Capítulo 93: Deshonra en el funeral


‒Niña tonta, puede que haya sido un poco duro. ‒ Li Xiao Ran volvió a mirarse a su hija mayor con amor. ‒ No puedes ir por ahí haciendo este tipo de tonterías, no podría soportar que murieras. ‒ Dijo pesaroso.
‒No digas eso, padre. Ha sido culpa mía, toda mía. Todo lo que quiero es hablar de cosas de cada día con Lao Furen y jugar contigo al ajedrez de vez en cuando… Nada más. ‒ Li Zhang Le parecía arrepentida y vulnerable.
‒Me alegra que hayas entendido lo que has hecho mal. Somos familia, la armonía es importante. Recuerda no volver a hacer estas cosas. Cuídate mejor. ‒ Aconsejó.
Li Wei Yang se rió por lo bajo. El intelecto de Li Zhang Le había mejorado en ese templo.
Tuoba Rui continuaba cerca de ella, como si temiese que Wei Yang fuera a hacerle daño.
‒La vida de Da xiaojie no corre peligro. ‒ Anunció el médico. ‒ Sólo está deprimida y desorientada. Tiene que descansar y estar tranquila.
‒Traed criadas. ‒ Ordenó Lao Furen. ‒ Cuidadla bien. ‒Estaba tan acostumbrada a estar rodeada de nobles que no se creyó nada de lo que había dicho su nieta, pero delante de su hijo y del príncipe no podía decir nada.


Li Zhang Le fue amable y generosa durante los dos días que siguieron al percance, como si jamás hubiese sido esa niña caprichosa y cruel. No obstante, Lao Furen no titubeó y eso la frustró.
Li Wei Yang vio cómo Li Zhang Le le llevaba té a su abuela desde la ventana.
‒Mira.
‒No trama nada bueno. ‒ Comentó Li Min De indiferente.
‒La actitud de padre ha cambiado drásticamente. ‒ Li Wei Yang asintió. ‒ No es buena señal.
La mirada de Li Min De se posó sobre el rostro disgustado de Lao Furen.
‒Tu padre no me preocupa, pero Lao Furen sí. Si tu abuela empieza a creerse que Zhang Le ha cambiado para bien todo habrá sido en vano.
‒Siempre ha tenido ventaja por ser la hija de la primera esposa. ‒ Li Wei Yang sonrió con astucia. ‒ Sólo tiene que confesar lo que ha hecho mal para que se le perdone. A mí me habrían matado a la primera de cambio.
‒Así que… Tenemos que atacar antes de que se le ocurra algo. ‒ Propuso Li Min De.
Li Wei Yang asintió.
‒La ceremonia de mañana es un día de mal agüero…
Bai Zhi miró a su señora intrigada, no estaba segura de lo que pretendía y la sonrisa de Li Min De terminó de confundir a la criada. Le era imposible seguir a esos dos. Su xiaojie siempre había sido de armas tomar, pero últimamente San Shaoye tampoco era muy previsible.

En cuanto Li Zhang Le puso un pie en su habitación aquella noche, su tristeza de transformó en ira.
‒¡A esa vieja le da igual todo! ‒ Gruñó. ‒ ¡Es que le da igual lo que haga!
‒No te preocupes, xiaojie. ‒ Tang Xiang corrió a consolarla. ‒ Lao Furen está enfadada, pero se le pasará como a Laoye.
Li Zhang Le se burló.
‒Ni que fuera tan fácil. La zorra de Wei Yang se ha pasado media vida haciéndole la pelota para ganársela. Pero bueno, todavía tengo a padre.
‒¿Qué vamos a hacer ahora?
‒Ven. ‒ Tang Xiang se le acercó y Li Zhang Le le susurró un par de cosas.
‒No es buena idea, xiaojie. ‒ A la criada se le cambió la cara. ‒ San xiaojie tiene a una criada que sabe artes marciales, si la espió me descubrirá.
