Capítulo 95: Sin piedad


Las flores que acunaban el camino despedían un aroma embriagador.
Li Wei Yang anduvo por los jardines de flores y cuando vio a la honorable consorte sentada en el mirador sonrió.
Wu Xian Fei provenía de una familia prestigiosa y era extremadamente bella, no obstante, en el palacio lo que importaba no eran los antecedentes o la belleza, sino su legado, es decir: sus hijos. Normalmente, las mujeres estériles no conseguían sobrevivir mucho entre los muros de palacio, pero a diferencia del resto, Wu Xian Fei gozaba de un buen estatus gracias a su hijo adoptivo y la ayuda que le había estado ofreciendo a la Emperatriz con los asuntos del palacio interior.
En su vida pasada la primera vez que tuvo que encontrarse con ella le temblaron las piernas y en esta ocasión Li Wei Yang fue lo suficientemente ingenua como para creer que sería capaz de mostrarse lo suficientemente tranquila al enfrentarse con su pasado.
Una docena de criadas y eunucos permanecían con los ojos fijos en el suelo y contenían la respiración. La mujer sentada bien derecha en el mirador era hermosa, con el pelo recogido a la moda del momento y brillaba más que el propio sol. Sus ojos negros eran cautivadores y sus labios se curvaban en una sonrisa perfecta como el néctar. Le sonreía con dulzura, como si no estuviese planeando nada.
A Li Wei Yang no le sorprendió la jovialidad de la mujer porque sabía cuánto empeño empleaba en parecer joven. Cada día enviaba a sus criadas a buscar rocío para su té, también utilizaba el polen de miles de flores para fabricar unos polvos especiales y escogía los pétalos de las flores más rojas para conseguir su colorete. Guardaba sus preciados y extravagantes utensilios en un cofre de oro y era así como había conseguido el favor del Emperador durante tanto tiempo.
Lo primero que le enseñó Wu Xian Fei a Li Wei Yang fue que sin esfuerzo no se consigue nada.
Cuando Li Wei Yang entró a palacio por primera vez ignoraba cómo ayudar a su marido y no conocía casi a nadie. Fue Wu Xian Fei quién le enseñó a moverse. Siempre la había tenido como una generosa suegra, pero al final resultó que sólo la había educado para que pudiese serle útil a su hijo. En otras palabras, la convirtió en la mejor herramienta para Tuoba Zhen. También fue esta maravillosa suegra quien la acusó de ser malvada y egoísta y poco digna de ser una Emperatriz. Fue entonces cuando Li Wei Yang aprendió que los demás no la trataban bien por devoción, sino por interés.
Li Wei Yang sonrió y se acercó a la mujer del mirador con la mayor de las ceremonias. Xian Fei por su parte estudió a la joven mientras la saludaba. Era una muchacha presuntamente alegre y de piel clara y, aunque no se la podía considerar una belleza, era encantadora.
Li Wei Yang sonrió con dulzura al percibir el escudriño de la consorte, como si ignorase los planes de su antigua suegra. Wu Xian Fei no era estúpida, sabía que Li Wei Yang había conseguido una buena posición dentro la familia y había acabado con su hermana mayor en muy poco tiempo. No es que todo esto le importase, no le incumbía, sin embargo, ahora que Tuoba Zhen se había visto enredado en el problema no podía quedarse de brazos cruzados. No es que le importase demasiado su hijastro, pero todo podía afectar a su partida de ajedrez.
‒Lévantate, niña. Pareces encantadora. Acércate, ven. ‒ Xian Fei le hizo un gesto cariñoso.
Li Wei Yang se le acercó risueña. Xian Fei la ayudó a levantarse y le dijo a la criada que tenía al lado:
‒Parece alegre y buena. Ya había oído al Emperador y a la Emperatriz Viuda hablar de ella, pero no había tenido el placer de conocerla. Puede que sea el destino.
‒Gracias por los elogios. ‒ Li Wei Yang respondió astutamente con una risita.
