Capítulo 105: El joven se le propone a la joven plateada


Un día tranquilo de primavera, Dale invitó a Latina a ir con él de paseo hasta la plaza pública que estaba en el centro de Kreuz.
‒¿Vamos de paseo? ¿Theo también se viene?
‒No… Hoy salimos nosotros dos solos.
‒¿Guau?
‒No, tú quédate aquí y vigila mientras no estamos.
‒Guau…

Latina y Dale anduvieron tranquilamente cogidos de la mano y continuaron por el camino que llevaba al distrito de la capital hasta llegar, más o menos, a la mitad.
‒¿Recuerdas la primera vez que te traje, Latina?
‒Recuerdo estar como en un sueño; nunca había visto tanta gente junta.
‒Sí, la primera vez que llegué a la ciudad también me sorprendió.
‒Ah, ¿sabes el zapatero al que me llevabas? Theo y Emma también se hacen los zapatos allí, creo que los zapatos para niños son su especialidad.
‒¿Ahora te los compras en otro lado?
‒Voy a la tienda que me recomendó Chloe, Rita también me habló de ella. Son nuevos, pero se les da bien.
‒Oh…
Conversaron sobre cosas de cada día, nada importante. De vez en cuando, Latina se tocaba el antebrazo con cierta inquietud.
‒Ah, ‒ Dale notó algo duro. ‒ ¿es tu brazalete?
‒Sí, normalmente no me lo pongo, pero creo que ya tocaba, así que me lo he puesto.
Era lo único que le quedaba de su antiguo hogar, el objeto en el que su propio padre había grabado su nombre. Era un brazalete diseñado para adultos, por lo que pesaba demasiado para que lo pudiese llevar un niño, sin embargo, Dale sabía que ella lo había estado guardando para no perderlo.
‒No estoy acostumbrada a ponérmelo, no consigo calmarme.
‒Es una costumbre de los demonios, ¿no?
‒Todos los adultos lo llevaban, siempre he tenido claro que cuando creciera yo también me pondría uno.
‒Bueno, tampoco es para tanto, ¿no? Es el amuleto de tu padre.
‒Sí, claro…
Latina iba vestida con una ropa muy fina, por lo que era fácil verle el brazo en su totalidad. Dale no había visto mucho el brazalete, pero lo recordaba con todo detalle. El joven pensó en lo mucho que habría crecido la muchacha y se emocionó.
La gente solía pasar el rato en la plaza de Kreuz. Los ojos de Latina siguieron a un grupo de niños que correteaban jubilosos al igual que ella misma había hecho en un pasado no demasiado lejano.
‒Te gustan los niños, ¿verdad, Latina?
‒¿Sí? ‒ Su expresión se suavizó. ‒ Supongo que sí…
Latina nunca se había quejado por tener que criar a Theo o a Emma, y Dale supo apreciar lo dulce que era la cara de la muchacha cuando observaba a los niños en general.
‒Algún día, yo…
‒¿Mmm?
‒…Oh, no es nada.
Dale le cogió de la mano cuando comprendió lo que había tratado de balbucear. Latina cerró los ojos con las mejillas encendidas. Los rayos del sol la envolvían con suavidad. Entonces, se sentaron en la sombra.
‒Latina.
‒Dime. ‒Latina giró la cabeza al escuchar la voz de Dale, era una muchacha deslumbrante, hermosísima.
Llevaba el pelo atado con unas trenzas sueltas y su piel era tan suave y clara que el maquillaje era puro gasto. Sus largas pestañas perfilaban sus enormes ojos del color de la ceniza, y ni siquiera sus labios del color de las cerezas parecían haber cambiado desde niña. Sin embargo, ahora que había crecido todos esos rasgos se habían convertido en belleza. De hecho, la inocencia que transmitía le añadía todavía más hermosura, una hermosura capaz de sacudir emociones y sensaciones.
Dale pensó que su belleza era la perfecta descripción de la palabra. Sólo verla le llenaba de euforia y sabía que su decisión había sido la correcta.
‒Qué buen tiempo hace, ¿eh?
‒Sí.
‒¿Qué pasa? ¿Ha ocurrido algo?
‒…Supongo que estoy un poco rara, ¿eh?
‒Sí, llevo mirándote mucho tiempo, Dale.
