Capítulo 86: Vigilancia constante

Da Furen rió con frialdad.
–¡Si hubiese sabido que este día llegaría, habría permitido que Laoye te ahogase en lugar de dejarte tramar este tipo de jugarretas!
La respuesta de Lao Furen no fue mucho más fina.
–Se te olvida educar a tus propios hijos, pero criticar no. La una envenena la sopa de su padre, y el otro se atreve a herirle; ¡deberían morir mil veces por estos pecados!
Da Furen rechinó los dientes y llegó a una conclusión; debía salvar a sus hijos, aunque eso significase sacrificar a la criada Du.
–Criada Du, – alzó la voz. – ¿sabes lo qué has hecho mal?
La criada Du se quedó de piedra, no entendía porque Da Furen le estaba diciendo eso.
–Criada Du, – continuó Da Furen. – sólo quería prometer a tu hija más joven al hijo del mayordomo Zeng, esto iba a beneficiaros a los dos. El mayordomo Zeng ha hecho mucho por nosotros; su hijo se rompió una pierna de pequeño para proteger a Da Shaoye. Sólo quería buscarle una buena esposa y pensé que tu hija, que tiene una buena personalidad, era la adecuada. ¿Cómo me iba a imaginar que me resentirías e intentarías envenenarme?
La criada Du miró a su propia señora alarmada, ya que no se esperaba que lo primero que haría sería culparla a ella de todo. La criada jadeó como un pez, incapaz de hablar como si se le hubiese enredado la lengua.
Li Wei Yang se lo esperaba. Era obvio que Da Furen protegería a sus hijos, sin embargo, no les dejaría escapar con tanta facilidad.
–Madre, – empezó con tranquilidad. – creo que debes haberte confundido. Si la criada Du te hubiese querido hacer daño, ¿por qué te habría parado? ¿No se habría podido vengar si te hubieses bebido la sopa?
Da Furen hizo todo lo que pudo, pero no consiguió suavizar su tos y sintió un dolor devastador en el pecho. Intentó controlarse.
–Eso es porque tiene conciencia, o a lo mejor, se ha arrepentido en un momento de demencia, o-… – Empezó a toser. – A lo mejor ha temido que el castigo sea más duro si la descubrían. ¡Te habría acusado a ti, Wei Yang!
–¡Furen – la criada Du gritó. – por favor, recuerde todos mis esfuerzos durante estos veinte años que llevo sirviéndola!
La criada Du la había seguido y había cumplido todas sus órdenes sin quejarse desde que se casó y entró en la residencia de los Li. Hasta la había ayudado a pararle una trampa a la San Xiaojie. ¿Cómo iba a saber que Da Furen la sacrificaría si algo iba mal?
–Criada Du, si es como madre dice, será mejor que admitas la culpa. – Dijo Li Wei Yang con suma lentitud y suspiró.
Este suspiró pareció ser lo que derribó a la criada.
–¡Lao Furen, Lao Furen! – Lloriqueó. – ¡Lo voy a contar todo! ¡Lo voy a confesar todo!
Da Furen fijó su mirada en ella.
–¡Confiesa! ¡Si no, piensa en tus hijos!
Era una amenaza directa.
–Criada Du, – dijo Li Wei Yang. – si te culpan de herir a tus amos, no morirás tu sola: nadie de tu familia va a poder escapar del castigo. ¡Piénsatelo bien!
Lao Furen asintió.
–¡No pienso dejarte escapar si has sido tú la que ha intentado dañar a la Furen!
La criada Du tembló. Sabía que Lao Furen no estaba tratando de asustarla. Apretó los dientes y empezó a narrar todo lo sucedido sin dejarse ni un solo detalle desde los acontecimientos de aquel día. Describió todo lo que hizo y a quien quería dañar con total claridad.
–Todo lo preparó Da Furen. – Informó rechinando los dientes desdeñosamente.
Después de todo lo que había hecho por ella, incluso después de haber arriesgado hasta su propia vida, la habían traicionado. ¡No había escapatoria!
–Y no sólo lo de hoy, el incendio del templo y lo que le pasó a Jiu Yiniang fue todo parte del plan de Da Furen, su propósito era-…
–¡Cállate!
–¡La que debería callarse eres tú! – El rostro de Lao Furen era como el hielo.
–Continua, pero si hay, aunque sea sólo media mentira en lo que dices, te arrastraré afuera y haré que te peguen hasta matarte. – Li Xiao Ran la miró furioso.
–Criada Du, – comentó Li Wei Yang con toda la calma. – si cuentas la verdad puedo rogarle misericordia a Lao Furen para que salve la vida de tus familiares.
A la criada Du le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo y continuó después de bajar la cabeza.