Xian Fei asintió con la cabeza y la halagó todavía más. Entonces, empezó a parlotear como lo haría cualquier adulto de una buena casa con la intención de ablandar el corazón del oyente. Si Li Wei Yang no conociese de sobras este tipo de tácticas, había caído de cuatro patas e incluso habría estado segura de que esa mujer era amable. No obstante, sabía que cuánto más le sonreía esta mujer a una persona, más cerca estaba su muerte. Su amabilidad no era buena señal.
‒¿Por qué vas de blanco? ‒ Preguntó con el ceño fruncido.
‒Madre acaba de morir, no me atrevo a llevar ningún color alegre, pero como está prohibido llevar ropa de luto en palacio, he tenido que ponerme un color más suave.
Li Wei Yang no violó los ritos de luto ni las restricciones de palacio. ¿Qué podía decirle esa mujer?
Xian Fei sonrió con más dulzura.
‒Me he enterado de lo de tu madre. En el almacén hay muchos rollos de telas y sedas elegantes, son preciosas. Traédselos a Li xiaojie. ‒ Ordenó la consorte. ‒ Piensa en ello como una muestra de afecto. ‒ Añadió dirigiéndose a Wei Yang una vez más.
Li Wei Yang observó su figura, volvió a arrodillarse y dijo:
‒Gracias, niang niang… Pero no puedo aceptar el regalo.
‒¡No hace falta que seas tan educada! ‒ Xian Fei le quitó hierro al asunto. ‒ Es un regalito de cortesía. ‒ Y continuó. ‒ Es una pena que aunque dentro de dos años estarás en edad de casarte tengas que esperar más por lo de tu madre… Y cuando llegue el momento te será difícil encontrar prometido…
Li Wei Yang fingió no entender lo que había querido decir y se lamentó.
‒No tengo prisa, pero Dajie sí que está en esa edad… ‒ Habló lentamente y, justo entonces, añadió algo más como si se le acabase de ocurrir. ‒ Aunque ella no es como yo. Es una hija legítima y además es preciosa. Les gusta al príncipe Wu y al príncipe San. Me ha dicho que se casará cuando acabe el periodo de luto.
A Xian Fei se le cambió la cara y le brillaron los ojos. La jade que había enviado para Li Zhang Le era con el único fin de ganar el apoyo de los Jiang. Zhang Le era una doncella famosa por su belleza y si no fuese por lo estúpida que era y por lo mucho que disgustaba al Emperador, casarla con Tuoba Zhen habría sido un movimiento muy bueno. Al príncipe Wu ya lo habían regañado por intentarlo, si ahora ella se ponía en serio a intentar conseguirlo sólo le acarrearía problemas.  Aunque, pensándolo bien, cualquier cosa era mejor que dejar que el mundo supiera que su hijastro se había aprovechado de la hija del primer ministro en el funeral de su esposa.
‒Tonta, me refiero a ti. ‒ No quiso mostrar lo frustrada que estaba. ‒ Tu padre ya se encargará de tu hermana. No te preocupes. ‒ Xian Fei se serenó rápidamente.
‒Qué alegre estás hoy, Xian Fei jiejie. ¿Qué estás haciendo? ‒ Una voz sorprendió a la consorte que se giró y sonrió.
‒Oh, De Fei meimei.
Zhang De Fei iba vestida con unos ropajes violetas decorados con dibujos de humo. En la cabeza ostentaba una maravillosa horquilla roja que la hacía destacar aún más que a Xian Fei.
La mujer entró en el mirador rodeada de sus sirvientes y con la mirada tan tranquila como las aguas de un pozo. A cada paso que daba el colgante que portaba se mecía suavemente.
‒Me pregunto qué hace la Xianzhu aquí tan temprano. ‒ Sonrió.
Li Wei Yang hizo una reverencia para saludarla y sacudió la cabeza discretamente. La muchacha era plenamente consciente que todos los residentes de palacio sabían a qué hora había llegado. Después de todo, en un lugar como este no existían los secretos.
