Capítulo 66

–Ah, muérdeme.
–¿Qué?
–Muérdeme. – Hago una mueca como si intentase sonreír.
–¿Qué pasa? – Me pasa el dedo por la mejilla y me toca la frente.
Yo me lamo mis labios secos.
–Hace mucho tiempo que no… saboreo el dolor. Dime, ¿morir duele? – Le miro con cierta inocencia y, entonces, veo cómo se pone serio.
–¿De verdad quieres morir? – Me pregunta cogiéndome. – Él está luchando por encontrarte. ¿De verdad no vas a esperarle?
Ladeó la cabeza y permito que varios mechones de pelo me caigan delante de los ojos.
–¿Qué diferencia hay entre esperarle y vivir así y morir? Puedo… esperarle en el cielo.
Mi voz suena muy dulce y falsa.  Levanto la mano, que aun no tiene fuerzas, para tocar a ShangFan aunque realmente no sé si estoy tocándole le piel. Su rostro sigue estando bien y maduro.
–Hey, ¿me puedes hacer sentir que sigo vivo? – Sonrío. Me gusta su cara inexpresiva. Retiro la mano y me la pongo en el cuello. – ¿Por qué no me muerdes aquí? Cuando sale sangre queda precioso.
Esto es algo que CanSheng me había dicho y, pensándolo bien, tenía razón. La sensación de la vida terminándose demuestra que esa persona sigue, de hecho, viva. No como yo que estoy viviendo como si estuviese muerto. No siento ninguna conexión entre el mundo exterior y yo que no sea a través de este hombre. SI esto continua, acabaré cayendo en la palma de mi enemigo…
–¿Vale?
–Te has vuelto loco. – Me sacude el cuerpo con fuerza.
–Jaja… Jajaja… – Me rio. Abro las piernas lentamente mientras sigo sentado sobre las suyas y me restriego. No llevo pantalones, sólo un camisón blanco parecido a un cheongsam[1]. – ¿Sabes cuánto he querido volverme loco?  ¿No crees que me parezco a uno de esos malos espíritus que no se pueden reencarnar?
Se aferra a mi cintura.
–Será mejor que dejes de moverte.
–Me da igual. Dime que sigo vivo, ¡que sigo existiendo! – Pongo la mano en su entrepierna y, aunque no tengo fuerzas, consigo provocarle.
–Sigues vivo.
–¡Hazme daño!
–…No sabía que te gustaba esto. – Su respiración se va volviendo pesada y me tira a la cama.
–Jaja, ¿no te gusta?
Me coge los tobillos y los separa, entonces, los inmoviliza antes de quitarse el cinturón.
–Será mejor que no te arrepientas.
–¿De qué se va a arrepentir alguien como yo?  Todo lo que necesito es placer… – Entrecierro los ojos y extiendo las manos como si exigiese que me abrazase, pero, en este preciso instante, mi corazón se parte en dos.
–Nunca me habría imaginado que lo desearías. – Sus ojos están llenos de desdén, o incluso mofa.
Yo sonrió un poco. Qué pretensioso, qué odioso, pero sigue estando duro.
–¡Ugh!
Arremete contra mi orificio a pesar de que todavía no estoy listo, Frunzo el ceño. Aunque mi mente lo acepte, mi corazón no. Extiendo la mano y me tapo la frente, aún fruncida, con el brazo mientras me rio en voz alta.
Es la expresión que debo mostrar: tengo que reírme mientras le aguanto.
Una vez entra, no para. Me coge por las caderas y empieza a moverse dura y violentamente. El dolor desgarrador acompañado por sus embestidas pesadas me hace añicos.  Hasta la mano con la que me sujeta la cadera ejerce fuerza: como si quisiera aplastarme.
Sé que ShangFan detesta esto. A él le gusta el inocente Fang FuSheng que es inocente como el sol y que no tiene ni una sola mancha. Pero ese es mi padre, no yo. Durante el último mes he sido ese tipo de persona, pero ahora es el momento de desvanecerme delante de él. De todas formas, ya estoy en el infierno.
