Capítulo 76: Destino invertido

El incidente de Jiu Yiniang todavía estaba por terminar y Lao Furen se puso enferma.
Da Furen esperó al lado de la cama cortésmente, le servía té y agua. A los ojos de los demás era de lo más atenta, a pesar de que Lao Furen le giraba la cara.
Da Furen supervisó personalmente a la persona que se encargaba de hervir la medicina. Lao Furen llamó a Li Wei Yang para que se le acercase y preguntó:
–¿A qué está jugando?
Li Wei Yang sonrió.
–Lao Furen, tranquilízate. Tal vez madre ha visto que Dage y Dajie ya son mayores y se ha vuelto más abierta de mente y se ha dado cuenta que no puede estar de malas contigo para siempre.
Desde lo de la brujería Lao Furen estaba muy segura de que, aunque su nuera más mayor no lo manifestase abiertamente, la odiaba en su corazón. A pesar de que le sonreía como si nada, a sus espaldas la maldecía y le deseaba una muerte prematura. Verla siendo tan atenta le daba escalofríos.
–Me gustan mucho esos dos niños. – La anciana reflexionó con prudencia. – Min Feng no es para tanto, le podemos educar bien y casarlo con una buena esposa, pero Zhang Le es inexcusable. Siempre le encuentra fallos a todo. Zhang Le se piensa que le estoy obstaculizando el camino, pero si no fuera por mi ayuda al cubrirla, la ciudad estaría en llamas por sus acciones. – Dicho esto, Lao Furen tosió.
Li Wei Yang se apresuró a darle unas palmaditas.
–Madre está ansiosa. – Li Wei Yang habló tranquilamente. – Dajie tendrá quince este año, es la edad de casarse. Si buscan llegar a la familia real no pueden permitirse que Lao Furen esté en su contra.
Hacía tiempo que la reputación de Li Zhang Le estaba arruinada por el alboroto que armó. Lao Furen había sugerido que la casasen con la familia de un oficial normal y corriente, nadie le haría el vacío siendo parte del clan del Primer Ministro y tendría una buena vida, pero el par de madre e hija querían llegar a formar parte de la familia real. La familia Li ya era lo suficientemente rica y tenía un buen rango, ¿qué necesidad había de seguir subiendo? Además, si no lo hacían bien acabarían perdiendo. Qué inconsideradas y cortas de vista que eran.
–Piensa en alguna forma de sacarla de aquí, – le dijo Lao Furen visiblemente disgustada a la criada Luo. – no quiero verla.
–Lao Furen, – la criada Luo sonrió. – cálmese. Lao Ye está de camino.
–¡No sé a qué espíritu maligno ha podido ofender nuestra familia! ¡Ay! – Lao Furen exclamó con frialdad. – ¡Últimamente, todo lo que está relacionado con esa chica, esa femme fatale, acaba siendo algo inquietante! – Se detuvo de repente, alarmada, y miró a Li Wei Yang con cierto bochorno. – Oh, lo que he dicho te debe parecer molesto, olvídalo, no debería hablar de estas cosas con una niña como tú.
Li Wei Yang cogió el tazón de gachas de una bandeja exquisita que tenía a su lado, sonrió y dijo:
–No importa, si hay algo que quieras decir, lo escucharé. Puedes confiarme todos los problemas de tu corazón, te sentirás mejor y mucho más suelta sin cargas después de decirlo.
Lao Furen no pudo evitar reír.
–¡Sería fantástico si fuera tan simple! – Se puso emocional al pensarlo. – Ya soy bastante vieja, no son pocas las tormentas a las que me he tenido que enfrentar… Este asunto de mis nietos me hace sentir inadecuada. ¡Ay!
Li Wei Yang sopló en las gachas.
–Lao Furen, – sus palabras eran prudentes. – tienes la posición más alta de nuestra familia, eres la persona más importante, y nada es más importante que tu salud. Mientras estés sana y salva tus bendiciones protegerán a tus nietos, como una estrella de la suerte brillando en el firmamento. ¿De qué te preocupas?
El corazón de Lao Furen se llenó de flores en viva coloración, miró a Li Wei Yang y sonrió.
–Mira esa boca, qué dulce.
Conforme la gente envejece, necesita más halagos. La Emperatriz Viuda le había sido pan comido, por lo que Lao Furen de la familia Li tampoco le daría muchos problemas.
Li Wei Yang le pasó el tazón y la alabó.
–Ahora que hablamos de cosas dulces, mi boca no se puede ni comparar con este tazón de sopa de osmanto y dátiles: pruébala.
Lao Furen comió entre risas. La sopa era dulce y estaba buenísima, tal y como cabía esperar. En ese momento, la cortina se levantó y Li Xiao Ran entró. Li Wei Yang se levantó deprisa y le saludó, Li Xiao Ran asintió con la cabeza y, entonces, se volvió hacia Lao Furen.