Ahora sabía que Xian Fei quería cerciorarse de cómo andaban las cosas con los Li, pero… ¿Qué motivos tenía De Fei para hablarle? Li Wei Yang pensaba que ya le había dejado claro que no quería nada con el príncipe Qi. ¿Acaso no se la creía? La joven podía simpatizar con la preocupación maternal de esta mujer pero, si se hacía demasiado pesada, no dudaría en tomar represalias e incluso involucraría a Tuoba Yu en sus planes. Una pena, porque todavía no quería deshacerse de él.
‒Pues estaba charlando con la Xianzhu porque parece un chiquilla muy alegre y encantadora hasta que has llegado tú, meimei. ‒ Wu Xian Fei sonrió con suavidad.
Zhang De Fei le devolvió la sonrisa. La fachada de Li Wei Yang era, efectivamente, la de una muchachita inocente, pero escondía muchísimo. La última vez se había atolondrado y la joven había conseguido jugar con ella. Pero ahora estaba segura de que esa niña no era del montón. La verdad es que era una lástima que no estuvieran en buenos términos, habría sido muy útil.
De Fei sintió algo extraño cuando se enteró de que el castigo que le habían impuesto no había servido para nada. Li Wei Yang había afirmado que quería un marido leal y que no iba a permitir ninguna concubina, y por otro lado, su hijo insistía en casarse con ella. ¡Si su Yu se enamoraba de ella y ignoraba sus responsabilidades sería desastroso!
Los hermosos ojos de Zhang De Fei se posaron sobre Li Wei Yang y sonrió con rebosante hostilidad.
Justo en ese momento llegó un eunuco con una caja dorada desde el otro lado del jardín. Saludó a De Fei y a Xian Fei y anunció:
‒Su Majestad obsequia a De Fei niang niang una horquilla dorada de un fénix de ocho colas y a Xian FeI niang niang una lámpara de jade y cristal.
En efecto, en el interior de la caja había una horquilla y a su lado una lámpara verde de jade.
Zhang De Fei sonrió y le ordenó al eunuco que se acercase para coger su horquilla y estudiarla con sumo cuidado.
‒Su Majestad sigue teniéndome como a una muchachita a mi edad. ‒ Sonrió. ‒ Qué horquilla tan hermosa… Pero los colores de estas gemas son más apropiados para alguien de la edad de Xianzhu. ‒ Señaló la cabeza de Li Wei Yang como si tuviese la intención de dárselo.
Li Wei Yang retrocedió un paso y contestó:
‒Siempre será joven y bella en el corazón de Su Majestad, niang niang. Yo que soy de cuna humilde no me atrevo a esperar tanto.
Zhang De Fei sonrió, dejó la horquilla en la caja y preguntó como si nada:
‒Bueno, Lane r, escolta a Xianzhu.
Una bellísima criada salió del grupo de criados y acató las órdenes. Sonrió y se llevó a Li Wei Yang.
La criada era simple y de apariencia agradable.
‒Tenga cuidado, Xianzhu. ‒ Le advirtió por el camino. ‒ Vaya un poquito más lento, Xianzhu. ‒ Volvió a recomendarle.
De vez en cuando señalaba alguna que otra cosa.
‒Este es el crisantemo favorito de De Fei niang niang. Esa es la peonía favorita de la Emperatriz… ‒ Su voz era suave y gentil, agradable al oído.
Li Wei Yang se la miró pensativa. La mirada de Zhang De Fei había sido fría y con cierto aire asesino. ¡Estaba segura de que quería acabar con ella! Pero… ¿Por qué había dejado correr una oportunidad tan buena?
‒¿En qué está pensando, Xianzhu? ‒ Preguntó Lan er con una sonrisita.
‒Creo que la criada de la Emperatriz Viuda debe estar preguntándose dónde estoy. ‒ Li Wei Yang se la miró como si acabase de acordarse de algo.
A Lan er se le borró la sonrisa de la cara por un momento antes de continuar como si nada.
