Capítulo 78: Incitando a los malos espíritus

–Anoche, Jiu Yiniang y San xiaojie compartieron habitación, ¡pero esta mañana ha desaparecido! – Informó la criada Ma apuradamente.
Li Xiao Ran miró a Li Wei Yang de inmediato, como en busca de información sobre el asunto y la niña asintió.
–Cuando me he despertado esta mañana no la he visto.
–¿Dónde ha podido ir? – Li Xiao Ran no podía creer lo que estaba escuchando.
Da Furen echó un vistazo a todos los presentes.
–¿Quién la ha visto? ¡Qué lo diga!
Los criados se miraron entre ellos cuando, de repente, alguien se separó un paso de la multitud y señaló a Wei Yang.
–Furen, yo vi con mis propios ojos a Jiu Yiniang arrodillada en el suelo y rogando a San xiaojie. Hablaron mucho rato y la escuché decir algo así como: “déjame ir, por favor”.
–¡Tonterías! – Replicó Da Furen enfadada. – ¡¿Dices que ha sido San xiaojie quien ha dejado que Jiu Yiniang se marchase?!
Li Wei Yang contempló su actuación y sonrió con frialdad sin pronunciar palabra.
–Yo… – La criada titubeó. – No soy la única que lo vio. ¡Hong Er, Lü Luo y Mingxia también lo vieron…! ¡Furen, si no me cree, pregúnteselo a ellas, por favor!
–¡Vosotras tres hablad! – Ordenó la criada Du.
Las tres criadas a las que habían nombrado eran claramente pasivas; salieron de la multitud dirigiendo su mirada temerosa a Wei Yang.
–Laoye, fui testigo de cuando Jiu Yiniang se arrodilló en el suelo ante Li Wei Yang, ¡pero no sé lo que dijeron!
Li Zhang Le pareció haber estado esperando este momento e interrogó a Wei Yang enfadada:
–Wei Yang, ¿qué significa esto? ¿Por qué la has ayudado a escapar?
–Todavía no hemos buscado los alrededores a fondo, tal vez no sea una fuga. – Li Xiao Ran no podría creerse que algo así fuera posible.
Da Furen sonrió con frialdad.
–¡Que la busquen y ya veremos!
Unos cuantos criados salieron de los aposentos de Jiu Yiniang para buscarla, pero volvieron con las manos vacías después de revisar el salón de rezo.
Li Wei Yang dejó caer la vista, con una mueca gélida en la esquina de los labios. Todo era una trampa – Que Jiu Yiniang le rogase en busca de ayuda, que ayer hubieran compartido habitación; lo habían preparado todo desde un principio.
–¡¿Qué tienes que decir, San mei?! – Li Zhang Le la regañó.
–La casa Li – Li Wei Yang le contestó tranquilamente. – le ha proporcionado buena comida y ropas cómodas, ¿por qué iba a querer huir?
Li Xiao Ran frunció el ceño reflexivo. ¿Por qué iba a escapar sin que le importase nada su querida concubina, a la que mimaba?
Li Zhang Le se sorprendió, pero cambió esa expresión a una de comprender lo que ocurría rápidamente.
–¿Podría ser que…? Recuerdo que cuando invitamos a los artistas, una de las criadas cuchicheó algo sobre Jiu Yiniang teniendo un amante en su tropa, a lo mejor…
¡Jiu Yiniang se había fugado con otro! Todo el mundo estaba perplejo.
El rostro de Li Xiao Ran se llenó de una indignación silenciosa y de incomodidad; su querida concubina se había fugado con un actor, lo que significaba que en el corazón de la muchacha él no era más que un cualquiera. En un instante, una llama de ira apareció en su corazón y el hombre exigió una explicación.
–¡Wei Yang, ¿qué ha pasado?!
Estaba extremadamente enfadado; ¿por qué Wei Yang tenía que ayudar a Jiu Yiniang?
Li Wei Yang aceptó el enfado de su padre con suavidad. No le culpaba porque podía simpatizar con él, sin embargo, al mismo tiempo, le despreciaba por perder los estribos por una mujer y su inseguridad. Esto demostraba que, sin importar lo inteligente que sea alguien, sus pensamientos en tiempos de crisis siempre se confunden. Da Furen conocía a su esposo muy bien.
–San mei, aunque odies a padre por abandonarte en el campo durante tanto tiempo, no deberías hacer esto. Desde que volviste padre te ha tratado muy bien, ¿cómo puede ser que le devuelvas su amabilidad con mal? – Dijo Li Zhang Le.
Li Wei Yang sonrió de repente, pero permaneció callada, como si no estuviese dispuesta a explicarse.
Li Xiao Ran estaba tan enfadado que hasta tenía los ojos rojos y Da Furen intentó tranquilizarle.
–Todavía es una niña, Laoye, no dejes que tu enfado afecte a tu salud.
Si Yiniang, por un momento, no se pudo creer que la astuta Wei Yang se fuera a quedar vanamente de pie a espera de su muerte, por lo que estudió su expresión con esmero y determinó que tenía algún as bajo la manga.
–Laoye, – sonrió. – no creo que San xiaojie sea capaz de hacer algo así, ¡no te creas la historia de amor de las criadas!