–¿Te encuentras mejor?
–Cuando tu mujer deje de ser tan desagradable en mi presencia, estaré mejor. – Lao Furen puso mala cara y apartó a un lado el tazón. De su boca no salió ninguna buena palabra, pero, de repente, se acordó que Li Wei Yang seguía estando delante, se avergonzó por ser tan explícita, tosió y no volvió a decir nada más.
Li Xiao Ran se avergonzó. En el fondo también estaba disgustado con Da Furen pero no podía demostrarlo, por lo que se limitó a sonreír y decir:
–Lao Furen, concéntrate en recuperarte, déjame el resto a mí.
Lao Furen suspiró, pero no dijo nada. Da Furen le trajo personalmente el tazón de medicina, con una expresión amigable y se dirigió directamente a la vera de Lao Furen. La criada Luo, consciente que la anciana no quería ver a esa mujer, se apresuró a cogerle la medicina.
–No puedo permitir que la señora haga algo así.
–Es mi deber como nuera. – Da Furen sonrió, miró a Li Xiao Ran y comentó. – Lao Ye, has venido.
Li Xiao Ran parecía tranquilo, no se le detectaba ni una pizca de enfado.
–Te estás esforzando.
Da Furen sonrió.
–Es mi deber, no hace falta que seas tan ceremonioso.
La pareja no parecía diferente al resto de días, pero Li Wei Yang sabía que hacía dos meses que Li Xiao Ran no visitaba el patio de su primera esposa. El amo de una familia tan poderosa y de un clan tan honorable podía tener tres esposas, cuatro concubinas y un grupo de mujeres hermosas, sin embargo, era impensable no visitar a su esposa principal cada diez días o medio mes, era una falta de respeto. Li Xiao Ran había estado visitando a Da Furen cinco o seis días cada mes durante diez años, no obstante, su costumbre había cambiado. No parecía ser la gran cosa, pero en realidad, era una señal muy peligrosa.
Li Wei Yang bajó las pestañas, como si no supiera nada.
–Lao Ye, mañana pasado iré al templo Puji para rezar por Lao Furen. Estaba pensando en llevarme a las niñas para que se relajen.
Li Wei Yang alzó la vista, miró de soslayó a Da Furen y la descubrió tranquila, siendo imposible ver lo que estaba pensando.
Rezar por Lao Furen era, obviamente, una forma de pedir bendiciones. Sus palabras eran razonables y Li Xiao Ran no tenía ninguna intención de detenerla.
–¿A quién te vas a llevar?
Da Furen sonrió.
–Zhang Le, Wei Yang, las dos hermanas de Chang Xi, y si Er Furen quiere, también puede venir. El templo Puji no está lejos, pero se necesita a mucha gente para encargarse de el.
A pesar de que las mujeres aristócratas no vivían encerradas hasta el punto de no poder salir, sus oportunidades para hacerlo eran escasas. “Nada de salir por la puerta principal y nada de salir por la puerta trasera”, no era tan estricto como esto, pero tampoco se alejaba demasiado de la realidad. Sin embargo, ir al templo para rezar era la única excepción, era una actividad justa y honorable, además de una rutina. Por lo tanto, no había nada de raro en que Da Furen sugiriese llevarse a sus hijas con ella.
No obstante, Li Wei Yang tuvo un mal presentimiento. Si lo que Da Furen quería era relajarse, entonces se habría llevado sólo a Zhang Le, ¿cómo puede ser que se hubiese vuelto tan amable que hasta se la llevaba a ella? ¿Acaso no temía envejecer el doble por su culpa? ¿O tal vez este viaje tenía otro motivo? No, no podía ser. El templo Puji era un templo construido en la dinastía anterior que acabó cayendo en el desuso y que el emperador actual había reconstruido.  Desde su reconstrucción no había faltado el incienso. Todos iban a quemar incienso: poetas, mercaderes, candidatos para los exámenes, aristócratas, e incluso la familia real de la capital. Si Da Furen quisiera hacer algo no lo haría delante de tantos ojos.
¿Acaso tenía consciencia de repente y había decidido ser más amable con ella? Al llegar a ese punto, Li Wei Yang pensó en lo ridículo que era.
Los perros no pueden dejar de ladrar y Da Furen no tenía ninguna buena intención.
–Madre, – sonrió. – Lao Furen debería tener a alguien a su lado para cuidarla, yo me quedaré.
Da Furen la miró y sonrió.
–Qué niña tan filial. Muy bien.
¿No tenía intención de evitarlo? Li Wei Yang se sorprendió. Si Da Furen hubiese estado preparándose para hacer algo durante el viaje, hubiese insistido en que fuera con ella.
