Capítulo 4

Un hijo por pareja. Cualidad sobre cantidad para la modernización[1]”.
Xu Ping pasó de largo las enormes letras negras en el tablón de anuncios de la calle mientras chupaba su polo. Se le estaba congelando el cerebro.
El cielo se había oscurecido, ya no era de un azul claro, sino de un naranja cálido y fiero que quemaba el horizonte.
La gente volvía a casa en bicicleta y se gritaban despedidas o parloteaos entre personas de rostros conocidos. El tranvía azul y blanco con el número cuatro llamado “Juventud del progreso” se detuvo estrepitosamente en la plataforma. La taquillera sacó la cabeza por la ventana y anunció la siguiente parada. Los pasajeros llenaron el tranvía en cuestión de segundos y las puertas se cerraron antes de que el vehículo rechinase a su paso.
Xu Ping tiró el palillo a la papelera de un restaurante y cogió aire. El olor a frito flotaba en el agua, entraba en su cavidad nasal como magia, haciéndole la boca agua. Podía escuchar cómo le rugía la barriga.
Seguramente Xu Zheng ya había acabado de jugar con la arena, lo mejor era que se apresurase, sino el polo se derretiría.
Corrió al parque con el polo de nata en la mano y se topó con el colega de su padre, el señor Zhang. El hombre llevaba unas gafas negras y cuadradas, y una camisa de manga corta blanca de dacrón con un bolígrafo sujeto en el bolsillo del pecho. Estaba aparcando su bicicleta en el garaje.
–Hola, señor Zhang.
–Oh, Xu Ping, qué tarde has salido. ¿Dónde has ido?
–He ido a comprarle un polo a mi hermano. – Xu Ping lo levantó.
El señor Zhang no preguntó más detalles y cogió su maletín de la cesta de su bicicleta.
–Vente a cenar con Xu Zheng. La señora Zhang está haciendo tofu.
–Sí, señor. –  Contestó el muchacho antes de echar a correr.
El sol ya había caído por debajo del horizonte dejando sólo un fulgor moribundo. Xu Ping se quedó de pie en la desierta caja de arena y estudió su alrededor No había ni un alma a la vista. Se podía apreciar el sonido de las sartenes y la televisión. Después de una melodía conocida iban a empezar las noticias de las siete de la noche.
–¡Xiao…! ¡Zheng…!
La voz de Xu Ping resonó y desapareció coo las ondas de un pozo después de tirar unas cuantas piedrecitas.
El polo se había derretido y goteaba por el palillo hasta llegar a su mano. Había treinta montones de arena en la caja de arena además del cubo rojo de Xu Zheng, girado.  Xu Ping tiró el polo y le dio la vuelta al cubo del cual cayó un pedazo de papel de redacción con unos cuantos garabatos. Xu Ping lo leyó bajo la luz tenue de la noche.
“Xu Ping, ven al centro de informática”.
¡Ese retrasado! ¡Le he dicho que no se vaya con desconocidos!
Xu Ping maldijo en su cabeza mientras corría al edificio abandonado.
¡Maldita sea! ¡¿Qué más se le da bien a ese mocoso aparte de darme problemas?!
Xu Ping se retorció molesto, pero aceleró de todas formas. La suela de sus zapatos golpeaba el suelo y una vocecita le decía: “tú eres el que ha abandonado a su hermano para irse a leer comics”.
Xu Ping tropezó y cayó. Su mochila salió por los aires y se arañó las palmas de las manos con la arena del suelo.
–¡Ay! ¡Qué daño! –Xu Ping se obligó a levantarse, siseando de dolor.
¡No es culpa mía! ¡Se lo he preguntado y me ha dicho que me había oído! Pero… Si tan tonto es para irse con cualquiera, ¡también podrían secuestrarle!
Su vocecita se apagó lentamente para no volver a escucharse otra vez. El cielo se oscureció más y más. En el fondo azul marino se podían apreciar un pedazo de la luna y algunas estrellas.
Si no regresaba pronto con Xu Zheng, el señor Zhang iría a buscarlos. Con eso en mente, Xu Ping levantó los pies y esprintó por el edificio de gastado ladrillo rojo, sin preocuparse por recoger la mochila.
Xu Ping jamás averiguó qué tipo de investigación se llevaba a cabo en el centro de informática. Los niños debatían a menudo sobre ese misterioso edificio que ni siquiera tenía dirección. Al final, dudaban entre la invasión de Taiwán o la derrota de los americanos.
En aquel momento todos los chicos eran poseedores de una boina verde del ejército con una estrella de cinco puntas y una bandera roja. Hasta su sangre hervía con pasión.
Xu Ping no carecía de esa ardiente pasión, pero tenía que ocuparse del molesto de su hermano a diario. Lo que le faltaba era tiempo libre para jugar con sus amigos y desear un futuro mejor con esa bandera roja en la mano.