–Lo pasado, pasado está. ¡No seas quisquillosa, Si Yiniang! – Le replicó Li Zhang Le con frialdad.
Si Yiniang se aclaró la garganta y apartó la vista. Da Furen quería terminar el asunto antes de que pudieran darse cambios.
–Laoye, – preguntó apurada. – ¿cómo nos ocupamos de esto?
Liberar a la concubina de su padre en privado era un acto condenable contra la piedad filial, y el castigo menos severo sería echar a Li Wei Yang de la residencia Li. Como el fuego no la quemaba, pues la arrinconaría en una esquina sin escapatoria.
Li Xiao Ran iba a hablar cuando vio a una hermosa mujer y a su criada entrar por la puerta.
Todo el mundo se quedó pasmado.
–¿Laoye? ¿Por qué estás aquí? – Jiu Yiniang estaba sorprendida.
Da Furen tenía la misma cara que si hubiese visto a un fantasma.
–Tú… – Li Zhang Le sólo podía tartamudear. – ¿Cómo es… que estás… aquí?
Li Xia Ran se apresuró a grandes gambadas hasta Jiu Yiniang y la abrazó.
–¿Dónde has estado?
–Sólo he ido al baño. – Jiu Yiniang se ruborizó, avergonzada. – Temía molestar a San xiaojie si iba al de la habitación.
Li Xiao Ran se acalló, entonces, miró a Da Furen con una expresión extraña.
Li Wei Yang había mantenido su silencio todo este rato, pero justo entonces, suspiró.
–Padre, ¿ahora entiendes ese dicho de que una multitud puede oler oro y que es inútil hablar contra mil bocas?
Las criadas que habían hablado sobre la fuga de Jiu Yiniang tenían el miedo y la sorpresa por toda la cara. Si Jiu Yiniang no había escapado, los que la habían acusado la habían intentado injuriar. Los ojos de Li Xiao Ran escudriñaron a las involucradas: Da Furen, Li Zhang Le, la criada Du y a esas criadas que habían “delatado” a Jiu Yiniang y a Li Wei Yang. Se hizo un largo silencio.
Por primera vez, Da Furen mostró miedo en la cara, pero se calmó rápidamente.
–Padre, acompáñame a la casa. Me gustaría que conocieras a alguien. – Dijo Li Wei Yang sonriendo.
Da Furen comprendió lo que estaba pasando en un instante y avanzo un paso.
–¡Laoye! – Llamó y se echó al suelo como si no tuviese fuerzas para levantarse.
La criada Du se apresuró a ayudar a Da Furen y les dio ordenes a las criadas que las rodeaban.
–¡¿Qué hacéis todas ahí paradas?! ¡Ayudad a Furen a volver a sus aposentos y a descansar!
La criada sabía lo que Furen quería decir: si permitían que Li Wei Yang le revelase algo a todos los presentes, sería el final para todas ellas.
–¡Padre, – Li Zhang Le corrió al lado de su madre y rogó entre gritos. – mira a madre!
Li Xiao Ran titubeó unos instantes, y ante esa coyuntura, Jiu Yiniang se acercó a él con lágrimas en los ojos.
–¡Laoye, hay algo que quiero decirte!
Li Xiao Ran se conmovió por esos hermosos ojos. Asintió y anduvo hacia la casa de Li Wei Yang.

*        *        *       *       *

Una vez dentro de la casa, Li Wei Yang le ordenó a Zhao Yue que trajera a la criada Lin que había estado atada toda la noche y escondida detrás de la cama.
Li Xiao Ran no entendía que había pasado. Miró a Jiu Yiniang cuyos ojos húmedos por las lágrimas parecían un par de lagos profundos y claros. No obstante, en las aguas de esos lagos había olas de odio y renuencia y, Jiu Yiniang, se puso de rodillas.
–¡Laoye, perdóname la vida, déjame ir!
Él se quedó estupefacto.
–¿Qué dices de perdonarte la vida? ¿Qué ha pasado? – Li Xiao Ran no entendía nada.
Jiu Yiniang se quedó en el suelo. Le temblaba la voz, pero su determinación era clara.
–Te ruego que me dejes marchar, déjame terminar mi desdichada vida en paz y tranquilidad.
Li Xiao Ran se confundió y sorprendió todavía más.
–¿Qué tonterías estás diciendo? ¿No está todo bien? ¿Por qué…? – De repente, lo comprendió todo y preguntó con enfado. – ¿Da Furen te ha dado problemas?
Li Wei Yang sonrió.
–Padre, madre no le está dando problemas a Jiu Yiniang. Quiere obligarla a morir.
–¿Qué? – Li Xiao Ran se quedó de piedra.
–Padre, el incendio de anoche fue provocado por alguien e iba dirigido a Jiu Yiniang. – En realidad, el pirómano sólo apuntó a Li Wei Yang, pero la muchacha metió a Jiu Yiniang. – Por suerte, Jiu Yiniang está bendecida y ha sobrevivido, por esto, el cerebro del plan ha tenido que idear otro plan para hacer desaparecer a Jiu Yiniang y culparme a mí. La criada Lin vino a espiarnos, pero mi criado la descubrió y la atamos.