‒Mi niang niang ha hecho un volumen budista para la Emperatriz Viuda y quería llevárselo esta mañana. Cuando se ha encontrado con Xian Fei niang niang en el jardín le ha pedido a otra de sus criadas que se lo llevase, no creo que la hagan esperar mucho.
‒Oh, ya veo.
‒Pase por aquí, por favor.
Li Wei Yang fingió no darse cuenta de nada y continuó. Estaban en la salida de palacio, ella había estado allí en un sinfín de ocasiones así que sabía que Lan er no la había estado llevando a otro sitio. Con que Zhang De Fei había ordenado a esta criada que la llevase afuera, ¿pero para qué? Le sería imposible matarla fuera de palacio.
‒El carruaje le espera en el caminito que hay afuera. ‒ Le informó. ‒ Tenga un buen viaje, Xianzhu.
‒Gracias. ‒ Li Wei Yang se había tensado y se miró a la niña con cierta sospecha al llegar afuera.
Tenía las puertas de palacio justo delante y apenas había puesto un pie afuera cuando escuchó un grito detrás de sí.
‒¡Cogedla!
La joven se dio la vuelta y se vio rodeada por un grupo de soldados.
‒¿Qué es esto? ‒ Preguntó Wei Yang con ironía.
‒¡¿Qué hacéis?! ¡Es Anping Xianzhu! ¡La Emperatriz Viuda ha ordenado que se vaya!
‒No se puede ir todavía, Xianzhu. ‒ El comandante se le acercó. ‒ De Fei niang niang la espera.
Li Wei Yang resopló burlonamente. La cosa no acababa ahí.

La expresión de la Emperatriz Viuda que estaba sentada en el centro del salón principal de su palacio era indescifrable. Xian Fei a un lado tenía ganas de ser testigo del juego y De Fei niang niang estaba completamente furiosa.
‒¡Cacheadla!
Un montón de criadas de palacio la rodearon.
‒¿Qué significa esto, De Fei niang niang? ‒ Preguntó Li Wei Yang son frialdad.
‒¿Dónde está la horquilla que me ha regalado Su Majestad, Li Wei Yang? ¡Eres la única que lo ha tocado! ‒ Replicó la mujer con dureza.
La reputación de Li Wei Yang quedaría hecha trizas si Zhang De Fei cacheaba su cuerpo sin importar cuál fuese el resultado porque todavía no estaba casada.
Wu Xian Fei sonreía como quien está en el teatro.
‒De Fei, no puedes acusar a nadie sin haber llegado a una conclusión. ‒ Dijo la Emperatriz Viuda. ‒ Si la cacheas, la niña tendrá problemas.
‒Puede haberlo robado, aunque haya dicho que no lo quería. ‒ Zhang De Fei repasó a Li Wei Yang con desdén. ‒ A los ladrones les da igual el honor. ¡No pienso perdonar este robo a no ser que se demuestre que es inocente!
‒De Fei niang niang, ‒ Li Wei Yang empezó a defenderse con indiferencia. ‒ has metido la horquilla en la caja tú misma. Yo ni siquiera lo he tocado… ¿Qué te hace pensar que he sido yo quién lo ha robado?
‒¡Sabremos si has sido tú cuando te hayan registrado! ‒ Farfulló Zhang De Fei.
Li Wei Yang se la miró con frialdad. Le parecía increíble que una consorte imperial recurriese a este tipo de métodos tan ordinarios, aunque, bien visto, esta trampa podía costarle la vida. Si se declaraba culpable a Wei Yang, el único castigo que le esperaba por haber robado un regalo del Emperador era la muerte.
‒Yo no robaría nunca por muy desesperada o pobre que fuese. ¿Por qué no cacheas primero a tus criadas? Además, las criadas y los eunucos de Xian Fei niang niang deben saber quién se lo ha llevado. ¿Por qué estás tan centrada en mí? ¿Sabías que lo haría o algo?
