Capítulo 89: Mejor que tu enemigo


Zhao Yue titubeó momentáneamente. Su deber era proteger a Li Wei Yang, pero si se le daban más ordenes, debía acatarlas, por lo que en cuestión de segundos cogió a la princesa Jiu.
Las criadas de palacio gritaron y se acercaron corriendo, rodeándola. Sin embargo, el caballo de Wei Yang continuó desbocado. ZHao Yue intentó alcanzarla, pero era inútil. Li Wei Yang, desesperada, sacó la daga que portaba debajo de su manga y apuñaló la cabeza del animal. El rocín disminuyó la marcha y, al final, cayó tirando a Li Wei Yang por los aires. Zhao Yue jadeó y se precipitó, pero no consiguió atrapar a su señora antes de que acabase en el suelo. El corazón de la moza se detuvo: si su señora moría, ella también.
La princesa Jiu se levantó y, al ver la escena, apartó a todas las demás para correr llorando hasta Wei Yang cuando, justo entonces, la criada que había ido a buscar a Tuoba Yu regresó con el príncipe que, sin dudar, galopó hasta llegar a su lado.
Casi se le para el corazón al ver a la muchacha allí tumbada, inmóvil como una estatua. ¡Le había pasado algo! ¡Sólo se había alejado un momento y le había pasado algo!
Zhao Yue ayudó a Wei Yang a reincorporarse. La joven se tocó la cabeza con las manos y se palpó las heridas.
‒¡¿Estás bien?! ‒ Exclamó Tuoba Yu corriendo a su lado, con el corazón a rebosar de preocupación y sorpresa.
El rostro de la princesa estaba plagado de lágrimas y moco, tremendamente asustada. Se aferraba a la mano de Wei Yang, incapaz de decir nada. Wei Yang se había caído del caballo por su terquedad; se lo había avisado.
‒Estoy bien, no llores. ‒ Le dijo frotándole la mano. La princesa Jiu se la miró como ausente, totalmente aturdida. ‒ No me he hecho daño, no llores. Pero si hubiese muerto, habría sido culpa tuya, así que no vuelvas a ser tan terca. Hoy estoy aquí para protegerte, pero los demás no tienen por qué perdonarte la vida. Los cielos no te van a dar un trato especial porque eres una princesa. ‒ La regañó sin un ápice de cortesía.
La princesa Jiu asintió con lágrimas en los ojos.
Li Wei Yang sintió dolor cuando movió el codo. Zhao Yue le apartó la mano con la que se cubría la herida y vio el rasguño. Gracias a Dios, no era nada serio.
‒Xiaojie, tienes que ir a ponerte medicina.
Li Wei Yang sonrió con amargura; había jurado no ser una buena persona, pero con esa princesa siempre acababa siendo generosa. Tal vez fuera porque la novena princesa era la única que le había causado buena impresión en su vida anterior, o tal vez se debiera a un venazo compasivo momentáneo. Li Wei Yang se recordó que no debía ser amable una vez más.
Tuoba Yu pensaba que Li Wei Yang rompería a llorar por el miedo, aunque no se hubiese hecho daño o que regañaría a sus criados por no haberla cuidado como se debe. ¿Cómo iba a imaginarse que la muchacha no sólo no se lo tomaría a pecho, sino que además sonreiría? Su sonrisa era inexplicablemente bondadosa, como una brisa veraniega, y le embriagó hasta hacerle sonreír a él también.
Las criadas que presenciaron la escena empezaron a soltar una risita entre ellas e intercambiaron miradas.
‒Supongo que debo irme, ‒ anunció Wei Yang levantándose al notar el buen ambiente que había entre la multitud. ‒ Su Alteza Qi, escolta a la princesa.
Su expresión era insondablemente fría y distante. Tuoba Yu, juntó las cejas pero Li Wei Yang le ignoró y le insistió a la princesa que era mejor que se fueran.
La princesa Jiu, como una gatita entrenada, asintió.
Zhao Yue ayudó a Li Wei Yang conforme se marchaban y Tuoba Yu, sintiéndose fatal, vio como se iba. Quería pedirle que se quedase con él, pero se tragó las palabras y permaneció callado contemplando su silueta con sentimientos complicados en su corazón.
‒Qi Ge, ‒ la novena princesa le tiró de la manga para hacerle volver en sí. ‒ te gusta Wei Yang jiejie, ¿a qué sí? ‒ Susurró la princesa Jiu a escondidas.
Era obvio que el estatus de Wei Yang había subido de nivel en el corazón de la princesa quien, de repente, la llamaba “Wei Yang jiejie[1]”.  Tuoba Yu soltó una carcajada, pero no le respondió, se limitó a darse la vuelta y acercarse al cadáver del caballo para examinar la daga de Li Wei Yang.