Latina alzó la vista para mirarle mientras hablaba y se rió como si hubiese dicho algo divertido. Mientras que, Dale por su parte, apartó la mirada avergonzado: era imposible esconderle nada.
‒Acepta esto, por favor.
‒¿Eh? ‒ Latina aceptó la caja confundida. ‒ ¿No es un poco pronto para mi cumpleaños?
‒Sí, pero hoy es un día “especial”, ¿no?
‒…Cierto.
Latina estaba de acuerdo con él, hacía nueve años que Dale y ella se habían conocido dentro de aquel bosque. Habían pasado nueve años exactos.
‒Es un día especial para mí.
‒Sí, ¿verdad? ‒ Contestó ella.
Entonces, la joven abrió la cajita y sus ojos relucieron por la sorpresa de encontrarse con una joya delicadamente tallada.
‒¿No es… un poco caro para ser un accesorio?
‒¿Por qué lo dices?
Dale sonrió al verla vacilar, pero ese tipo de comentarios eran parte de su personalidad. Le insistió para que sacase el objeto de la cajita, entonces, le cogió la mano y le deslizó la joya hasta su muñeca.
‒Es precioso…
‒Es un objeto mágico. Aunque se suele regalar como accesorio.
La joya que brillaba en su brazo tenía forma de flor. Parecía recién florecida desde todos los ángulos.
‒…Cásate conmigo.
‒¿Eh?
‒Quiero que seamos familia, y no como padrastro e hija.
‒¿Dale…? ‒Latina, totalmente desconcertada miró a al joven.
Dale empezó a sentirse incómodo y evitaba su mirada. Era un famoso veterano, conocido por su valentía, alguien que continuaba adelante a pesar de los peligros, sin embargo…
‒¿La-Latina? E-Es bastante difícil saber qué está pasando si no respondes, ¿sabes…?
‒Es que… Es demasiado repentino… ‒ Temblaba y su voz era algo más ronca.
‒¿Eso es un “no”?
‒No es eso… De verdad que no, pero… Nunca había pensado en el matrimonio…
‒Me dijiste que me amas sin planteártelo, eh…
‒O sea… Es que… Soy un demonio… Ni siquiera sé si podré tener hijos…
‒Lo sé, y sé que si tuvieras hijos sería el niño más adorable del mundo, pero no me caso contigo para tener hijos.
Dale sabía perfectamente que la raza demonio tenía una natalidad tremendamente baja y también era perfectamente consciente que Latina, que amaba a los niños sobre todas las cosas, debía haberle dado vueltas a aquello en un sinfín de ocasiones.
‒Aunque… Aunque a ti te de igual, a tu familia…
‒Tienes la respuesta delante de ti. ‒ Dijo tocándole el brazalete.  ‒ Mi viejo y mi madre me han dicho que ya era hora, y la vieja me ha dicho que si te dejaba escapar no conseguiría a otra mujer en toda la vida.
‒Abuela… ‒ Murmuró ella. ‒ ¿De verdad? ¿De verdad yo… te valgo?
‒Yo… Claro, Latina.
Ahí fue cuando perdió el control de sus emociones y le empezaron a rodar unas gotas enormes por las mejillas.
‒Yo… Siempre había querido… ser una contigo. Yo siempre… Siempre he querido ser especial para ti…
‒Lo sé…
‒Te amo, Dale. Quiero estar contigo… No puedo darte nada, pero quiero quedarme a tu lado…
‒Es imposible que no me puedas dar nada, Latina… Siempre me has apoyado estando a mi lado… Así que… Así que yo… ‒ La vergüenza que sentía no tenía ni punto de comparación con lo que habría tenido que sentir si no se lo hubiese dicho. ‒ Quiero que estés conmigo para siempre. ‒ Dale miró de reojo a los ojos ceniza y Latina, con el rostro empapado, sonrió como una flor.
‒…Sí.
La muchacha acercó la cara y, torpemente, cerró los ojos.
A pesar de que habían compartido todo tipo de besos inocentes e infantiles, Latina se ruborizó bajo la atenta mirada de Dale.

Title: Capítulo 105: El joven se le propone a la joven plateada
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Writed by Nana L15R1

3 comentarios

Exijo otro capitulo ya ...extrañaba muchisimo esta novela y gracias po la traduccion

Gracias por el capítulos , el mejor momento de la novela a mi parecer

Yes! YES! YEEEEEESSS! Triunfó el mal alv >:v jajaja Gracias por el cap.