Capítulo 23


‒¿Se ha ido…? ‒ Hai Xiu salió de la cocina algo confundido. ‒ ¿Por qué?
‒Tenía que hacer no sé qué. ‒ Le contestó Feng Fei como si nada. ‒ Seguramente le habrá llamado su madre porque parece que vaya a nevar.
‒Oh… ‒ Hai Xiu frunció el ceño. ‒ Pero la comida…
‒Come lo que quieras, no te preocupes por eso.

‒Me ha dicho que somos demasiado cariñosos. ‒ Admitió Feng Fei mientras cenaban.
Hai Xiu levantó la cabeza de golpe y tosió. Su amigo se levantó de la silla rápidamente y le dio unas palmaditas en la espalda.
‒¿Qué te pasa? ‒ Sonrió. ‒ Qué poco cuidado tienes.
Hai Xiu sacudió la cabeza, cabizbajo.
‒Nada, nada… ‒ Consiguió mascullar entre tos. El joven no se atrevía a mirar a Feng Fei a la cara. Se sentía culpable y desviaba la mirada.‒Ya está, ya estoy bien, gracias.
‒Come despacio. ‒ Le aconsejó Feng Fei pasándole un vaso de agua.
‒Casi nunca… me atraganto. ‒ Hai Xiu no quería ser un problema para Feng Fei, estaba nervioso e intentó explicarse.
‒Menos mal. ‒ Feng Fei empezó a quitarle las espinas al pescado de Hai Xiu. ‒ Se ve que un chaval se atragantó y se murió. Qué miedo. ‒ Ya sin espinas, devolvió el pescado al plato de Hai Xiu. ‒ Vamos, come.
Hai Xiu cada vez estaba más nervioso, no quería causarle molestias y no quería parecer un idiota.
‒Ya quito las espinas yo. ‒ Replicó suavemente. ‒ Lo hago desde pequeño.
‒¿Sí? ‒ Feng Fei sonrió. ‒ ¿Te gusta el pescado? ‒ Hai Xiu se limitó a asentir con la cabeza. ‒ ¡Por eso eres tan listo!
Hai Xiu se animó de inmediato al escuchar el halago de Feng Fei. Entonces, Feng Fei bajó la cabeza, se tragó una cucharada de arroz y balbuceó:
‒He Hao… Él…
‒Mañana. ‒ Hai Xiu corrió a interrumpirle para cambiar de tema. ‒ ¿A qué hora nos levantamos mañana? Es lunes…
‒A las seis y media. ‒ Feng Fei contestó unos segundos después. ‒ Saldremos a las siete.
‒Pues será mejor que nos vayamos a dormir pronto. ‒ Hai Xiu asintió.
Feng Fei no volvió a hablar, sólo gruñó como aprobación.

