Capítulo 10

Las cigarras, que chillaban como si no tuvieran suficiente, me metían prisa.
El día anterior había marcado el final de nuestras clases de repaso y me hallaba subiendo un tramo de escaleras de piedra con ganas al esperado principio de las vacaciones de verano.
Era otro día especialmente cálido. Despiadadamente, los abrasadores rayos de sol y su reflejo me acosaban. Ya tenía la camiseta empapada. No intentaba pagar por nada al pasar por esta prueba.
–Siempre lo he pensado, pero eres bastante débil, eh. – Dijo la chica que caminaba delante de mí, goteando de sudor y casi sin aliento.
Indignado, pensé en replicar en mi defensa, pero al final, decidí tranquilizarme y continué adelante.
–Vamos, puedes hacerlo, puedes hacerlo. – Me animó con el aliento que le sobraba, aplaudiendo y con una cara que ignoraba si era para animarme o provocarme.
Me sequé el sudor con la toalla al llegar a la cima, por fin, mientras me dirigía a mi compañera.
–Soy diferente a ti, ¿sabes?
–¿Y tú eres un hombre? Qué vergüenza.
–Verás, soy de alta cuna, así que no pasa nada si no me muevo.
–No insultes a los nobles.
Saqué té de mi mochila y engullí vorazmente el contenido de la botella. Ella ya había avanzado sin mí en ese intervalo de tiempo. Yo la seguí, sin otra alternativa, y al poco tiempo llegamos a un lugar con vistas agradables. Un panorama de la ciudad se extendía debajo de nosotros desde donde estábamos.
–¡Qué bien sienta…! – Gritó con los brazos estirados hacia adelante.
El paisaje y la brisa eran, ciertamente, un gozo. Bebí té una vez más sintiendo como el viento secaba mi sudor para recuperar el ánimo.
–Muy bien, un poco más, eh.
–¿Oh? Vaya, qué animado estás de repente. Deja que te dé este caramelo como premio.
–Hace tiempo que os lo quiero preguntar, ¿pero os creéis que vivo a base de caramelo o chicle o algo? – Hablé recordando el rostro de un amigo que siempre, siempre me ofrecía chicle en la clase.
–No lo puedo evitar, ¿sabes? Casualmente siempre tengo en el bolsillo; toma.
Acepté el caramelo y me lo puse en el bolsillo de mala gana. ¿Cuántas veces llevaba ya?
Ella tarareó una melodía manteniendo un paso rápido, dejándome atrás caminando con dificultad. Sin embargo, tuve la sensación de que la situación era como una muestra del poco equilibrio de nuestro poder, así que me obligué a enderezarme y empecé a darle un poco de brío a mis pasos.
Antes de poder darme cuenta, la mugre de debajo de nuestros pies se convirtió en guijarros y llegamos a nuestro destino.
Buscamos una piedra entre todas las que había.
–Ah, ¿Haruki, no te toca a ti el agua? Ve a buscar.
–¿Puedo decir dos cosas? Primero, ¿hay más cosas que hacer? Y segundo, ¿no podríamos ir los dos?
–Cierra el pico y ves tirando. ¿No te he dado caramelos ya?
Consternado por sus órdenes, me quedé callado, me quité mis pertenencias y anduve hasta una fuente cercana. De lo contrario, conociendo su personalidad, cualquier objeción iba a ser inútil. En la fuente había muchos cubos y palas. Cogí una y abrí el grifo para llenar el cubo antes de volver con ella.
La chica contemplaba el cielo.
–Mmm, oh, buen trabajo. Te ha tenido que costar.
–Si piensas así podrías haberme ayudado.
–Verás, soy de alta cuna.
–Vale, vale, pues, adelante.
Le pasé la pala y el cubo. Ella los recibió con educación y, con todas sus fuerzas, procedió a mojar la tumba de la familia Yamauchi que había ante nosotros[1]. Un poco de agua me salpicó las mejillas. La tumba relucía bajo el sol, creando una imagen mística.
–¡Vamos, despierta, Sakura…!
–Creo que no se hace así. Estoy seguro.
Intenté tranquilizar a la chica que le echaba agua a la tumba, pero ella tiró el resto del agua sobre la tumba sin prestarme atención, sudando y disfrutándolo. Me dio la mala impresión de que era un deporte.
–¿Sabes? ¿Se tiene que hacer ruido cuando juntamos las manos delante de una tumba[2]?
–En la mayoría de los casos se tiene que hacer silenciosamente, pero siendo ella, ¿no sería mejor hacer un poco de ruido?
Lado a lado, ambos juntamos las manos permitiendo que resuene nuestro aplauso. Cerramos los ojos deseando que nuestras plegarias le lleguen.
Ambos nos llevamos bien y le enviamos nuestros pensamientos.
Mantenemos las manos juntas un buen rato y, después de abrir los ojos casi al mismo tiempo, dejamos varias ofrendas que hemos traído.