–No sólo Jiu Yiniang. Todas las muertes de Da Yiniang, Er Yiniang, San Yiniang y Ba Yiniang son cosa de Da Furen. También fue ella quien añadió medicina en la comida de Qi Yiniang para que diese a luz a San Xiaojie un mes antes, si no habría nacido en marzo… Furen ha cometido muchas atrocidades a lo largo de los años y yo he guardado las pruebas. ¡Como puede que no me libre de la muerte, podría enseñarlas!
Sabía demasiado y, ahora que Da Furen la había traicionado, tampoco iba a molestarle que perdiese la vida. Mientras su familia escapase del castigo lo enseñaría todo.
–¡Jiang Min! – Li Xiao Ran apenas se las podía apañar para pasar las palabras a través de las mandíbulas apretadas. ¡Nunca se habría imaginado que las muertes de sus concubinas se debieran a algo así!
Pero la criada Du no había terminado todavía y con el resto severo continuó:
–Wu Yiniang… Estaba embarazada de un varón y cuando Furen se enteró buscó a alguien para que le diera problemas a su ex prometido para conseguir que tanto ella como su hijo no nato muriesen…
El rostro de Da Furen estaba tan blanco que parecía a punto de desmayarse, no podía rebatirle ni una sola frase, porque, en efecto, ella era la autora de todos esos crímenes. Sin embargo, debía proteger a sus hijos. Ahora que Li Xiao Ran sabía que el veneno había sido para intentar acabar con Wei Yang, también comprendería que no tenía nada que ver con Li Zhang Le.
El rostro de Li Xiao Ran albergaba una ira incontrolable. Durante todos aquellos años había tenido a muchas mujeres a su lado. Er Yiniang, Da Yiniang y San Yiniang habían sido las criadas de Lao Furen o de Da Furen, cuya única misión había sido expandir su árbol familiar. Sin embargo, Wu Yiniang era de la única de la que se había enamorado. Jamás la olvidaría. Cuando la conoció era un hombre sin poder ni riqueza y fue amor a primera vista. A la muchacha tampoco le importaron sus antecedentes y se escapó con él sin dudarlo. Li Xiao Ran le habría concedido el título de esposa legal[1], pero como todavía no era primer ministro no pudo cumplir su promesa. Además de tener que soportar vivir como una concubina más, murió por complicaciones el parto. A partir de entonces, todas las mujeres a las que deseaba se parecían de alguna u otra forma a ella… Sin embargo, la criada Du acababa de confesar que Da Furen era quien la había asesinado y que ahora mismo podría tener a otro hijo si no fuera por ella. En realidad, ya tenía sus sospechas, no obstante, jamás consiguió las pruebas.
Nadie se habría imaginado jamás que sería la criada quien confesaría todas sus malas hazañas.
Li Wei Yang rió disimuladamente. Había arrinconado a todo el mundo a propósito; tanto culpar a Li Zhang Le como arrastrar a Li Min Feng había sido para que Da Furen usase a la criada Du de cabeza de turco, y así que fuera la misma criada quien desvelase todos los secretos a su padre.
Suspiró suavemente.
–Lamento la pérdida de Wu Yiniang y de Er Di[2].
El añadir “di” a su nombre le otorgaba cierto rango al hijo no nato de Wu Yiniang, a sabiendas que Li Xiao Ran odiaría a Da Furen al escucharlo.
En efecto, Li Xiao Ran estaba temblando por la ira. Le importaba mucho más la muerte de Wu Yiniang que el intento de incriminación a Wei Yang; jamás habría imaginado que su esposa legal, que parecía magnánima y grácil, cometería semejante acto. Llevaba ignorando las acciones de esa mujer demasiado tiempo.
Lao Furen estaba atónita; el propósito de las concubinas había sido expandir la familia y algunas de ellas se casaron con su hijo con el permiso de Da Furen. Quería satisfacer las expectativas de su reputación como buena esposa, pero en realidad todo había sido una táctica para controlar a su marido. ¡Hasta las asesinó una a una y por eso Li Xiao Ran sólo tenía un hijo!
–Ay, – Li Wei Yang comentó para echarle más leña al fuego. – da igual como lo mires, Wu Yiniang murió por un parto difícil, madre no le hizo nada directamente…
Una emoción le cruzó los ojos a la criada Du, que apretó los dientes.
–No, Wu Yiniang no murió por complicaciones en el parto. Podría haber dado a luz a Er Shaoye, y estaba dispuesta a dar su vida por ello. Sin embargo, Furen contaminó la medicina que le compró otra esposa que se suponía que ayudaba con los partos, pero se convirtió en algo fatal…
Li Zhang Le empezó a sudar al escucharla hablar. Li Min Feng estaba tan nervioso como su hermana. Nunca habría imaginado que su madre traicionaría a la criada Du y que sería su criada de confianza la que confesaría todos los trapos sucios de su madre.