Li Zhang Le se puso furiosa. La única persona que podía ser sus oídos y sus ojos era esa criada.
‒No tengas miedo. Esa criada sólo sabe cuatro pataditas y yo sólo quiero que espíes a Wei Yang de lejos, no hace falta que te le acerques ni nada.
‒Pero-… ‒ La hostilidad de Zhao Yue la inquietaba.
‒¡Nada de peros!  Wei Yang no es perfecta. ¡Alguna debilidad debe tener, sólo hay que encontrarla!
‒San xiaojie es muy astuta, mucho me temo que no va a ser fácil. ‒ Dijo Tang Xiang ansiosa.
‒¿Astuta? ‒ Li Zhang Le se burló. ‒ ¿Quién ha ganado esta vez? ¿Te crees que se esperaba que me intentase suicidar mientras el príncipe Wu andaba por aquí? ¡Ahora no tengo ni que volver al templo ni que aguantar la ira de mi padre! ¡Lo próximo será acabar con ella!
‒¿De verdad te vas a casar con el príncipe Wu?
‒¡Tonterías! ¿Pero quién te crees que soy? ¡Ni siquiera le miraría si no me fuese útil! ‒ La voz de la joven era terriblemente cruel, no tenía nada que ver con la fachada que mostraba a los demás. ‒ Sigue cada movimientos de Wei Yang.
‒Sí. ‒ Tang Xiang, asustada, asintió.


El Emperado envió un edicto imperial al día siguiente para tranquilizar a Li Xiao Ran. Después de aquello, las concubinas les desearon lo mejor y todos los príncipes fueron dejándose caer por la residencia de los Li.
Tuoba Zhen se cambió de ropa y, acompañado de unos cuantos soldados, se dirigió a ver a los Li.
‒¿Dónde está la gente? ‒ Preguntó el príncipe cuando Li Xiao Ran salió a recibirle y le invitó a tomar un poco de té.
‒El príncipe Wu se pasó hace tres días y el príncipe heredero también ha enviado regalos.
Tuoba Zhen sonrió con cierta ironía. No cabía duda de que la única razón por la que Tuoba Rui correría de un lado para el otro era Da xiaojie.
‒Laoye, ‒ mientras los dos hombres charlaban un criado se acercó a informar de las últimas noticias. ‒ Hui Guogong ha traído regalos.
Li Xiao Ran asintió, se levantó y se excusó.
‒Lo siento mucho, Su Alteza. Pero ahora mismo la casa está muy ocupada y tengo que ir a saludar a los invitados. Volveré en un momento, disfrute del té.
Tuoba Zhen asintió y esperó a Li Xiao Ran mientras se bebía su té. Al cabo de un rato, se levantó y anduvo por los pasillos donde encontró un jarrón con begonias. El joven estudio más de cerca las flores: se mecían con la brisa y el caer de sus pétalos causaban un impacto increíble. Eran rojas y se inclinaban hacia los lados, como cuando una mujer prueba por primera vez el vino: frágil, delicada y roja. Las begonias normalmente no olían a nada y eran una flor extremadamente difícil de encontrar. Ni siquiera solían verse por palacio.
A Tuoba Zhen se le pasó algo por la cabeza y su expresión se tornó solemne.
Todos los príncipes de palacio eran extraordinarios a su propia manera, pero ninguno se podía ni comprar con el inteligente y frío príncipe Qi. El Emperador favorecía a su madre y, por tanto, a él. A él no le importaba porque le acabaría robando toda esa atención dentro de poco, pero… ¿Tanto le gustaba a Wei Yang?
No se lo podía creer. Li Wei Yang era aparentemente dócil, pero cuando se relacionaba con la familia imperial no era ni sincera, ni indiferente: mantenía la distancia. Puede que el resto se creyese su fachada amigable y dulce, pero él la había descubierto de inmediato, su intuición nunca le había fallado. Pero, ¿por qué esa muchacha trataba a su hermano de otra manera? El único motivo que se le ocurría… le indignaba todavía más.