Li Xiao Ran escuchó y sintió que era un poco impropio. ¿Qué pensarían los otros si todas sus hijas, excepto Wei Yang, iban a quemar incienso? ¿Haría verdad la reputación que tenían de que todas sus hijas eran bastardas y acabaría con el nombre de su familia?
–Lao Furen tiene a otra gente. – Dijo. – Wei Yang, deberías ir con tu madre a relajarte.
–Sí. – Aceptó ella.
Da Furen sonrió y se cubrió los labios para ocultar lo complacida que estaba. Obviamente, la familia Li no dejaría atrás a Li Wei Yang, no sería bueno que se escampase una noticia así.
–No dejéis que pase nada, enviad más manos. – Ordenó Lao Furen.
–El templo Puji está floreciendo, muchas mujeres van a quemar incienso. También me llevaré más guardaespaldas para evitar que nos molesten. Lao Furen, descansa.
Lao Furen asintió y no dijo nada más.

*        *        *       *       *

Por la tarde, Li Wei Yang se enteró que Er Furen había rechazado la invitación diciendo que tenía que ir a visitar a su padre. Entonces, Si Yiniang se preocupó y fue a rogarle a Da Furen que la dejasen venir, naturalmente, se le permitió. A Si Yiniang le iba bien y a Jiu Yiniang también le permitieron ir, pues Li Xiao Ran sentía que no podía maltratar a su hermosa flor. No obstante, Qi Yiniang, a la que no favorecían, y Liu Yiniang, que estaba enferma, no pudieron unirse al grupo.
Jiu Yiniang no había vuelto a mencionarle a Li Wei Yang nada. Solía visitar a Qi Yiniang a menudo y, en ocasiones, creaba situaciones para encontrarse con Wei Yang. Li Wei Yang mantenía la calma y seguía haciendo que Qiu Ju la observase en secreto.
El día quince del mes, un grupo de carruajes tirados por caballos se reunieron delante de las puertas de la finca del Primer Ministro. Todavía no había amanecido y, sin embargo, los criados ya habían preparado todo aquello que deseaban sus señoras para el viaje. Da Furen salió y se sentó con Zhang Le en un coche verde poco después; Li Wei Yang, Li Chang Xi y Li Chang Xiao se sentaron juntas en el carruaje rojo, Y Si Yiniang y Jiu Yiniang se sentaron detrás de ellas en otro carruaje verde. Las criadas las seguían caminando formando una espesa multitud.
–¡Qué impresionante! – Las gentes no podían evitar sorprenderse a su paso. – ¡¿De qué familia son esos carruajes?!
–¡La mujer del primer ministro está llevando a las señoritas a quemar incienso!
–¿Ah? ¿A las señoritas? ¿Entonces, podremos ver la belleza despampanante de Da xiaojie?
–¿Belleza despampanante? ¡No es nada más que un desastre! ¡La última vez tuvo una mala idea que ocasionó motines entre las víctimas! ¡Es un desastre!
–¿Qué está pasando?
–¡Van para el templo Puji!
Un par de espías escucharon las habladurías de las gentes y se confundieron con la multitud rápidamente antes de salir corriendo a informar a sus señores.
Li Chang Xi miró a Li Wei Yang con frialdad sin decir nada dentro de su carruaje.
Li Chang Xiao fue la primera en hablar, con suavidad.
–San Jie, hacía muchos días que no te veía.
Aunque vivían en el mismo patio, Li Chang Xi tenía asuntos pendientes contra Li Wei Yang y por eso, Li Chang Xiao temía acercarse a ella, no obstante, en el fondo le gustaba esa tercera hermana de apariencia débil, pero fortaleza interior. Todo el mundo es igual, la gente se disgusta de la gente que como ella, envidia a los demás. Cualquiera podría pisotear a Li Chang Xiao por su naturaleza apacible, pero Li Wei Yang no se doblegaba y eso era algo que Li Chang Xiao envidiaba. La joven había odiado a Da Furen durante muchos años, pero la única que se había atrevido a plantarle cara y seguir con vida había sido Wei Yang, por eso no podía evitar admirarla.
–Sí, sueles bordar en los jardines. Si tienes tiempo, podrías venir a visitarme algún día. – Li Wei Yang sonrió.
Li Chang Xi sonrió con frialdad.
–Olvídalo, no queremos que nos involucres.
Estaba claro a lo que se refería: no querían que las metieran en el mismo saco cuando Da Furen la castigase en el futuro.
Li Wei Yang sonrió.
–No sé nada de involucrar a nadie. Si no fuera por lo que se llegó a esforzar Si Yiniang la última vez, Wu meimei habría tenido que casarse con Rong Guo Guo. Pensaba que nos estarías agradecida, pero viendo como hablas está claro que no aprecias mi amabilidad, ¿te has enamorado de él o algo?
