprendió.
‒Es normal que el general Wu Wei quiera saludarme por la diferencia de nuestros rangos, pero no creo que esté bien que se dedique a pegar a mi cochero sin venir a cuento. Ahora no me puedo ir, aunque me gustaría. Tal vez la princesa tendría la amabilidad de cederme un criado… Sino tendré que ir a pedirle uno a la Emperatriz Viuda…
A la princesa Yongning le cambió la cara. ¿Qué? ¿También había pegado al cochero? ¡Menudos eran los Jiang!
Li Wei Yang era plenamente consciente de que la princesa no se involucraría en las peleas entre los Li y los Jiang, de hecho, su anterior prometido era de los Zhou, una familia aliada de los Jiang. No obstante, el año de elección de un consorte, Jiang Hai, de los Jiang, se casó con otra muchacha para no tener que casarse con ella y así poder disfrutar de la batalla. Cuando se enteró, la princesa Yongning le guardó rencor a los Jiang, no se lo podía perdonar.
La oficial Tao notó la expresión disgustada de la princesa y recordó lo ocurrido, así que su voluntad de ayudar desapareció.
‒Princesa, el general Wu Wei quería ir a ver al Emperador, tal vez tiene algo importante de lo que informar. ‒ Continuó Wei Yang. ‒ Será mejor que le deje marchar, Su Alteza podría castigarle por llegar tarde. Y yo me sentiría responsable…
La oficial Tao sintió un escalofrío. La princesa, por su parte, se irritó al escuchar las palabras de la niña. ¿Asuntos importantes? ¿Más que mostrarle respeto a una princesa como ella?
‒Discúlpate con Li Xiaojie y compensa a su conductor. ‒ Ordenó mirándole con suma frialdad. ‒ Después podrás ir a ver a padre. ‒ Su tono de voz era grave, como de advertencia.
Jiang Nan sabía qué debía y qué no debía hacer, pero seguía teniendo dudas.
‒Primita, me he pasado. ‒ Agachó la cabeza. ‒ No te lo tomes a pecho.
‒¿No volverás a decir que me quieres matar? ‒ Preguntó la joven parpadeando con ingenuidad. ‒ En ese caso…
‒En ese caso, ‒ la princesa la interrumpió. ‒ si me entero de que tienes, aunque sea sólo un rasguño, yo misma me ocuparé de avisar a mi padre para que le castiguen por atentar contra la vida de la Xianzhu.
Jiang Nan hervía de rabia por no haber sido capaz de delatar a esa niñata hipócrita, aun así, se limitó a sonreír.
‒Por supuesto.
‒Ahora me siento más segura. ‒ Le dijo Li Wei Yang risueña cuando la princesa se alejó.
‒¿Tengo que compensarte? ‒ Jiang Nan apretó los dientes.
Li Wei Yang se irguió, sus ojos volvieron a su tranquilidad habitual.
‒No hace falta. Ah, sí, ¿no has dicho que doy asco?  Pues fíjate tú que se me había olvidado decirte que te voy a enseñar cosas que dan todavía más asco con el tiempo. Ve digiriendo esto.
Dicho esto, la muchacha se subió al carruaje. Zhao Yue no miró atrás y saltó al asiento del conductor tomando las riendas y, por fin, partieron.
Jiang Nan observó cómo se alejaban y recordó lo que le había dicho San ge: Li Wei Yang era una zorra astuta, despiadada, maliciosa y mentirosa. Lo mejor era evitar cualquier tipo de conflicto con ella.
Pero no, puede que Li Wei Yang fuera habilidosa con estas estratagemas, pero no podía superarle. ¿Por qué iba a enfadarse con una mísera hormiga? ¡No valía la pena! La energía de un hombre era para los asuntos de la corte.
Jiang Nan apretó las riendas de su montura. Esa muchacha era una molestia.

