Capítulo 91: Fin de una vida


‒No lo creo, no pueden volver a la Capital sin el permiso del Emperador. ‒ Li Min De sonrió.
‒Tienes razón. ‒ Li Wei Yang le dio la razón. ‒ Si vuelven sin su permiso se les condenaría por traición.
El mayor apoyo de la familia Jiang era el duque. El Emperador le respetaba lo suficiente como para no armar nada sin tener suficientes pruebas, sin embargo, el vaso estaba a punto de rebosar. Puede que la familia Jiang continuase gozando de sus privilegios, pero todos colgaban de un hilo.
‒Pero no es buena idea provocarles. ‒ Li Min De asintió con la cabeza. ‒ Sanjie, ¿ya tienes algún plan?
Li Wei Yang se levantó, contempló las hojas del banano de afuera y murmuró:
‒No se puede entrar en la cueva del lobo sin haberse preparado antes.
Zhao Nan gruñó.
‒Ge, qué poco cuidado tienes. ‒ Zhao Yue le regañó con suavidad y su hermano rió.
Li Wei Yang se dio la vuelta, los miró y sonrió.
‒Zhao Nan, ¿qué nota te darías si pudieses luchar uno contra uno con esa persona?
‒Un tres. ‒ El muchacho respondió después de pensárselo unos segundos.
Li Wei Yang asintió.
‒Los hombres de la familia Jiang son extraordinarios…
‒Por desgracia, ‒ Li Min De se mofó. ‒ sus mujeres son unas inútiles, como Da Furen que tiene uan mente cerrada y la estúpida y egoísta Wei Guo Furen. Mira cómo han acabado.
Li Wei Yang rió.
‒Le pasa lo mismo a todas las generaciones de su familia, a las niñas las miman y no las castigan nunca.
La familia Jiang protegía y mimaba a sus hijas de todas las maneras posibles, y cuando cumplían la mayoría de edad, las casaban con buenas casas. Por otra parte, criaban a sus hijos varones con severidad y bajo una estricta supervisión. Solían enviarles al ejercito muy jóvenes, e incluso al campo de batalla, para que consiguieran medallas y honores. Gracias a sus esfuerzos las mujeres de su familia disfrutaban de los privilegios y eran codiciadas por el resto de familias.
‒Xiaojie, ‒ Bai Zhi les interrumpió. ‒ la Lao Furen de la familia Jiang acaba de llegar.
‒¿Oh?
Li Wei Yang y Li Min De intercambiaron miradas.
Cuando le llegó la noticia de que Wei Guo Furen había fallecido de repente, Jiang Guogong Furen envió a muchos criados para invitar a su hija mayor, Da Furen, sin embargo, Da Furen estaba enferma y era incapaz de comprender nada. El hecho de que no hubiese aparecido por su casa hizo sospechar a Jiang Furen.
La anciana era más astuta de lo normal.
‒¿Lao Furen lo sabe? ‒ Preguntó.
‒Ha ido a saludarla personalmente y ha ordenado a todas las xiaojies y concubinas que vayan al salón principal y esperen.
‒Era de esperar, al fin y al cabo, ha venido nuestra otra abuela. ‒ Li Wei Yang asintió.
Li Min De notó el tono con el que Wei Yang había pronunciado la palabra: “abuela”.

Jiang Guogong Furen llegó poco después. A pesar del color plateado de su cabello, se parecía a Da Furen en todo, excepto en la frente y los ojos. Era fácil ver lo hermosa que debía haber sido en sus años mozos. La anciana levantó su taza de té arremangándose. A su lado había una bella señora de veinticinco o veintiséis años, de cejas delicadas, recogido alto decorado con una horquilla de perlas y una falda de seda blanca como la nieve. Parecía una joven inteligente y mordaz. Li Wei Yang la reconoció casi de inmediato, era la esposa del mayor de los Jiang y familiar de un escolar de la institución Han, Han Shi.
Han Shi había tenido un papel en el camino al ascenso al trono de Zhang Le.  Li Wei Yang recordaba a la perfección lo primero que le había dicho: “No somos de la misma carne o sangre, pero siento que nos parecemos. Trátame como si fuera tu cuñada”. En aquel momento había visto sinceridad en sus palabras, y sin embargo, se vio traicionada, siendo ella la única culpable de su infortunio.
