Capítulo 16

No soñaba ya con tormentas ni con mujeres ni con grandes acontecimientos ni con grandes peces ni con peleas ni competencias de fuerza ni con su esposa. Solo soñaba ya con lugares y con los leones en la playa. Jugaban como gatitos a la luz del crepúsculo y él les tenía cariño lo mismo que al muchacho. No soñaba jamás con el muchacho.
        Ernest Hemingway, El viejo y el mar

Xu Ping sabía perfectamente que estaba soñando.
Vio los cristales rotos bajo sus pies, las rosas chinas marchitas en la maceta y la puesta del color de la sangre. Subió la escalera de madera y abrió la puerta pintada de verde sin demasiada fuerza. Allí, vio a su yo de doce años cogido por dos otros niños mientras que Lu Jia le pegaba con un ladrillo en la cabeza.
–¡Lo mejor será que muera! ¡Tiene el retraso en las venas! ¡Así que cuando se case, su hijo será como su hermano! ¡Todos retrasados!
–¡Mentiroso! ¡Mentiroso! – Escuchó gritar a su pequeño yo enfadado.
–¡¿Yo?! Tu madre es idiota y ha dado a luz a otro idiota. ¡¿Qué más da si son guapos?! ¡Ja! ¡Sus cerebros están hechos de musgo!
Arremetió hacia adelante para darle un puñetazo a Lu Jia, pero de repente, la escena cambió. La habitación abandonada se convirtió en un comedor arreglado.
–¿Qué acabas de decir, Zhang Jinmin? ¡Repítelo! ¡Me sé todos tus secretitos sucios! ¡Sé lo que escondes en ese libro! ¡Te reto a que lo saques! ¡Asqueroso-…!
Una bofetada.
Entonces, se escuchó un grito.
–¡¿Me acabas de pegar?! ¡No hagas asquerosidades si no quieres que se hable de ello! Puede que los otros no sepan a quién tienes en el corazón, ¡pero yo sí! ¡Ve a decirle al partido que quieres el divorcio! ¡Ve! ¡Te reto! ¡Diles para quién escribiste la obra entera! ¡Diles cómo salió el personaje de Xu Chuan! ¡Ja! ¿Creías que no lo descubriría nadie? ¡Puede que parezcas formal y remilgado, ¿pero lo eres?! ¡Eres un pervertido asqueroso!
La puerta se cerró con un golpe. Los dos adultos se enzarzaron en una batalla de insultos. El pelo de He Mei estaba como loco y el rostro del señor Zhang era amenazador.
–¡Cállate! ¡Cállate! ¡Te voy a matar!
Xu Ping retrocedió sin pensárselo mucho. Alguien le cogió por atrás y, cuando giró la cabeza, se encontró con su hermano.
–No me siento bien, Gege. – Le dijo su hermano con el rostro sonrojada y el ceño fruncido.
–¿Qué pasa, Xiao Zheng? ¡Dime! – Preocupado, Xu Ping le dio un golpecito en la cara.
Su hermano, a modo de respuesta, empezó a chuparle el cuello mientras le acariciaba el pecho y la entrepierna.
–Gege, me gustas. Quiero hacerlo contigo. Dámelo, Gege.
Derribó a Xu Ping y empezó a arrancarle la ropa mientras frotaba la ingle de su hermano mayor.
–¡Para, Xiao Zheng! Somos hermanos. No podemos-…
Xu Zheng le arrancó la ropa interior y se metió la erección de su hermano en la boca.
–¡Ah…! – Xu Ping gimió en sueños. Nunca se había sentido tan bien. – No, Xiao Zheng, para… – Intentó apartar la cabeza de su hermano que subía y bajaba pero le pesaban los brazos.
Observó cómo su hermano le abría las piernas y se lo tragaba. El sudor del pequeño le cayó sobre el estómago. Contempló la bella espalda de su hermano subir y caer.
Se preguntó si estaba soñando. Pensó en ello mientras se aferraba al pelo corto de su hermano.
Esto es ridículo. Esto es ridículo.
Pero no soportaba la idea de parar.
Abrió las piernas, echó las manos atrás y arqueó el cuello.