–¿Hacerte desaparecer? – Li Xiao Ran estaba enfadado. – ¿Qué quiere decir eso?
–Laoye, sabes que soy una mujer de nacimiento humilde y que, al principio, actuaba con una tropa. Es inevitable que se extiendan los rumores; Da Furen me acusó de cometer adulterio con un actor. Hizo que le pegaran e intentó obligarle a admitirlo. Puede que sea de bajo estatus, pero soy inocente. ¿Cómo puedo admitir ser culpable? Así que no me quedó de otra que rogarle a Da Furen que me perdonase. Furen dijo que me daría una oportunidad: me dejaría marcharme durante este peregrinaje a las montañas pero que antes tenía que hacer que San xiaojie asumiera las culpas. Sé que siempre ha habido mala relación entre San xiaojie y Furen…
La expresión de Li Xiao Ran iba más allá de la sorpresa.
–Tengo la atención y el amor de Laoye – Jiu Yiniang se aferró a su manga con desesperación. –  es normal que Da Furen no lo pueda soportar. Que me obligase a marcharme no es la gran cosa, pero no podía soportar que la inocente de San xiaojie tuviese que cargar con toda la culpa porque es alguien muy generoso…
Al escuchar todo esto, el rostro de LI Xiao Ran se puso púrpura por el enfado y rugió:
–¡Esa zorra se ha atrevido a hacer esto!
–¡Laoye, tengo mucho miedo! ¡Da Furen no me dejará en paz esta vez por haberme negado a marcharme! – Jiu Yiniang continuó aferrándose a él, llorando como si se le partiese el corazón.
Li Xiao Ran estaba pasmado y no se movió después de escuchar sus ruegos.
–Padre, – Li Wei Yang exhibió una expresión simpatizante. – tal vez podrías construir una mansión fuera de la residencia para Jiu Yiniang.
Una expresión cruel resurgió en el rostro de Li Xiao Ran, una que nadie había visto nunca.
–No os preocupéis, ¿qué más da si es la jefa femenina de la casa? ¡Yo tengo mis formas de detenerla!
–Pero… Siento que mi vida es inútil, no quiero ocasionarte tantos problemas… Si me hubiese ido voluntariamente, Laoye no estaría en una posición tan difícil… – La voz de Jiu Yiniang era muy suave y vacilante, como si fuera a morir de depresión si no la dejaba marchar. Pero en realidad, sólo temía perder la vida a manos de Da Furen.
A LI Xiao Ran le dolió el corazón al escuchar su lamentable tono de voz.
–Construiré una mansión para ti fuera porque no te quieres quedar aquí.
–Gracias, Laoye. – Al final Li Xiao Ran tuvo que aceptar esconder a su hermosa Jiu Yiniang y ella suspiró de alivio.
Li Wei Yang contempló la escena con una sonrisa. Li Xiao Ran salió al patio, dando pasos a un buen ritmo. Nunca le había visto caminar con tanta ligereza, como si tuviese alas en los pies.
–San xiaojie, – preguntó Jiu Yiniang con suavidad. – ¿lo he hecho bien?
–Por supuesto, – Li Wei Yang sonrió amigablemente. – tus habilidades actorales están mejorando.
Bai Zhi miró a la criada Lin.
–Xiaojie, ¿qué hacemos con esta vieja?
–Tiradla a las montañas para alimentar a los lobos. – Le ordenó Li Wei Yang a Zhao Yue sin cambiar de expresión.
La criada Lin, espantada, intentó hablar, pero Zhao Yue la tiró por la ventana.
Bai Zhi pensó para sí que cómo podían ser tan rudos esos nuevos criados. ¿Por qué ir por la ventana, pudiendo abrir la puerta?

*        *        *       *       *

Li Xiao Ran emitía un aura asesina y, cuando Li Zhang Le intentó detenerle, su padre le dio una patada y la tiró al suelo.
Fue directamente hasta Da Furen y le echó una taza de té frío a la cara, haciéndola dar un salto de su asiento y mirarle como ausente. Le miraba como si no comprendiese qué ocurría, como si el té helado le hubiese encendido los ojos. Li Xiao Ran no se fue por las ramas, dio un paso hacia adelante y le cogió del pelo.
–¡¿Qué has hecho, zorra?!
Da Furen se retorció a propósito y alzó el mentón a duras penas. Sentía que todo su cuerpo estaba en la fría agua. Sabía que Li Xiao Ran se había enterado de todo.
–¡Laoye, yo no sé nada!
Li Xiao Ran la miró con frialdad, como lo haría una serpiente venenosa con una rana, con su presa.
Da Furen volvió a retorcerse. Ya no le parecía estar en agua helada, sino en hielo, en un hielo frío y sólido. Tenía la lengua entumecida y le costaba hablar.
–No sé porqué estás así, ¡no sé nada! – Estaba al borde de las lágrimas e ignoraba su apariencia.
–Desde hoy, si a Jiu Yiniang le pasa algo malo, aunque muera, tú tendrás que pagar el mismo precio. – Li Xiao Ran escupió cada palabra con severa frialdad.