‒Qué cruel. ‒ La princesa Jiu se intentó tapar los ojos.
La sangre bañaba todo el suelo. El caballo había muerto de una sola puñalada letal y precisa. Tuoba Yu no daba crédito a que semejante golpe lo hubiese dado la hija de un noble que raramente salía. Cualquier otra se hubiese asustado tanto que hubiese sido incapaz de reaccionar, sin embargo, Li Wei Yang había tomado esta decisión a pesar de lo cruel que era.
‒Si no fuese por esta daga, la muerta hubiese sido ella. ‒ Tuoba Yu estaba seguro de que la muchacha había calculado el ángulo y el momento con precisión, la naturaleza terca y decidida de la joven era de envidiar.
Gao Min, que los miraba a lo lejos, resopló disgustada. Esa Wei Yang estaba bendecida con una vida larga. Creía que lo único que tendría que hacer sería asustar a su caballo para matarla, ¡pero iba armada! ¡Qué decepción! ¡Ahora tendría que pensar en otra forma!


Era normal, estando en el terreno de caza, que muchos se hirieran, por lo que había médicos y medicinas. Li Wei Yang acababa de llegar a la tienda de los médicos cuando recibió el edicto del Emperador en el cuál se le regalaban los mejores ungüentos y halagos. La concubina Rou Fei también envió unos cuantos tesoros para darle las gracias por salvar a la princesa Jiu.
Zhao Yue era la única que comprendía lo cerca de acabar en desgracia que había estado. Si su señora no fuese tan decidida, habría acabado gravemente herida y poca gente gozaba de esa determinación.
‒No te he protegido, ‒ Zhao Yue se puso de rodillas. ‒ castígame, xiaojie.
BaiZhi aplicó el ungüento en la herida de Wei Yang mientras que la muchacha se limitó a parpadear. Era, sin lugar a duda, de las mejores medicinas del momento, le refrescaba la piel y el dolor desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
‒Has hecho bien. ‒ Dijo mirando a su criada.
Zhao Yue estaba estupefacta y levantó la cabeza para encontrarse con su mirada.
‒Lo más importante es que sigas mis órdenes, ‒ sonrió. ‒ ¿entiendes?
Si Zhao Yue hubiese ignorado a la princesa y hubiese corrido a socorrerla, la habrían declarado culpable por haber permitido que la novena princesa se hiciera daño delante de tantos testigos. El Emperador y la concubina Rou Fei se habrían enfurecido lo que no hubiese sido bueno para su seguridad. Así que Li Wei Yang ya había planeado cómo beneficiarse de su herida.
BaiZhi se acercó para ayudar a levantarse a  Zhao Yue.
‒Xiaojie ya te ha halagado, levántate rápido.
‒Xiaojie, ‒ Zhao Yue se levantó y empezó a hablar. ‒ ese águila…
Li Wei Yang asintió. El águila que se había cruzado por delante de su corcel estaba entrenada, pero como no había pruebas no se podía alegar nada. Sin embargo, ¿quién tenía las agallas de poner en marcha tal plan en los terrenos de caza? Wei Yang cerró los ojos para reflexionar.
‒Tendremos que tener cuidado.
Da igual quién quisiera su cabeza, ¡le delataría!


Li Wei Yang permaneció en su tienda con la entrada bien cerrada los siguientes dos días sin que le importase el ruido que hubiese afuera. Su comportamiento atrajo muchas miradas y la mayoría supuso que la An Ping Xianzhu se había asustado por algún motivo y que por eso se negaba a salir en público. Los rumores llegaron a oídos de su padre que fue a visitarla en dos ocasiones, pero al verla animada y sin ninguna herida, se tranquilizó y la dejó en paz.
Por supuesto, aquello también atrajo la atención de aquellos que se preocupaban por ella. La princesa Jiu, abrumada por la culpa, insistía en ir a verla cada día, arrastrando a su hermano convenientemente. La actitud de Li Wei Yang siempre era fría y se excusaba después de intercambiar un par de palabras, por otra parte, a veces le llegaban visitas de las que no era tan fácil escapar, como era el caso de Su Alteza San.
Al enterarse de que Li Wei Yang estaba herida, Tuoba Zhen quiso hacerle una visita de inmediato, pero la muchacha estaba reunida con Tuoba Yu en esos momentos así que sólo consiguió enfadarse. Gao Min no dejaba de añadirle leña al fuego y por eso, aunque parecía estar inexpresivo, por dentro era un volcán en erupción. Todos sus intentos de visitarla a escondidas habían fracasado por culpa de Zhao Yue, que le barraba el paso. Sin embargo, la criada era humana y necesitaba descansar, por lo que, aprovechando el momento, Tuoba Zhen se las apañó para colarse en la tienda cuando la joven guerrera no estaba.