Li Chang Xi empalideció. Esta era una verdad que ya conocía. Sabía que el plan de la placenta de Si Yiniang con la ayuda de Li Wei Yang se había llevado a cabo bajo el riesgo de ofender a Da Furen. Fue beneficioso para ambas y, lo mejor, es que la salvaron de tener que casarse con semejante hombre. ¿Pero qué más daba? Su cara daba asco, por mucho que su padre hubiese prometido no casarla con cualquiera, ¿qué clan influyente y rico la miraría? La muchacha no pudo pronunciar ni una palabra por el nudo que se le había formado en la garganta de pensar en todo aquello.
Li Wei Yang no ignoraba sus pensamientos, pero no dijo nada más. Algunas personas siempre estarán confundidas y, sin importar lo que se les diga, siempre harán oídos sordos.
Li Chang Xiao miró a Li Wei Yang que estaba completamente tranquila y no pudo evitar preguntarle aquello que llevaba tiempo queriendo hacer, pero que nunca había tenido la oportunidad.
–Me he enterado de que Su Alteza Qi fue quien te salvó.
Li Wei Yang sonrió. Esa era la versión oficial.
–Sí, efectivamente.
Li Chang Xi alzó la vista, obviamente celosa. No entendía cómo podía ser que Li Wei Yang tuviese tanta suerte.
–He oído que Su Alteza simpatizó con tu contigo y, además de dejarte pasar la noche, ordenó a varios hombres que te trajeran a casa y que, más tarde, te envió regalos para que pudieras superar la sorpresa. Esto es una bendición oculta. Dicen que aquellos que sobreviven a un gran desastre son bendecidos con buena fortuna. Vas a tener suerte, jiejie.
Li Chang Xi resopló y dijo:
–¡Vaya suerte! ¿No te parece raro? ¿Cómo puede tener tanta suerte? ¡A lo mejor es porque la ha conseguido con brujería!
Li Wei Yang rio. Su risa era tranquila como una perla suave y cálida.
–Wu meimei, te admiro. ¡A pesar de mi brujería, sigues queriéndote meter conmigo! ¡Qué poco miedo le tienes a la muerte!
Li Chang Xi se puso furiosa y le replicó:
–¡Si no es por brujería, ¿cómo engañaste a Su Alteza para que te salvase?!
–¡No digas tonterías! – La regañó su hermana a prisa.
Li Wei Yang no se lo tomó a pecho, se limitó a sonreír.
–Tendrás que preguntárselo a Su Alteza. – Dicho esto, cerró los ojos.
Daba igual lo mucho que la provocase Li Chang Xi, Li Wei Yang no pensaba discutir con ella.

*        *        *       *       *

El abad del templo de Puji ya tenía ochenta años y había sido un escolar antes de convertirse en monje. Era sabio y talentoso, sin embargo, había pasado por muchos problemas y tenido una vida llena de baches, por lo que al final, decidió liberarse de todo el cinismo, raparse la cabeza, estudiar budismo, cuidar del templo y convertirse en un monje respetado y de prestigio.
A sabiendas que la familia Li había ido a rezarle a Buda, el viejo abad, junto con otro monje que se ocupaba de la bienvenida, fue a las puertas del monasterio para recibirles.
Da Furen se apeó del carruaje con ayuda de una criada, alzó los ojos hacia el monasterio y vio la túnica roja del abad.
El abad vio cómo se acercaba Da Furen, avanzó un paso, juntó las manos en un gesto de rezo y dijo:
–¡Bendito sea Buda! ¡Que la señora del primer ministro esté en el templo es un gran honor! ¡Espero que la señora perdone a este viejo por llegar tarde a recibirla!
Da Furen le devolvió el gesto de inmediato.
–¡Perdóneme, por favor! Usted es un monje y yo le he hecho tomarse las molestias de salir a recibirnos, no merezco tal honor.
–¡Por favor, señora, pase y tómese una taza de té para descansar del duro viaje!
Da Furen asintió con la cabeza y ordenó:
–Apeaos de los carruajes.
Li Zhang Le fue la primera en salir del carruaje. Vestía un velo y se movía con pasos delicados y gráciles. Era cegadora y parecía que el hada de los cielos hubiese descendido para ayudar a la gente en apuros. Los allí presentes suspiraron, ignorando la verdadera personalidad de la muchacha. Al principio pensaron que esta sería la única joven, pero a los pocos minutos, había toda una fila de cuerpos esveltos cubiertos por un velo. Los presentes se peleaban por decidir cuál era la más grácil de las hijas del primer ministro, entre la audiencia había jóvenes amos de casas ricas y poderosas.
–Ya hemos preparado un patio para las señoras y las señoritas. – El abad habló cuando entraron al templo, lejos del estrépito de afuera. – Es un patio bastante espacioso, en un área tranquila y callada, y está separado del templo por una pared: así no os molestará nadie.