Da Furen estaba perpleja. Jamás se la había tratado de esa forma desde que se casó, sin embargo, ahora casi podía notar el sabor a desesperación. Sabía que Li Xiao Ran haría lo que estaba diciendo.
–¡Padre, – el gritó penetrante de Li Zhang Le rompió el silencio del salón. – ¿cómo puedes tratar así a madre?!
–¿Sí? – Li Xiao Ran se dio la vuelta y miró a su hija. – ¿Y cómo trata ella a los demás? Puede que Wei Yang sea la hija de una concubina, pero sigue siendo sangre de mi sangre y tu propia hermana. Tu madre y tú le intentáis hacer daño una y otra vez, y aun así, os he dejado saliros de rositas. Sin embargo, ahora habéis ido también a por Jiu Yiniang; ¿queréis que me quede solo? ¿O acaso estáis intentando hacerme caer?
Li Zhang Le no había visto de esa manera a su padre jamás y su rostro se llenó de miedo. Se arrastró hasta sus pies.
–Padre, madre y yo sólo queremos lo mejor para ti. San mei debe haber hablado mal de nosotras porque me tiene envidia. ¡Padre, no te la creas!
Li Xiao Ran le apartó las manos.
–¿Tu hermana pequeña te tiene celos? ¿Entonces, lo de Jiu Yiniang también son tonterías? Zhang Le, me has decepcionado, ¿cómo te has podido volver así? ¡Olvídalo! ¡Como el salón Ci Du está aquí delante, desde hoy, te quedarás ahí para reflexionar! ¡No vuelvas a casa hasta que te dé permiso! – Dicho esto, se dio la vuelta sin dedicarles ni un segundo vistazo y se marchó.
Cuando llegó al pato, vio a la silenciosa Wei Yang y se acercó para ponerse a su lado.
–Wei Yang, eres mi hija – empezó después de suspirar y mirarla a los ojos. – si alguien te molesta en algún momento, estaré de tu lado.
Li Wei Yang sonrió.
–Gracias, padre.
En cuanto Li Xiao Ran se marchó, Li Zhang Le salió corriendo con los ojos fijos en ella.
Li Wei Yang arqueó las cejas y le devolvió la mirada con una mueca en los labios a la espera de que su hermana perdiese su elegancia y pagase su enfado con ella.
Aunque su corazón estaba frío y su garganta rígida, Li Zhang Le se las apañó para hablar sin bochorno con voz temblorosa.
–Meimei… Sé que ahora mismo tengo mucha cara, pero te quiero decir una cosa como hermana mayor que soy… Deja de dar problemas. Da igual lo que pase, seguimos siendo hermanas de sangre; si me echas, tú tampoco te sentirás bien. Nuestras peleas serán un chiste para los demás. El carácter “Li” tiene sólo un trazo[1], y sabes que la vida en los templos es muy dura, ¿podrías soportar verme sufrir, comiendo comida tan pobre y sosa?
Li Wei Yang no respondió; se limitó a mirar con firmeza, con una luz extraña en los ojos.
Li Zhang Le odiaba a Li WeiYang con todo su corazón y también la despreciaba. Era de nacimiento humilde y, tanto en elegancia como en apariencia, no podía ni compararse con ella. Pero, siendo así, ¿por qué destacaba más que ella? ¿Por qué tenía tanta suerte? ¿Cómo iba a tolerar que una niñata como esa estuviese por encima de ella? Ni siquiera podía mantener la calma cuando la miraba; si tan sólo hubiese muerto en el incendio del día anterior, no estaría en una situación tan incómoda en esos momentos.
Li Zhang Le recordó el enfado de su padre y sentenció cómo se le secaba la garganta, pero tenía que continuar a pesar de todo.
–Wei Yang, sabes que lo de ayer fue un accidente. Madre ordenó a gente que fueran a salvarte. Y yo no tengo nada que ver con lo de Jiu Yiniang… Padre ha pagado su enfado conmigo…
Li Wei Yang permaneció tranquila, todavía mirándola con una sonrisa. Li Zhang Le, por su parte, sintió que su corazón estaba helado y pesado, y continuó con la garganta rígida y voz temblorosa.
–Sí, tal vez tienes el corazón lleno de odio hacia madre y hacia mí, pero tenemos la misma sangre. Si estuvieses dispuesta a olvidarlo todo y rogar por mí delante de padre, yo también lo haría y sería una buena hermana. Hasta puedo decirle a madre que te permita asistir a más eventos. Ya tienes trece años, en dos años te tendrán que prometer y nos necesitarás, ¿no? Ves a por padre y dile que todo ha sido un malentendido, dile que todo esto ha sido un plan de Jiu Yiniang para sembrar discordia entre nosotras.
Li Wei Yang estalló en carcajadas.
–Dajie, tienes la cara muy dura. Nunca he visto a alguien tan desvergonzada como tú.
Li Zhang Le se sorprendió como si se hubiese quemado con una chispa del fuego y le cambió la expresión de repente. Abrió los ojos como platos, miró a su hermana furtivamente y gritó:
–¡Li Wei Yang, te estoy dando una oportunidad! ¡Si me ayudas, no te guardaré rencor, sino…!