‒¡¿Cómo van a ser culpables mis criados?! ‒ Zhang De Fei estaba furiosa. ‒ Nunca he perdido nada y Xian Fei jiejie igual. ¡Lo que pasa es que quieres que nos enfademos entre nosotras! ¡Qué mala eres para ser tan joven! ¡Que alguien se la lleve y le pegue veinte veces por decir semejantes tonterías!
En cuanto la consorte dio la orden, los eunucos trajeron los palos para aplicar el castigo. Los palos que se usaban eran mordaces y medían dos centímetros. Recibir veinte golpes era lo mismo que despellejarte vivo.
Li Wei Yang esbozó una sonrisa, levantó la mano para parar a los eunucos y gritó:
‒¡Alto!
‒¿Osas objetar-…? ‒ Zhang De Fei alzó sus elegantes cejas.
‒¿Cómo puede decir algo así, niang niang? ‒ Li Wei Yang respondió neutral. ‒ Jamás osaría hacer algo así. Soy de nacimiento humilde, puede ignorarme, niang niang, pero… La Emperatriz Viuda y la Emperatriz siguen aquí y es su derecho llevar a cabo la investigación. No creo que sea buena idea que sea usted, niang niang, la que dé las órdenes y se pase de la raya.
Li Wei Yang esperaba que la Emperatriz Viuda no quisiera matarla y que le gustase lo suficiente para evitar que una consorte cualquiera acabase con ella.
‒Perdóname, Emperatriz Viuda, yo... ‒ A Zhang De Fei se le cambió la cara al darse cuenta de que había sido demasiado impaciente.
La Emperatriz Viuda le echó un vistazo con segundas a modo de respuesta.
¿Cómo había podido olvidar que la Emperatriz Viuda no era fácil de engañar? De Fei empezó a tener sudores fríos e hizo una reverencia ante ella.
La anciana se miró a Li Wei Yang perdida en sus pensamientos.
‒¡Ha llegado el Emperador!
Todo el mundo, excepto Zhang De Fei que había estado esperando este momento, se quedó de piedra al escuchar el anuncio.
De Fei y Xian Fei corrieron a saludarle.
‒¿Qué ha pasado? ‒ El Emperador asintió al verlas y prosiguió. ‒ Anping Xianzhu ha venido a hacerle una visita a mi madre. ¿Cómo ha podido acabar convirtiéndose su visita en un caso de robo?
‒Al principio no quería molestarte, Su Majestad. ‒ De Fei, que es quien le había mandado avisar, parecía lamentarse. ‒ Pero esto se ha puesto serio… Como nosotras no sabemos qué hacer hemos querido llamarte a ti y a la Emperatriz Viuda.
‒¿Qué te ha hecho enfadar?  ‒ Al Emperador le dio pena verla tan pálida. ‒ No estás en muy buenas condiciones desde la cacería.
A Zhang De Fei se le llenaron los ojos de lágrimas, se dio la vuelta para secárselos y dijo totalmente desesperada.
‒Nunca pasa nada en palacio, ¿cómo íbamos a imaginarnos que nos robarían? Yo le habría comprado cualquier cosa a la Xianzhu por lástima si no fuera porque me ha robado la horquilla que me acabas de regalar.

‒¿La horquilla de oro? ‒ El Emperador miró a Xian Fei que estaba por ahí cerca sorprendido.
‒Xianzhu es joven, puede que sea fácil encantarla. ‒ Comentó arrepentida. ‒ Debe haber tenido pensamientos que no debería al verla.
¡La estaba injuriando! Li Wei Yang evitó sonreír. ¡Qué suerte la suya! Mira que ofender a dos de las consortes favoritas del Emperador a la vez… ¡Y todo porque se había visto enredada en la lucha de poder entre príncipes! El odio de Xian Fei lo entendía, pero De Fei sólo estaba aburrida y sin nada qué hacer. ¡Por qué le haría algo así! Negarse a casarse con su hijo no era ningún crimen.