Li Wei Yang sonrió antes de entrar. Guogong Furen Lin Shi la vio a lo lejos y estudió sus pasos ligeros, su silueta y su ropa de color claro además de la sonrisa. No era especialmente destacable, pero su sonrisa dulce y sus cejas elegantes reflejaban su sinceridad e inocencia.
Lin Shi adivinó los puntos fuertes de Li Wei Yang. No poseía la belleza de Li Zhang Le, por lo que había tenido que aprender a usar lo que tenía, hasta el punto de que la joven logró cautivar a todos los presentes.
Li Wei Yang le devolvió la mirada a Lin Shi, sonrió y dijo:
‒Bienvenidas.
Lin Shi se limitó a mirarla, así que Han Shi tuvo que tomar la iniciativa y acercársele. Se cogió de su brazo y la miró de arriba abajo.
‒Qué pura, dulce y bien educada eres, prima San.
Lo primero que había oído decir de su prima Wei Yang es que se había criado en el campo, por lo que su imagen mental era de una muchacha mal educada y cruda, sin embargo, cuando se enteró de que el Emperador la había premiado, le dio la sensación de que Li Wei Yang debía comportarse más como un hombre que como una joven de su edad. Jamás se habría planteado que su prima pudiese ser dueña de un encanto tan humilde.
Muchas de las hijas de las concubinas de los nobles no llegaban a casarse nunca, no suponían mucho cambio en los rangos y estatus de sus familias. Sus matrimonios caían en tres categorías normalmente: podían casarlas con un escolar, con el hijo viudo de alguna familia prestigiosa y ser su segunda esposa o, lo más común, es que se las usase para ganarse a alguno de los príncipes. Dado el estatus de la familia Li, la tercera opción era la más viable y por eso, Lin Shi le había aconsejado a Da Furen que criase a sus otras hijas para usarlas como piedras en su carretera. Ese era el motivo por el trato que Da Furen había tenido con Wu y Si xiaojies y la razón por la que la había vuelto a traerse a Li Wei Yang del campo.
Lin Shi, que no podía creerse la calamidad que había supuesto la muchacha, le echó un vistazo gélido a Li Wei Yang y asintió.
‒Cuánto tiempo, hacía mucho que no nos visitabas. ‒ Lao Furen sonrió.
‒Tenemos un funeral, no podemos. ‒ Lin Furen suspiró pesadamente.
Lao Furen mostró cierto lamento en su cara, pero su mirada continuaba siendo amable.
‒Ay, ya me había enterado de lo de Wei Guo Furen, pero no tengo muy buena salud últimamente, por eso no he podido ir a ofrecer mi pésame.
Los ojos de Lin Shi brillaron y apretó los labios en un intento de sonreír.
‒La niña causó un buen desastre, pero gracias a mi yerno no han implicado a la familia Jiang. Gracias a vuestras molestias, sigo aquí.
Li Wei Yang paró atención a sus palabras y no dijo nada. Si no fuese por los ruegos de Li Xiao Ran, Su Majestad habría ejecutado a toda la familia Jiang, aunque eso sólo era en teoría. La familia Jiang albergaba un poder militar muy considerable, ¿de verdad iba a meterse en líos con ellos?
Han Shi continuaba de pie a uno de los lados, observando a Li Wei Yang que estaba delante de ella. La muchacha parecía amable y amigable y todavía sonreía, sin embargo, ocultaba una hostilidad y vehemencia que aterrorizaba a aquellos que la conocían. No obstante, Wei Yang se limitaba a asentir de vez en cuando como si estuviese siguiendo la conversación.
Era la primera vez que Han Shi era incapaz de descubrir cuales serían las verdaderas intenciones de otra chica.
‒¿Dónde está mi hija? ‒ Lin Shi repasó la estancia con la mirada y nombró a Da Furen con sumo cariño.
Li Wei Yang esbozó una ligera sonrisa: era obvio que aquella anciana se había percatado de la falta de su hija hacía mucho, pero no lo había mencionado hasta ese momento. ¡Qué astuta!