–¿Y las pruebas?
–Las tengo; la receta de la contaminación de la medicina está escondida en mi casa… – La criada Du bajó la cabeza. Siempre había estado preparada para la llegada del día en que su señora la traicionase.
–¡Lleváosla y dadle treinta golpes con una caña! ¡Golpes fuertes! – Li Xiao Ran estaba extremadamente furioso, su rostro parecía un trueno.
Treinta golpes acabarían con la mitad de su vida.
–¡He confesado todo lo que sé! – La criada gritó alarmada. – ¡Perdóneme, por favor, Laoye!
Una criada le metió un pañuelo en la boca para acallarla antes de llevársela a rastras.
Li Wei Yang observó la escena con frialdad, sin hablar. Da Furen había escogido empujar a la criada Du, que era lo mismo que cortar todo lazo con ella, así que la criada confesaría: era algo obvio. Da Furen era consciente de ello, pero había elegido hacerlo de todas maneras porque quería proteger a sus hijos.
Li Wei Yang ya había adivinado que esta sería su decisión.
Li Min Feng, todavía perplejo e incapaz de aceptar a los acontecimientos que sucedían ante sus ojos se preguntó cómo podía ser. Cómo podía ser que su madre era la asesina y que todas las concubinas y sus hijos habían sido las víctimas. ¡Era imposible!
–Padre, – el joven le dedicó una mirada maliciosa a Wei Yang. – esto debe ser una trampa de Li Wei Yang. ¡Tiene que serlo! ¡Debe haber sobornado a esa criada! ¡Es una estratagema para acabar con madre! Padre, Lao Furen, tenéis que daros cuenta de la verdad, ¡que no os engañe!
Li Xiao Ran cerró los ojos. Ninguno de estos tres podía permanecer en la finca de los Li. No obstante, uno de los tres era su esposa legítima y los otros dos sus hijos. ¿Cómo iba a castigarles? Enfurecido como estaba, era incapaz de saber qué hacer.
Lao Furen asintió con la cabeza. Las acciones de Da Furen eran terroríficas, sí, y además había asesinado a varios de sus nietos. Desde la perspectiva de alguien ajeno, los asuntos entre las esposas y las concubinas no eran nada grave, pero utilizar unos métodos tan malvados para herir con los descendientes de la familia Li era pasarse. Si Da Furen fuese de nacimiento humilde, le habría aconsejado a su hijo que se divorciase de ella. No obstante, era la hija mayor de Jiang Guo Gong. Si se deshicieran de ella así como así, los Jiang no se quedarían de brazos cruzados.
¿Qué iban a hacer?
–Da igual lo que haya hecho, madre sigue siendo la matriarca de la familia y eso es un hecho irrevocable. Como está enferma, debería quedarse descansando en casa, ¿no crees, Lao Furen? – Li Wei Yang suspiró. Sabía que los Jiang no admitirían el divorcio.
Lao Furen bajó la cabeza y reflexionó unos instantes. En cuanto tomó su decisión, miró a Da Furen.
–Sí, – estaba totalmente segura después de haber visto el odio de su mirar. – necesita tiempo para recuperarse. Desde hoy, Er Furen será la que se encargue de todo. También deberíamos buscar a alguien que se ocupe de ella.
En otras palabras: la encerrarían. Anunciarían a la sociedad que necesitaba reposo y la encerrarían en sus jardines, como a la loca de Wu xiaojie. Esto sería una buena explicación para la residencia de los Jiang y además, conseguiría mantener la buena reputación de su familia. Sin embargo, Da Furen perdería todo su poder como la matriarca.
–Y puede que a Dajie la hayan incriminado, – Li Wei Yang habló lentamente. – pero sus emociones son un torbellino ahora mismo, lo mejor será que consiga un sitio tranquilo y callado…
Lao Furen pensó en ello.
–¡Que vuelva al templo a reflexionar!
Li Zhang Le no podía creer que todos los presentes se estuvieran dejando manipular por Li Wei Yang. Abrió los ojos como platos de la sorpresa y chilló con la voz ronca:
–¡No, me niego! ¡No quiero volver a ese maldito lugar! ¡No pienso ir!
–Dajie, ¿prefieres hacerle compañía a Wu meimei? – Li Wei Yang sonrió.
Li Zhang Le cerró la boca de inmediato y la miró con odio.
–Madre, ¡di algo! – Rogó.
Da Furen tuvo que rechinar los dientes para defenderse antes y ahora estaba sin aliento. Abrió los ojos como si quisiera hablar, pero su visión se tornó roja y su respiración parecía colgar de un hilo. ¿Cómo iba a tener fuerzas para enfrentarse a Li Wei Yang?
Dos acabados, ¿y el otro?