Li Wei Yang sabía que para De Fei, Tuoba Yu era como la luna del cielo. Si algún día su luna, lo que más quería en el mundo, le dijera que quiere casarse con alguien tan insignificante como ella misma era… Pero no, Li Wei Yang ya había rechazado su sugerencia. Aunque claro, todas las madres pierden la cabeza cuando se trata de sus hijos y ella no era una excepción. Cada vez que veía a la moza sentía una puñalada en el corazón.
‒A Xianzhu le ha gustado y yo, pues he pensado que podía dárselo pero es un regalo que me has hecho tú personalmente… Así que no puedo soportar la idea de deshacerme de la horquilla… ‒ Continuó De Fei con los ojos llorosos. ‒ Me he puesto furiosa y no lo he sabido soportar. Encima todo el mundo ha visto que la Xianzhu prefiere morir a admitir su falta. ‒ Añadió echándole un vistazo a las criadas que tenía al lado.
‒¡Yo lo he visto todo, Su Majestad! ‒ Se atrevió a confesar una de las criadas. ‒ Xianzhu es la que más se ha acercado a la horquilla. ¡Seguro que ha sido ella!
El Emperador miró a Li Wei Yang. No estaba de humor para estas cosas, pero sabiendo que sus consortes podían ser ultrajadas, prefirió meterse, sobretodo porque la última vez había dejado mal a De Fei.
Li Wei Yang se enfrentó a la mirada del monarca sin temor.
‒Su Majestad, puede que no sea muy lista, pero desde luego jamás robaría una horquilla de una niang niang. ¡Por favor, investíguelo a fondo!
‒Todo tiene arreglo. ‒ Xian Fei les interrumpió con frialdad. ‒ Lo mejor será que confieses cuánto antes. Su Majestad es generoso y no te castigará con mucha dureza, pero si no confiesas, entonces sí recibirás un buen castigo.
De Fei tosió discretamente.
‒Jiejie tiene razón. ‒ Asintió. ‒ Puede que lo haya escondido cuando se iba. ¡Lan er! ‒ Llamó.
‒Aquí estoy, señora.
‒¿La has visto esconder algo?
‒No, si Xianzhu lo ha escondido debe seguir por ahí.
A Li Wei Yang se le cambió la cara, hizo una mueca y contuvo su ira.
‒¿De verdad es necesario cachearme? ¿Cómo voy a vivir en paz si esto se sabe?
Zhang De Fei se la miró. Lane r vaciló antes de acercarse a Wei Yang y le musitó:
‒Perdóneme, Xianzhu. Tengo que comprobarlo.
Cuando la mano de Lan er estaba lo suficientemente cerca, Li Wei Yang la rechazó de un golpe.
‒¡Imprudente! ¡Cómo si pudieras tocarme!
Lan er se tensó. Era la criada en la que De Fei más confiaba desde hacía años y se tenía en alta estima. ¿Cómo se había atrevido a abofetearla de esta manera una niñita?
‒¡¿Qué haces, Li Wei Yang?! ‒ Gritó Zhang De Fei furiosa.
Lo que Li Wei Yang acababa de golpear no era a su criada, sino a su amor propio.
‒¡Qué descaro!  ¡¿Cómo te atreves a pegar a alguien de palacio?!
Li Wei Yang no estaba asustada, de hecho, se limitó a mirar al Emperador.
‒Su Majestad jamás castigaría a una persona inocente. ‒ Sonrió con frialdad. ‒ No llevo muchas capas de ropa ahora mismo, si me sacudo la horquilla caerá. No hace falta que me cacheen, ¡ya me lo quito yo! ‒ Empezó a quitarse la ropa con la mano temblorosa. Entonces, pasó a quitarse las vestiduras de la parte superior del cuerpo dejando a todos los presentes atónitos.
‒¡Detente! ‒ La Emperatriz Viuda la interrumpió. ‒ ¡Esto es inapropiado!
‒Pero Emperatriz Viuda, ‒ Li Wei Yang habló con desesperación. ‒ sólo estoy haciendo lo que niang niang me ha dicho que tengo que hacer para demostrar mi inocencia.