*         *        *        *        *

Li Min De se encontraba en el estudio charlando con Zhao Nan cuando vio a Li Wei Yang. La joven vestía un vestido rojo y dorado con detalles florales rosas y zapatos bordados. Le brillaban los ojos, pero parecía una muerta en vida.
‒Estoy muerta de hambre, ¿qué hay para comer?
Li Min De y Zhao Nan intercambiaron miradas.
‒¿Qué ocurre?
‒No me han dado nada de comer en palacio. ‒ Dijo Wei Yang agotada.
Li Min De corrió a la cocina para prepararle algo. Se la miró y determinó que debía haber estado hambrienta desde hacía mucho rato y que era mejor que comiese algo más bien ligero.
‒Te haré algo menos aceitoso.
‒No hace falta, con las sobras me basta. Tráemelas, corre.
Li Min De se sorprendió, pero si se ponía a cocinar tardaría al menos dos horas en poder sacarle algo, así que no le quedó de otra. En cuestión de minutos le presentó toda una sarta de platos que apenas habían tocado aquella noche: pato celestial, tortitas de judía, hongos con pimienta y vinagre, pollo frito…
‒Venid, comed. No os quedéis ahí. ‒ Li Wei Yang alzó los palillos y se lanzó a comer y además, para sorpresa de todos los presentes, invitó a Bai Zhi y a Zhao Yue a unirse a ella.
Las dos criadas también estaban hambrientas después de haberse pasado la noche entera esperando a su señora, por lo que se le unieron sin rechistar. Al principio Li Min De se preocupó al verla comer con tanta desesperación, pero resultó ser sólo eso: hambre, y se relajó.
De postre hubo pastel de osmanto. Los cocineros habían usado la técnica de la harina colgante: mezclaban el arroz glutinoso y el agua en una bolsa y lo colgaban hasta que se secaba. Entonces, añadían el resto de frutas y rellenaban la masa. Cortaban los dulces y fragantes pastelitos en forma de luna creciente. No era la primera vez que Li Min De se los preparaba y en cuanto los sacó a Li Wei Yang se le hizo la boca agua.
‒¿Qué te ha pasado hoy? ‒ Inquirió el muchacho cuando ella hubo terminado de comer y pareció volver en sí. ‒ ¿No me habías dicho que volverías pronto?
‒Después de copiar las escrituras budistas para la Emperatriz Viuda me he topado con un asuntillo, nada del otro mundo. ‒ Li Wei Yang suspiró.
¿Un “asuntillo”? La muchacha lo comentaba restándole importancia, pero Li Min De adivinó que le ocultaba algo.
‒El hombre con el que luchaste ‒ De repente, la joven alzó la vista y se dirigió a Zhao Nan. ‒ tenía ojos angulosos, la nariz alta, la tez blanca y una complexión fuerte?
‒Sí, señora. ‒ Zhao Nan se sobresaltó.
Li Wei Yang frunció el ceño mientras reflexionaba: Jiang Si había rescatado a Li Min Feng.
‒¿Es de los Jiang? ‒ Li Min De lo adivinó.
‒Sí, Jiang Nan, el Si shaoye de los Jiang. ‒ Asintió ella, y entonces, añadió. ‒ Me lo he encontrado.
Li Min De asintió. No pensaba que Jiang Si se atreviera a ponerle una mano encima a Wei Yang en los muros de palacio, pero con los Jiang por enemigos, toda precaución era poca.
‒No deja de ser un hombre. ¿Qué va a poder decirme a mí, una niñita? Tranquilo, ni siquiera mi tío puede castigarme.
Los asuntos internos de una casa y los asuntos de la corte imperial estaban relacionados, sin embargo, por el bien de mantener una armonía, los hombres no podían intervenir en los conflictos femeninos.
Para sobrevivir sólo puedes fiarte de tus propias habilidades. Los Jiang eran habilidosos, ¿pero serían capaces de toparse con Li Zhang Le y enseñarle cómo lidiar con ella? No sería práctico. Sin embargo, el mayor defecto de esa familia era su tendencia a ocultarse las ideas entre ellos.
‒Xiaojie, ‒ Mo Zhu entró para comunicarle algo. ‒ Qi Yiniang ha enviado un mensaje esta mañana. ¿Quieres verlo?
‒Iré a verla en persona. ‒ Decidió.