Li Wei Yang se dio la vuelta para ver quién era y frunció el ceño automáticamente. Tuoba Zhen, al comprobar que no estaba herida, sintió que se quitaba un peso de encima.
‒¿Ya se te han curado las heridas?
Se lo preguntó con total sinceridad, no obstante, esa cercanía disgustó a Li Wei Yang que movió la cabeza y llamó a su criada.
‒¡Bai Zhi, Bai Zhi!
Nunca habían tratado a Tuoba Zhen de esta manera. Molesto y sin pararse a pensar, la cogió por el hombro e intentó obligarla a mirarle. Li Wei Yang no esperaba que le tocase, por lo que le dio una bofetada instintivamente. Ambos retrocedieron por la sorpresa del impacto. Tuoba Zhen retiró la mano y se frotó la cara. Estaba atónito por la ira, pero era consciente que exteriorizar su enfado con alguien como aquella moza sería fútil.
Li Wei yang vio la expresión extraña del rostro del muchacho, mantuvo la calma y se levantó.
‒Perdona mi ofensa, Su Alteza. ‒ Dijo mirándole. ‒ Soy tímida y no he sabido que hacer por tu llegada, por eso te he pegado sin querer. Sin embargo, es inapropiado que estés aquí a estas horas, vete rápidito, por favor.  ‒ Su expresión era neutral, carente de toda emoción y daba la sensación de que quería un millón de millas entre ellos lo que enojó a Tuoba Zhen.
Cuánto más le odiaba Li Wei Yang, más la quería.
‒Sólo quería ver qué tal estabas, nada más.
‒Su Alteza, ‒ un rayo de frialdad le cruzó los ojos a la joven e hizo una mueca. ‒ vete, por favor. Esto rompe las reglas de la propiedad.
Tuoba Zhen tenía los ojos clavados en ella, le cogió del brazo y le dijo en voz baja:
‒Esas reglas me dan igual. Li Wei Yang, no me obligues a usar mis métodos para tenerte, sabes que no me gusta cuando la gente va en mi contra.
En ese momento, Li Wei Yang vio el desenfreno lobezno y la crueldad que habitaba en sus ojos.
‒¡Ah! ‒ Un gritó les asustó y ambos se giraron para ver el origen: la princesa Jiu.
Puede que Tuoba Zhen no tuviese escrúpulos, pero la soltó de repente porque su hermana pequeña le avergonzó, y se fue a prisa.
La novena princesa se quedó allí pasmada mientras él se marchaba por su lado. Entonces, corrió al lado de Li Wei Yang.
‒Wei Yang jiejie, ¿te ha molestado?
El rostro de la joven era indiferente y permaneció callada mientras que la princesa estaba, obviamente, perpleja.
‒¿Cómo puede ser? ¡San ge no es de esos! Suele ser muy amigable.
Li Wei Yang levantó la cabeza para devolverle la mirada.
‒¿No te ha dado miedo la expresión que tenía en sus ojos ahora mismo?
La princesa Jiu estaba atónita. Había visto que su hermano estaba claramente al borde del desenfreno y que tenía el rostro contraído por la ira. Jamás le había visto tan enfadado o, mejor dicho, Tuoba Zhen nunca mostraba su temperamento en público.
‒Wei Yang jiejie, San ge… ¿Le gustas? ‒ La niña se lo pensó un buen rato y este fue el único motivo que se le ocurrió. ‒ Pero tú te llevas bien con Qi ge, ¿por qué será?
Li Wei Yang sonrió; la niña que había roto el ambiente no iba descaminada a pesar de que sus palabras eran inocentes y simples. Estaba ayudando a Tuoba Yu a vencer a Tuoba Zhen, y ninguna mujer había tratado así a Tuoba Zhen jamás, por eso buscaba su atención. Era un hombre patético.
‒Wei Yang jiejie, ‒ la princesa Jiu trató de ayudarla. ‒ mi San ge es muy cabezón, apagar fuego con fuego nunca acaba bien. Deberías evitarle. Tiene muchas mujeres a su alrededor, a lo mejor sólo eres uno de sus caprichos… A lo mejor puedo encontrar más bellezas para él, si se distrae te será más fácil.
Era difícil imaginar que unas palabras como estas pudiesen salir de la boca de una niñita, pero Li Wei Yang comprendía que la princesa se había criado en el palacio y que, a pesar de su espíritu despreocupado e inocente, no era del todo ingenua.
Li Wei Yang se sumió en sus pensamientos mientras la miraba a los ojos. No sabía por qué, pero cada vez que la veía, pensaba en su yo del pasado. No se parecían mucho, pero su existencia era algo absurda.