Joder…
Soltó su voz, e incluso le pidió a su hermano que le diera más y que le chupase más fuerte.
Xu Zheng le echó un vistazo a su hermano mayor con su pene en la boca antes de volver a bajar.
El placer le recorrió la columna vertebral como una corriente eléctrica. Llegó al orgasmo en medio de aquella euforia mortal que amenazaba con dejarle seco.
Miró cómo su hermano se secaba el líquido pegajoso y blanco de los labios antes de besarle. Tenía la camiseta blanca mojada por el sudor y se le pegaba a su hermoso y musculoso cuerpo.
Le dio un beso francés y su saliva les goteó de los labios. Escuchó la voz de su hermano mientras éste tomaba su rostro entre sus manos.
–Tú no eres mi hermano mayor, y yo no soy tu hermano pequeño…

Xu Ping se reincorporó en la cama, jadeando.
El despertador con la forma del Big Ben estaba sonando en su mesita de noche y lo golpeó para acallarlo.
Eran exactamente las seis en punto. El cielo todavía estaba oscuro, aunque los primeros rayos del sol empezaban a atravesar el cielo nocturno. Todavía se podía apreciar la luna plateada y escuchaba el sonido de los limpiadores de las calles por las carreteras.
Xu Ping yacía jadeante con los brazos sobre las sábanas. Se tocó la cara y descubrió que tenía la frente cubierta de sudor. Su hermano seguía profundamente dormido sobre las sábanas con una pierna sobre él.
Xu Ping apartó la pierna y las mantas.  Su entrepierna estaba fría y húmeda, y la sensación pegajosa de sus muslos era desagradable y le daba escalofríos.
Estaba sentado en la cama con los brazos en la cabeza cuando, de repente, dio un brinco y corrió al baño.
La puerta se cerró de un golpe tan fuerte que se rompió el pestillo de metal y cayó al suelo con un estrépito.
Xu Ping empezó a quitarse la ropa profiriendo maldiciones. Dejó caer su pijama al suelo junto su ropa interior, entró en la bañera y encendió el agua caliente sin cubrirse con la cortina.  El agua helada le tocó la piel antes de bailar hasta el fondo de la bañera.
Xu Ping se estremeció y se le puso la piel de gallina. Se empapó apoyándose en las baldosas blancas. Tenía la cabeza hecha un lío, haciendo ruido y odiosa, pero nada le llegaba.
Quería ahogarse en algún lugar profundo, sin sonidos ni preocupaciones, dónde no tuviese que preguntarse por qué ni preocuparse por el mañana.
Giró la manecilla hacia el agua caliente todavía más y cerró los ojos. El agua le quitó toda su calidez, el fluido pegajoso y el sudor: todas las pruebas sucias desaparecieron.
Cuánto más fría estuviese el agua, más claro quedaría que volvía a estar limpio.
–Gege.
Xu Ping se sobresaltó. Xu Zheng estaba de pie en la puerta en ropa interior.
–¡¿Qué quieres?! – Rugió Xu Ping.
Xu Zheng le miró.
–¡¿No ves que me estoy duchando?! – Xu Ping tiró de las cortinas. – ¡Fuera!
Xu Zheng se quedó allí un momento antes de marcharse.
Una molestia disturbó la paz que Xu Ping había conseguido. La ducha fría no sirvió de nada.
Cogió una toalla y se tapó su parte baja y sacó la ropa sucia. Xu Zheng estaba sentado en la mesa del comedor cabizbajo. Pero al ver a su hermano la levantó enseguida.
Xu Ping pasó por su lado sin mirarle.
–Necesito el baño. – Dijo Xu Zheng a su espalda.
Xu Ping se detuvo, apenas moviendo la cabeza.
–¿Por qué me lo dices? ¿Todavía me necesitas para hacer pipí? ¡Ve tú solo!

El ambiente en la casa fue extraño durante toda la mañana.
Cuando Xu Ping ayudó a su hermano a vestirse, utilizó demasiada fuerza y uno de los botones salió volando, rodó por el suelo y se metió debajo del armario.
–¡Joder! – Xu Ping maldijo furiosamente.