–Aprecio sus esfuerzos. – Le dijo Da Furen risueña.
Su rezo requería que se quedasen en el templo durante tres días, por eso, Li Xiao Ran les había enviado muchos guardaespaldas para que rodeasen el lugar donde se hospedaban para protegerlas. En realidad, era una exageración. Cada vez que una mujer influyente iba a rezar al templo de Puji, se cerraban las puertas y nadie podía entrar.
Da Furen ordenó a todas que se marchasen para poder meditar y leer las escrituras en la habitación.
Li Zhang Le miró a Li Wei Yang.
–San mei, ¿vamos a ver el patio?
Li Wei Yang la admiraba. El hecho de que fuese capaz de ser tan amigable y amable abiertamente demostraba que los pasos de su enemiga se habían vuelto más poderosos. Asintió con una sonrisa.
–Tú primera, por favor.
Li Chang Xi sintió cómo un escalofrío le recorría el cuerpo al ver las sonrisas de sus hermanas, tiró de Li Chang Xiao deprisa y se marchó.
El patio estaba situadio detrás del almacén de las escrituras, cara al sur. Estaba rodeado por un muro gris de bloques. Fuera, donde estaban los jardines, había plantas y flores, además de caminos de piedra que llevaban a lugares ocultos para relajarse. La criada Lin ordenó a las otras que entrasen los equipajes al patio de las señoritas.
Al verlas llegar, la criada Lin hizo una reverencia.
–Da xiaojie, hay una habitación principal, cuatro alas y de siete a ocho habitaciones más pequeñas. La principal es para Da Furen, por supuesto, tú estarás en una de las cuatro alas, San xiaojie en otra… Tendremos que molestar y hacer que Si xiaojie y Wu xiaojie juntas en otra, y, Si Yiniang y Jiu Yiniang en la última. – Dicho esto, se dio la vuelta para mirar a Si Yiniang.
Si Yiniang sonrió.
–¿Cómo va a ser esto una molestia? No podemos causarle inconvenientes al abad porque sea un sitio pequeño y no nos guste.
Jiu Yiniang mantuvo un rostro sereno, sin objetar nada.
Li Wei Yang alzó la vista. El patio era para entretener a todos los invitados que iban a rezar y era imposible encontrar un solo lugar mal conservado, gracias a que el abad enviaba a alguien a limpiarlo cada día. Había un pequeño camino de gravilla con piedras de colores. Delante del salón había dos pinos con las hojas de un verde oscuro que rebosaba vitalidad. Desde la habitación principal se podía vislumbrar la mesa de incienso con la estatua de Guan Yin[1] vestida de blanco justo detrás del palisandro de incienso y con dos velas blancas a cada lado, un jarrón con pelos de la cola del caballo, una alfombra roja y un futón.
Las criadas entraban y salían, limpiándolo todo. Li Zhang Le sonrió y dijo:
–Pues iré a mi habitación. Vosotras haced lo que queráis. – Dicho esto, escogió el ala con mejor luz solar.
Li Chang Xi resopló con frialdad.
–¡Si Jie, vamos a esa! – Sin esperar a la respuesta de Li Wei Yang, tiró de su hermana y escogió otra ala.
Si Yiniang sonrió.
–Quedan dos alas, la norte y la sur, creo que Xianzhu debería elegir.
Li Wei Yang miró a Jiu Yiniang que, hasta ahora, no había emitido sonido alguno, y habló con indiferencia.
–Elegid vosotras, la que quede será para mí.- Al terminar de hablar, se giró hacia una de sus criadas y le dijo. – Mo Zhu, espera a que las Yiniangs se decidan y limpia la habitación; Bai Zhi, tú vente conmigo de paseo.
Li Wei Yang se llevo consigo a Bai Zhi, lejos del patio.
–¡Se han pillado las mejores alas! – Bai Zhi comentó en un tono desafiante.
Li Wei Yang perdió su sonrisa.
–¿Por qué te preocupas por esas cosas? Todas se parecen, no hay ninguna mala o buena.
Por entonces, desconocía el motivo por el que Da Furen había decidido ir a rezar, por lo que no estaba de humor para lidiar con esa gente de mente cerrada.
Li Wei Yang se quitó el velo. A diferencia del resto, no se vistió con demasiada extravagancia, sino que se puso lo que llevaría por casa siempre, se ató el pelo en un moño que mantenía en alto con una horquilla de jade esmeralda, se había maquilado muy poco, se había peinado las cejas y su vestido verde pálido la hacían más elegante y delicada.
Anduvo por el patio reflexionando sobre el incidente. Al llegar al final del camino, se dio la vuelta y vio las muchas flores caídas por la brisa primaveral y los pétalos cayendo al suelo: era una escena realmente bella.
Justo entonces, Bai Zhi dijo:
–Xiao jie, esa criada nos ha estado siguiendo.