Parpadeó para evitar que le saltasen las lágrimas. Ya tenía treinta años, ¿cómo iba a llorar delante de una jovencita?
‒Tú espera a casarte con mi hermano, cuando lo seas San ge no se atreverá a meterse más contigo. ‒ Continuó la novena princesa.
El tono de la princesa revelaba que ya tenía claro que Wei Yang era del príncipe Qi.
‒Aunque sé que lo dices de buena fe… ‒ Wei Yang frunció el ceño. ‒ Te equivocas; no voy a casarme con tu Qi ge, y lo digo en serio…
La expresión de la princesa cambió de golpe, como si hubiese oído algo increíble.
‒¿No te gusta? ‒ Preguntó con la voz ronca.
No se lo podía creer. ¿Quién rechazaría a sus hermanos que eran terriblemente destacables? La princesa Jiu siempre había pensado que los hombres más atractivos de palacio eran su amable y fuerte San ge y su elegante Qi ge. Ni siquiera el príncipe heredero ni Wu ge se les podían comparar, mucho menos el resto de los príncipes, pero a Wei Yang no le gustaba ninguno.
‒¿De verdad… ‒ La princesa sacudió la cabeza incapaz de aceptar el hecho. ‒ no te gusta ninguno? ‒ Preguntó con un hilo de voz.
Li Wei Yang sacudió la cabeza firmemente con una expresión extraña.
La princesa, aturdida, era incapaz de entender cómo podía rechazar el ser la primera esposa del príncipe Qi, la mayoría de las nobles se lo tomarían como un grandísimo honor. En ese momento de confusión, se enfadó; ¿cómo podía ser tan altiva como para rechazar a sus dos hermanos de esa manera? Pero, la había salvado, a lo mejor tuviese algo que la preocupaba. La princesa contuvo su enfado y se arrodilló delante de ella.
‒Lo de San ge me da igual, pero ¿por qué no te gusta Qi ge? Parece frío pero tiene el corazón más amable de todos y me mima mucho.
Li Wei Yang no sabía cómo explicarle una situación tan complicada a una niña y se frotó la frente como si le doliese la cabeza.
‒Wei Yang jiejie, píensatelo bien. ¡Mi Qi ge es muy buena persona! La concubina De Fei también es muy amable y tranquila, y hace unos pastelitos buenísimos. Cada vez que voy a su palacio, me saluda con uan sonrisa, no como las otras concubinas de padre que sólo me ven como una molestia. ‒ La chiquilla tenía los ojos empapados de lágrimas, le estaba rogando. Pero sus palabras sólo confundieron a LI Wei Yang que no sabía si reír o llorar.
La princesa Jiu se marchó de mala gana cuando se percató de que sería imposible hacer cambiar de idea a Li Wei Yang. Para ella, sus hermanos eran los mejores hombres del mundo, cualquier mujer estaría encantada de atraer su afecto, ¿por qué Wei Yang jiejie no?

A la mañana siguiente, descubrieron huellas de un lobo blanco por el terreno de caza. El Emperador, entusiasmado, sacó a todos sus hombres para cazarlo. Las mujeres también se alegraron de las buenas noticias.
‒¡Como el lobo blanco es un animal muy astuto, quien lo cace será reconocido como un héroe!
‒Su Majestad atrapó uno, pero murió a los pocos días porque se negó a comer y beber.
‒He oído que su piel es muy cálida y cómoda, si te la pones en invierno no te hace falta nada más. Y los collares que se hacen con su piel son impresionantemente hermosos.
‒¡Sí, sí! Me pregunto quién ganará este año.
Todo el mundo parloteaba sobre la caza.
Li Wei Yang salió de su tienda tres días después, atrayendo la atención.
‒Xianzhu, ¿ya te encuentras mejor? Te caíste mientras montabas, ¿no?
‒Sí, gracias Liu xiaojie por tu preocupación. ‒ Li Wei Yang sonrió a la hija del ministro de finanzas con dulzura.
‒Qué valiente eres, la concubina Rou Fei ha estado hablando maravillas de ti; ¡va diciendo por ahí que si no fuera por ti, la princesa Jiu habría estado en peligro! ‒ Añadió su vecina, Sun xiaojie.
Sun Xiaojie, que provenía de una familia militar, admiraba a las mujeres valientes y gráciles, así que cuando se enteró de la acción de Li Wei Yang, se impresionó.
‒Estoy segura de que si tú hubieras estado ahí habrías hecho lo mismo, Sun xiaojie ‒ dijo Wei Yang con modestia. ‒ seguramente lo habrías hecho mejor que yo.