Esa joven era astuta, determinada y no estaba nada dispuesta a perder. La Emperatriz Viuda, que estaba totalmente segura de que esa niña no había hecho nada, y el Emperador intercambiaron una mirada.
‒¿Te has vuelto loca? ‒ Los ojos de De Fei eran gélidos como el hielo. ‒ ¡Cómo osas hacer algo tan inmoral en palacio!
‒Yo jamás haría nada demasiado osado. ‒ Li Wei Yang sólo mostraba hostilidad. ‒ Por muy bajo que sea mi linaje, sigo siendo una doncella y por eso mismo no pienso permitir que nadie me toque. ‒ Su iniciativa para demostrar su inocencia y dejar que otros la tocasen eran dos temas distintos. ‒ ¡Y lo volvería a hacer para contentar a niang niang!
Zhang De Fei se disgustó. Nunca se habría imaginado que esa muchacha se atrevería a resistirse. Dirigió su hermosa mirada a Lan er, que cada vez se inquietaba más.
La criada le había metido la horquilla en la manga, ¿por qué no había caído cuando se había empezado a desvestir? No entendía nada de nada.
‒Anping tiene razón. ‒ La Emperatriz Viuda la defendió. ‒ Si la intención es buscar, lo suyo es que se registre a todo el mundo, no sólo a ella.
Una criada se adelantó y llamó a todas las criadas de ambas consortes para que se pusieran en fila.
‒¡Si alguna de vosotras la tiene sufrirá un castigo severo! ‒ Avisó la Emperatriz Viuda.
Las criadas se miraron entre ellas sin atreverse a negarse.
Li Wei Yang observó la escena desde la distancia, pero permaneció callada. Por mucho que su madre fuera una criada, seguía teniendo la sangre de los Li corriéndole por las venas y el título de Xianzhu. A no ser que el mismísimo Emperador diese la orden, nadie podía cachearla, por eso mismo había pegado a esa criada.
‒¿Veis? ¡Las de mi lado no han tenido nada que ver! ‒ Exclamó.
La Emperatriz Viuda frunció el ceño. A no ser que se encontrase algo, el crimen continuaría sobre los hombros de Wei Yang.
‒Hay una persona a la que no habéis mirado. ‒ Li Wei Yang sonrió y señaló a alguien.
Todos los ojos se posaron en Lan er que, a su vez, miró a Wei Yang con los ojos desorbitados. La criada de la Emperatriz Viuda se miró a su señora y al ver que le hacían el gesto, se acercó a la criada y la cacheó.
Pocos minutos después se escuchó el sonido de algo cayendo al suelo: la horquilla que el Emperador le había regalado a De Fei.
‒¡Has sido descortés y has acusado a Xianzhu cuando has sido tú la que tenía una ladrona entre los suyos! ‒ El Emperador se miró a Zhang De Fei enfadado. ‒ Más te vale que la castiguen bien.
De Fei, atemorizada, se quedó sin saber qué decir, ni siquiera Xian Fei supo meter baza.
Lan er se arrodilló en el suelo. Nunca le habían pillado en ninguno de los trabajitos que su señora le había pedido. ¡¿Cómo podía ser?!
‒Lan er no haría esto. ‒ De Fei apretó los dientes.
‒Muy bien. ‒ La voz del Emperador era tan suave como los vientos de abril. ‒ Creo que no hará falta que me repita: a las pruebas me remito.
‒Su Majestad, esto… ‒ De Fei no iba a aceptar esta conclusión de buena gana.
‒Esto es una tontería. ‒ La voz del señor del pueblo era cálida y firme.
‒Pero, Xianzhu tampoco se ha comportado como es debido. ‒ De Fei todavía tenía un atisbo de esperanza. ‒ ¿Cómo puedes perdonar este crimen? ¡Ha sido muy imprudente y…!
El Emperador frunció el ceño.
‒Has sido tú la que ha insistido en pegar y matar a una niña. ‒ La Emperatriz Viuda intervino con una gran sonrisa. ‒ Creo que el Emperador debería premiar y castigar como es debido. ‒ Entonces, añadió. ‒ Llevaos a esa criada y matadla a golpes.