–Sí, ugh… Así… Hazme… Ugh… Hazme daño…
Los sonidos ahogados de mi discurso no son adrede, pero los sollozos llegan en un buen momento. De repente, me aparta la mano con la que me cubro la vista y yo le miro sorprendido. Todavía no he conseguido reunir suficientes lágrimas así que no me ruedan por las mejillas: no se me da bien actuar. Eso es lo que pienso antes de rodearle con las piernas mientras él vacila.
–¿Por qué te obligas a hacer algo así? – Su tono es de culpa.
Le miro como ausente. ¿Esto cuenta como haberlo conseguido?
–No vuelvas a decir cosas ni hacer cosas como estas nunca más. ¡¿Me oyes?!
–¡Ah!
Me levanta las nalgas, y entonces, entra en mí con mucha fuerza. El miembro ardiente que tengo en mi interior penetra hasta llegar a las partes más profundas de mi ser. El líquido que antes no he conseguido que me caiga por la cara, por fin desciende y la tristeza de mi corazón me inunda de tanta angustia que quiero desaparecer.
–¿Te gusta? Estás temblando mucho, ¿a quién intentas engañar? ¿Eh? – Me suelta una mano y coge lo que tengo entre las piernas que todavía no ha reaccionado y empieza a manosearlo. – Si te gusta ponte duro.
Giro la cabeza y dejo de mirarle. Aflojo las piernas con las que le estoy rodeando la cintura.
–Ugh… No se me ocurre nada más que esto… Yo… Estoy casi loco. Me has obligado a volverme loco.
Me levanta el cuerpo y me acaricia la espalda temblorosa una y otra vez.
–No te voy a seguir dando Demonio Azul a partir de mañana. Pero no vuelvas a hacer este tipo de cosas ni te denigres.
¿Acabo de denigrarme a mí o la imagen que tiene de mi padre? Esto ya no me importa. He conseguido mi objetivo: librarme de las ataduras del Demonio Azul.
Sonrío amargamente. A veces las lágrimas y mi cuerpo son muy útiles.
Me doy la vuelta para mirar afuera. La luz es cegadora pero está tan lejos que parece propia de otro mundo, sin embargo, dentro de poco no lo será.
Esta vez seré yo quien encuentre a CanSheng.
Me lamo los labios con la lengua y empujo a ShangFan con ambas manos antes de sentarme en la silla que hay al lado.
–No me merezco tus halagos.
Él vuelve a su escritorio y empieza a repasar sus documentos sin volverme a mirar. Yo me hago un ovillo en la silla y cojo un papel y un bolígrafo para continuar con mi trabajo. Ya sabe lo que estoy haciendo, así que, ¿para qué voy a intentar hacerlo a escondidas?
–En realidad, eres mucho más atractivo cuando no te controlas. – Su voz resuena en mí junto al sonido de sus toquecitos en la mesa con el bolígrafo.
Cada sonido demuestra su alegría.
Giro la cabeza y me quedo fijo en su mirada.
Parte uno madurar, parte dos introvertirse, parte tres mimar y parte cuatro hechizar.
–Pues no vuelvas a usar el Demonio Azul y me mostraré más. – Muerdo el lápiz y reviso el resto de los números que podrían ser de Ye CanSheng. Sólo quedan diez.
–Me lo pensaré.
Tira de su corbata y le devuelve la atención a los documentos que tiene en la mano. Por otra parte, yo sigo pensando en cómo escapar. No tengo muchas esperanzas de volver del todo dado que ni siquiera tengo mi tarjeta de identificación ni un céntimo.
Sólo quiero salir, con salir una vez será suficiente.
Estoy en la segunda planta. Si ShangFan se queda profundamente dormido de noche y me escapo por la ventana, ¿qué probabilidades tengo de salirme con la mía? Este sitio no está tan alejado del mundo como la finca de CanSheng. Si escapas, ya puedes considerarte en la calle y entonces… Podré llamar…
El plan es simple, pero el tener que escapar de la casa es suficiente para hacerme pensármelo bien. Sin embargo, al final descubro que no tendré que preocuparme por eso porque él es el que me va a sacar…



[1] El cheongsam (旗袍) es un tipo de vestido de mujer utilizado en china que también es conocido como qipao. 
Title: Capítulo 66
Rating: 10 out of 10 based on 24 ratings. 5 user reviews.
Writed by Nana L15R1