‒No se encuentra bien. Hace unos días, cuando le sucedió aquello a Wei Guo Furen, intentó levantarse para ir a hacerle una visita, pero por desgracia, se desmayó antes de llegar al carruaje y tuvo que enviar un mensajero.  Si así lo deseas, puedo irla a busca-…
Lao Furen, en realidad, no quería que se encontrasen, pero sería irrazonable no permitir que se vieran dado que Guogong Furen había dejado a un lado su orgullo para arrastrarse hasta ahí.
‒¡No hace falta! ‒ Contestó la otra anciana deteniendo a las criadas que hicieron el ademán de ir a buscar a su hija. ‒ ¡Cuando me acabe el té iré a buscarla yo misma! ‒ Levantó la taza de té y sorbió, ni demasiado rápido ni demasiado lento.
Todos se quedaron en silencio, el único sonido era el de la taza de porcelana.
Er Furen había estado sentada allí todo este rato. Ahora los asuntos de la casa estaban bajo su jurisdicción, la mala suerte de Da Furen era lo mejor que le había pasado, pero ver a Jiang Guogong Furen la sobresaltaba, tenía un mal presentimiento.
Todos observaron con inquietud como la anciana se terminaba su aperitivo, sobretodo Si Yiniang que casi había hecho trizas su pañuelo y parecía estar a punto de desmayarse. Era fácil de adivinar que ese temor suyo provenía de sus malas acciones hacía Da Furen y ver a Guogong Furen le hicieron darse cuenta de las consecuencias que podrían tener sus actos. Retrocedió un par de pasos y Li Chang Xiao corrió a socorrerla, antes de que se marchasen.
Lao Furen echó un vistazo rápido en su dirección, disgustada.
Li Wei Yang era la única tranquila. Como si no hubiese escuchado nada, perdida en sus pensamientos.
‒Muy bien, ‒ Lin Shi rompió el silencio. ‒ vamos.
La criada Cui es quien se encargaba de lavar la cara y cepillarle el pelo a Da Furen, pero eso no ayudaba a darle más vida.
‒¡¿Qué haces aquí, madre?! ‒ Preguntó sorprendida.
Guogong Furen se sobresaltó al ver la apariencia aturdida y temerosa de su hija. La muerte de su segunda hija había sido un golpe bajo, pero ver a Da Furen en ese estado le puso muy difícil el contener su ira. Han Shi se apresuró a tirarle de la manga, era consciente que no era un buen momento para abandonar a la familia Li.
‒¿Estás enferma? ¿Por qué no has venido al velatorio de tu hermana pequeña?
Da Furen miró a Lin Shi como ausente, hecho que la enfureció todavía más.
‒¡¿Qué pasa aquí?! ‒ Gritó Lin Shi enrabiada y mirando de mala manera a Lao Furen.
Sus ojos disparaban dagas.  Lao Furen se había quedado en blanco, no podía decir que su nuera se había vuelto loca.
‒Madre tiene mal el corazón. ‒ Confirmó Li Wei Yang, sus palabras albergaban dos significados muy distintos: enfermedad mental o cardíaca.
A Lin Shi no le gustaba esa muchacha, pero al escuchar sus palabras se giró y contempló sus alrededores con ojos desorbitados. Cada roca, puerta, ventana y mueble tenía talismanes.
‒Esto es… ‒ Le recorrió un escalofrío y miró a su hija rápidamente.
Intentó preguntarle a ella directamente, pero Da Furen no era más que una marioneta de madera, totalmente callada. A pesar de que Da Furen estaba encerrada en su habitación y gozaba de tres comidas diarias, San xiaojie le había ordenado a la criada Cui que nadie hablase, por lo que ahora la señora parecía haberse olvidado de cómo hacerlo. Desorientada, su estado mental había empeorado.
‒¿Qué ha pasado? ‒ Lin Shi intentaba ocultar su sorpresa. ‒ ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás así?
Cuando Da Furen notó cómo le tiraban del brazo, se tensó y miró a su alrededor. Tenía los ojos inyectados en sangre y estaba asustadísima.
Lao Furen temía que soltase algo indebido, pero Li Wei Yang sonrió.