Tal vez el querer lo que no se puede tener o el infravalorar lo que se tiene forma parte de la naturaleza humana. No soportaba que para Wei Yang él no tuviese ni punto de comparación con Tuoba Yu
Tuoba Zhen cerró el puño aplastando la flor y resopló. 
¡Prefiero destruir lo que no puedo tener a dejar que se lo quede otro! ¡Ten cuidado, Li Wei Yang!
Justo entonces, alguien le dio una palmadita en el hombro. El príncipe se quedó de piedra y se dio la vuelta para saber de quién se trataba.
Ante él se hallaba una jovencita a medio vestir y con el cuello a la vista. Sus ojos aludían al otoño y sonreía. Él le cogió de la mano, desconcertándola. Una única gota de sudor le rodó por la frente a la muchacha y cayó hacía abajo. Tuoba Zhen siguió con la mirada esa gota y le echó un vistazo a ese lugar innombrable.
Tuoba Zhen no habría caído en algo así si no fuese por las alucinaciones que le provocaban las begonias. La belleza que tenía ante él se transformó que le hacía rechinar los dientes sin necesidad de hablar. La odiaba, pero era inolvidable. Sin embargo, en ese momento sintió que sus corazones eran uno: acelerados, cayendo a las bravas olas del tormentoso mar.
Los soldados no se atrevieron a molestar a su señor. ¿Quién no vacilaría con una belleza capaz de destruir imperios y acabar con ciudades?
Tuoba Zhen se acercó a la muchacha y tocó los labios que tanto tiempo llevaba anhelando con un dedo tembloroso.
Había empezado a perder el control.
Deslizó la mano debajo de las ropas de ella, hallando el calor y la suavidad de un jade. La chiquilla se ruborizó, se mordió el labio coquetamente y empezó a jadear como si no pudiese evitarlo.
A Tuoba Zhen todavía le quedaba un atisbo de cordura a pesar de lo que le exigía su cuerpo. Sabía que había caído en una trampa y sacudió la cabeza en un intento de aclararse.
‒¿Quién eres? ‒ Preguntó estupefacto y con la voz ronca.
‒Su Alteza… ‒ Ella hablaba como una amante. Cogió aire y contestó con cierto temblor en la voz.
Su voz emocionó a Tuoba Zhen que se mordió la lengua para mantenerse en sus cávales.
‒Su Alteza… Me encuentro mal, ayúdame… ‒ La cálida respiración de ella acarició el rostro del príncipe. ‒ Sálva… me…
La fragancia de las begonias toma el control de los sentidos de Tuoba Zhen.
‒Wei Yang… ‒ Pronunció el nombre con suma suavidad, impaciente por poseer a la mujer que tenía ante él y así acabar con sus frustraciones.
El joven la sujetó con suficiente fuerza como para dejarle marca. Ella gruñó en protesta y abrió los ojos. Tuoba Zhen se impregnó de su aroma y la abrazó. Ella cayó entre sus brazos como si fuera una muñeca tan suave como el algodón y tan encantadora como su olor. Los dos entrelazaban la lengua y los labios y se rehusaban a soltarse.
Tuoba Zhen le acarició la cara con ojos frenéticos.
‒¡Te admiro y te respeto! ¡Estoy dispuesto a darte todo lo que tengo! ¡Todo! ‒ Murmuraba mientras la desnudaba, le daba mordiscos fervorosos y empezaba a bajar las manos.
‒S… Soy… Zhang… Zhang Le… ‒ Reprochó la mujer.
Fue como si le echasen un cubo de agua fría por encima. Tuoba Zhen se quedó paralizado y, en ese preciso instante, escuchó como abrían la puerta.
‒Siento haberle hecho esperar, Su Alteza. ‒ Li Xiao Ran se disculpó, pero de repente gruñó.
