Capítulo 1

Hai Xiu[1] recogió el montón de exámenes con los dedos temblorosos. Los diez minutos de estudio libre habían tocado a su fin y ahora debía repartir las hojas entre sus compañeros.
Su clase consistía en veintiocho alumnos sin contarle a él, así que sólo tenía que entregar veintisiete exámenes: no podía ser tan difícil. Un minuto y un segundo después, tenía la frente sudorosa y se consolaba pensando justo eso, que no era tan difícil.
Se había cambiado de escuela hacía un mes y ya recordaba el nombre de alguno de sus compañeros. El de Wang Peng – con quien compartía escritorio – y el del delegado – Song Jiajia. Sólo le quedaban veinticinco más.
A Hai Xiu se le aceleró el corazón. Apenas podía pensar, todo lo que quería era buscar a la profesora y decirle que era incapaz de hacerlo. Sin embargo, su profesora se decepcionaría de ser así y, viendo lo buena que era con él, no podía permitirlo. Tal y como le había dicho su maestra, tenía que aprender a comunicarse con sus compañeros poco a poco, esto también era un paso hacia la cura. Sí, Hai Xiu tenía un trastorno de ansiedad social, más conocido como: “fobia social”. No es que fuese algo innato, aunque Hai Xiu siempre había sido tímido, pero no hasta el punto de ser incapaz de comunicarse con otros. Su enfermedad se desarrolló a causa del año de acoso escolar que padeció por una nimiedad: había sacado un treinta en su examen de inglés y había bajado la media de su clase de la que él era el mejor. El examen había sido un final importante y, además, él pertenecía a la clase de los “eruditos”. El profesor de Hai Xiu se enfadó y le regañó delante de toda la case e incluso le estresó durante una semana entera. Se acabó convirtiendo en el “pecador” de la clase y echó a perder los esfuerzos de todos sus compañeros.
El resultado de su trabajo se reflejaba en sus notas, y la media de la clase estaba relacionada con el sueldo y la dignidad de su profesor. Todos sus compañeros se dejaron llevar por el enfado de su profesor y empezaron a marginar a Hai Xiu.
Al principio, nadie quería compartir mesa con él ni hablarle. En clase de gimnasia siempre se quedaba solo a un lado del patio.
Era un tipo de acoso infundado y carente de toda lógica, no obstante, era letalmente efectivo. Al final, todo el mundo terminó evitándole, siempre le tiraban las libretas y llegó al punto de no poder ni beber de la fuente de la escuela.
Hai Xiu pensaba que la situación mejoraría, pero luego quiso contárselo a su madre. Al final, se lo guardó cuando pensó en lo preocupada que iba a estar, y así, continuó hasta que se volvió incapaz de conversar con ninguna otr apersona.
Los ojos desdeñosos de su profesor y la marginación por parte de sus compañeros empeoraron los resultados de Hai Xiu drásticamente, así que su profesor volvió a enloquecer. Le llamó y lo criticó de nuevo. Su discurso fue mucho más duro que la última vez, plagado de una ironía siniestra e incluso se atrevió a decir que su vida era un desastre porque había salido a su madre.
Ese día, el dócil y educado Hai Xiu levantó su propia silla y le pegó en la cabeza a su profesor. Aquello fue una bendición. Gracias a su falta llamaron a su madre y así la buena mujer descubrió lo que había estado soportando su hijo durante aquel último año. La mujer se apresuró a hacer el papeleo necesario para cambiar de escuela a su hijo, pagó por los desperfectos y se disculpó por las molestias.
La vida de Hai Xiu mejoró en su nueva escuela. AL principio todo el mundo estaba interesado, pero al cabo de los días, su silencio terminó aburriéndoles. Hai Xiu pasó sus días tranquilamente. Su madre le llevó a muchos psicólogos y a varios tratamientos de conducta, sin embargo, el resultado no fue satisfactorio.
Cuando Hai Xiu entró en bachillerato, su madre cambió de trabajo y, después de considerarlo a fondo, decidió llevárselo consigo a la ciudad.
Y ya había pasado un mes desde su llegada.
La nueva profesora de Hai Xiu era una mujer de unos cuarenta años que cambió completamente la definición de profesor que tenía el joven. Era una mujer estricta que raramente sonreía o reía y le temía. Pero cuando esta profesora leyó que había pegado a un profesor en su perfil, en lugar de llamar a la otra escuela e informarse, le pidió hablar con él en su oficina y le interrogó sobre su enfermedad con todo detalle.
–No te voy a obligar a aceptar a todo el mundo de inmediato, – le dijo su maestra después de escuchar los balbuceos del muchacho. – pero tienes que volver a enfrentarte al mundo. ¿Puedes hacerme un favor?
Hai Xiu notó las buenas intenciones de su profesora y asintió. La mujer tan estricta y poco risueña, le sonrió con amabilidad y le pasó un montón de papeles.
–¿Podrías repartir los exámenes de ayer? Somos una clase pequeña; hay poco más de veinte alumnos. Creo que puedes hacerlo, si no conoces a alguien, pregúntales a tus compañeros.
Hai Xiu quiso negarse instintivamente, pero acabó accediendo.