‒Madre… ¡Aquí hay algo!  ‒ Su imagen poco refinada, digna e independiente distaba de la Da Furen que había llegado a ser.
Su cordura había sido derrotada por los fantasmas y el encierro silencioso.
‒¡¿El qué?! ‒ Exigió saber Lin Shi enfadada.
‒¡Fantasmas! ‒ Da Furen ahogó las palabras como si tuviese algodón en la garganta. ‒ Pero he puesto muchos talismanes y hechizos. ¡Ahora no sale porque tiene miedo! ¡Je! ¡Sé quién es y no le tengo miedo! ¡Como no podía ir en mi contra cuando estaba viva, lo hace ahora que está muerta! ‒ Da Furen se mordía el labio nerviosamente mientras hablaba, buscando y mirando a su alrededor.
Lin Shi jamás habría imaginado que su hija saldría con un cuento de fantasmas.
‒¿Fantasmas? ‒ Tuvo el presentimiento que la culpable de todo eso debía ser Li Wei Yang y no pudo evitar mirarla. ‒ ¿Cómo puede ser?
‒Tía San murió, madre debe echarla mucho de menos. ‒ Li Wei Yang sonrió con dulzura. ‒ Dice que la ve siempre por aquí. Todo el mundo ha intentado convencerla de que son imaginaciones suyas, pero madre insiste en invitar monjes para que investiguen la energía del jardín y no puede dormir de noche. Hace unos días ha empezado a empeorar… Ahora dice que también ve a Wu Yiniang… Espero que puedas persuadirla, abuela.
‒¡¿Cómo va a ver un fantasma a la luz del día?! ‒ Lin Shi miró furtivamente a Li Wei Yang, empezando a comprender la situación. ‒ ¡Menuda listilla!
‒Gracias por el halago. ‒ Li Wei Yang sonrió.
Lin Shi resopló y le dijo a Da Furen:
‒No tengas miedo, estoy aquí. Los fantasmas y los demonios no van a hacerte ningún daño, ¡y mucho menos las otras sabandijas! ¡Tranquila!
Li Wei Yang parpadeó, Lin Shi se refería a ella. Lao Furen se indignó al escucharla llamar a su nieta “sabandija”.
‒Esta muy enferma, ¿por qué no me lo habías dicho, Lao Furen? ‒ Lin Shi la miró con hostilidad.
‒Verás, ‒ Lao Furen frunció el ceño. ‒ Da Furen siempre ha sido una mujer fuerte e independiente. Además, la salud es un tesoro y tú ya no eres tan joven, no quería darte problemas.
Se alzó una brisa que movió la horquilla de Lin Shi y tintineó. El sol se reflejó sobre su pelo cano y su mirada se suavizó.
‒Quiero llevármela a casa para que se recupere.
La petición de Lin Shi era algo inapropiado al igual que su tono de voz. Una mujer necesitaba el permiso de la familia de su marido para volver a su casa y, todavía era más relevante, si era para recuperarse.
Lao Furen, muy disgustada, sonrió intentando ocultarlo.
‒No creo que vaya a ser posible… Esta es una casa grande y necesitamos que alguien se encargue.
Han Shi sonrió, y habló con una vocecita agradable.
‒Está enferma, lo mejor será que otro se ocupe de los asuntos de la casa. Si no quieres que se vaya, tú también puedes venir a casa, Lao Furen.
No respetaban a la familia Li en lo más mínimo.
‒Esto debería hablarse con padre, y todavía no ha llegado a casa.
‒No te preocupes, ‒ Han Shi sonrió. ‒ la familia Jiang se lo comunicará dentro de poco.
Es decir, no iban a pedirle permiso a Li Xiao Ran, sólo informarle del asunto. Li Wei Yang bajó la vista como si no la hubiese entendido.
Er Furen cogió aire. ¡Esa familia Jiang era irrazonable y abrumadora! Ella misma había tenido que pedirle permiso a Lao Furen para ir a celebrar el cumpleaños de su padre, ¿cómo iban a llevarse a Da Furen sin decir nada?
Lao Furen no estaba para nada contenta. Su hijastra estaba enferma y debía quedarse con ellos para recuperarse. Si permitía que Jiang Guogong Furen se la llevase, ¡quién sabe lo que soltaría por esa boca!