El patriarca se quedó allí de pie con la mente en blanco. No daba crédito a lo que estaba presenciando. Una muchacha le rodeaba el cuello con el brazo a Tuoba Zhen. Estaban en una posición muy íntima y a punto de hacer algo inmoral. Sin embargo, cuando por fin reconoció el rostro de la belleza que tenía entre los brazos el príncipe explotó.
‒¡Insolente! ¡Ingrata! ‒ Exclamó furioso. Corrió a separar a su hija medio desnuda del otro joven. ‒ ¡Mírate! ‒ Cada vez empalidecía más. ‒ ¡Pero qué has hecho!
Li Zhang Le se volvió hacia él lentamente como ausente. No sentía ni una pizca de remordimiento, llevaba la ropa mal puesta y su piel estaba cubierta de marcas rojizas. Tuoba Zhen, a su lado, tenía la corona a punto de caer y estaba manchado por el pintalabios de la muchacha que todavía tenía entre sus manos. No era muy difícil adivinar qué habían estado haciendo.
Li Xiao Ran se dio cuenta de algo y se dio la vuelta para ordenar a los criados que cerrasen las puertas, pero entonces escuchó la voz de Li Wei Yang.
‒Adelante, Su Alteza Wu.
Tuoba Rui vio la escena en cuanto puso un pie en la habitación y se quedó inmóvil, incapaz de hacer nada.
‒¡¿Qué es esto?! ‒ Li Wei Yang entró detrás del príncipe y fingió sorpresa.
‒¡Cerrad las puertas! ‒ Gritó hirviendo de rabia el patriarca.
Los criados siguieron sus palabras y la estancia se quedó en el más espectral de los silencios.
‒¡Dajie! ‒ Li Wei Yang se burló para sí, sin embargo, se mostró temerosa ante las personas allí presentes. ‒ ¿Qué haces? ¡Estás prometida con el príncipe Wu! ¿Qué haces haciendo algo tan inmoral con Su Alteza San? ¡Qué vamos a hacer si se entera alguien!
Li Zhang Le se miró a sí misma como si acabase de salir de un trance. Se sentó bien derecha y chilló:
‒¡Padre, padre! ¡No sé qué ha pasado, yo-…! ‒ Entonces, se percató de algo. ‒ ¡Has sido tú!  ‒ Acusó dándose la vuelta hacia su hermana. ‒ ¡Serás…! ¡Me has tendido una trampa!
‒¿Una trampa? ‒ Li Wei Yang se la miró con toda la tranquilidad del mundo. ‒ Pero si acabo de entrar, Dajie… No entiendo lo que dices…
Li Xiao Ran estaba pálido como un muerto. Si no fuese porque había invitados de la casa imperial le habría dado una buena somanta de palos a esa niñata insolente.
‒¡Cállate ya, Zhang Le! ¡¿Cómo osas culpar a tu hermana pequeña de tus fechorías?!
Li Zhang Le entró en pánico.
‒¡Padre! ‒ Se lamentó. ‒ Me ha tendido una trampa, me ha drogado. ¡Eso es, me ha drogado!
Li Xiao Ran se miró a Li Wei Yang, cuyas expresiones eran de pura incredulidad e inocencia.
‒De verdad que no sé de qué está hablando, padre. Llevo toda la mañana ocupándome de los invitados, pero como me he topado con el príncipe Wu y me ha dicho que quería ver a Dajie, pues he ido a llevarle con ella… Pero… Pero entonces me he enterado de que Su Alteza San también se había dejado caer, así que he pensado que lo mejor era traer al príncipe Wu para que le saludase…
A LI Xiao Ran jamás se le pasaría por la cabeza que Li Wei Yang fuese capaz de idear algo como esto.
‒¡Me has traído tú! ‒ Zhang Le estaba histérica.