Ya en el patio de Qi Yiniang, Tan shi estaba recostada en su cama bordando un babero. Li Wei Yang se la miró y su corazón dio un vuelco.
‒Madre. ‒ Sonrió.
Encantada, Tan shi dejó su recamado, le cogió la mano a su hija y sonrió.
‒Ya estás aquí. ¿Tienes hambre? ¿Quieres que te prepare algo? ‒ La buena mujer debía saber que la muchacha había ido a palacio.
‒Ya he comido. ‒ La joven era todo sonrisas. ‒ Madre, tienes mala cara.
Tan shi se tocó el rostro, aún con una mueca en los labios.
‒No es nada, es que no tengo mucho apetito.
‒Puedo remodelarte la casa para que sea más elegante, madre. ‒ Le ofreció. ‒ Voy a hacer que te compren más muebles, pero para empezar, creo que deberías venirte a mis aposentos un par de días. Cuando lo hayan pintado, limpiado, organizado y todo, ya volverás.
‒No hace falta, ya me va bien como está. ‒ Se apresuró a replicar. ‒ ¡Déjalo ‒ Con haber conseguido salir de aquel remoto lugar en el que había pasado tantos años le bastaba! ‒ Sólo hace un mes que Da Furen falleció, no puedo mudarme de repente.
Li Wei Yang sacudió la cabeza.
‒Me da igual que se entere la gente, confía en mí, madre.
Que la joven se atreviese a afirmar algo por el estilo demostraba que lo tenía todo bajo control. Tan shi asintió y, de repente, se le llenaron los ojos de lágrimas.
‒Esta noche volveré a pasarme. ‒ Empezó Wei Yang. ‒ ¿Quieres que te compre algo? Puedo enviar a alguien a por lo que sea…
‒Quiero algo nuevo… ‒ No quería aguarle la alegría a su niña, así que empezó a pedirle cosas.
El corazón de LI Wei Yang se ablandó viendo los ojos llorosos de su madre. Tenía la sensación de que no cuidaba bien de ella, no obstante, Tan shi se sorprendió por su preocupación.
‒¿Para quién es? ‒ Li Wei Yang señaló el babero de lotos y patos, era un trabajo delicado y detallista.
‒Jiu Yiniang va a dar a luz dentro de unos meses. ‒ Tan shi sonrió. ‒ Es un regalo.
Li Wei Yang dejó el babero.
‒No te preocupes, tengo a alguien cuidándola.
Jiu Yiniang volvió a la residencia después de la muerte de Da Furen. Li Wei Yang pensaba que lo más inteligente era mantener las distancias. No la había traicionado porque habían compartido enemiga, sin embargo, ahora que estaba embarazada y que cabía la posibilidad de que fuera varón… Li Wei Yang no quería que su jerarquía cambiase según el sexo del no nato, pero puede que otros tuviesen otras intenciones.
En ese preciso instante, Tan shi empezó a tener arcadas y una criada corrió a ofrecerle un cuenco. Tan shi de inclinó, pero no vomitó.
‒¡¿Madre?! ‒ A Li Wei Yang se le iluminaron los ojos.
‒Llamé al médico… ‒ Tan shi sonrió algo ruborizada. ‒ y me dijo que estoy en cinta… De tres meses.
Li Wei Yang lo sospechaba, pero se quedó estupefacta. ¿Embarazada? ¡Cielos! ¿Iba a tener un hermanito? ¿Cómo… podía ser? En su vida pasada su madre había muerto demasiado pronto como para volver a dar a luz…
‒¿Por qué no me habías dicho algo tan importante? ‒ Li Wei Yang estaba anonadada y encantada a la vez.
‒Hace poco que me he enterado. ‒ Tan shi se las apañó para sonreír. ‒ Me pasé el funeral de Da Furen mareada, así que pedí que me hicieran una revisión y… Resultó que estoy embarazada.
Si Yiniang y Liu Yiniang se convirtieron en rivales cuando Da Furen cayó enferma. Jiu Yiniang estaba embarazada y a Li Xiao Ran no le apetecía casarse con otra, así que de vez en cuando visitaba a Tan shi. Tan shi era mucho más tranquila, comprensiva, considerada y dulce que las más jóvenes, así que estaba a gusto. Frecuentaba sus aposentos unos cinco o seis días al mes. Los demás inquilinos de la casa se enteraron, sin embargo, Tan shi era neutral y jamás peleaba, además de que nadie se atrevía a meterse con la madre de Wei Yang.
La sonrisa de Li Wei Yang se hizo más obvia. Pocas veces se sentía tan feliz. ¡Iba a tener un hermano de sangre! Pero su sonrisa desapareció de repente.
‒¿Padre ya lo sabe?
La expresión de Tan shi cambió drásticamente.
‒Hace un par de días que no viene. Voy a esperar un poco más.
‒Buscaré el momento adecuado para anunciarlo. ‒ Li Wei Yang asintió.
La muchacha no había mencionado el nombre de Li Xiao Ran, obviamente, planeaba contárselo a todo el mundo y ahí residía una pequeña diferencia. No obstante, Tan shi, que era una mujer simple, aceptó sin pensarlo mucho.
‒Mi madre se viene a mi patio desde hoy. ‒ Li Wei Yang se giró para dirigirse a Zhao Yue. ‒ Cuida de cada una de sus comidas.
A la única a la que le dio ordenes fue a Zhao Yue. Ahora que Da shaoye había perdido el favor de su padre, el estatus del niño que naciese antes no sería normal y todas eran como tigresas al acecho. ¿Cómo iba a ignorarlo? ¡Tenía que tomar precauciones!
Li Wei Yang informó a Lao Furen su intención de vivir con su madre y, aunque la anciana se negó al principio, pues la casa era lo suficientemente grande como para que cada uno tuviese su lugar, acabó cediendo a la insistencia de su nieta.