‒Tiene que quedarse aquí, siempre la hemos tratado bien. ¿Qué te parece tan mal?
Sin embargo, Li Wei Yang sonrió.
‒Es porque la echa de menos, Lao Furen. Lo mejor será que se vaya, en este patio no deja de pensar en lo que no debería.
Lao Furen se miró a su nieta aturdida. Que Da Furen regresase a su hogar para recuperarse no era nada bueno, ¿cómo podía estar de acuerdo? Pero a pesar de todo, confiaba en el juicio de su nieta, por lo que reflexionó y accedió.
‒Entonces, que se la lleve.
Lin Shi miró a Li Wei Yang con desdén y lamentó no poder hacerla añicos para beberse su sangre. Con el permiso de Lao Furen, ordenó a su gente que se encargasen de las pertenencias de Da Furen y partió.

*        *        *       *       *

‒Adelante. ‒ Lao Furen suspiró con las perlas de rezo budista en la mano.
La campana matutina y las criadas anunciaron el retorno de Li Xiao Ran, que entró a prisa y se encontró con Li Wei Yang preparando té al lado de Lao Furen.
‒¿Cómo has podido permitir que  se llevasen a Jiang Rou a casa? ‒ Ignoro a su hija y le alzó la voz a su madre.  ‒ ¿Cómo nos van a tratar los demás? Van a decir que no hemos sabido cuidarla y que se la han tenido que llevar.
Lao Furen continuaba serena, ni siquiera había hecho una mueca de disgusto.
‒¿Ahora quieres que te diga qué hacer? Te he dicho un millón de veces que mantuvieses un ojo puesto en tu esposa y Zhang Le, ¿pero lo hiciste? ¿Me hiciste caso alguna vez? ¡Lo mejor es que se la hayan llevado, viendo como están las cosas! ¡Así me ahorro tener que verla!
‒Lao Furen, ¡hay rumores de que la has maltratado! ¡Van a acabar con mi carrera!
Lao Furen suspiró y asintió.
‒Al principio no iba a dejar que se la llevaran, pero Wei Yang me ha dicho que lo mejor era eso.
Li Xiao Ran se quedó pasmado. Entonces, miró a Li Wei Yang y vio lo tranquila que estaba, como si sólo escuchase.
‒¿Por qué? ‒ Frunció el ceño.
‒Padre, el médico me ha dicho que a madre sólo le quedan tres meses de vida. ‒ Las palabras de la joven se clavaron en el corazón de Li Xiao Ran.
‒¡¿Qué has dicho?! ‒ Gritó.
‒He dicho que sólo le quedan tres meses, ‒ la voz de Wei Yang no contenía ninguna emoción. ‒ padre.
Li Xiao Ran sintió que se le debilitaban las piernas. Se apoyó en una silla y se sentó, sudando. Llevaban casados muchísimos años y estaba harto de ella, pero no es que no la quisiera. ¿Cómo podía ser tan repentino? Li Xiao Ran volvió en sí al recordar el cuerpecito frágil y débil de Jiang Shi.
‒Si se muere en la residencia Li de repente nos traería problemas. ‒ Empezó Lao Furen. ‒ Que la familia Jiang se la lleve no es para tanto, lo que pase cuando la devuelvan ya no será cosa nuestra.
Si Da Furen fallecía en la residencia de los Li, toda su familia se hubiese plantado en su puerta, exigiendo una explicación, sin embargo, los habían ignorado y se la habían llevado. Pasase lo que pasara, los Li tenían el caballo ganador.

Li Wei Yang había predicho tres meses, pero en realidad, el funeral llegó un mes después.
El día en que el mayordomo de los Jiang llamó a sus puertas el cielo no estaba especialmente claro. Zhao Yue fue la primera en saber la noticia.
‒¡Da Furen ha muerto!
Li Wei Yang se sorprendió a pesar de que se había preparado.
‒¿Tan rápido? ‒ Preguntó Mo Zhu de repente.
