Capítulo 2: Voluntad distópica

2. Voluntad distópica


Otro día haciendo lo mismo.
Entre compañeros no nos saludamos, preferimos concentrarnos en nuestros propios asuntos, en nuestras oficinas individuales.
Mi trabajo es introducir las letras de un ordenador a otro. Puede que no te lo creas, pero este tipo de trabajo me da un suelo de 10.000 yuanes mensuales.
Me llegan cartas en intervalos regulares, cada diez minutos, más o menos. Así que, por pura curiosidad, decidí apuntarme lo que ponía en un postit que tenía al lado.
N, M, K, G, W, T, J, P.
Continúo dándolo todo por el buen sueldo que tengo y, por supuesto, las ocho horas diarias de trabajo pasaban volando. No me cansaba para nada.
¡Chan! Otra carta: esta vez es una “L”.
La introduzco en el ordenador y le doy al enter y, por fin, he acabado de trabajar. No hay nada mejor que volver a la calidez de mi hogar y disfrutar de un buen baño caliente.
Tal vez esto es lo más satisfecho que puedo llegar a estar con mi vida.
Espera, ¿qué es esto? ¿Por qué hay un pedazo de papel enganchado en mi bañera? ¿Quién me ha gastado esta broma? Pero… Normalmente, en casa sólo estoy yo.
En la notita está escrita la palabra: “bañera”. Hace poco que me la he comprado, así que seguramente es una broma del vendedor.
Rompo el papel y, automáticamente, mi bañera es reemplazada por una caja de cartón. Y aquí me quedo: sentado en la caja de cartón, sumergido en el agua. Aunque la caja no está para nada mojada.
Espera, ¿esto es agua? Levanto la cabeza y le echo un vistazo a la alcachofa de ducha que tengo encima de mí. Allí vuelve a haber otro papelito. ¿Quién es el bromista?
Rompo el papel y la alcachofa se convierte en un bate de béisbol desgastado.

*        *        *        *

–Doctor, no lo aguanto más. ¿Estoy enfermo? Veo papelitos con nombres enganchados por todas partes. Si los arranco, el objeto en cuestión se transforma en otra cosa. ¿Entiende lo que digo? Por ejemplo, si esta mesa tuviese un papelito y lo arrancase, se podría convertir en una roca o algo raro.
El doctor me mira apáticamente antes de hablar.
–Puede ser debido al estrés en el trabajo. ¿Qué le parece si le prescribo algún calmante?
–¿Cuánto tardaré en curarme? – Pregunto, perplejo.
–Hay sesenta y tres pastillas en la botella, tómese una cada día. Si dentro de dos meses no se ha recuperado, vuelva a verme. – Responde el doctor sin mucha emoción.
De camino a casa le echo un vistazo a la medicina que tengo entre manos: tiene un papelito enganchado y lo arrancó, entonces, el bote se convierte en una bicicleta.
Mi enfermedad está empeorando.
Por supuesto, no puedo dejar de ir a trabajar aunque me encuentre mal. Así que, al día siguiente, vuelvo a la empresa y otro día más comienza.
¡Chan! Otra letra, esta vez una “O”.
Introduzco la “o” en el otro ordenador y pulso el enter.
Espera, ¿no puede ser? ¡Otra vez no!
Hay un papelito enganchado en la pantalla del ordenador. Mi mano coge el pedazo inconscientemente. ¿Si lo arranco mi trabajo desaparecerá?
No me atrevo a pensar más allá y retiro la mano.
Un minuto, dos minutos…
Me quedo sumido en mis pensamientos durante diez minutos.
¡Chan! Otra letra aparece en la pantalla, una “v”.
Me levanto de inmediato e introduzco la nueva letra en el ordenador antes de volver a darle al enter.
¿Qué me pasa? Me froto los ojos. ¿Tengo mal la vista?
Entonces, miro el techo. ¡Oh, Dios!
El techo al que nunca me he parado a mirar también tiene un papelito.
Esto es una locura, no puedo creérmelo.
Meto la silla en el armario, hago mucha fuerza y me subo a la silla. Me levanto lentamente para tocar el techo y cojo el cacho de papel con firmeza. En éste se puede leer: “Empresa Halo”, mi empresa.
Temblando, arranco el papel.
Todavía sigo siendo yo mismo, pero el edificio se ha convertido en un montón de ruinas. Mi zona de trabajo sigue en su sitio.
¿Me he vuelto loco? Cuando todo indica que sí, tiendo a pensar que los locos son los demás.
¡Chan! La siguiente letra es una “e”.
Sonrió y arranco el papel de la pantalla del ordenador. Tal y como cabía esperar, he estado trabajando enfrente de una papelera durante todos estos años.
¿Podría ser más irónico? ¿Qué le ha pasado a este mundo?
Corro sujetándome la cabeza, evitando las muchedumbres. Escapando de las presuntamente bulliciosas calles hacia las afueras de la ciudad y más allá.
La ciudad que cierta vez pensé era una ciudad… Me pregunto si habrá un papelito donde ponga “ciudad” por alguna parte. ¿Si lo arranco todo lo que hay ante mí se convertirá en un montón de escombros?
Y a lo lejos descubro una pared enorme.
Y pensar que hay una pared de más de diez metros afuera de la ciudad de la que nunca he salido…
La pared parece infinita y rodea la ciudad en la que llevo viviendo treinta años.
¿Esto qué es? Curioso, empiezo a seguir el muro. Después de caminar un buen rato veo una puerta medio abierta. Dentro, hay una base militar con los restos oxidados de armas esparcidos por el suelo.
Más adentro, hay un paquete de cuero azul con un documento y un diario amarillento por el paso del tiempo. El documento se titula: “Copia de la evacuación de arma nuclear”.
Y el contenido del diario amarillento es el siguiente:
“Nuestro alcalde nos ha abandonado y el país enemigo nos ha atacado con armas nucleares. El gobierno ha abandonado nuestra área y ha construido una torre masiva para cerrar la salida. Los ricos han escapado con billetes de precios impresionantes y han vuelto a cerrar todas las salidas. No hay salida, así que la gente pobre como nosotros tenemos que resistir al borde de la muerte. Pero el doctor Gamma no nos ha abandonado, aunque el polvo radiactivo nos esté deformando. Nuestra la mutación de nuestros descendientes ha ido aumentando a cada generación, así que pueden vivir comiendo suelo. El doctor Gamma es un psicólogo admirable que nos ha enseñado a utilizar la hipnosis. Nos ha repetido sin parar que si pegamos papelitos con los nombres de aquello que deseamos en cosas, nuestros descendientes verán lo que quieran. Todos nuestros descendientes mutantes heredarán esta perfecta ilusión y serán capaces de vivir en esta utopía perfecta”.
Me palpó la cara y descubro que mi apariencia se ha vuelto muy rara.
Veo con total claridad mis brazos deformados y mis postulas, y grito bien fuerte.

*        *        *        *

Diez días después vuelvo al trabajo.
Mi nuevo trabajo está en otra compañía de tecnología que se llama: “Montaña Negra” y sigo cobrando mis 10.000 yuanes mensuales.
No es un trabajo muy distinto al de antes.
¡Chan! Mira, otra letra: esta vez es una “s”.
La introduzco en el otro ordenador y pulso “enter”. Al hacerlo, aprieto el papelito que está pegado en la pantalla.

No te vuelvas a despegar, por favor. Sería horrible. 
Title: Capítulo 2: Voluntad distópica
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