Sun xiaojie le devolvió la sonrisa. Era verdad, sus habilidades como jinete eran insuperables.
‒¡Te has perdido muchas emociones mientras no estabas! Su Alteza San y Su Alteza Wu están empatados en segundo lugar, ¡y Su Alteza Qi va a la cabeza! ‒ Lin xiaojie estaba extasiada por las actividades del terreno de caza.
Li Wei Yang miró a lo lejos al escuchar el retumbo de los cascos de los caballos y las nubes de polvo que levantaban. Un sinfín de jinetes se precipitaban al campo para capturar a su presa: era una escena magnífica.
‒Vaya, a algunas les gusta llamar la atención con sus heridas, pavoneándose sólo porque ha salvado a la princesa Jiu. ¡Y eso que no ha sido para tanto! ‒ Una voz gélida atravesó el alboroto.
Li Wei Yang arqueó las cejas y miró a la fría y altanera Gao Min. Gao Min le devolvió la mirada, pero su corazón se detuvo momentáneamente.
‒¡¿De qué presumes?! Lo único que pasó es que un águila asustó a tu caballo.
Li Wei Yang bajó la vista. La presencia de Gao Min en la escena no era mera casualidad. Puede que la hubiese estado observando o que, tal vez, tuviese algo que ver con el accidente. Fuera cual fuere el caso, no era nada bueno.
Li Wei Yang pensó en ello un poco, entonces, se levantó con una sonrisa en la cara.
‒Ese día vi que montabas muy bien, me pregunto si te atreverías a competir contra mí.
‒¡Claro que me atrevo! ‒ Replicó Gao Min.
Su prima que había visto cómo Li Wei Yang se había caído del caballo, dedujo que no debía ser especialmente buena, así que quería aprovechar esa oportunidad para acabar con la reputación y el orgullo de la muchacha. ¡Dejaría que todo el mundo viese quién era la mejor!
‒¡Bien, bien! ‒ Sun xiaojie apladió excitada. ‒ ¡Me encanta ver competiciones! ¡Yo seré la juez!
Gao Min saltó sobre su caballo dedicándole una mueca, como si pretendiese provocar a Li Wei Yang, pero la joven se limitó a sonreír. Anduvo y, sin que nadie la ayudase, se subió sobre su córcel. Sun Mingyu adivinó lo buena jinete que era al ver lo grácil y estable que avanzaba a lomos de su caballo.
‒¡Esa línea roja será la meta! ¡Voy a contar hasta tres, la que llegue primero, gana!
‒¡Te concederé tu deseo, Li Wei Yang! ¡Te ayudaré a quedar en evidencia delante de todo el mundo! ‒ Gao Min alzó la barbilla, orgullosa como un pavo real.
Li Wei Yang contestó con una sonrisita e intercambió miradas con Zhao Yue que seguía en el escenario. Zhao Yue asintió para indicarle que la había entendido.
Zuo Yuan llevaba días buscando su oportunidad, pero como Li Wei Yang tenía la entrada guardada y no salía, no había podido hacer nada, e incluso ahora que la xiaojie estaba a la vista de todos, estaba rodeada de tantas muchachas que tampoco podía ir a lo loco. Sin embargo, la tonta de Li Wei Yang había decidido competir contra Gao Min; ¡qué buena oportunidad! Zuo Yuan se animó y se concentró en la joven, agudizando sus instintos asesinos por segundos. Nadie sería capaz de descubrir que había sido él quien la había matado con tanta gente por ahí y no sería fácil investigarlo, ¿no? No obstante, no se atrevió a asumir el riesgo.
El coto de caza se iba acercando con sus presas, todos los jinetes iban armados con arcos y flechas. Zuo Yuan sonrió siniestramente. ¿No era la mejor de las oportunidades? Sólo tenía que confundirse entre la multitud y atacar a Wei Yang para que los testigos pensasen que había sido una flecha perdida. De esta manera, no buscarían al asesino.
‒¡Tres, dos, uno…! ‒ Sun xiaojie revolvió su bufanda de seda, sonrojada por la emoción.
Gao Min puso su montura al galope rápidamente, volando con el viento silbándole en los oídos. La velocidad la hizo sentirse orgullosa y complacida. Li Wei Yang sonrió y, blandiendo su látigo, alcanzó a Gao Min con poco esfuerzo. Gao Min miró atrás cuando escuchó los repiques de los cascos del caballo y la vio. Entonces, furiosa, volvió a espolear a su caballo para acelerar.
Las otras xiaojies no solían salir de sus mansiones, por lo que jamás habían visto una presentación como aquella y, olvidando sus modales, las animaban en voz alta.