El niño entró en el centro de informática. La rosa china de la caja llevaba mucho tiempo seca, todo lo que quedaba eran los troncos inertes y marrones.
Había cristales rotos por todas partes, y en cada ventana tenía un agujero por donde aullaba el viento nocturno.
Los llantos de Xu Zheng venían de una de las habitaciones, seguidos de las burlas y las charlas de unos chicos.
–Hey, date prisa. El idiota no para de moverse, apenas consigo contenerle.
–¡Cállate! Le he cogido esta grulla[2] a mi padre. ¡Si algo le pasa, me arrancará la piel!
–Date prisa y sácala.
Xu Ping aceleró después de oír el sonido.
–Vale, haz una pose.
–Que salga guay, eh. – Entonces, añadió. – Quiero parecerme a los héroes de Sui y Tang.
–Vale, sí. No te quedes ahí parado.
La pintura verde se estaba despegando de la puerta medio abierta. Xu Ping vio a Xu Zheng totalmente sometido desde atrás por Lu Jia. Como la luz les enfocaba desde detrás, no conseguía vislumbrarles bien el rostro.
¿Qué demonios quieren? Se preguntó Xu Ping. ¿Quieren que me quede a ver cómo le sacan fotos a Xu Zheng?
Xu Ping estaba un poco confundido, quiso hablar y decir: “Xiao Zheng, ya está aquí tu hermano. ¡Te había dicho que no te fueras con desconocidos! ¡Es hora de cenar!”.
Desde un lugar que no podía ver, un chico saltó y le dio una patada a Xu Zheng en la cara. El tiempo pareció detenerse. Vio cómo el cuerpecito de su hermano salía volando como una cometa suelta; vio la camiseta roja los pantalones cortos, y los pies y manos tan blancos como la nieve.
Xu Zheng era el hermano más molesto y al que más odiaba del mundo.
Xu Zheng cayó al suelo.
Xu Zheng era el motivo por el que no podía participar en actividades extraescolares, el porqué le había mentido a su profesora y compañeros de clase, lo que había arruinado sus viajes anuales.
Xu Zheng sacudió el cuerpo en un intento de levantarse, pero fracasó.
–Hey, ¿qué ha sido eso? Igual que Li Yuanba[3], ¿a qué sí? Excepto por las dos mazas.
Xu Zheng sólo le molestaba, tenía que alimentarle, acompañarle a la cama e incluso frotarle en la ducha.
Xu Zheng volvió a moverse, apoyó los codos para hacer el esfuerzo de levantarse, pero volvió a caer.
–¿La has sacado?
–Creo que sí.
Tenía ocho años, pero era tan estúpido que no podía aprender nada. A mitad de trimestre su profesor le había traído a casa.
–No podemos enseñar a un niño así.
Entonces, todo el mundo se enteró – los profesores y los alumnos –, la noticia se extendió como el viento.
–Hey, ¿te has enterado? El hermano de Xu Ping es retrasado.
Xu Zheng por fin se las apañó para sentarse. Tenía la cara hinchada y manchada de la suciedad del zapato del chico.
–¿Qué quieres decir con que “creo que sí”?
–Lo has hecho muy rápido, no sé si la cámara lo habrá pillado.
–Pues vamos a volverlo a hacer. Más te vale pillarlo esta vez.
–Vale.
El retrasado montaba una pataleta porque Xu Ping llegaba tarde, pero se quedaba parado como un tonto cuando le estaban acosando de verdad. Claramente, le dolía, ¿por qué no lloraba? ¡¿Por qué no lloró?!
Xu Zheng se sentó en el suelo, la sangre seguía rezumando del corte de su cabeza. Miró a la ventana, paró oído un poco y, de repente, dijo:
–Son las siete. Tengo que irme a casa.
Lu Jia le cogió del suelo.
–Zhao Bo, tienes que aguantarle bien.
–Pero mi foto…
–Ahora me toca a mí.
Xu Zheng era el hermano más molesto y más odiado del mundo. En eso pensó Xu Ping mientras cogía la pata rota de una mesa del suelo con los ojos rojos y los dientes apretados.



[1] La política del hijo único fue implantada por el partido comunista chino. A finales de los años 70 China, el país más poblado del mundo, que en décadas anteriores y bajo la batuta de Mao Zedong fomentó altos índices de natalidad, cambió diametralmente su política demográfica y prohibió a la mayor parte de las familias que tuvieran más de un hijo.
[2] Cámara Grulla, una empresa de Shanghai que consiguió ser la líder en producción de cámaras en China.
[3] Li Yuanba (李元霸) es el guerrero más poderoso y talentoso de la dinastía Tang que cargaba con un par de mazas doradas que pesaban doscientos quilos cada una. 
Title: Capítulo 4
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