‒Xiaojie tenía razón. ‒ Zhao Yue tenía un ápice de burla en su mueca. ‒ En cuanto llegó a su finca, Da Furen se negó a tomarse la medicina y su condición fue crítica. Los Jiang se preocuparon tanto que hasta invitaron a un médico inmortal del Sur, pero cuando llegó Da Furen ya estaba muerta. ‒ Bajó el tono de voz. ‒ Cuando tenía delirios y se bebió el agua Fu[1]-…
Tanto la comida, como la ropa y las necesidades básicas de Da Furen estaban estrictamente supervisadas y preparadas, por lo que Li Wei Yang sólo podía acceder a ella a través del agua Fu que ya de por sí contenía mercurio, todo lo que tuvo que hacer fue añadirle un poco más y, con el tiempo, acabó con su vida.
‒Afuera empiezan a asomar problemas. ‒ Comentó Zhao Yue.
‒Oh, ¿por qué?
‒La familia Jiang insiste en que hay que traer otra vez a Da Furen para que la entierren, pero Lao Furen dice que como ha fallecido en la casa de sus padres, hay que enterrarla allí.
Li Wei Yang no ocultó su sonrisa.
‒Vamos a ver.
En ese momento, se le pasó algo por la cabeza y se puso un atuendo blanco antes de apresurarse al patio He Xiang. Allí aguardaba la familia Jiang, todos con expresión severa.
‒¡¿Cómo podéis a Da Furen afuera?! ‒ Exclamó el mayordomo de la familia Jiang.
‒¿Afuera? ‒ Lao Furen respondió con extrema frialdad. ‒ Estas son las puertas de la finca Li y aquí está el altar de duelo, ¡¿dónde ves tú algo mal hecho?! A lo mejor si no os la hubierais llevado no habría pasado nada, ¡pero ahora tenéis las narices de culparnos a nosotros y plantaros en nuestras puertas!
El mayordomo estaba claramente preocupado.
‒Lao Furen. ‒ Li Wei Yang la llamó.
‒Ven y mira. ‒ Lao Furen suspiró al verla. ‒ Preparar un funeral ya es complicado de por sí. Tu madre ya no está y su familia insiste en traerla. Ya sabes que cuando alguien muere en su casa, no puede volver a la de su marido y al altar de duelo se tiene que montar fuera. Guogong Furen se niega a ello e insiste que la entremos.
Li Xiao Ran frunció el ceño sin decir nada a su lado.
‒Lao Furen, ‒ el mayordomo también frunció el ceño. ‒ con el calor que lleva haciendo estos días, a Guogong Furen le preocupa que-…
Que su cadáver empiece a apestar. Li Wei Yang se burló mentalmente de la situación. Echó un vistazo a Si Yiniang que estaba por ahí cerca y era incapaz de esconder su felicidad y a Li Chang Xiao con el rostro neutral.
‒Lao Furen, si te parece que entrar a madre en su ataúd da mala suerte, siempre podemos entrarla con un sedán.
Lao Furen se quedó pasmada. Si así lo hacían, el ataúd no tocaría el suelo y se evitarían el mal augurio y los rumores, pero eso significaba que perdonaría a Jiang Shi, lo que la inquietaba.
‒Lao Furen, verás, si no dejas que entren a madre, padre se pondrá triste…
Li Xiao Ran que había estado con el ceño fruncido todo el tiempo y sin decir, se emocionó y miró a Li Wei Yang con agradecimiento.
Si Yiniang, sin embargo, se guardó su sonrisa. San Xiaojie estaba fingiendo ser una buena persona. No cabía ninguna duda que la que más había estado esperando la muerte de Da Furen era ella, y a pesar de todo, ¡se hacía la generosa y misericordiosa! ¡Qué mentirosa!
‒Pues que así sea. ‒ Lao Furen suspiró. ‒ Entrad su ataúd en un sedán.
Er Furen asintió y ordenó a los criados que así lo hicieran. El mayordomo de los Jiang suspiró de alivio, sin notar la burla en la expresión de Li Wei Yang.
‒Habrá que avisar a Dage y a Dajie…
A Li Xiao Ran se le llenaron los ojos de lágrimas al escuchar sus palabras. Da Furen siempre había tratado a Wei Yang injustamente, y pesé a todo, la muchacha la perdonaba y amablemente intentaba ser justa con su madre.