–“sino”, ¿qué?  ¿Vas a volver a provocar un incendio para quemarme viva? – Li Wei Yang sonrió, la tranquilidad de sus profundos ojos albergaban una apariencia gélida.
–Zorra… – Li Zhang Le formó a duras penas la palabra entre su ansiedad y enfado.
–Nunca me había imaginado que Dajie vendría a rogarme algo a mí; sabía que eras cruel, pero pensaba que, por lo menos, tenías autoestima. Pero ahora acabas de tirar tu orgullo para quedarte aquí. Dajie, sinceramente, la decisión de enviarte a arrepentirte por ahí es de padre, yo no tengo el poder de pararle. Si no quieres ir, pídeselo a padre, y no esperes que te ayude jamás. Aunque lo que sí voy a hacer va a ser darte un consejo: ahora mismo está furioso, así que te iría mejor si le hicieras caso. Si no lo haces, puede que te acabe obligando a hacerte monja.
–¡Zorra! ¡No te lo perdonaré nunca! – Li Zhang Le chilló, se dio la vuelta y se fue corriendo.
Bai Zhi nunca había visto a la bella Da xiaojie comportarse de esa forma y perdiendo su compostura.
–Por todos los cielos, con que Da xiaojie es este tipo de persona. – Dijo sorprendida.
Li Wei Yang sonrió.
–Los perros saltan muros si se les obliga, pero da igual lo mucho que lo intente, esta vez no podrá escaparse de esta.
Li Xiao Ran envió a Li Zhang Le al templo esa misma tarde bajo el pretexto de que estaba enferma y que iba a las montañas a recuperarse. Las noticias se extendieron por todo Jingdu rápidamente y crearon muchos cotilleos. Da Furen estuvo muy enferma durante tres meses. Ese viaje a las montañas no fue tan provechoso como había creído y había perdido a su querida hija.

*        *        *       *       *

La criada Yin Xing caminaba por los pasillos en medio de la noche con un tazón de medicina en una bandeja. La enfermedad de Da Furen se debía a su ira, por lo que el médico le había recetado un caldo tranquilizante cada cuatro horas. Los pobres criados tenían que perder el sueño por su señora.
En ese momento, Yin Xiang se detuvo de repente y miró a su alrededor, alertada.
–Uuh… Uuh…
Un llanto resonaba a su alrededor, repletó de una tristeza inmensurable y un enfado incomparable, como si hubiesen injuriado a esa persona.
Yin Xing se asustó y miró a los arbustos horrorizada. De repente, los arbustos empezaron a moverse y unos globos de un verde fantasmal empezaron a flotar por ahí. Flotaban en el aire y entraron en el pasillo.
A Yin Xing se le cayó la medicina del susto y chilló:
–¡Fantasmas! ¡Hay fantasmas! – Se dio la vuelta y corrió por donde había venido, trepando por los pasillos.
Desde aquel día, el patio de Da Furen estuvo maldito. Cada noche aparecían un número incontable de globos fantasmales dando vueltas que no les temían a los humanos. Hubo mucha especulación y mucha discusión sobre el asunto hasta que la mayoría llegaron a la conclusión que la muerte repentina de San Furen tenía que estar relacionada con Da Furen. Sin lugar a duda, debía tratarse del alma de San Furen volviendo en busca de venganza de Da Furen. Los rumores empeoraron cada día, las teorías se avivaban hasta el punto de que algún criado aseguró haber visto las llamas del fuego tener la forma de San Furen.
Obviamente, Da Furen enfureció al escuchar semejante rumor ya que dañaba su reputación y tuvo la sensación de que alguien había esparcido los rumores a propósito. Salió de la cama estoicamente, se vistió y ordenó a todos los criados que se reunieran en el patio. ¡Ahora les dejaría ver los fantasmas de verdad!
Llegó la media noche y no ocurrió nada extraño.
–Mmm. – Da Furen se rió fríamente. – Son sólo rumores, ¿lo veis?
Los criados se miraron entre ellos, sin atreverse a hablar, como si la mayoría ya hubiese presenciado algo supernatural.
–¡Ah! – Justo cuando Da Furen terminó de hablar, la criada Du gritó de repente. – ¡Fantasma!
Da Furen cogió aire y se dio la vuelta en frenesí. Entonces, vio a dos globos de fuego fantasmal flotando a lo lejos, fuera del patio.
–¡Rápido, rápido! ¡Id a investigar! – Dijo Da Furen a pesar del pánico.
Una criada valiente se aventuró con una linterna en la mano, pero cuando llegó al lugar, lo único que había era un montón de hierba muerta, ni siquiera quedaba una sombra.
–¡Allí, allí!
La criada alzó la cabeza al escuchar el grito penetrante de su señora y vio otro globo en el pasillo.
Todo el mundo se acercó corriendo, pero una vez más, no había nada. Da Furen volvió a ver el globo en otro lugar en medio de toda esa confusión.
Da Furen había pensado que todo eran rumores, no esperó verlo con sus propios ojos. Empezó a sudar fríos que le recorrían el cuerpo débil y enfermizo.
–¡Rápido, todo el mundo dentro!