Wei Guo Furen contempló la escena con ojos fríos como el hielo; estaba totalmente segura de que la ganadora sería su hija y, totalmente segura, se sentó a seguir conversando con las otras señoras, sin prestar mucha atención a la carrera.
Tenían la línea roja justo delante de ellas cuando uan sonrisa apareció en los labios de Wei Yang, que espoleó su montura poniéndose a la altura de su prima. Parecía que iba a ser un empate.
‒¡Alejaos! ‒ Gritaban los arqueros que se acercaban con alguien con malas intenciones escondido entre ellos.
‒¡Peligro! ‒ Sun xiaojie vio un rayo de luz apuntar a Li Wei Yang y le advirtió de inmediato a gritos.
Li Wei Yang, en ese momento crítico, también notó la luz ante sus ojos y sonrió con frialdad. ¡Había llegado el momento!
Las posiciones de Zuo Yuan, Li Wei Yang y Gao Min estaban en línea. Li Wei Yang se había puesto detrás de Gao Min para atraer la atención del asesino.
El arco se destensó y Li Wei Yang dio una patada con los talones para llevar al trote a su caballo, arqueando el cuerpo hacía atrás. La flecha que podría haber acabado con su vida le pasó de largo con un silbido estridente y le pasó rozando por la cabeza, hincándose en el hombro de Gao Min. La fuerza del impacto hizo saltar por los aires a Gao Min, como si fuese una cometa, que aterrizó pesarosamente sobre el suelo.
Tuoba Zhen, Tuoba Yu y el resto de los príncipes del grupo que habían terminado la caza volvieron para presenciar esa horrible escena.
‒¡Es esa bruja! ‒ Exclamó el príncipe Wu.
La flecha que había rozado la cabeza de Wei Yang sólo se había llevado su horquilla, por lo que sus trenzas negras flotaban libremente en el viento y cayeron suavemente como un arroyo de agua primaveral hasta la altura de la cintura. Era una escena tan hipnotizante que los presentes se quedaron sin aliento. La mirada de la muchacha era fría como el cristal y hechizante.
Tuoba Yu la miró como ausente, perdido en su belleza. Era como el reflejo de la luna sobre el agua: irreal, pero tan imposiblemente atractivo que era difícil apartar la vista.
Todo el mundo olvidó a Gao Min, atónitos por la presencia de Li Wei Yang, hasta que Wei Guo Furen chilló y gritó como si la estuviesen desgarrando bajando corriendo.
‒¡Min Er!
Muchos volvieron en sí y corrieron donde yacía Gao Min; sin embargo, la muchacha ya había perdido el conocimiento, le rezumaba la sangre y parecía como una muñeca de trapo rota.
‒¡Id a buscar al médico! ¡Traedlo, rápido! ‒ Rugió Tuoba Zhen.
‒¡Capturad a ese hombre! ‒ Gritó Li Wei Yang de repente. ‒ ¡Él ha disparado la flecha!
Zuo Yuan iba a aprovechar el caos del momento para huir, pero viéndose rodeado de miradas acusatorias, se quedó inmóvil. ¿Cómo podía ser? ¿Cómo había esquivado la flecha Li Wei Yang en tan pocos segundos y cómo había sabido que había sido él? ¡Era imposible! Se le heló la sangre de las venas.
Tuoba Yu le echó un único vistazo con un sentimiento indescriptible empañando su mirada mientras ordenaba que lo atasen.
Los soldados rodearon al completamente pasmado Zuo Yuan y lo echaron al suelo.
‒La herida de la flecha no es mortal, ‒ anunció el médico después de revisar la herida. ‒ pero iba tan rápido que el impacto de la caída le ha roto la columna vertebral. Mucho me temo que… De por vida va a…
Wei Guo Furen chilló, se lanzó sobre Zuo Yuan como loca y le arañó la cara con las uñas. Zuo Yuan gritaba de dolor por la furia animal a la que se estaba enfrentando, pero tenía las manos atadas y no pudo resistirse. Su rostro acabó ensangrentado y desfigurado en pocos minutos, pero Wei Guo Furen no dejó de gritar.
‒¡Devuélveme a mi hija! ¡Devuélvemela!
Tuoba Yu fue el único que se acercó a Li Wei Yang.
‒¿Estás bien?
‒¿Quién es este hombre? ‒ Preguntó Wei Yang observando la escena con frialdad.
Tuoba Yu no sabía cómo responderle. Su rostro perfectamente esculpido estaba iluminado por los rayos del sol y brillaba con incomodidad, como si no pudiese dar crédito a lo que veía.
‒Es uno de los míos.
Después de decirlo se sintió extremadamente aliviado. Podría haberle mentido, pero semejante mentira le habría hecho sentir culpable, por lo que prefirió ser sincero. La mirada de Li Wei Yang le caló hasta los huesos.