Li Wei Yang miró atrás y vio a Zhao Yue vestido como una criada normal, no muy lejos de ella y con el ceño fruncido.
Li Wei Yang sonrió: la muchacha era bastante interesante. Li Min De quería que cuidase de ella por lo que no se pudo negar y cada día la observaba en el jardín temiendo que tuviese algún accidente. Sin embargo, Li Wei Yang le había pedido que le sirviese el té adrede y había visto los callos de sus manos por lo que sabía que la muchacha sabía utilizar un arma, lo único que ignoraba era lo buena que era en artes marciales.
Li Wei Yang estaba pensando en una oportunidad para poner a prueba las artes marciales del a joven cuando, de repente, la escuchó gritar:
–¡¿Quién anda ahí?!
En un segundo, en un instante, Zhao Yue ya se había sacado una espada de la cintura. Su arma, que llevaba camuflada en el cinturón, relucía con frialdad. Sin esperar las órdenes de Li Wei Yang, cargó contra la persona que había ahí.
El joven que apareció en el camino no se esperaba que la muchacha supiera artes marciales, pero sus movimientos eran extrañamente rápidos y, haciendo uso de su abanico, esquivó la espada. Bai Zhi soltó una exclamación y Li Wei Yang hizo un gesto para que no hiciera ningún ruido.
Era la oportunidad perfecta para poner a prueba las artes marciales de Zhao Yue.
Li Wei Yang contempló la escena desde lejos. Lo único que se veía era la espada volando. Zhao Yue dio siete golpes, rápidos y dirigidos a puntos vitales. El abanico, con el que peleaba el hombre, y la espada no hacían ningún ruido: era una lucha fiera y silenciosa. Si el cuerpo del hombre se moviese un poco más lento, le habrían herido, pero cada vez esquivaba más y más rápido.
–¡Qué fuerte que es la gente de xianzhu! – Se mofó.
Bai Zhi observó la pelea entre esos dos con severidad.
–Xiaojie, ¿de verdad no les vas a parar?
–No pasa nada, tú mira. – Li Wei Yang sonrió.
Zhao Yue era una chica delgada y la velocidad de su espada excedía lo que los demás podían llegar a imaginar: cada uno de sus movimientos era abrumador. Los golpes de espada eran ágiles, controlados y fuertes, era una tormenta que no apreciaba la vida, un momento de fuerza bruta. Pero el contrincante se mantuvo tranquilo y se encargó de los ataques de ella con facilidad. Li Wei Yang que la espada apuntaba sin parar a los puntos vitales del enemigo, pero el hombre los esquivaba con el abanico: estaban a la par.
–¡Así me das las gracias, xianzhu! – El hombre sonrió, movió la manga, avanzó unos pasos, voló por los aires esquivando los fieros ataques de Zhao Yue y se posicionó detrás del ajoven.
Zhao Yue no cambió de expresión, simplemente, se dio la vuelta para seguir atacando, pero el hombre no entró en pánico. Sus pasos eran gráciles y, en cuestión de segundos, se alejó un metro con la espada de Zhao Yue entre las manos. Zhao Yue empalideció. Había estado aprendiendo artes marciales desde pequeña y estaba orgullosa de sus habilidades, nunca la habían vencido y quería seguir peleando, estupefacta.
–Yue er, – Li Wei Yang habló en voz alta. – no seas grosera, es Su Alteza Qi.
Zhao Yue se sorprendió y se detuvo rápidamente, mirando dudosa al hombre joven.
El hombre en cuestión vestía ropajes azules, tenía el pelo negro azabache atado en una corona lila con dos dragones que tenía una perla en el centro. Tenía un rostro atractivo. Sus eran ojos brillantes como la luz de la luna tranquila, pero en el fondo revelaban una frialdad que le alejaba del resto de mortales. Sin embargo, en esos momentos sonreía, algo que no hacía nunca y que a cualquiera sorprendería.
–Xianzhu, ¿cómo puedes hacer esto? – Era difícil adivinar si la sombra de su sonrisa era enfado o alegría.
Cualquier otra persona se arrodillaría por el miedo y pediría misericordia, pero Li Wei Yang no.
–Su Alteza, eres un príncipe, eres capaz de tolerar cosas difíciles de tolerar. ¿Cómo nos vas a culpar de este error?
Tuoba Yu la miró a los ojos, que eran tan profundos como un pozo, y aunque tuvo un par de malas ideas, acabó burlándose.
–He venido para asegurarme de que la xianzhu está sana y salva, pero parece que sólo soy un entrometido.
–Hablando de eso, – Li Wei Yang habló con una sonrisa. – todavía no te he dado las gracias personalmente.
–Favor con favor se paga, – Era obvio que no le importaba. – Si no me hubieras ayudado, yo tampoco habría movido una mano por ti. – Entonces, se acercó con los ojos fijos en su rostro. – ¿Has descubierto quién te preparó la emboscada?