Li Xiao Ran miró a Li Min Feng con ansías asesinas en los ojos. Si su apellido no fuese Li, no tendría que preocuparse de cómo lidiar con él. Debía encargarse de su hijo rebelde que se atrevía hasta a herirle a él de la forma más dura posible. Sin embargo, no dejaba de ser el heredero de la familia Li, no le podía matar.
–Te has atrevido a herir a tu propio padre, no eres merecedor de residir en esta casa. – Lao Furen habló con lentitud. – Le enviaremos a Lao Er. Envíale una carta para que sepa qué debe hacer.
Lao Furen no le dedicó ni una mirada a su nieto conforme hablaba. El poco cariño que le había profesado a Li Min Feng se había esfumado en cuanto le había esgrimido la espalda a su propio padre.
Li Min Feng se quedó atónito. No se esperaba que le enviaran con su tío segundo que vivía en un pueblo de mala muerte. Además, su tío era un hombre estricto y anticuado. Era fiero hasta con sus propios hijos; si iba allí con él sabiendo que había apuntado a su padre con una espada, le trataría como a un prisionero. ¡No, no podía ir! ¡De ninguna manera! ¿Se habían vuelto locos? ¿Cómo podían decidir algo así?
–¡Padre! ¡Por favor, reflexiona, sino te arrepentirás! ¡Soy tu propio hijo, ¿cómo me puedes tratarme así por una hija ilegítima?!
Li Wei Yang sonrió. Su padre no había tomado esa decisión por ella, pero su hermano no comprendía los motivos. Estaba claro cómo había terminado en un estado tan patético. Lo que había determinado la decisión de Li Xiao Ran había sido el dolor de perder a la mujer a la que amaba y al hijo que gestaba.
–¡Li Wei Yang, – gritaba Li Min Feng estúpidamente. – vas a morir de una forma horrible! ¡Espera! ¡Pienso verte muerta con mis propios ojos!
Lao Furen frunció el ceño.
–¡Cogedle y calladle! – Movió las manos para indicarle a los soldados que lo sacasen de la habitación.
Da Furen extendió las manos desesperadamente para alcanzar a su hijo, pero sólo consiguió tocar aire.
–¡No importa lo que haya pasado!  – Gritó lamentablemente. – ¡No tiene nada que ver con mis dos hijos! ¡Laoye, Laoye! ¡Perdónales, por favor, son inocentes!
Li Xiao Ran se dio la vuelta sin mirarla. Cada vez que lo hacía sentía un escalofrío en su corazón. Llevaba viviendo en una mansión desde pequeño, así que comprendía las disputas entre esposas y concubinas. Por lo que, cuando llegó su turno de escoger concubinas, siguió los deseos de su madre y de su esposa para satisfacer sus exigencias. Da Furen era de naturaleza fuerte, y sabía que no era inocente; pero nunca habría esperado semejantes acciones. Lo de aquel día le decepcionó enormemente.
Lao Furen le dio un sorbo a su té. No podía golpear o regañar a Da Furen como a las criadas porque provenía de una buena familia y la nuera legal de la familia Li, pero eso no significaba que no pudiese castigarla. Encerrarla en la residencia era un acto generoso.
Da Furen contuvo el dolor agudo de su pecho y se precipitó para aferrarse a la manga de Li Xiao Ran.
–¡Laoye, Laoye! – Temblaba mientras hablaba. – ¡Min Feng es nuestro único hijo! ¡Has dicho que se lo dejarás todo a él! ¡¿Cómo puedes permitir que se lo lleven al distrito Gun?! ¡Eso sería como acabar con mi vida!
–¡Suéltame!  – Li Xiao Ran movió la manga, empujando a su esposa.
Retrocedió un paso y la observó con frialdad, sin un ápice de emoción.
–Jiang Shi, – castigó a Da Furen con una voz severa y gélida. – siempre has hecho lo que te ha dado la gana en la residencia, hasta has ordenado a los criados que ataquen a mi querida concubina… ¿Te crees que por ser de al familia Jiang puedes hacer lo que te venga en gana? ¡No olvides que estás casada con la familia Li y que ahora eres mi mujer, y que te puedo castigar siguiendo las normas de mi familia! ¡Más te vale que te quedes en tus aposentos desde hoy! ¡Nadie puede visitarla sin mi permiso!
Los guardias se habían llevado a Li Min Feng y después de un gesto de Lao Furen, una criada entró para llevarse a Li Zhang Le.
Li Zhang Le reflexionó. Si se la llevaban al templo, seguramente tendría que pasarse allí el resto de su vida, ¿cómo iba a marcharse sin luchar? Corrió desesperadamente hasta su padre y se arrodilló ante él.
–Padre, no sé nada de esto, y no sé lo que he hecho mal. No puedes culparme por lo que ha hecho mi madre… No quiero ir al templo. No pienso ir, padre. No quiero ir…
Li Xiao Ran levantó la cabeza y ordenó severamente:
–¡Lleváosla!