‒Dajie… ‒ Li Wei Yang suspiró. ‒ Pensaba que te habías arrepentido… Nunca me hubiera imaginado que acabarías así… ¿Cómo puedo haberte hasta aquí? ¿Te ha atado o algo? ¿Por qué no le preguntamos a las criadas que estaban por afuera si has venido tú solita o no?
Li Zhang Le estaba despeinada y sonrojada.
‒¡Serás…! ‒ Le temblaba la voz. ‒ ¡Lo has hecho adrede…!
Tang Xiang la había estado espiando y le había informado de que Li Wei Yang había ido a una habitación del ala oeste para ver a alguien, así que corrió en su busca para poder saber cuál era su punto débil. Pero en la puerta había perdido todo el control por un aroma…
Tuoba Zhen volvió en sí más rápido que la otra muchacha y al ver a Li Wei Yang tuvo un mal presentimiento. Entonces, hizo una reverencia con la cabeza, se reajustó la ropa, se quitó la corona y se volvió a peinar. Ya sereno, habló:
‒No habría escogido este lugar, y mucho menos ahora que hay el funeral de Li Furen, si quisiera tener una aventura con Da xiaojie. Esto tiene que ser una trampa. Primer ministro, haz que alguien lo investigue.
Li Xiao Ran le echó un vistazo a Tuoba Rui y se dio cuenta de algo.
‒¡Pues será mejor que lo hagamos! ‒ Miró a Li Zhang Le. ‒ ¡Serénate!
Li Zhang Le se aferró a estas palabras como si fueran un bote salvavidas. Si encontraban los afrodisiacos nadie podría negar que había sido todo una trampa. Bajó la cabeza y se arregló la ropa. Entonces, alzó la vista y lloró.
‒Padre, príncipe Wu, tenéis que creerme.
A Tuoba Rui le temblaban los labios. No sabía qué decir, por lo que se limitó a apartar la vista y echarle una mirada amarga a su hermano. Sabía que San ge era un hombre reservado, pero no que además fuera tan inmoral. ¡Le había humillado!
Li Xiao Ran ordenó que rebuscasen la estancia, pero no encontraron nada. Tuoba Zhen se dedicaba a estudiar a Li Wei Yang como ausente, pero de repente, señaló el jarrón de las flores.
‒¡Mirad en ese jarrón de flores!
Li Xiao Ran frunció el ceño. Li Wei Yang había sido quien le había regalado esas flores y se las había puesto allí. ¿Acaso había tenido algo que ver? Posó la mirada sobre el jarrón mientras que Li Wei Yang cabizbaja, continuaba callada. Tuoba Zhen se tomó aquello como un signo de mala consciencia, sin embargo, los criados afirmaron que no había nada raro en el jarrón.
‒¡No puede ser! ‒ Tuoba Zhen se acercó a grandes zancadas y cogió las flores para olerlas. ‒ ¡No puede ser! ¡Antes sí que olían a algo…!
-Su Alteza San, ‒ Li Wei Yang intervino. ‒ las begonias no huelen a nada… Aunque, si alguien las hubiese tocado todavía olerían a algo, ¿no? Pero si no les pasa nada, ¿por qué hay que tocarlas?
Tuoba Zhen sentía algo complejo por aquella muchacha en esos momentos: una mezcla de disgusto y odio, pero al mismo tiempo, amor y desesperación. Era terrorífico.
Li Wei Yang era consciente de que gracias a las artes marciales y su temperamento prudente era difícil engatusar a Tuoba Zhen, además de que siempre llevaba consigo a sus soldados. Sin embargo, a pesar de que su plan tenía muy pocas posibilidades de salir bien, lo puso en práctica. Los años que había pasado a su lado le habían permitido conocer su carácter.
Tuoba Zhen había crecido en palacio por lo que era capaz de reconocer y conocía de sobra la gran variedad de aromas afrodisiacos que había por ahí y, para protegerse, tenía la manía de quemar incienso.