Los criados le ayudaron a entrar. Da Furen les ordenó encender tantas velas como les fuera posible, se sentó en el salón y murmuró y maldijo en voz baja.
–No me mires, no te tengo miedo, ¡no tengo miedo! – Hablaba mientras vigilaba la habitación.
En casa había más de diez criadas, pero todas estaban tan asustadas como Da Furen. Un silencio sepulcral se sumió sobre ellas y, con la excepción de las chispas de las velas, no se oía nada.
Da Furen nunca había tenido tanto miedo. Agudizó los oídos para escuchar cualquier sonido de dentro o fuera de la casa. Para escuchar cualquier sonido que la asustase. Sólo de pensar en la muerte de San Furen, Da Furen se estremecía. Lo había provocado a propósito, nunca hubiese imaginado que la difunta volvería a por ella. Muchas personas habían perecido en sus manos a lo largo de todos esos años, pero ninguno la había asustado tantísimo. ¿Tal vez fuera porque San Furen había sido su enemiga más cercana? ¿O tal vez fuera porque su propia muerte se acercaba y por eso San Furen había vuelto a reclamarla? Los miedos de Da Furen se volvieron más profundos, y en ese momento, un rayo de luz apareció por la ventana como si de cien fuegos espectrales se tratase. Da Furen sintió que su sangre se helaba ante la horrorosa imagen. Gritó y salió corriendo, como poseída.
–¡No te tengo miedo! ¡No te tengo miedo! ¡Piérdete! ¡Piérdete ya!
La ráfaga de viento que entró por la apertura de la puerta hizo que se le doblasen las ropas misteriosamente. Los criados que presenciaron el comportamiento enloquecido de Da Furen sospecharon que estaba poseída, y por tanto, se quedaron ahí parados sin atreverse a moverse por el miedo.
Da Furen se arrastró hacia la ventana y un rayo de luz azul se deslizó por ahí. Debajo del fuego fantasmal se pudo vislumbrar, vagamente, un rostro furioso.
–¡Ah! – Chilló Da Furen, meciéndose y cayendo de espaldas.
Sintió una fuerza potente explotar dentro de su persona, casi vaciándole el cuerpo.
–¡Furen! – La criada Du cargó hacia adelante, cogiéndola.
La imagen fantasmal de debajo de la ventana desapareció en cuestión de segundos, sin dejar ni rastro.

*        *        *       *       *

–Tu escritura me ha superado. – Dijo Li Wei Yang estirando la esquina de los labios y formando una sonrisa que parecía una brisa primaveral.
Li Min De no se tomó su comentario a pecho.
–¿Te gusta la caligrafía? Si te gusta puedo invitar a Laoshi-…
Ahora había más gente del lado de Li Min De. Li Wei Yang sabía que su estatus era extremadamente especial, tanto como para atraer a individuos que no tenían ningún motivo para pasarse por Da Li, sin tener que preguntar. Min De no hablaba de ello nunca y ella no fisgoneaba. No obstante, había algo que sí le había llamado la atención.
Li Wei Yang dejó el papel de caligrafía que tenía en las manos y dijo con suavidad:
–El patio de Da Furen…
Li Min De hizo una breve pausa.
–Oh, – respondió como si nada. – te refieres a las noticias de la enfermedad severa de Tía.
Li Wei Yang le echó un vistazo. No tenía ni idea de cuándo había empezado, pero cuando no le estaba mirando los ojos del muchacho habían cambiado. Albergaban una pizca de frialdad, su mirada gélida parecía hielo eterno y las esquinas las suaves curvas de sus ojos cargaban con una soledad terrible. La belleza andrógina de sus años de niñez había desaparecido, dejándole con un atractivo helado.
El sol brillaba directamente sobre él, por lo que Min De tenía que entrecerrar los ojos y mirarla por debajo de las pestañas; ese ángulo elogiaba sus facciones. Los corazones de todos aquellos que estaban en los alrededores se aceleraban.
–Sanjie, ¿por qué me miras así?
–Tengo el presentimiento que este asunto está relacionado contigo. – Contestó ella sonriendo.
Un rayo de hostilidad apareció en los ojos del muchacho que, rápidamente, se transformó en una expresión inocente.
–Sanjie, sólo soy una persona sin apoyos, ¿cómo iba a tener el poder de molestar a Da Furen?
–Puedo adivinarlo, no te hagas el tonto. – Li Wei Yang sonrió y le respondió con suavidad.
Li Min De le devolvió la sonrisa, pero no dijo nada.
Li Wei Yang sabía que, si no estaba dispuesto a entrar en detalles, no debía forzarle; ya tenía la respuesta que esperaba. Sonrió y se marchó.
En cuanto la joven se fue, Li Min De interrogó al hombre que tenía detrás de él.
–¿Cómo lo ha descubierto? ¿Qué has hecho?
El hombre se arrodilló temeroso.
–Joven amo, hemos sido extremadamente discretos para que Xianzhu no fuera capaz de descubrir nada.
–Sanjie es una persona inteligente. – La expresión de Li Min De era gentil cuando describió a Wei Yang, pero cuando se giró sus palabras, de repente, parecían tener una clara intención asesina. – Transmite mis órdenes; haz que se detengan temporalmente.