Inmediatamente, cuatro criadas se adelantaron para llevarse a Li Zhang Le. La joven lloraba, se despeinaba y se arruinaba las joyas. Esta vez había tenido mala suerte bajo circunstancias muy confusas. En realidad, si la criada Du no hubiese confesado el pasado de Da Furen, no se hubiese visto arrastrada a ese desastre. Pero ahora mismo, Lao Furen y Li Xiao Ran odiaban muchísimo a su madre, ¿cómo iban a dejar que se fuera de rositas?
–¡Ayuda! – Gritó Da Furen arrastrándose hacia las criadas para detenerlas. – ¡Si os queréis llevar a mi Zhang Le, tendréis que llevarme a mí también! – Se aferraba a su pecho casi sin aliento, al borde del desmayo.
–¿Quieres que te avergüence delante de todo el mundo? – Li Xiao Ran la miró directamente. – ¿No has causado suficientes problemas ya? ¿Quieres obligarme a divorciarme de ti?
–¡No, no, no! – Gritó Da Furen cogiendo a Li Zhang Le. Se giró para mirar a su esposo con miedo en los ojos. – ¡Es culpa mía! ¿Por favor? No te lleves a mi hija… No te la lleves…
Sin embargo, las criadas no se atrevían a hacerle caso llegados a este punto. Le quitaron los dedos de su hija y la sacaron. El alma de Da Furen se hizo añicos en cuanto vio que no podría quedarse a su niña. En pánico, se arrodilló ante Lao Furen, con las lágrimas saliendo como si fuera una fuente. Se aferró a sus pies y lloriqueó y rogó.
–¡No! ¡Por favor, no! ¡Lao Furen, te lo ruego! ¡Me arrodillaré ante ti! ¡Por favor, perdona a Zhang Le…! ¡Me arrodillaré!
Su cabeza golpeaba el suelo. Pam, pam, pam.
Lao Furen se dio la vuelta y frunció el ceño, sin embargo, no tenía ninguna intención de perdonar a Li Zhang Le. Esa nieta tan atractiva sólo acarreaba problemas y de dejarla quedarse les resentiría por haber tratado a su madre y a su hermano de esta manera: lo mejor era apartarla.
Da Furen se cogió a las gemas de la falda de Li Wei Yang, viendo que sus ruegos no servían para nada.
–¡Wei Yang! ¡Wei Yang, me he equivocado! ¡No debería haber intentado hacerte daño! ¡Todo ha sido culpa mía, tu Dage y tu Dajie no ha tenido nada que ver! ¡Por favor, perdónales! ¡Ayúdame para que Lao Furen les perdona! ¡No volveré a ir en tu contra, nunca!
Da Furen se rehusó a moverse, aferrándose a la vida. Li Wei Yang le guiñó el ojo a Zhao Yue, que se la sacó de encima por la muñeca y la levantó como si fuera una simple marioneta.
Era totalmente inaceptable.
–¡Lleváosla, rápido! – Lao Furen juntó las cejas.
Nadie se atrevió a esperar más. A pesar de sus forcejeos, se llevaron a Li Zhang Le. Da Furen, después de perder a sus hijos uno detrás del otro, estaba totalmente derrotada.
–Zhang Le, Min Feng, Zhang Le, Min Feng…  Soy tan inútil… – Repetía en voz baja.
Y unas cuantas criadas se la llevaron del salón que se quedó en silencio en cuestión de minutos.
Li Wei Yang miró a Lao Furen y suspiró profundamente.
–Lao Furen, sobre la residencia de Jiang Guo Gong…
Lao Furen rió fríamente echándole un ojo a su hijo al que le estaban vendando el brazo.
–Es nuestra nuera, cómo la castiguemos es asunto nuestro, no tenemos por qué decirles nada.
Lo que quería decir con esto es que los hechos se guardarían en secreto de la residencia Jiang.
–¿Y cómo vamos a explicar que madre está encerrada y que ni Dage ni Dajie están en la mansión? – Li Wei Yang revoloteó sus pestañas, pensativa.
–No va a ser difícil. Diremos que tu madre está descansando y recuperándose, que tu hermana se ha ido al templo a rezar para que se recupere y que tu Dage se ha ido al distrito Gun para ayudar a tu tío segundo. ¡Me gustaría ver qué puede hacernos esa familia Jiang! – Declaró Li Xiao Ran furioso.
Li Wei Yang bajó los ojos: dudaba que la familia Jiang fuese a creerse nada.  