Xu Zheng observó a su hermano mayor unos segundos antes de preguntar:
–¿Qué significa “joder”?
Xu Ping le miró de mala manera, incapaz de hablar. Si fuese una persona con un mínimo de inteligencia le habría dado un buen golpe. Intentó contenerse mientras sacaba otra camisa gris de los cajones.
–Levanta los brazos.
Xu Zheng siguió su orden. Bajó la vista hacia su hermano que le estaba abrochando e inhaló su buen aroma.
Nunca había sabido leer entre líneas.
–Gege, ¿qué significa “joder”?
Xu Ping miró a Xu Zheng y resopló enfadado. Pensó en ello unos segundos con la cabeza inclinada y con los labios apretados.
–Luego te lo enseño.
Sacó a su hermano a las seis y media justos. Si el tiempo lo permitía, los hermanos paseaban por el campo cercano a la escuela de primara cada fin de semana.
Xu Ping sacó la bicicleta y, justo cuando su hermano saltó encima, le detuvo.
–Hoy no.
Xu Zheng le miró con sus enormes ojos estúpidos.
–Yo monto en la bici; tú corres. El campo de la escuela de primaria.
Tal y como explicó, él saltó en el vehículo y se adelantó unos cuantos metros antes de girar la cabeza e insistir al otro chico.
–¡¿Vienes o no?! ¡Venga!
Entonces, aceleró.
Xu Zheng tardó un segundo en interiorizar la situación, pero corrió detrás de su hermano rápidamente.
Los domingos por la mañana no había peatones por las calles. La luz del sol caía sobre Xu Ping. Las paraditas de la calle no estaban abiertas todavía y los únicos que habían bajado al pueblo antes de la salida del sol eran los agricultores que ofrecían los vegetales que llevaban en las cestas a todo aquel que pasaba.
Xu Ping vio a una mujer de mediana edad con su perro al otro lado de la calle. El Golden retriever esnifaba la base de los árboles mientras movía la cola de un lado al otro.
Xu Ping le echó un vistazo a su hermano, levantó un poco los labios y pedaleó más deprisa.
El anciano de la recepción no estaba, por lo que Xu Ping condujo dentro del campo directamente. Las flores estaban en viva coloración, sus tallos crecían en macetas doradas. Los jazmines también habían hecho capullos y su fragancia llenaría los patios del colegio en poco tiempo.
Xu Ping se detuvo en el patio de los cuatrocientos metros lisos. El sol acababa de alzarse y escuchaba los pasos de su hermano.
–No pares. Normalmente corres cinco vueltas, pero hoy tendrás que hacer diez.  Yo me sentaré aquí y contaré mientras me aprendo vocabulario.
Xu Ping saltó a las gradas y sacó la libreta después de sentarse. Xu Zheng se quedó de pie jadeando.
–¿Qué? ¿Algún problema? – Xu Ping alzó la vista.
Xu Zheng sacudió la cabeza y empezó a correr a la pista pavimentada con gravilla negra.
Xu Ping fue memorizando su lista de vocabulario con pocas ganas.
–Atlético: relativo a deporte; relacionado con atletas; fuerte, musculoso.
El aire matutino era un poco frío. Xu Ping estornudo y se frotó la nariz roja. El sol se alzaba por el oeste del campo. La hierba estaba dividida en cuadrados por líneas de tiza blanca y había dos líneas de meta a cada punta, una bandera con un mango lo suficientemente grande como para cogerlo con dos manos y la bandera nacional ondeando al viento.
Xu Ping contempló a su hermano correr. Las piernas del muchacho eran largas y sus músculos bien desarrollados, tenía estamina y era flexible. Corría como un león saludable y la imagen era espectacular hasta de lejos.
Xu Zheng pareció notar a su hermano y le saludó con los brazos desde la otra punta del campo.
Xu Ping bajó la cabeza como si no lo hubiese visto.
–Apretado: estar (atado o pegado) cerca; difícil de desenredar; denso.
Al fin, Xu Zheng volvió, jadeando en busca de aire. Xu Ping había podido repasar la lista dos veces y la camiseta de su hermano estaba empapada de sudor.