Después de cenar, Hai Xiu se duchó y Feng Fei se quedó en el sofá mirando la televisión como en trance. Entendía lo que le había dicho He Hao, lo entendía mejor que nadie y sabía que su relación con Hai Xiu había cruzado la línea de lo normal. Y no era por el juego, ni por el ambiente… Tampoco era por el rayo. Feng Fei era el tipo de persona que sólo hacía lo que le apetecía sin importar qué, nadie ‒ y mucho menos un juego ‒ le haría besar a alguien que no quería. De hecho, tal vez el juego sólo hubiese sido una excusa para hacerlo. Llevaba cuatro meses muriéndose por besar a Hai Xiu y cada vez que posaba la mirada sobre el muchacho las ganas aumentaban. Notaba cada pequeño cambio, cada palabra y era quien más miedo tenía a que Hai Xiu volviese a ser cómo era.
¿Le gustaría a Hai Xiu? No estaba seguro.
Según Ni Mei Lin, Hai Xiu debía llevar años sin amigos hasta que de repente había aparecido él y gracias a eso ya no estaba solo. No cabía duda que Hai Xiu se abandonaría a esta nueva amistad, fuese quien fuese. Pero… ¿Confiar en alguien no era lo mismo que gustar? Feng Fei tampoco sabía la respuesta a esa pregunta. 
Si Hai Xiu sólo le veía como un amigo y se enterase de sus sentimientos, Feng Fei esperaría hasta que pudiese llegar a más. Pero si Hai Xiu no quisiera aceptarle… Entonces arreglar el embrollo sería casi imposible. Feng Fei quería estudiar atentamente cada una de las preguntas que le rondaban la mente, de hecho, había utilizado a He Hao para probar a Hai Xiu: pero no había sido fácil, Hai Xiu había cambiado de tema. ¿Tal vez Hai Xiu temía que no pudieran seguir siendo amigos si se sabía la verdad?
Feng Fei frunció el entrecejo y cambió de canal mientras se debatía si era mejor confesarse o no. Acabó llegando a la conclusión que era mejor tomárselo con calma para no asustarle. Decidido, subió el volumen de la televisión, subió al baño y llamó a la puerta.
‒Hai Xiu…
‒¿Eh? ¿Qué? ¿Qué pasa? ‒ Preguntó Hai Xiu sobresaltado.
‒¿La temperatura está bien? ‒ Feng Fei buscó qué decir. ‒ Hace frío, ponte bien la temperatura.
‒Ah, sí…
‒¿Te has traído la ropa interior? ‒ Feng Fei echó un vistazo por la puerta entreabierta. ‒ ¿Se te ha olvidado? Ahora te lo traigo.
‒No, ya lo he traído… ‒ Hai Xiu estaba cada vez más nervioso.
‒Oh. ‒ Feng Fei se rindió cuando el vapor empañó el cristal del espejo. ‒ Bueno, vale, pues ya me dirás cuando acabes para irnos a dormir.
Hai Xiu acabó de ducharse, se puso el pijama y se dirigió a la habitación donde Feng Fei estaba apoyado contra el cabezal de la cama leyendo.
‒Sécate el pelo antes de irte a la cama. ‒ Aconsejó Feng Fei levantando la vista al escuchar los pasos.
Hai Xiu siguió sus órdenes, se tumbó en un lado de la cama y se cubrió con la sábana.
‒Acabo de ver que está nevando otra vez. ‒ musitó. ‒ La carretera volverá a estar cubierta de nieve mañana.
‒Pues nos tocará ir andando. ‒ Feng Fei dejó el libro. ‒ No te preocupes, no llegaremos tarde.
Hai Xiu asintió con la cabeza.
‒Conozco una cafetería cerda del instituto donde hacen un pan buenísimo y muy blandito, además huele genial. ‒ Recomendó Hai Xiu.
‒Blandito y huele bien, eh… ‒ Feng Fei sonrío. ‒ ¿Sabes a qué me recuerda?
‒¿A qué? ‒ Hai Xiu agrandó los ojos.
‒A nuestro beso. ‒ Feng Fei dejó unos segundos para crear un poco de tensión antes de susurrar su respuesta.
‒¡Serás…!
‒Vale. ‒ Feng Fei no continuó con el tema. ‒ Venga, a dormir, ‒ sonrió. ‒ que mañana toca madrugar.
Hai Xiu le dio la espalda durante mucho rato, no se giró hasta que escuchó la respiración profunda y regular de Feng Fei. Todavía sentía el calor de sus mejillas. Cuando por fin había conseguido olvidar el beso unas horas, Feng Fei volvía a recordárselo. Siempre le chinchaba, pero no le molestaba, solo se sonrojaba. Hai Xiu no se atrevía a imaginar que le podía gustar a Feng Fei.
Feng Fei tenía muchísimos amigos y con todos era amable, así que Hai Xiu no se veía como alguien especial, como una excepción. Siempre intentaba ayudarle como podía, pero no había ni punto de comparación con todo lo que hacía Feng Fei por él.
Últimamente, Hai Xiu intentaba mostrarse más alegre para que Feng Fei prefiriese estar con él, aunque fuese un poco. No tenía la suficiente seguridad como para declararse a su amado, no era suficiente para él.
Hai Xiu suspiró y repasó su progreso. Cada vez nevaba más afuera y admiró el rostro de Feng Fei mientras dormía. Recordó cómo le había besado, su respiración ahogada y su cuerpo volátil. Se contuvo unos minutos, pero al final, terminó arrimándose. Se prometió que esta sería la última vez y le rozó le besó suavemente la mejilla. Satisfecho, se dio la vuelta lentamente, pero de repente escuchó una risita.
‒¿Qué haces, Hai Xiu?
Hai Xiu abrió los ojos como platos: Feng Fei le miraba fijamente en la oscuridad de su habitación. Él empalideció y antes de poder moverse, Feng Fei rodó sobre él y le besó en los labios.

Title: Capítulo 23
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