*        *        *        *

Li Xiao Ran ordenó que no se volviese a mencionar el incidente de aquella noche, pero se empezó a extender un rumor entre los criados que decía que Da Furen estaba terriblemente enferma por culpa de los espíritus que aparecían en su patio. Este tipo de cotilleos solían ser una tapadera perfecta para la realidad y las criadas que sí conocían la verdad de los hechos no se atrevían a hablar.
Li Min De se informó a Li Wei Yang mientras la joven alimentaba a sus pájaritos.
–¿Qué?  – Se dio la vuelta para mirarle. – ¿Dicen que Da Furen está poseída?
–Sí, dicen que está paranoica, que se esconde en sus aposentos y se niega a salir. – Li Min De no sabía si reír o llorar y le devolvió la mirada a Li Wei Yang. – Habla sola y ha pedido un sacerdote para que exorcice su casa. También se niega a ver al médico cada vez que viene. Estoy seguro que se ha vuelto loca, y si lo está, será la compañera perfecta para Wujie. Sinceramente, se puede considerar suertuda. Ha conseguido escapar de la muerte después de todo lo que ha pasado.
Li Wei Yang sonrió.
–Padre y Lao Furen no la dejarían morir así como así; si muriese de repente, ¿cómo iban a lidiar con la familia Jiang cuando aparecieran por la puerta en busca de una explicación?  No, en lugar de eso, contratarán a un médico y no la dejarán descansar hasta que muera.
Li Min De comprendió lo que ocultaban sus palabras de inmediato y contuvo su sonrisa.
–Sanjie, eres la que mejor entiende a tu padre.
Wei Yang no lo dijo en voz alta, pero pensó en que era algo imposible no comprender a alguien a quien llevas estudiando media vida. No sólo entendía a su Li Xiao Ran, también sabía cómo era su madrastra. Da Furen era terca, competitiva y con un fallo terrible: amaba estar al mando. Esa mujer quería tener a todo el mundo en la palma de su mano y no vacilaba en el caso de que alguien se enfrentase a ella. Su naturaleza abrumadora era, precisamente, el motivo por el que había muerto tanta gente en la finca de los Li. En realidad, si Da Furen se hubiese comportado como una buena matriarca no estaría sufriendo tanto, porque ninguno de los hijos de las concubinas habría osado oponerse a su autoridad, sin embargo, había escogido ser una tirana.
Si no fuese por los Jiangs, Da Furen no habría sobrevivido. Li Wei Yang sonrió.
Li Min De iba a abrir la boca cuando vio a Bai Zhi precipitándose hacia ellos.
–¡Xiaojie, Wei Guo Furen ha venido a hacer una visita!
¿Wei Guo Furen? Li Wei Yang arqueó las cejas; la única razón por la que podía estar allí era por los rumores.
–Lao Furen se encargará de ella, no te preocupes. – Dijo después de cavilar unos segundos.

En cuanto llegó, Wei Guo Furen se dirigió al patio de Da Furen rápidamente, pero los soldados de la puerta le barraron el paso. Furiosa, corrió a He Xiang Yuan donde Lao Furen le insistiría en que su nuera necesitaba descanso y reposo. Wei Guo Furen se negó a rendirse e importunó a Lao Furen para que le dejase hacer una visita.
A Wei Guo Furen, impotente y con Lao Furen ignorando sus súplicas, sólo le quedaba marcharse. Pero no pensaba rendirse tan fácilmente: a partir de entonces, volvería cada día para montar un escándalo y exigir que la dejasen ver a Da Furen.

Li Wei Yang estaba sirviéndole la medicina a Lao Furen aquel día cuando anunciaron la llegada de Wei Guo Furen.
Lao Furen dejó el tazón en la mesa de un golpe, desganada.
–¿Por qué está aquí otra vez?
–Lao Furen, no te preocupes. Si lo que quiere es ver a madre, que lo haga. – Li Wei Yang sonrió.
–Si ve cómo está esa mujer, nos acusará de maltratar a su hermana y, además de aguantarla a ella, ¡empezarán a correr rumores!
–No podemos guardarlo en secreto tanto tiempo, así que, en vez de ser tan tercos, podemos dejar que la vea con sus propios ojos. Aunque siempre podemos decidir lo que queremos que vea.
Lao Furen se quedó parada unos instantes y alzó la cabeza para estudiar a su nieta. Entonces, reflexionó unos segundos y halagó a Li Wei Yang.
–Eres de mente rápida y aguda. Vale, prepáralo.
Wei Guo Furen tuvo que esperar dos horas hasta que vio salir a Li Wei Yang.
–Tía…
–¡¿A quién llamas “tía”?! – La cara de Wei Guo Furen se oscureció.
Li Wei Yang no mostró ni un ápice de disgusto; todo lo contrario, sonrió con todavía más dulzura.
–Has venido para ver a madre, ¿verdad? Ay, qué mal momento. Madre no se encuentra bien y últimamente no quiere visitas.