Li Wei Yang sacudió la cabeza.
–Todos los que atrapaste se han suicidado con veneno. Min De y yo nos escapamos a caballo y nos perdimos en el bosque, y al final, estuvimos buscando la salida hasta la mañana siguiente y me vi obligada a pedirte ayuda por la vergüenza.
Tuoba Yu sonrió y fue directo al grano.
–Xianzhu, creía que ya éramos amigos, ¿por qué no me cuentas la verdad?
–¿Cómo has sabido que no estaba diciendo la verdad? – Li Wei Yang arqueó las cejas.
Tuoba Yu no pudo evitar cerrar los puños, el dolor de sus uñas clavándose en su piel le ayudó a tranquilizarse. Ignoraba cuándo había empezado, tal vez fuese en su primer encuentro, pero esa joven presuntamente dócil pero astuta le había llamado la atención. Tal vez fuese curiosidad, tal vez sentía que su vida era demasiado tranquila y aburrida, pero sus ojos no dejaban de perseguir ese toque de color que tenía ella. Pero ahora lo sabía, sabía que la muchacha no le había notado, y lo que es más, para ella sólo era un objeto al que podía usar.  Adivinó que cuando le ayudó fue para ganar un beneficio mutuo. Se sentía algo infeliz al respecto. Tal vez le llevaban halagando demasiado tiempo y, por eso, le era imposible no maravillarse por la chica a la que no le interesaba lo más mínimo y que, además, le escondía la verdad.

*        *        *       *       *

Tuoba Zhen llegó al templo y el viejo abad corrió a su encuentro.
–No te quedes ahí parado, – Tuoba Zhen rio. – sólo he venido a rezar, no hace falta que molestes a tanta gente.
El viejo abad no quería ofenderle, después de todo, seguía siendo un príncipe, así que ordenó que alguien le acompañase a dar una vuelta.
Tuoba Zhen se dirigió al templo.
–Su Alteza, este es el salón del rey celestial.
Tuoba Zhen miró a los cuatro reyes celestiales de apariencia feroz, ojos enfadados y ceño fruncido. En la pared había colgados unos versos en copla, el primero decía: “la lluvia y el viento oportuno,” y el segundo continuaba: “hace próspero el país y a la gente pacífica”.
Sonrió y continuó su paseo.
–Aquí delante está el Luo Han Tang. – Explicó el monje.
Tuoba Zhen no rezó, ni encendió ningún incienso, sino que le preguntó:
–Me he enterado de que la familia del primer ministro también está en el templo.
El monje se sorprendió, observó su expresión y habló con sumo respeto.
–Sí, Li Furen y unas cuántas señoritas han venido al templo.
–¿Oh? ¿Qué señoritas? – Tuoba Zhen preguntó algo así mientras jugueteba con el anillo de jade de su mano.
El monje no esperaba un interrogatorio tan conciso, por lo que respondió con prudencia.
–Esto… Discúlpeme, pero no lo sé.
Tuoba Zhen vio la precaución del rostro del joven y no pudo evitar sonreír.
–No te preocupes, soy un viejo conocido del primer ministro Li, no hay ningún motivo por el que no pueda hacerle una visita a su familia. Llévame a ver a Li Furen.
Al joven le preocupaba que tuviese alguna mala intención, pero sabiendo que sólo quería ver a la señora, se tranquilizó.
–Su Alteza, por favor.
¿Qué estaba pasando aquel día? Su Alteza Qi había llegado en completo secreto y ahora llegaba Su Alteza San, ¿se estarían reuniendo los príncipes o algo? Entonces, de repente pensó en las hijas del clan Li, que eran como pétalos de flores, y pensó en lo peligrosas que eran las mujeres.
Tuoba Zhen, ignorando sus pensamientos, siguió al monje por el camino.

*        *        *       *       *

En esos momentos, Li Wei Yang y Tuoba Yu ya habían dejado el jardín de flores y se dirigían a Luo Han Tang.  En la entrada del edificio había más versos colgados de la pared. “¿Quinientos arhats[2], bien contados, son una bendición o una maldición?”, la siguiente línea continuaba de esta manera: “¿los tres mil mundos, bien mirados, son una imagen o una realidad?”. Li Wei Yang lo observó como si estuviese interesada.
–Xianzhu, padre te regaló plata, oro y joyas, debes haber usado bastante de todo eso, a excepción de lo inamovible. – Dijo Tuoba Yu de repente. Li Wei Yang no esperaba que le hablase de ese tema de repente, por lo que no pudo evitar darse la vuelta y mirarle con cierta sorpresa en su mirar. Él sonrió y continuó. – Estás yendo en contra de tu madre. Lo más importante son tus contactos y la mayoría precisan dinero, debes haber gastado mucho para establecerte en la casa Li con tanta rapidez.