–Pero…
Li Min De ladeó la cabeza y le miró con una expresión gélida.
–¿Algún problema? – Demandó con suavidad.
El hombre bajó la cabeza bajo el escudriñó de ese par de ojos hostiles.
Desde el fallecimiento de San Furen, Li Min De había cambiado radicalmente. A parte de Li Wei Yang, no le importaba casi nada. El hombre suspiró por dentro; sabía que no podía convencer a Li Min De, pero después de vacilar, decidió intentarlo.
–En realidad, el Joven Amo no hace falta que complique tanto el asunto, podríamos matarla…
El rostro de Li Min De no cambió.
–¿Matarla? Eso haría que fuera fácil descubrir mi verdadera identidad. Además, no se merece una muerte rápida y misericordiosa.
–Joven amo, después del intento de asesinato anterior este lugar ya no es seguro. Tal vez debería regresar a nuestro país…
–No lo vuelvas a mencionar. – Li Min De tocó el papel de caligrafía que Li Wei Yang había estado sosteniendo y excusó al hombre sin molestarse en girar la cabeza.
No puedo y no me separaré de ella. Quiero quedarme. Quiero quedarme a su lado.

*        *        *       *       *

La enfermedad de Da Furen empeoraba y lo correcto era que Li Wei Yang le hiciera una visita. Sin embargo, en cuanto puso un pie en sus aposentos. La criada Du la miró con extrema precaución. Li Wei Yang miró a su alrededor; todo estaba empapelado con amuletos y había un tazón de agua bendita en la mesa. Da Furen estaba blanca como el papel, yacía en su lecho y tenía una venda sobre la frente.
–¿Por qué ha venido, San xiaojie? – La criada Du se apresuró a saludarla.
–He ido a darle mis respetos matutinos a Lao Furen – Li Wei Yang sonrió con suavidad. – y ha mencionado que madre está enferma. Es natural que yo, como hija suya, la visite.
Da Furen, en la cama, se obligó a abrir los ojos. Aunque había perdido mucho peso sus ojos seguían siendo agudos y no habían perdido su aura poderosa.
Li Wei Yang la miró y sonrió.
–Madre, ¿te encuentras mejor?
¡Sí, hombre! Habían obligado a Da xiaojie a quedarse en las montañas y ella había enfermado por el enfado y, encima, tenía el patio maldito por lo que su enfermedad había empeorado. Y lo peor de todo era que, a pesar de que Laoye era conocedor de su enfermedad, ¡no le visitaba! Al ver a la brillante y saludable Wei Yang, Da Furen sintió como si le penetrasen el corazón con un cuchillo afilado y derramase su sangre.
–Estoy bien. – Da Furen contuvo su odio furioso en la garganta y sonrió forzosamente. – Gracias por preocuparte.
Li Wei Yang detectó su falta de sinceridad.
–He oído que Dajie está reflexionando y mejorándose en el salón de un templo; dicen que ahora es más sabia que antes.
El rostro de Da Furen se puso verde. Li Zhang Le le había escrito un sinnúmero de cartas rogando y llorando por volver a la residencia de los Li, pero no importaba lo mucho que suplicase, Li Xiao Ran se negaba a ceder. Su bella hija había estado obligada a quedarse en las montañas desoladas desde hacía ya tres meses.
–Tu Dajie lo lamenta mucho, dice que era joven e inocente, y que no supo calcular la severidad de sus errores. Debido al hecho de que sois hermanas, espero que puedas suplicarle misericordia a Lao Furen para que la deje volver antes.
–Ay, madre, tienes que comprenderlo. Es padre quien ha hecho que Dajie se quedase allí para reflexionar. Si no consigue satisfacer a padre, Lao Furen no puede prometer nada. Madre debería aconsejarle a Dajie que mejore. – Li Wei Yang se levantó después de terminar de hablar. – Por favor, descansa bien, madre. Vendré más a menudo a visitarte de día.
Da Furen no comprendió lo que quería decir con esto.
–No me atrevo a venir de noche a tu residencia, madre. – Suspiró.
–¿Por qué? – Da Furen estaba perpleja.
Li Wei Yang miró a su alrededor como en busca de algo y sonrió.
–He oído que la casa no está limpia y que tú te has asustado tanto que has enfermado. Soy tímida por naturaleza, ¿cómo me voy a atrever a venir?
–¡Li Wei Yang! – Da Furen gritó y la miró enfadada, como si fuera a escalar su cama. Cogió aire y habló con frialdad. – Me han bendecido con una vida larga, las cosas como los fantasmas y los monstruos no me pueden hacer daño. ¡No vuelvas a decir tonterías! ¡No es propio de ti!
–Madre tiene razón, mientras uno no cometa malas hazañas, no hace falta temer que los muertos llamen a su puerta de noche. Madre es amable y compasiva, los fantasmas no tienen motivos para maldecirte. – Li Wei Yang sonrió.
Da Furen contempló cómo se marchaba y se desmayó por toda la rabia que había estado reprimiendo.
–¡Furen! ¡Furen! ¡Ah! – Gritó la criada Du.