Li Wei Yang había rociado las flores con cardamomo, que no dejaba ningún rastro, para nublarle los sentidos a su hermana. Entonces, para conseguir afectar a Tuoba Zhen había mezclado unas setas y el cardamomo para conseguir un efecto afrodisíaco más potente, aunque efímero.
En realidad, Wei Yang sólo pretendía que pillasen a Zhang Le en una situación comprometida, no esperaba poder conseguir nada con Tuoba Zhen, sin embargo, había funcionado y superado sus expectativas.
‒No me mire así, Su Alteza. ‒ Fingió inocencia. ‒ Me está asustando… ‒ Parpadeó y apartó la vista.
Si no fuese por todos los presentes el príncipe la habría abierto para ver si tenía corazón.
‒¡Padre, tienes que creerme! ‒ Gritó Zhang Le. ‒ ¡Ha sido cosa de Li Wei Yang!
‒Dajie… ‒ Wei Yang suspiró. ‒ Sé que no habéis podido controlar vuestros afectos… Pero al menos podríais no haberlo hecho en el funeral de madre, sobretodo por todo lo que te ha prometido el príncipe Wu. Le has humillado… Además, los Li somos una familia refinada y padre es un oficial conocido y justo… ¿Qué van a pensar de él si la gente se entera de lo desvergonzada que es su primogénita? ¿Cómo va a mirarle a la cara al Emperador? Y tú, Su Alteza San, ¡¿por qué has usado estas tácticas para poder casarte con ella?!
Si un escandalo como este salía a la luz Li Zhang Le no iba a ser la única condenada a muerte, Tuoba Zhen también tendría que enfrentarse a un destino terrible: perdería su posición de príncipe y le sería imposible ascender al trono.
Li Zhang Le detestó el no poder partirle la cara a su hermana. Si entraba en pánico su enemiga usaría sus puntos débiles en su contra, así que tenía que tranquilizarse.
‒No digas tonterías, Wei Yang. No he hecho nada eso, ¡me estás acusando injustamente! Lo que te pasa es que me tienes envidia porque soy la favorita de padre y soy mucho más hermosa que tú. ¡Por eso siempre estás en mi contra!  ¿Te crees que si lo pierdo todo padre te querrá más? ¡Pues no pienso dejar que te salgas con la tuya! ¡Padre, tienes que creerme! ¡Yo nunca haría algo así! ¡Ayúdame, príncipe Wu! ¡Ha sido una trampa! ‒ Li Zhang Le se lamentaba y lloriqueaba en un intento de parecer débil.
De hecho, funcionó y el príncipe hizo ademán de ayudarla, no obstante, Li Wei Yang fue más rápida.
‒¿Por qué no paras de decir que ha sido cosa mía? Estas cosas no se pueden forzar… Si te gusta Su Alteza San, haberlo dicho. ¡No hacía falta que metieras al pobre príncipe Wu en todo este lío!
Tuoba Rui se quedó de piedra. Sus ojos enrojecieron por la ira y de repente se dio cuenta de que lo habían estado usando. La bellísima mujer que tenía ante él le había estado usando todo este tiempo. A él, que había simpatizado con ella. Su enfado no se podía ni comparar con el sentimiento de traición y juró para dentro que algún día se lo haría pagar. Decidido, no le dedicó ni una sola mirada más a Zhang Le y se fue.
Li Zhang Le se percató que ya no podía seguir usando su belleza como arma, se le heló la sangre y corrió hasta su padre.
‒¡Padre! ‒ Exclamó cogida de sus mangas ‒ ¡Soy inocente, tienes que ayudarme!
Li Xiao Ran se la miró con frialdad y con el mismo desinterés con el que miraría a un cadáver. Li Zhang Le se estremeció: nunca la había mirado de esa manera.
El aspecto de Tuoba Zhen era, como mínimo, tenebroso. Un príncipe había deshonrado el funeral de la primera esposa del primer ministro Li con su hija. El Emperador se disgustaría sin duda y perdería todo aquello que había conseguido a lo largo de los años. ¡Ay, Li Wei Yang! ¡Qué maliciosa!