Si Yniang y Li Chang Xiao la miraron sin acabar de comprender sus palabras. A la Yiniang le parecía un poco extraño el comportamiento de la muchacha. Da Furen acababa de morir, lo que debería estar haciendo era celebrarlo. Lao Furen no hubiese permitido que la entrasen y eso habría sido humillante para los Jiang. ¿Se habría vuelto loca aquella niña?

Cuando Li Zhang Le se enteró de las noticias en el templo, casi pierde la cabeza. Li Xiao Ran ordenó que la vigilasen y ni siquiera le llegaban las cartas de su madre, por lo que ignoraba todo lo relacionado con los Li. Así que cuando vio que la venían a buscar se regocijó, se acicaló con sus mejores ropas y joyas para lucir su belleza y saltó al carruaje, determinada a hacerle ver a su padre lo obediente, gentil y encantadora que era. Tan emocionada estaba que ni siquiera preguntó el motivo de su retorno.
El carruaje avanzó hasta la finca cubierta de blanco. En las puertas totalmente abiertas estaban colgadas sedas de duelo. Los criados vestían ropajes de duelo y correteaban ocupados.
Li Zhang Le se sobresaltó.
‒Da xiaojie, entre. ‒ La joven no pudo ni preguntar lo que pasaba antes de que la criada Cui corriese a recibirla y, como si no hubiese visto su atuendo extravagante, ordenó a los criados que la guiasen.
‒¿Lao Furen ha muerto? ‒ Le preguntó a una de las criadas.
Las criadas, perplejas, la miraron asustadas e inclinaron las cabezas.
‒Si entra, lo sabrá, xiaojie.
Li Zhang Le la miró con frialdad. La casa estaba en un estado de caos tan absoluto que hasta una mera sirvienta se atrevía a contestarle de esa forma. ¡Le iba a encantar verles las caras cuando se lo chivase a su madre! Lao Furen había muerto por fin, así que su madre debía estar a cargo de todo. ¿Entonces, no podrían hacer lo que quisieran con Li Wei Yang? Cuánto más lo pensaba, más se alegraba. Abrió los ojos para empaparse bien de la imagen del cadáver de su abuela. Tenía la cabeza en las nubes y olvidó cambiarse d ropa. Tan Xiang, una de las criadas, se percató de lo poco apropiada que era su vestimenta e iba a advertirla, pero todos los ojos se posaron sobre ellas y la estancia se sumió en el más profundo de los silencios.
Todavía no había entrado en el patio que ya la rodeaban los murmullos.
‒¡Aquí estás! ‒ Er Furen parecía entristecida. Tenía los ojos tan hinchados que era fácil entender que había estado llorando un buen rato. La ropa floral y alegre de Li Zhang Le la sorprendieron, pero entonces, sonrió y decidió no comentarle nada. ‒ ¡Vamos, Lao Furen te espera!
Li Zhang Le malinterpretó sus palabras y se convenció más de que la muerta era su abuela. Intentó ocultar su regocijo y deshacerse de la mano de Er Furen, pero no pudo hacerlo delante de tanta gente y la acabó arrastrando hasta el salón principal.
‒¡Zhang Le ha vuelto, Lao Furen!
La habitación estaba repleta de señoras nobles bebiendo té, suspirando y lamentando la pérdida de Da Furen. Yu Shi Furen comentaba que era una pena que Da Furen hubiese muerto tan joven y sin poder disfrutar de la gloria y fortuna de los Li justo cuando vio a Li Zhang Le vestida con un exquisito vestido de begonias rojas. Todo el mundo se quedó atónito. Fue como si se hubiesen vuelto piedra.
Su madre acababa de morir, pero ella iba con un vestido carmesí. ¡¿Estaba loca?!
A Yu Shi Furen se le hizo un nudo en la garganta. Miró con los ojos desorbitados a la muchacha, y no por su belleza, sino por su audacia y mala educación.
‒¡Zhang Le, mírate! ‒ Lao Furen ardía de ira.
Li Zhang Le miró a Lao Furen como si hubiese visto un fantasma.
Li Wei Yang, que iba vestida de blanco, fingió sorpresa al ver a su hermana cruzar el umbral de rojo.