Un tranquilo mes más tarde, Lao Furen echó un vistazo al estómago hinchado de Jiu Yiniang con cierta preocupación.
‒Te queda un mes para dar a luz.
‒Sí. ‒ La joven enrojeció.
Lao Furen sonrió y asintió con la cabeza antes de volver a mostrar una expresión seria.
‒Me alegro. Espero que todas me deis más nietos, nada me haría más feliz que expandir todavía más la familia Li.
Li Xiao Ran miró satisfecho a Jiu Yiniang. Er Furen apretó los labios. Su marido era hijo de una concubina y no solía pasar mucho tiempo en casa, además, Lao Furen no se preocupaba ni un pelo por cómo estaba, así que los hijos de su lado no gozaban de ningún favor. Cuando la mujer presenció al primogénito de Li Xiao Ran perderlo todo, pensó ‒ erróneamente ‒ que su propio hijo acabaría heredándolo todo. No obstante, esa zorra de Jiu Yiniang se había quedado en cinta.
‒Ya no tienes a tu mujer… ‒ Lao Furen suspiró. ‒ No me gusta verte tran triste, me preocupa. ‒ Hizo una mueca disgustada. ‒ ¡Deberías ayudar a Laoye a no estar así, Jiu Yiniang!
La única que podía sentarse en una silla era Jiu Yiniang porque estaba embarazada. Al oír las palabras de la matriarca se consternó.
‒Tienes razón, así lo haré.
Liu Yiniang continuó observando el panorama en silencio.
‒Tienes pocos hijos para la cantidad de concubinas que tienes. ‒ Lao Furen levantó su taza de té. ‒ Creo que ha llegado la hora de tener más. ‒ Suspiró.
Li Wei Yang alzó la vista y dejó de sorber su té.
‒Oh, sí. ‒ Sonrió. ‒ Lao Furen, padre, todavía no os he felicitado por el embarazo de Qi Yiniang. Ya van cuatro meses.
Li Xiao Ran se regocijó al escuchar las nuevas noticias y le cogió las manos a Qi Yiniang, que llevaba todo el rato a su lado.
‒¿Es cierto?
‒Padre, ‒ Li Wei Yang sonreía con la calidez de la primavera. ‒ aunque me guste bromear, este asunto no es algo que me pueda tomar a la ligera. Qi Yiniang no se encontraba bien así que llamó al médico y, vaya, descubrió que estaba embarazada. Como le daba miedo equivocarse, llamó a otros tres médicos para que la examinaran.
En otras palabras, no lo habían estado escondiendo. Li Xiao Ran estaba en las nubes. A su edad iba a tener dos niños más. ¡Una bendición de los cielos! Si Da Furen no hubiese intervenido, su padre hubiese contado con muchos más hijos.
‒¡Esto es maravilloso! ‒ Exclamó la anciana mirándose a Qi Yiniang.
Si Yiniang y Liu Yiniang contemplaron el vientre de Qi Yiniang con amargura y con llamas en los ojos.
La sonrisa de Jiu Yiniang parecía esconder algo, era vaga.
‒Maravillloso, mi niño tendrá un compañero de juegos.
Li Wei Yang la estudió con la mirada mientras que Jiu Yinaing bajaba la vista como temerosa. La muchacha descubrió que esa concubina había cambiado. Vestida de sedas de los pies a la cabeza, Jiu Yiniang que solía tener a su amado en el corazón, había pasado a disfrutar de los lujos y la riqueza.
‒Lao Furen,  Jiang Guogong Furen y Jiang Da Furen acaban de llegar. ‒ Informó la criada Luo.
‒De acuerdo, ‒ La criada ayudó a la anciana a ponerse en pie. ‒ tengo que atender un asunto. Quedaos un rato más antes de iros.
Li Wei Yang se quedó mirando a Lao Furen mientras se marchaba. Por primera vez, la anciana no le pedía que la acompañase a recibir a sus invitados.
Li Xiao Ran se volvió para admirar el estómago de Tan shi encantado.
‒Preparadlo todo para esta noche. ‒ Ordenó. ‒ Iré al salón ancestral a rezar y a agradecer a nuestros ancestros por sus bendiciones. ‒ Apretó la mano de Qi Yiniang. ‒ Debe haber sido difícil para ti.
Qi Yiniang se ruborizó. No supo qué decir. Era una mujer genuinamente leal, así lo creía Er Furen. Entonces, posó la vista en Wei Yang y se preguntó cómo alguien tan sincero podía haber parido a un escorpión tan venenoso.
Li Wei Yang ignoró las miraditas, todo lo que veía era la silueta de Lao Furen alentando sus dudas. Jiang Xu había vuelto a la capital, pero en todo el mes no había hecho absolutamente nada, todo estaba demasiado tranquilo. Sin embargo, la mujer de Jiang Xu y Jiang Guogong Furen aparecían para ver a la anciana. ¿Qué estaba pasando?

Title: Capítulo 97: El cuarto hijo de los Jiang
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Writed by Nana L15R1

1 comentarios:

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Anónimo

Muchísimas gracias por el pack de 2capitulazos estuvieron geniales n_n