‒¡Emperatriz Viuda! ‒ Lan er chilló y se revolvió. ‒ ¡Niang niang! ¡Piedad, por favor, piedad!
‒Sí. ‒ El jefe de los eunucos asintió al escuchar las órdenes y se llevaron a la ladrona que, resignada, se dejó arrastrar.
Los chillidos que provenían de afuera se acallaron hasta que, finalmente, los eunucos reaparecieron por la puerta para anunciar la muerte de la criminal.
De Fei se estremeció y Li Wei Yang sonrió con crueldad.
‒Cortadle la cabeza y colgadla en las puertas de palacio para que sirva de ejemplo al resto de las criadas y los eunucos. ‒ Ordenó el Emperador.
Zhang De Fei se volvió para mirar a la joven, sin embargo, sólo se encontró con los ojos del Emperador.
‒Será mejor que mantengas a tus criados a raya. ‒ Le advirtió su marido.
Zhang De Fei no era tonta, reaccionó en cuestión de segundos y sonrió de mala gana.
‒Sí, así lo haré. Aunque no la hubieras matado tú, lo habría hecho yo.
La Emperatriz Viuda repasó con la vista a todos los presentes.
‒Espero que todos hayáis aprendido la lección. Pensad lo que podéis y no podéis hacer antes de nada. ¡No sigáis el ejemplo de esta criaducha!
‒Sí, señora. ‒ Repitió a unísono toda la servidumbre allí reunida.
‒No se enfade, señora. ‒ Li Wei Yang también se arrodilló.
La Emperatriz Viuda miró a su criada para que ayudase a Wei Yang.
‒Siento el insulto. Recompensad a Anping Xianzhu con cien lingotes de oro y cien rollos de seda.
Xian Fei se la miró con otros ojos, después de todo estaba segura que esa jovencita no sobreviviría a este altercado. Pero de todos los allí presentes, la más furiosa era De Fei.
Li Wei Yang agradeció a la anciana por sus regalos y se acercó hasta el centro del salón para recoger la horquilla.
‒Es un tesoro precioso, sí. ‒ Se acercó a De Fei y se lo colocó en el pelo. ‒ Debería ponérselo, niang niang.
De Fei odiaba no poder arrancárselo del pelo, pero bajo la atenta mirada de su marido y su suegra, sonrió y contuvo su enfado.
‒Siento haberte acusado sin razón, Xianzhu. Espero que no te lo tomes a pecho.
‒¿Qué dice? ¡Ha sido culpa de esa ignorante criada! No se preocupe.
‒Muy bien. ‒ La Emperatriz Viuda asintió. ‒ Se acabó, podéis retiraros.
El Emperador fue el primero en marcharse, seguido de Xian Fei y De Fei quienes al pasar por al lado de Wei Yang se miraron con desprecio.
‒Qué buena eres, Xianzhu.
‒Muchas gracias, Xian Fei niang niang.
Xian Fei sonrió pero no comentó nada más. De Fei se la miró con asco y se fue.

Li Wei Yang contempló el cielo azul desde los muros de afuera de palacio. Posó la vista en el palacio Tai Yong, en el Zhong He y por último, en el magnífico palacio Jia Xing donde se manejaban los asuntos de la corte.
Una paloma blanca extendió las alas y salió volando, haciendo sonreír a la muchacha.
Querida De Fei niang niang, todo tiene consecuencias. Como te has atrevido a acusarme injustamente, supongo que tendré que devolverte el favor. Prefiero tener que ultrajar a cada persona que hay en el mundo que permitir que alguien me ultraje a mí. ¡Te lo has buscado tú solita!

Title: Capítulo 95: Sin piedad
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Writed by Nana L15R1

1 comentarios:

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Anónimo

Muchísimas gracias por otro capítulazo de la hermosa wei yang estuvo genial n_n ya se volvió mi droga OoO esperando el que sigue