En ese momento, Tuoba Yu sintió que su corazón había dejado de latir. Conocía que en el corazón de la muchacha había hielo; duda, indiferencia, distancia. Había hecho todo lo posible por entenderla, pero creía que esos sentimientos estaban tan profundamente arraigados en la joven que algo tan simple como la calidez no conseguirían derretirla, sobretodo en esos momentos que su mirada parecía de hielo.
‒Sé que esto no tiene nada que ver contigo, pero tienes que darme una explicación. Si algo así vuelve a pasar no te puedo garantizar que la flecha no vaya a redirigirse hacia la concubina De Fei. ‒ Sus palabras podrían haber parecido indiferentes, pero Wei Yang había dejado muy claro que no iba a conceder misericordia por el bien de Tuoba Yu.
Si la hacía enfadar, siempre estaba a tiempo de pasarle su información a otros; Tuoba Yu la necesitaba más de lo que ella le necesitaba a él. Tanto madre e hijo habían malentendido la situación.
‒Hablaré con madre y aclararé las cosas. ‒ Tuoba Yu parecía abatido. ‒ No volverá a ocurrir.
Li Wei Yang miró como se llevaban a Zuo Yuan.
‒Quiero que pague con su vida.
‒Te traeré su cabeza. ‒ Tuoba Yu asintió.
‒Pienso partir en dos a todo aquel que ose ponerme un dedo encima. ‒ Li Wei Yang parpadeó con toda tranquilidad.
Tuoba Yu se quedó sin habla, pero acabó asintiendo.
‒Por supuesto.
Li Wei Yang era mucho más cruel que él y mucho más decidida y despiadada contra los enemigos que le deseaban algún mal.
‒¿Cómo le has descubierto? Debería haber sido difícil encontrarle entre la multitud.
‒Zhao Yue, enséñale tu tesoro a Su Alteza Qi. ‒ Li Wei Yang hizo un gesto.
Zhao Yue se acercó rápidamente y, de cara a su señora inexpresiva, se rebuscó entre las mangas para sacar un espejo de bronce que hizo comprenderlo todo a Tuoba Yu.
‒Le he pedido a Zhao Yue que preste atención al entorno y que me avise cuando me disparen. ‒ Li Wei Yang sólo le dio una explicación simple, pero los detalles eran mucho más complicados y Tuoba Yu ya lo sabía, ya sabía cómo Zhao Yue había descubierto a Zuo Yuan, cómo había elegido el mejor momento y cómo habían intercambiado señales, por lo que no se molestó en pedir que concretase.
Era un simple espectáculo. El desafío de Li Wei Yang había sido una invitación sincera a la muerte para Gao Min.
‒¿Por qué has elegido a Gao Min? ‒ Quiso saber el príncipe que sabía que, aunque Wei Yang era despiadada, no iba a por los inocentes.
‒Alguien ha visto a Gao Min y Wei Guo Furen hacerle muchas visitas a la concubina De Fei últimamente. ¿Lo más educado no es devolverles su amabilidad por lo mucho que se preocupan por mí? Pasarse el resto de tu vida en cama es una tortura mejor que la muerte para Gao Min, ¿no? Wei Guo Furen también debe estar contenta de que no vaya a morir, aunque dudo de que vaya a dejar que ese hombre se vaya de rositas.
Tuoba Zhen les observaba a lo lejos hablar en intimidad. Vio la sonrisita de Wei Yang y, aunque era claramente fría, no pudo soportar los celos y gritó:
‒¡Levantad a Gao xiaojie, rápido!
Los presentes corrieron a cogerla y algunas xiaojie se desmayaron del susto. Aturdida, Sun xiaojie se quedó donde estaba y bajó la cabeza para mirarse las manos. Acababa de tocar la Gao Min y tenía las manos ensangrentadas.
‒Sangre, mucha sangre… ‒ Murmuraba.
‒Debe estar muy malherida. ‒ Li Wei Yang que se le había acercado parecía preocupada.
Sun xiaojie suspiró mientras se limpiaba las manos en la bufanda.
‒Mucho me temo que no podrá volver a ponerse en pie nunca más. Ay, por qué poco. Si esa flecha te hubiese dado a ti, hubiese sido mortal. Me pregunto quién es el idiota que ha pensado que este tipo de accidentes pasan cada año.
‒Sí, qué pena da mi prima. ‒ La sonrisa de Li Wei Yang estaba teñida de simpatía y lamento.
Nadie le prestaba mucha atención a lo que ocurría en estos accidentes porque eran algo común. Todo el mundo pensaba que Gao Min había tenido mala suerte. Zuo Yuan bajó de rango hasta que terminase la investigación. Sin embargo, huyó al terreno de caza como si estuviese loco y, al día siguiente, lo encontrado a cachos por culpa de un oso negro.