–No finjas, no puedes ni imaginarte de lo que haré si intentas evitar que vea a mi Dajie… – Wei Guo Furen empezó a enfadarse, pero Li Wei Yang la interrumpió a media frase.
–Tía, si tanto insistes, no te lo voy a negar. Sígueme, por favor.
Wei Guo Furen se sorprendió, pero pensó que había conseguido asustar a la joven. Resopló con frialdad y ordenó a sus acompañantes que la siguieran.
–Madre, – Gao Min estaba terriblemente disgustada. – ¡¿cómo puedes hacerle caso a esta?!
–Primero vamos a ver a tu tía – susurró Wei Guo Furen en voz baja. – al menos así tendremos pruebas para cuando volvamos a la casa.
–Sí, madre. – Gao Min asintió con la cabeza.
La muchacha se irritaba de sólo mirar a Li Wei Yang, hasta el punto de que la finca entera de los Li la ponía de mal humor.
Li Wei Yang se detuvo en cuanto pusieron un pie en Fu Rui Yuan.
–Tía, adelante.
Wei Guo Furen se adelantó ladeando la cabeza con orgullo mientras las criadas le abrían las puertas. Fue la primera en entrar.
A Wei Guo Furen no le dio tiempo de estudiar su entorno antes de que dos cuerdas cayesen sobre ella desde ambos lados y la enredasen. Entonces, vio a dos sacerdotes muy jóvenes recitando y entrando en formación: eran los que la habían inmovilizado.
–¡¿Qué estáis haciendo, malditos perros?! – Wei Guo Furen estaba furiosa. – ¡¿Qué está pasando aquí, Li Wei Yang?!
Gao Min se acercó corriendo para encontrarse con un altar en medio del patio y un sacerdote con los ojos inyectados en sangre recitando oraciones mientras movía una campanita con la mano.
–¡¿Qué hacéis?! ¡Soltad a mi madre! – Gritó.
El sacerdote dejó la campana sobre el altar y abrió los ojos. Sus dos discípulos tiraron de la cuerda desde ambos lados para apretarla más y atando a Wei Guo Furen.
–¡Qué alguien me salve, rápido! – Estaba asustada. – ¡Ayuda!
Sin embargo, Zhao Yue impedía el paso a todas sus criadas, por lo que las únicas que pudieron acceder a la casa fueron Wei Guo Furen y su hija.
Li Wei Yang entró por la puerta e hizo un gesto con la mano; el sacerdote se acercó blandiendo una espada de madera delante de Wei Guo Furen.
–¡Juicio de los cielos, Taishang Laojun[3] conoce mis intenciones: espíritus y demonios, desapareced! – Mientras recitaba cogió un latonero del altar y quemó un talismán amarillo, después, pasó el brasero por delante de Wei Guo Furen y gritó. – ¡Disipaos, fantasmas y demonios! – Declaró arrojándole las cenizas a la señora.
–¡Aléjate de mí! – Wei Guo Furen gritó incapaz de esquivarlas y se cubrió de ceniza.
Gao Min saltó para pegar a los discípulos que seguían siendo hombres. Se saltó un paso y cayó al suelo patéticamente.
–¡Mostraos, demonios! – Volvió a gritar el sacerdote, cogiendo el tazón de sangre de pollo del altar y salpicando.
A Gao Min esa acción la pilló desprevenida y la empapó. Nunca la habían humillado tanto y empezó a saltar de furia. Dio un brinco y abofeteó a uno de los discípulos.
–¡¿Cómo te atreves?!
–¡¿Qué hacéis?! – Gritó Wei Guo Furen. – ¡Esto es pasarse! ¡¿Los criados de afuera estáis todos muertos o qué?! ¡Venid y salvadme!
Wei Guo Furen y su hija estaban empapadas de sangre de pollo y ceniza en esos momentos y habían perdido todo su glamour y su elegancia de señora. Su estado actual no era muy distinto al de una loca de las calles.
Los gritos de Wei Guo Furen atravesaron las paredes y alertaron a todos los residentes de la casa.
Zhao Yue por fin se apartó al ver el gesto de Wei Yang y permitió que todas las criadas se precipitasen para adentro. Todas las sirvientas sintieron deseos de estallar en carcajadas al ver la escena, pero no osaron hacerlo; se abalanzaron sobre los dos discípulos para salvar a su señora.
–Li Wei Yang, – Gao Min rompió a llorar. – maldita zorra. Nos has metido en este embrollo… ¡Qué vergüenza!
–Vaya, ¿qué está pasando aquí? – Li Wei Yang entró caminando. – ¡Criada Cui, criada Cui!
La criada Cui era una sirvienta extremadamente estricta que había enviado Lao Furen para cuidar a Da Furen. Cui se había enterado de la llegada de Wei Guo Furen mucho antes y había llevado a cabo los preparativos que le había ordenado Li Wei Yang.