–Bueno, pues supongo que deberíamos ir tirando a casa de Sakura.
–Supongo.
–Porque yo y tía[3] te vamos a echar una buena bronca.
–¿Y eso? No se me ocurre ningún motivo.
–No sé ni por donde empezar. Sí, supongo que, porque ya vas a tercero, pero sigues jugándotela y no has estudiado para nada, eh.
–No es algo que tenga que decirte, pero tengo una buena cabeza sobre los hombros, así que no me hace falta estudiar.
–¡De eso te estoy hablando! – Su replica se desvaneció en el vasto cielo azul.
Mis pensamientos se volcaron en la casa de los Yamauchi a la que no había ido desde hacía tiempo. La última vez que estuve conocía a su hermano mayor por primera vez y fui capaz de hablar con él.
–Por cierto, esta es la primera vez que voy a su casa con otra persona.
–Y eso es por lo que mereces más regañina.
Devolvimos el cubo y la pala juntos mientras manteníamos esta excesivamente inútil, aunque agradable conversación.
–Nos vamos para tu casa, ¿vale? – Dijimos al llegar una vez más ante la tumba.
Y volvimos por el camino por el que habíamos llegado. Volver por ese camino fue algo problemático, pero, aunque nos hubiésemos quedado, sólo habríamos continuado nuestro tira y afloja, y eso no habría sido muy productivo.
Una vez más, como cuando habíamos llegado, caminé detrás de Kyouko-san mientras ella iba delante.


Junté las manos y cerré los ojos.
Transformaré mis sentimientos en algo que sea solo mío, algo que te pueda enviar.
Me gustaría que me perdonases por las cosas que pensaré aquí, por las cosas por las que rezaré.
Permíteme aliviar mis penas primero porque soy este tipo de persona.
No fue fácil. Tan fácil como dijiste que sería, tan fácil como sentiste que sería.
Involucrarme con gente no fue fácil, ¿sabes?
Fue difícil, de verdad.
Por eso tardé un año. A pesar de que la responsabilidad por ello yacía en mí.
Pero, lo elegí y por fin he venido hasta aquí. Me gustaría que me halagaras por eso.
Hace un año elegí convertirme en un humano como tú.
Un humano reconocido por la gente. Un humano amado por la gente.
No estoy seguro de haberme acostumbrado a ello, pero al menos, he elegido hacerlo.
Ahora mismo, junto a tu mejor amiga – que fue mi primera amiga – me dirijo a tu casa.
En realidad, sería fantástico si los tres nos pudiésemos encontrar, pero no se puede. Ya lo haremos en el cielo.
El motivo por el que nos dirigimos a una casa en la que ya no estás es para cumplir con la promesa que le hice a tu madre aquel día.
¿Qué si llego tarde? Kyouko-san también me dijo eso.
Me gustaría que escuchases mi excusa: como siempre he vivido así, no estaba seguro de cuál era el estándar para llamar a alguien amigo.
Y como pensaba que si no iba a tu casa con Kyouko-san siendo mi amiga no estaría bien-…
Yo, que no estaba seguro, cree una relación con el estándar tuyo y mío.
“No te lo perdonaré” – desde el día en que me dijo eso, paso a paso, verdaderamente, paso a paso, hemos estado caminando hacia la amistad. Agradezco de corazón a Kyouko-san por esperarme con tanta paciencia – a pesar de su prisa normal – en este camino por el que caminaba con pies temblorosos. Tal y como se esperaba de tu mejor amiga. Por supuesto, es imposible que le diga algo así a la persona en cuestión.
Y así, finalmente, durante este tiempo, fui de viaje con Kyouko-san, a pesar de que fuimos al sitio que visitamos hace un año. Ahí fue cuando le conté a Kyouko-san por primera vez la promesa que le había hecho a tu madre y entonces, Kyouko-san se enfadó conmigo por no decírselo antes.
Sinceramente, esta amiga mía tiene muy mal humor.
Las ofrendas que te hemos traído son recuerdos de esa vez.
Es algo que se hace en el templo del Dios del Estudio y cuyo ingrediente principal es la ciruela.
Esta vez pasaré por alto que sólo tienes dieciocho años. La prueba estaba buenísima, ¿sabes?
Estaría bien que te gustase.
A Kyouko-san le va bien. Me pregunto si lo sabes.
A mí también me va bien, mucho más que antes de conocerte.
Cuando moriste pensé que había vivido para conocerte.
Sin embargo, no fui capaz de creer que tú hubieses vivido para que te necesitase.
Pero eso ha cambiado.
Debemos haber vivido para existir juntos, eso es lo que creo.
Nos falta algo si estamos nosotros solos.
Por eso vivimos para compensarnos.
Eso es lo que he estado pensando últimamente.
Por eso soy capaz de alzarme yo solo habiéndote perdido.
Creo que es algo que soy capaz de hacer por nosotros, ahora por uno.