Li Wei Yang se lo miró con presunta inocencia y frialdad.
Tuoba Zhen le devolvió la mirada sin temor ni culpa, sólo ira. Si Li Xiao Ran no hubiese estado presente, la habría cogido por los brazos y la hubiese obligado a dar explicaciones: pero no podía.
‒No podemos hablar bien del tema porque hay un funeral en esta casa. ‒ Era consciente que había que encargarse de este asunto como es debido. ‒ Cuando terminé el luto volveré con una explicación.
Li Xiao Ran se lo miró con dureza. Sí, era un príncipe, pero no era correcto actuar de estas formas. Aun así, no quería informar al Emperador de lo ocurrido: Zhang Le seguía siendo su hija, si perdiese su buena reputación la familia entera se vería afectada.
‒Muy bien, te estaré esperando. ‒ Respondió muy furioso.
Tuoba Zhen contestó con un asentimiento de cabeza y se marchó de inmediato. Li Zhang Le quiso seguirle, sin embargo, las zancadas del tercer príncipe eran demasiado para ella, por lo que revisó sus prioridades y decidió encontrar la manera de silenciar al otro príncipe.
Li Wei Yang resopló. Había sido ella quien había dado ordenes a ZHao Nan y Zhao Yue de detener a los soldados de incógnito de Tuoba Zhen para poder atraer a su padre y al príncipe Wu hasta esa estancia sin ningún problema. Por supuesto, la primera medida que tomaría Tuoba Zhen sería eliminar a todos esos “inútiles”. La muchacha era consciente que no se libraría de Su Alteza San con solo esta ocurrencia porque todavía sabía de varios puntos débiles de su hermano, no obstante, Tuoba Rui le iba a guardar rencor por esto seguro. Todo el odio que le profesaba al príncipe heredero y al príncipe Qi se posarían en Tuoba Zhen y eso le complicaría las cosas.
Li Zhang Le nunca había estado tan desesperada. Sabía lo que le esperaba.
‒¡Padre, ‒ empezó a rogar a su padre sin pararse a respirar. ‒ tienes que creerme!
‒Dajie, llegados a este punto será mejor que no digas nada más. Todavía tenemos el funeral e invitados, no creo que no se escampe la noticia si no paras de llorar de esta manera.
‒¡No te lo pienso perdonar! ‒ Li Zhang Le dio un brinco. ‒ Voy a hablar con mi abuelo y-…
‒¿Por qué no dejas de sacar a la familia Jiang? ¡Tu apellido es Li! ‒ Li Wei Yang continuó con la misma expresión. ‒ ¡Deberías saber que las cosas de los Li tienen que quedarse entre nosotros!
Li Zhang Le se quedó en blanco, cogió aire e intentó pegarle una bofetada, sin embargo, Li Xiao Ran fue más rápido y la envió al suelo. La hermosa joven abrió los ojos con incredulidad y se palpó el lado izquierdo de la cara.
‒Quédate aquí. ‒ Ordenó Li Xiao Ran enfadado. ‒ ¡Que nadie la deje salir hasta que yo lo diga! ‒ Y dicho esto, se marchó sin girarse a mirarla.
Li Zhang Le rompió a llorar desesperadamente.
‒Llora un poco más alto, Dajie. ‒ Li Wei Yang sonrió. ‒ Iría bien con tu imagen de hijita buena. ¡Ay, no! ¡Se me había olvidado de que ya no lo eres! Estabas tan desesperada por casarte que has ido a lo loco, literalmente. Creo que ya sabes lo que te has buscado para dentro de tres años, ¿no? Bueno, aunque vas a perder un poquito de estatus. ‒ Su voz era maliciosa y provocativa. Li Zhang Le escuchó el regocijo y la satisfacción de Li Wei Yang por sus desgracias.