‒Dajie, ¿cómo has podido volver con esta ropa?
Li Zhang Le todavía no daba crédito y miró fijamente a su abuela. No había muerto, ¿entonces, quién…? En ese momento, escuchó a Li Wei Yang decir:
‒Dajie, date prisa y cámbiate de ropa y entonces vuelve a arrodillarte delante de madre.
¡¿Madre?! ¡¿Qué estaba diciendo?! Li Zhang Le se precipitó hacia adelante como si le hubiese picado un rayo.
‒¿Qué dices, Wei Yang?
Li Wei Yang la miró entristecida, pero sus ojos estaban llenos de indiferencia.
‒¿Puede ser que no te hayan dicho que es madre quien ha fallecido, Dajie?
¡La muerta no era Lao Furen, sino su madre! ¡Cielos!
Su primera reacción fue rabia.
‒Li Wei Yang, no digas tonterías. Madre estaba viva cuando me fui-…
Li Wei Yang asintió y suspiró.
‒Sí, madre estaba bien, pero cuando te fuiste perdió el apetito y no dejaba de preocuparse. Entonces, enfermó y la abuela insistió en llevársela para que se recuperase… Ay, esperábamos que se recuperase, pero… Si lo hubiésemos sabido la habríamos hecho quedarse.
Li Zhang Le hervía de rabia. ¿Cómo podía ser que su pilar de fuerza hubiese caído? ¿Eso no la dejaba a merced de Li Wei Yang? La joven rechinó los dientes y miró a su hermana pequeña de mala manera, ignorando el horror de los demás.
Su madre acababa de morir y esa muchacha no estaba derramando ni una sola lágrima. En cambio, parecía a punto de comerse a su propia hermana pequeña. ¿Estaba loca? Las aristócratas empezaron a debatir y criticar.
‒¡Zhang Le! ‒ Lao Furen golpeó la mesa con la mano. ‒ ¡Ve y cámbiate!
Li Zhang Le volvió en sí, miró a Li Wei Yang con frialdad, se dio la vuelta y se marchó.
‒Li Wei Yang, ‒ bajó el tono para que quedase entre ellas. ‒ sé que eres tú quien le ha hecho daño a madre. ¡Me las pagarás!
Li Wei Yang la miró con indiferencia, sin contestarle.
A la velocidad de la luz, Zhang Le volvió una vez más a la estancia vestida con la ropa apropiada y ordenó a Tan Xiang que fuese a buscar a su padre. Tan Xiang se la miró, pálida, y se quedó quieta sin saber qué hacer.
‒Haz lo que te ordena tu señora. ‒ Advirtió una voz.
‒¡¿Por qué sigues aquí?! ‒ Li Zhang Le se enfureció al ver a Li Wei Yang.
‒Madre ha muerto y dada la edad de Lao Furen, alguien tiene que ayudar a Er Furen con la casa. ¿Quién lo va a hacer si no soy yo? ‒ Li Wei Yang sonrió.
‒¡Pequeña-…! ‒ Li Zhang Le se inclinó con la intención de abofetearla, pero al ver a Zhao Yue observando, no osó continuar.
‒Padre ha dicho que te puedes quedar diez días. ‒ Li Wei Yang estaba como siempre, ni feliz, ni enfadada. ‒ Pero si pasa algo durante estos diez días volverás al templo de cabeza. Madre ha muerto mientras no estabas, así que ten cuidado si no quieres ser el hazmerreír.
¡El hazmerreír! ¡¿Qué tenía que perder?! ¡Ya había llegado con esa ropa y se había plantado delante de toda la Capital!
‒Li Wei Yang, no te creas importante porque padre te apoya. Sí, madre ya no está, pero sigo teniendo a mi abuela, a mis tíos y a toda la familia del duque Jiang.


[1] El agua Fu es una práctica taoísta según la cual se bebe agua con un talismán quemado dentro para aumentar la energía interna y librarse de los malos espíritus.

Title: Capítulo 91: Fin de una vida
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Writed by Nana L15R1

2 comentarios

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Anónimo

Gracias por el capítulo n_n ya mató a la madrastra y de que manera o_O

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Anónimo

El siguiente....
Estuvo interesante