‒Supongo que esto cuenta como traerte su cabeza, xiaojie. ‒ Dijo Zhao Yue.
‒Al parecer Tuoba Yu cumple su palara. ‒ Li Wei Yang sonrió.
Zuo Yuan había intentado matarla dos veces, así que eso es lo que se merecía, y en cuanto a la concubina De Fei… Li Wei Yang esbozó una sonrisa. Todavía no podía hacer nada, además tenía que calmarse por el bien de Tuoba Yu, pero eso no significaba que esa mujer no fuera a tener problemas, básicamente, porque así era ella.


Cuando Tuoba Zhen regresó a su tienda ya era de noche. Entre las criadas que le trajeron la cena había una muchacha a la que no reconoció de ojos claros y grandes.
‒Disfrute de su cena, Su Alteza. ‒ Le ofreció los platos que llevaba en una bandeja.
Tuoba Zhen le echó un vistazo y se centró en su mirada. Era como un déjà vu, ¿acaso ya la conocía?
‒¿Cómo te llamas? ‒ Preguntó sin dejar de mirarla.
‒Zhuo Er, Su Alteza. ‒ La muchachita se ruborizó y tartamudeó.
Tuoba Zhen siguió estudiándola, sin hablar.
Había ordenado a sus hombres vigilar a Wei Yang, pero éstos habían malinterpretado sus intenciones y, desde encontes, procuraban proporcionarle mujeres que se parecieran a la joven.
Zhuo Er intentó complacerle; dejó la bandeja y se sentó a su lado.
‒Cene, por favor, Su Alteza. ‒ Dijo con los ojos fijos en un pendiente de jade que llevaba Tuoba Zhen colgando de su oreja.
La sirvienta venía del campo y no sabía cómo había acabado allí. Tuoba Zhen era atractivo y admirable, además tenía algo diferente, por eso Zhuo Er pensó que estaba a punto de subir de camino a la gloria.
‒¿Te gusto? ‒ Tuoba Zhen no era del tipo de preguntar estas cosas.
‒Su Alteza es destacable… ‒ La chica enrojeció todavía más. ‒ Le admiro muchísimo.
Su cara era parecida, pero las palabras eran totalmente diferentes. Tuoba Zhen se sintió absurdo y no supo si reír o llorar. Sonrió con dulzura, se quitó el pendiente y se lo tiró.
‒Para ti.
Zhuo Er estaba maravillada y le agradeció su generosidad.
‒Hay noticias, Su Alteza. ‒ Un hombre vestido de negro entró en la tienda.
La sonrisa de Tuoba Zhen desapareció mientras la criada se marchaba mirándolo todo de reojo y, en su lugar, apareció una expresión asesina.
‒Se nos han vuelto a adelantar.
‒Soy un inútil. ‒ He Tuo bajó la cabeza arrepentido.
‒Pensaba que soltaría a Zuo Yuan y le daría otra oportunidad, nunca se me había pasado por la cabeza que sería tan decidido. ¡Qué astuto! Ha usado esta oportunidad para demostrarle sus sentimientos a Li Wei Yang a cambio de uno de los suyos. ‒ Tuoba Zhen rió con frialdad, entonces, suspiró. ‒ Si Zuo Yuan hubiese acabado entre mis garras, hubiese conseguido que delatase a la concubina De Fei. ‒ Hizo una breve pausa antes de proseguir. ‒ Qué lástima que hayamos llegado tarde. ‒ Podría haber aprovechado esa oportunidad para destruir toda la relación que tenían Wei Yang y Tuoba Yu de una sentada; si Li Wei Yang se hubiese enterado por el propio Zuo Yuan que todo había sido una estratagema de De Fei, se habría desencantado de su hermano. ‒ Tuoba Yu no es nada simple, he perdido a diez subordinados importantes.
‒Su Alteza, ‒ He Tuo mantenía la cabeza gacha. ‒ perdóneme si me estoy excediendo, pero creo que hay espías entre los nuestros y que deberíamos deshacernos de ellos: han vuelto a filtrar la información.
‒Tendremos que investigarlo a fondo. ‒ Tuoba Zhen suspiró con el ceño fruncido.
‒¡¿Quién anda ahí?! ‒ Exclamó He Tuo de repente.


[1] La princesa Jiu llama “Wei Yang jiejie” a Wei Yang a pesar de no ser hermanas y, es que, aunque jiĕjie (姐姐) significa literalmente “hermana mayor”, es un término que también usan las mujeres para referirse a las amigas que son como hermanas para ellas.

Title: Capítulo 89: Mejor que tu enemigo
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