–¿Ya?
Xu Zheng asintió agotado descansando las manos en sus rodillas. Xu Ping miró a su hermano de arriba abajo mientras se daba golpecitos en la rodilla con la libreta.
–¡Vale! ¡Pues ahora, cuarenta flexiones!
Xu Zheng miró para arriba disgustado.
–Ge-…– Gruñó.
–Estoy esperando.
Xu Zheng inclinó la cabeza y unas cuantas gotas de sudor cayeron sobre el cemento. Exhaló, se agachó y puso las manos en el suelo.
–La postura está mal. Repítelo. Usa los brazos, no las caderas. Otra vez. ¿Por qué sacas el culo? ¡Nunca te he enseñado a hacer eso! Otra vez.
El sudor estaba formando un charco debajo de Xu Zheng. Tenía el pelo largo mojado como si acabase de salir de la ducha.
Xu Ping criticó su postura sin parar, obligándole a repetir el ejercicio por errores minúsculos.
Xu Zheng se dejó caer al suelo al llegar a la cuarta flexión.
–¡Levanta!
Xu Zheng miró a su hermano y sacudió la cabeza.
–Estoy muy cansado, Gege.
Xu Ping se agazapó al lado de su hermano.
–¿Quieres saber lo que significa “joder”?
Xu Zheng asintió.
Xu Ping cogió el cuello de la camisa del chaval y se montó a horcajadas sobre él. Entonces, le miró directamente a los ojos y le pegó un puñetazo en la cara.
–Devuélvemelo. – Le ordenó.
Xu Zheng sacudió la cabeza, así que Xu Ping le dio otro puñetazo, esta vez en el costado.
–¡Devuélvemelo!
Xu Zheng se tocó la cara.
–No te voy a pegar, Gege.
Xu Ping miró al cielo unos segundos antes de cubrir a su hermano de puñetazos.
Los brazos de Xu Zheng no eran suficientes como para cubrirle, por lo que Xu Ping los apartó y continuó pegándole.
–¡Devuélvemelo! ¿Por qué no me pegas? ¡¿Es porque soy yo?! ¡Cobardica! ¿Cuántas veces te tengo que decir que no aceptes una hostia a cambio de nada? ¿Por qué lo haces? ¡Pégame! ¡Devuélvemelo! ¡No te he hecho correr y entrenar para que seas un flojo! ¡Dame! Esto se llama defensa propia, ¿vale? Todos los animales saben hacerlo. ¿Eres tan tonto que se te ha olvidado?
Xu Zheng esquivó a la derecha y a la izquierda, intentando escapar.
–¡No voy a hacerlo! ¡Soy tonto! ¡Dicen que soy retrasado! Lo sé, soy un idiota.
Xu Ping se quedó de piedra y le cogió por el cuello de la camiseta.
–¿Quiénes? ¡¿Quiénes te han llamado idiota?!
Xu Zheng apartó la cara y no habló. Xu Ping soltó al muchacho y esperó un poco más.
–No eres mi hermano. Yo no tengo a un debilucho como hermano-…
Pero antes de que pudiese terminar la frase, el golpe de Xu Zheng le hizo caer al suelo. Xu Ping miró a su hermano mientras se toca el labio que le sangraba. Xu Zheng se sentó en las escaleras que había cerca.
–Muy bien. – Xu Ping sonrió.
Xu Zheng le miró aturdido. Xu Ping se obligó a levantarse y escupió sangre al suelo.

–Xiao Zheng, te voy a decir lo que significa “joder”. “Joder” es una palabra que no vamos a usar entre nosotros nunca. Si alguien te obliga a hacer algo que no quieres, o si un hombre se te sienta encima como yo he hecho, tienes que pegarle hasta que pida misericordia, da igual quién sea o lo cansado que estés. Además, – continuó lentamente. – no dejes que nadie te llame estúpido. No dejes que te digan que eres diferentes. Todos somos tontos. Todos tenemos cosas que el resto no tienen. Xu Zheng es Xu Zheng, y eres humano como los demás. No eres tan diferente del resto de nosotros. 
Title: Capítulo 16
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Writed by Nana L15R1