Li Wei Yang alzó una ceja y habló entre risas.
–Tienes razón, Su Majestad me otorgó muchos tributos que no puedo vender, y he usado una gran cantidad de los que sí se pueden.
–Si se desperdicia, una montaña de oro o plata puede destruirse en un día. – Dijo Tuoba Yu. – Podrías enviar a una persona de confianza a la ciudad Xiao a por más bienes, sobretodo sedas de buena calidad. Últimamente hay muchos compradores de sedas en el sur, es un negocio provechoso.
Lo que Tuoba Yu le acaba de contar era la oportunidad de un negocio increíblemente provechoso, si lo aprovechaba podía ganar unos millones de oro. Pero a Wei Yang le era difícil ser feliz y a su alrededor había poca gente de confianza.
Tuoba Yu leyó su mente, sonrió y dijo:
–Puedes confiar en mí, te ayudaré con la compra.
Li Wei Yang estaba perpleja.
–¿Por qué me ibas a ayudar?
Tuoba Yu sonrió.
–Tómatelo como que te estoy ayudando por lo de la otra vez.
Ya le había devuelto su ayuda, por lo que Li Wei Yang abrió la boca para protestar, pero Tuoba Yu la interrumpió:
–Esto de aquí delante es el salón principal, vamos a echarle un vistazo.
El salón principal era extraordinario. Tenía un ambiente solemne decorado por las baldosas de colores, de oro y jade. Había versos en ambos lados de la puerta que decían lo siguiente: “No hagas el mal, haz el bien. Tanto el bien como el mal tienen su pena merecida al final”.  Y fue ahí donde, Tuoba Yu y Li Wei Yang tuvieron la suerte de encontrarse de cara con Tuoba Zhen.
Ambos lados se sorprendieron.
De hecho, Tuoba Zhen había visto a Li Wei Yang mucho antes de que ella lo hiciera. Él la había visto hablar entre susurros con Tuoba Yu, como si estuviesen mutuamente interesados en el otro y, la vio sonreír de vez en cuando, mostrando su fila de dientes blancos y una voz agradable al oído.
La expresión de la muchacha al verle era lejana. Tuoba Zhen parecía alguien de mente abierta, pero en realidad era todo lo contrario. No pasaba nada porque a Li Wei Yang le gustase otro hombre, pero el que le gustaba era su eterno enemigo: Tuoba Yu. y por eso Tuoba Zhen empezó a odiarla. Sin embargo, seguía siendo alguien perspicaz que, aunque odiaba a Tuoba Yu, tenía el alma divida en dos: una parte envidiosa y la otra sorprendida.
–¿Cómo es que estás aquí, hermano? – Preguntó.
Tuoba Yu conocía las ambiciones de Tuoba Zhen a la perfección y, sin vacilar por su aspecto agradable, sonrió y le respondió:
–Para rezar, pero me he encontrado con Xianzhu de pura casualidad.
Los ojos de Tuoba Zhen se posaron en Li Wei Yang y, ella le devolvió una sonrisa.
–¿Has venido para meditar, Su Alteza San?
Obviamente, Tuoba Zhen no había venido para meditar. Al enterarse de que la familia Li estaban de camino, les siguió, pero al llegar a su destino se encontró a si mismo sin saber si había venido a buscar a Li Zhang Le o para aprovechar la oportunidad y ver a Li Wei Yang.
Li Zhang Le era hermosa como la luz de la luna, como un grupo de flores, pero el corazón de Tuoba Zhen estaba constantemente preocupado por otra persona. Esa otra persona no era tan buena como su hermana mayor, su temperamento era como el de un lobo, no tenía moral y pretendía y engañaba en sus mismas narices como si estuviese bebiendo agua. Tuoba Zhen sólo actuaba de forma apropiada y controlada, pero esa chica le confundía sin el más mínimo esfuerzo.
Si Tuoba Zhen todavía fuese tan importante para Li Wei Yang como en su vida anterior, le antepondría ante todo lo demás y Tuoba Zhen no la tendría en tan alta estima, pero como ahora siempre iba en su contra y hasta había ayudado a otro hombre, el príncipe la había notado. ¿Quién sabe hacia donde le llevaría el destino en unas manos tan volubles?
Tuoba Zhen apretó los puños al ver a Li Wei Yang con Tuoba Yu.



[1] Guan Yin (觀音) es una deidad considerada "Madre Divina" diosa del Amor Compasivo, la Compasión y la Misericordia.
[2] En el budismo, arhat o arahant es alguien que ha ganado el entendimiento profundo sobre la verdadera naturaleza de la existencia, que ha alcanzado el nirvana y en consecuencia, no volverá a nacer de nuevo.
Title: Capítulo 76: Destino invertido
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