Sólo quedaban tres minutos para que empezase la clase y para matemáticas necesitaban esas hojas. Hai Xiu se mordió los labios y se aferró a las hojas, como si se estuviese enfrentando a la mismísima muerte.
Todavía no había sonado la campana, así que aun había escándalo en la clase. Se sacó el pañuelo y se secó las manos: le habían sudado las palmas de las manos y temía ensuciar los exámenes.
Hai Xiu cogió aire y se levantó. Primero le repartió la hoja a su compañero de escritorio y, después, al que tenía detrás. Su corazón se relajó un poco.
Veinticinco, sólo quedaban veinticinco más.
Su memoria era mejor que la de la mayoría de personas. Se acordaba de aquellos de los que pasaban lista y también de los que pasaban por la puerta para ir a por algún amigo.
Veinte, dieciocho, quince.
A Hai Xiu, de repente, no le pareció tan complicado. La compañera número quince le dio las gracias sin alzar la vista y él le contestó un “de nada” apresurado y nervioso. Puede que su voz fuera demasiado baja y la joven no le escuchase, pero Hai Xiu pensó para sí lo agradable que era conversar con una compañera.
El adolescente se fue relajando más y más.
Doce, siete, cinco.
Se sintió triunfal hasta que vio los últimos dos papeles. Se los quedó mirando al final de la clase, totalmente tenso. No conocía esos dos nombres.
Hai Xiu recordaba el orden de los exámenes y a los únicos que no conocía eran a los que se sentaban en la segunda fila al lado de la ventana y el del medio de la clase. ¿Quiénes eran? Uno de los chicos dormía y el otro no. ¿Sería mejor preguntar? Sacudió la cabeza. Ambos eran muy altos y no quería acercarse.
Por fin sonó la campana y Hai Xiu volvió en sí, se mordió los labios y confió en su intuición para repartir. Volvió a su asiento rápidamente, preocupado de que le llamasen la intención si seguía de pie o de que se rieran de él.
La profesora entró, echó un vistazo a la clase y miró a Hai Xiu, que tenía las mejillas coloradas y los ojos nerviosos. Entonces, sonrió como gesto de aprobación y volvió a ponerse seria, preguntó sobre los estudios y empezó a hablar sobre los exámenes.
El corazón de Hai Xiu se alegró al ver la aprobación de su maestra. No se atrevía a darse la vuelta, pero nadie se había equivocado, por lo que debía haber acertado, ¿no?
Sintió que la suerte estaba de su parte e inclinó la cabeza para escuchar con atención la lección. No obstante, Feng Fei, al lado de la ventana, se incorporó perezosamente, se frotó los ojos y miró su papel.
–¿Qué cojones…? Esto… –Totalmente disgustado, leyó el nombre de su examen. Se giró para mirar al dueño del examen que tenía sobre la mesa y estalló en carcajadas junto a su compañero de escritorio. – Este He Hao, será idiota. No se ha dado cuenta de que es mi examen… – Feng Fei estrujó el papel y se lo tiró a la cabeza.
He Hao se sobresaltó, se avergonzó e hizo lo mismo para devolverse el suyo a Feng Fei.
–¿Quién ha repartido? – Le preguntó Feng Fei a su compañero de escritorio.
–Pues… – El joven respondió aturdido. – Ah, el nuevo, Hai Xiu.
Feng Fei levantó la ceja.
–Después de clases le preguntaré si me parezco al idiota de He Hao.



[1] Los caracteres del nombre de Hai Xiu significan: mar, océano () y atractivo, refinado, elegante, grácil, espectáculo ().  El nombre en pinyin (hǎi xiù) suena casi igual a “tímido” (hàixiū)). 
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