–Xianzhu. – En cuanto escuchó a Li Wei Yang llamarla, corrió a salir de la casa en pánico.
–Mi tía ha venido a hacerle una visita a madre. – Li Wei Yang señaló a Wei Guo Furen. – ¿Qué hacéis? ¿Por qué no habéis avisado de que teníais sacerdotes aquí?
–No sabía que Wei Guo Furen iba a venir, es culpa mía. – La criada Cui se disculpó rápidamente. – Pero… Da Furen es quien ha ordenado que invitásemos al sacerdote.
–¡Paparruchas!  ¡Mi Dajie no ha creído nunca en estas cosas! – Wei Guo Furen estaba enfadada.
Li Wei Yang suspiró.
–Será mejor que veas con tus propios ojos lo grave que es la enfermedad de madre ahora mismo. Por favor, entra y mírala, tía y, si puedes, persuádela para que se recupere.
Wei Guo Furen estaba furiosa y no le podía importar menos su apariencia. Asaltó la casa sin vacilar.
De las ventanas colgaban cortinas muy densas que dejaban pasar muy poca luz en los aposentos. Da Furen yacía en la cama inmóvil. Cuando Wei Guo Furen entró, vio las mejillas hundidas de su hermana, las bolsas de sus ojos por la fatiga y cómo se le marcaban los huesos de la mandíbula: era una sombra de su yo poderoso y orgulloso de antes.
Wei Guo Furen frunció el ceño. ¿Cómo se había puesto así?
Da Furen estaba profundamente dormida, así que la criada Cui corrió a los pies de la cama de Da Furen.
–Furen, ha venido Wei Guo Furen, despierte, por favor.
Wei Guo Furen sospechaba que la familia Li habían encerrado a su hermana por lo mucho que se había negado Lao Furen, pero viendo que su hermana estaba durmiendo de día y su apariencia enfermiza, frunció el ceño.
–¡Dajie!
Da Furen se despertó de un saltó, se frotó los ojos y se sentó. Sus ojos vidriosos estudiaron a Wei Guo Furen, como si no la reconociese.
–¡Dajie! – Wei Guo Furen dio un paso.
Da Furen fijó su mirada en Wei Guo Furen, apartándola y agitando las manos como loca.
–¡No me mires, no me mires! No es culpa mía, me han obligado a hacerlo. Es cosa de tu mala suerte… Wu Yiniang perdóname, por favor, no me quedó de otra… Me arrepiento, voy a hacer rituales para ti, te lo compensaré…
Da Furen empezó a balbucear y a rogar de repente. Wei Guo Furen se sorprendió de que su propia hermana no la reconociese, pero, cubierta de sangre como estaba, a Da Furen le era imposible.
–Wei Guo Furen, – le recordó la criada Cui – tal vez debería lavarse antes que nada, para no alarmar a Furen.
–¿Qué dices de alarmar? ¡¿Tanto miedo doy?! – Wei Guo Furen volvió a enfadarse. – Li Wei Yang ocultó su sonrisa cuando Wei Guo Furen le cogió del brazo a su hermana. – Dajie, ¿les has ordenado que hagan ritos?
–¿Rituales? Ah, sí, sí. He sido yo… – Da Furen pareció percatarse de algo y murmuró algo en voz baja. Se aferró a su hermana nerviosamente. – ¿Han cogido al fantasma?
–¿Qué fantasma? – Wei Guo Furen estaba sorprendida y trastornada.
–¡Este patio está maldito! Tú no lo sabes, pero de noche hay un demonio que se arrastra para cazar a la gente; tiene la lengua larga, ojos rojos, pelo negro y va de blanco. ¡Es Wu Yiniang! ¡Ha venido a exigir mi vida! Debe ser ella… O no, también puede ser San Furen. ¡Sí, estoy segura de que son ellas!



[1] Los hombres podían tomar tantas concubinas como quisiera y pudiera mantener, sin embargo, sólo podía tener una esposa legal.
[2] Dì () significa “hermano pequeño”.
[3] Los Tres Puros (三清), también traducido como Los Tres Puros Diáfanos, los Tres Prístinos, los Tres Maestros Divinos, las Tres Claridades o las Tres Purezas, son una trinidad taoísta, los tres mayores dioses del panteón taoísta. Son considerados como la manifestación del Tao y el origen de todos los seres conscientes. El Altísimo Señor Anciano o Taishang Laojun (太上老君) es uno de ellos. 
Title: Capítulo 86: Vigilancia constante
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Writed by Nana L15R1

2 comentarios

Se volvió loca da furen, gracias por el capítulo.

Y cuando vuelve uchi no musume.

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Anónimo

Gracias por el cap estuvo muy bueno n_n