En la corte de Fu Duan hubo mucha acción. La criada Du salió corriendo a por el médico e invitó a Da shaoye, Li Min Feng. Cuando Li Min Feng entró se encontró a su madre tumbada y débil en su cama.
–¡Madre! – Se apresuró a la cama y vio cómo Da Furen abría los párpados lentamente. – ¿Te encuentras mejor?
–Estoy bien. – Da Furen habló con dificultad y suspiró pesadamente.
Li Min Feng estaba frustrado y enfadado.
–¿Esa zorra ha venido a verte?
–Sí, Da shaoye. San xiaojie ha dicho cosas de naturaleza misteriosa y Furen se ha desmayado del enfado. – Contestó la criada Du con suavidad.
La ira inundó a Li Min Feng.
–¡Esa pequeña zorra! – Bajó la cabeza. – Madre, bébete la medicina, por favor. Tienes que recuperarte pronto y no ser presa de sus trucos. Primero ha hecho que meimei se vaya y ahora te está haciendo enfadar. ¡Pienso encontrar la forma de derrotarla!
Al escuchar aquello, el rostro de Da Furen cambió.
–¡¿Qué estás tramando esta vez?! ¡Te lo llevo diciendo mucho tiempo, esa muchacha es malvada! Intenté quemarla viva, pero ha sacado una criada de la nada que sabe artes marciales. Lo de Jiu Yiniang también se volvió en mi contra y he perdido el amor de tu padre y ha dañado a tu hermana. ¡Si yo no puedo con ella, mucho menos tú! ¡Mantente alejado de ella, ¿me oyes?! ¡No te metas en esto!
Li Min Feng se quedó atónito. Odiaba a Li Wei Yang con todas sus fuerzas, pero no tenía forma de ocuparse de ella ahora que tenía el estatus de Xianzhu y la ayuda de una criada habilidosa.
–¡Esto no puede seguir así! – Da Furen jadeó. – ¡Tráeme papel y tinta!
Li Min Feng estaba desconcertado.
–Madre, estás enferma, ¿y sigues queriendo escribir?
–¡No digas nada más! ¡Tráemelo!
Sin comprenderla, Li Min Feng ordenó a una criada que fuera a por el papel y el pincel y, al rato, observó cómo Da Furen escribía unas cuántas palabras con sus manos temblorosas.
–¿Estás escribiéndole a la abuela Wai?
La abuela[2] Wai de Li Min Feng era la Lao Furen de la casa del duque Jiang Guo.
Da Furen asintió con la cabeza.
–Le estoy pidiendo a mi madre que informe a mi padre y a mis hermanos de mis problemas y que les invite a venir a la capital.
Jiang Lao Furen era la hija de el gran general de Da LI, Lin Xin. No sólo es famosa e inteligente, también tenía una personalidad fuerte y era capaz de tomar decisión con rapidez. Tuvo un papel importante a la hora de apoyar la carrera de del duque Jiang Guo. El duque tenía la importante tarea de proteger el borde sureño y Jiang Lao Furen no le había seguido hasta allí a causa de su edad. Bajo circunstancias normales, Da Furen no molestaría a su madre porque su salud no estaba en la mejor de las condiciones, pero ahora mismo, Da Furen sentía que, sin el apoyo de su familia, Li Zhang Le tendría que quedarse en esas condiciones de por vida.
El corazón de Li Min Feng entró en pánico al ver lo mucho que le temblaban las manos a su madre. ¿Desde cuándo estaba tan enferma?
–Madre, haz lo que tengas que hacer mañana, hoy descansa. – Dijo en voz baja.
Da Furen sabía que no podía seguir escribiendo. Se dejó caer en su lecho y le dio órdenes a la criada Du.
–Que vengan mis criadas para que me ayuden a cambiarme.
–¿Qué? – Li Min Feng estaba estupefacto. – ¿Dónde vas?
–Ir en persona será más efectivo que enviar una carta. – Le contestó Da Furen con frialdad.
¿Visitar la mansión del duque Jiang Guo? Li Min Feng se sorprendió. Da Furen estaba muy débil y, pesé a ello, seguía queriendo subirse a un carruaje. ¿Eso no sería cavar su propia tumba?
Se apresuró a intentar persuadirla, pero su madre se negó a rendirse sin importar lo que le dijera. SI Li Wei Yang no hubiese aparecido, su madre no tendría que tolerar todo aquello. Fueron las palabras de esa zorra las que le habían sugerido que Li Zhang Le tal vez no volvería a poner un pie en la residencia nunca más.
A pesar de lo mucho que luchó por levantarse, Da Furen, de repente, escupió sangre carmesí.



[1] Con que: “Li se escribe con sólo un trazo”, Li Zhang Le quiere decir que toda la familia es uno y que todos se necesitan.
[2] Para aclararnos, la abuela Wai a la que escribe Da Furen es la abuela materna de Li Min Feng. Lao Furen se puede traducir como: “señora vieja”. Como ya habréis notado en la jerarquía china las mujeres están ordenadas por rango y por orden numérico. Por ejemplo, “Sān Furen” es la “Señora tres”. 
Title: Capítulo 78: Incitando a los malos espíritus
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Writed by Nana L15R1