…Volveré. No estoy seguro de lo que le pasa al alma humana después de morir, así que volveré a hablar de lo mismo en tu casa, delante de tu foto o algo. Si no puedes oírme, te lo diré en el cielo.
Bueno, nos vemos.
Ah, sí, sí. Hay una mentira que no me pillaste.
En el diario de coexistencia con la enfermedad dices cómo lloraste, lo que pensabas de mí y las mentiras que me habías contado, así que, para ser justos, yo también voy a revelar un poco de información.
¿Vale?
Lo que te conté de mi primer amor… era mentira.
Te lo conté, ¿no? La historia de esa persona que usaba el “san”. Eso era una mentira total, una invención.
No te lo pude decir porque te conmovió.
Bueno, la verdad me la guardaré para cuando te vuelva a ver o algo.
A lo mejor si mi verdadero primer amor vuelve a aparecer…
La próxima vez, estaría bien comerme su páncreas.


Bajamos los escalones de piedra blanca mientras relucían bajo el imperturbable y cruel sol-san.
Kyouko-san llevaba colgada del hombro la mochila de sus actividades del club delante de mí, moviéndola mientras tarareaba una melodía.
Me puse al lado de mi amiga, que estaba de bastante buen humor, y adiviné correctamente la canción que tarareaba.
Kyouko-san, visiblemente avergonzada, me pegó en el hombro.
Yo alcé la cabeza al cielo mientras me reía y acabé diciendo lo que me pasaba por la mente tal cual.
–Seamos felices.
–¿…Eso a qué viene? ¿Te me estás confesando? ¿Mientras volvemos de la tumba de Sakura? Qué sorpresa.
–Claro que no. Mis palabras tienen un mayor significado. Además, a diferencia de ese chico, me gustan las chicas más refinadas que tú.
Yo – a quien no deberían haber perdonado – provoqué a la chica que me había perdonado con una mueca.
Entonces, me di cuenta de inmediato que no debería haber dicho esas palabras, pero ya era demasiado tarde. Lo que dije le formó una pregunta a Kyouko-san que ladeó la cabeza entre sospechas.
–¿A diferencia de ese chico?
–Perdona, para, espera, lo retiro.
Ella observó cómo me ponía nervioso y reflexionó un poco. De repente, levantó las esquinas de los labios repulsivamente y juntó las manos. Como un rayo que caía detrás de nosotros.
Sacudí la cabeza y la miré suplicante.
–En serio, por culpa de mi descuido… Me ha dicho muchas veces que lo guardase en secreto…
–Si Haruki hiciera más amigos, a lo mejor, no lo habría adivinado, ¿sabes? Bueno, en cualquier caso, je, con que es él, eh… Pensaba que le gustaban las chicas más refinadas.
Eso también es lo que pensaba yo después de que él, en persona, lo hubiese dicho. Tal vez sus preferencias habían cambiado o, quizás, mentía, pero daba igual cual fuera el caso, me disculpé profundamente en mi corazón. Lo siento, la próxima vez yo te daré un chicle.
–Eh… Mmm… – Kyouko-san continuó murmurando con una mueca.
–¿Estás contenta?
–Mmm, bueno, gustarle a alguien no te hace infeliz, ¿no?
–Supongo que eso son buenas noticias.
También para el descuidado de mí.
–Bueno, supongo… Que salir con alguien es para cuando se acaben los exámenes.
–Te estás adelantando, eh. Supongo que podría decírselo, le motivará para estudiar.
Bajamos las escaleras estrepitosamente. Ella debía estar viéndonos.
–Guajajaja-…
Me di la vuelta por la risa que había escuchado desde detrás de mí con la suficiente fuerza como para torcerme el cuello. Kyouko-san también hizo el mismo movimiento y se cogió el cuello exclamando un: “ay”.
Por supuesto, detrás de nosotros no había nadie.
El viento acarició nuestros rostros, mojados como estaban por el sudor. Kyouko-san y yo nos miramos, afirmamos con nuestros ojos antes de estallar en carcajadas a la vez.
–Bueno, pues, ¡vamos tirando a casa de Sakura!
–Sí, Sakura nos espera.
Entre carcajadas, bajamos los largos escalones.
Yo ya no tenía miedo.



[1] En Japón los familiares que visitan la tumba en el cementerio son también los que se encargan de limpiarla. Se suele llevar un cubo y un pañuelo – aunque se pueden conseguir en las tiendas de flores que hay fuera de los cementerios –, y se le tira agua para limpiar el cuerpo de la lápida. También se traen utensilios de jardinería para acabar con las malas hierbas. Todo este proceso se conoce como: ōsōji (大掃除) o ‘gran limpieza’.
[2] Cuando la familia termina la limpieza y de hacer la ofrenda a sus muertos, recitan sus plegarias. Todos los miembros juntan las manos y rezan y agradecen a sus ancestros.
[3] Por “tía” se refiere a la madre de Sakura.
Title: Capítulo 10
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Writed by Nana L15R1