‒¡Serás deplorable! ‒ Li Zhang Le se puso en pie de un salto. ‒ ¡¿Por qué siempre vas a por mí?!
‒Dajie, ‒ Li Wei Yang sonrió y habló con toda la dulzura del mundo. ‒ creo que ya no te acuerdas de lo que pasó.
‒¡No tuvo nada que ver conmigo! ‒ Li Zhang Le replicó con brusquedad. ‒ ¡No puedes culparnos a nosotros porque tú hayas nacido en febrero!
Li Wei Yang sonrió.
‒Supongo que eres la única que ignora lo que hicieron los demás. Deberías conocer mejor lo que tú y tu madre habéis hecho.
Li Zhang Le no lo soportó más y se precipitó sobre ella. ¡Iba a enseñarle una buena lección! Sin embargo, antes de que pudiese rozarle la tela del vestido, Zhao Yue apareció de la nada y le dio una patada que la tiró por loas aires inesperadamente. Como Zhang Le era una doncella aristócrata y delicada, escupió sangre por esa patadita de nada y se desmayó.
‒Más te vale disfrutar de la buena vida mientras te dure, hermanita. ‒ Li Wei Yang posó la mirada en el cuerpo y salió acompañada de su criada.

Tuoba Zhen todavía no se había ido y estaba debajo de un melocotonero de brazos cruzados. Las flores estaban en viva coloración por la llegada de la primavera y algunos pétalos caían sobre sus hombros a modo de nieve por la brisa. Sus ojos reflejaban un odio profundo y su deseo de hacer trizas a Wei Yang la cual se limitó a sonreír e inclinar la cabeza a modo de saludo antes de marcharse.
La muchacha ya estaba lejos de la habitación cuando escuchó a Zhang Yue gruñir. Se dio la vuelta y vio que tenía la manga de la ropa destrozada y ensangrentada.
‒Tiene que haber sido difícil.
Los soldados de Tuoba Zhen no se habían quedado quietos durante todo el rato que los hermanos los habían estado reteniendo.
‒Me has dado una orden, mi deber es superar toda dificultad y cumplirla. ‒ musitó Zhao Yue.
‒Has hecho bien, ‒ Li Wei Yang sonrió. ‒ tú y tu hermano podéis ir a curaros.
‒¿Quieres que esparzamos las noticias, xiaojie? ‒ Preguntó.
Li Wei Yang sacudió la cabeza.
‒Ni el príncipe San ni mi padre van a permitir que se sepa nada, pero un hecho es un hecho. Da igual cuánto lo niegue, padre no podrá borrar jamás la deplorable actitud de Zhang Le.
‒¿Y por qué no has hecho que lo viera más gente…? ‒ Zhao Yue estaba estupefacta.
‒Nadie puede llegar aquí si no es un invitado o padre. Yo he podido traer a Tuoba Rui, pero el resto no tendrían ninguna excusa para aparecer por ahí. Y si fuese tanta coincidencia haría sospechar a los demás. ‒ Se dio la vuelta para ponerse de cara al patio He Xiang. ‒ Será mejor que vaya a hacerle una visita a Lao Furen.
Zhao Yue siguió la mirada de Li Wei Yang sobresaltada. Si Lao Furen se enteraba de que Li Zhang Le había tenido relaciones ilícitas durante el funeral de su propia madre todo lo que conseguiría sería la muerte.

Title: Capítulo 93: Deshonra en el funeral
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Writed by Nana L15R1

4 comentarios

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Anónimo

Gracias muchas, muchas,gracias estuvo de lujo el capítulo n_n

No creo que muera tan rápido zhang le

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Anónimo

Cada capítulo está cada vez mejor �� muchas gracias por el esfuerzo, trabajo y el tiempo que le dedicas a las traducciones. Espero con ansias el proxpró capítulo ��

wowowoowwowo me encanta