Capítulo 75: Segundas intenciones

La familia Li preparó un escenario especialmente para el cumpleaños de Jiu Yiniang. Tanto esposas como hijas pensaron que era una rara oportunidad de animar las cosas, por lo que se prepararon para mirar el espectáculo.
Da Furen invitó a Er Furen, pero estaba indispuesta, por lo que Da Furen no insistió. Era bien sabido que Er Furen era una mujer pretenciosa, ¿cómo iba a asistir al banquete de una concubina?
Lao Furen había estado echando siestas primaverales últimamente; descansaba por la tarde y no salía.
Todo el mundo se sentó debajo del escenario, alegre.
Li Zhang Le tenía un hermoso abanico entre manos y sonreía pensativamente desde lo lejos. Al otro lado, Jiu Yiniang estaba rodeada de una multitud, inquieta y temerosa.
Da Furen, viendo todo esto, sonrió amigablemente.
Li Wei Yang fue la última en llegar. A su paso todos aquellos de rango inferior tuvieron que levantarse para saludarla. Por supuesto, Da Furen era la matriarca y una señora de primer rango, por lo que no se levantó.
–No hace falta que seáis tan educados, sentaos y disfrutad del espectáculo.
Li Zhang Le vio que Wei Yang un vestido rosa; su cabello negro parecía un montón de nubes y en su cabeza descansaba una horquilla de jade verde con una única borla de gemas de varios tamaños. Los celos le impedían apartar la vista.
En ese momento, los aplausos se hicieron más fuertes y un atractivo actor apareció en el escenario. Los ojos de Jiu Yiniang parecieron moverse incontrolablemente.
Li Wei Yang siguió su mirada y descubrió que el artista de artes marciales del escenario tenía el cuerpo delgado envuelto en un disfraz rojo con trazas doradas en la manga. Llevaba un cinturón de seda de cinco colores alrededor de la cintura sujeto en un aro dorado. El hombre levantó sus ojos de fénix miró a su alrededor orgullosamente. Sus pestañas transmitían toda su esencia y todo lo que bastaba para derretir los corazones de la gente era su aura. Saltó por los aires y, al llegar a cierto punto, aterrizó sobre un pie. El cinturón de colores se extendió en el aire como un pájaro mientras cantaba. Sólo dijo una frase, sostuvo dos espadas en la mano derecha, apretó la mano izquierda, se dio la vuelta e hizo una pose. A juzgar por su figura y canto, debía tratarse de un artista famoso.
A pesar de que estaba cantando, el artista notó un movimiento entre la audiencia. Al ver a la persona en cuestión, se emocionó y, poco después, su alegría se transformó en desanimo. Era un artista y, a pesar de haber nacido en una familia rica, destacar en poesía, ser famoso dentro del grupo y tener una apariencia digna y atractiva, en esos momentos, él y esa persona tenían un estatus distinto.
De repente, vio el rostro de una jovencita entre la multitud. Aunque su rostro no era tan bello como el de la xiaojie de su lado, tenía ojos claros como un pozo tranquilo y, cuando le devolvió la mirada, sintió que podía ver a través de él. A Ming Jie le tembló todo el cuerpo y, para cuando volvió en sí, la muchacha ya estaba dirigiendo su atención a otra parte.
El artista se concentró y continuó cantando, por suerte, nadie detectó su error.
Li Zhang Le rio.
–¡Qué bien canta este artista! ¿Qué opinas, Jiu Yiniang?
Jiu Yiniang no respondió, pero Si Yiniang sí que comentó algo con amargura.
–Eso, Yiniang eres una experta en este campo, tu comentario tiene valor.
Sin embargo, cantar era una actividad humilde y los artistas que lo hacían tenían mala reputación, por lo que, en realidad, la otra Yiniang sólo estaba ridiculizando a Jiu Yiniang. Li Chang Xi se rio mientras que LI Chang Xiao sacudió la cabeza con simpatía.
El rostro níveo de Jiu Yiniang se tornó rojo y no dijo nada.
–Si Yiniang, – Li Zhang Le hizo una mueca. – no uses a Jiu Yiniang para burlarte, tiene la cara delgada.
Si Yiniang resopló. Desde el incidente de vudú, Da Furen no había dejado de buscar formas de avergonzarla. No tenía miedo porque Lao Ye le había prometido que ayudaría a elegir los matrimonios de sus dos hijas y que Da Furen no podría casarlas con quien ella quisiera.
–Las perlas de la mano de Jiu Yiniang son preciosas. – Li Chang Xiao se rio.
Después de que dijera eso, todo el mundo miró las perlas esmeralda que la Yiniang tenía entre las manos. El rostro de Da Furen cambió un poco.
–Otro regalo de Lao Ye.
Da Furen estaba claramente celosa, pero fingió magnanimidad. Era intolerable que la matriarca la familia no pudiese ni aguantar eso. Li Wei Yang sonrió y se quedó sentada a un lado, sin hablar.
–¡Oh! – Exclamó una chica. – ¡El escenario se ha roto!
Todos los presentes se sorprendieron al ver que el escenario se había partido por la mitad. El artista que había estado cantando cayó desde una distancia de dos metros. Justo al tocar el suelo, casi al instante, empezó a brotar sangre y Li Wei Yang se mareó.
–¡Ah! – exclamó, llorando mientras se levantaba de su asiento.
Li Wei Yang lo notó y vio la frialdad que aparecía en los ojos de Da Furen. El resto vieron el accidente pero no a Jiu Yiniang.
Li Wei Yang tosió, Jiu Yiniang reaccionó de inmediato y no se atrevió a decir nada más, sólo dejó caer la cabeza.
–¡¿Qué pasa?! ¡Llamad al mayordomo! – Da Furen frunció el ceño. Su tono no fue grave, pero sí severo.
Jiu Yiniang ya estaba blanca, sus ojos compungidos y se le arremolinaban las lágrimas.
–El escenario ha colapsado y la herida del artista es bastante grave. – informó el mayordomo. – Mucho me temo que no será capaz de actuar.
En aquel momento estaban levantando el cuerpo ensangrentado del artista.
Li Zhang Le suspiró, meció el abanico y miró abajo.
–Qué lástima. – Pero en sus labios apareció una sonrisa.
El rostro de Jiu Yiniang era tan transparente como la nieve. Hizo una larga pausa y contestó:
–Sí, una pena. – Y entonces, cerró la boca y no pronunció ninguna palabra más.
Li Zhang Le frunció los labios y sonrió.
El artista se había caído y había sangre por todas partes, por lo que nadie podía seguir mirando el espectáculo.
–Dadle dinero al artista y decidle que se cuide. – Ordenó Da Furen de pie.
–Sí, – el mayordomo le respondió. – qué misericordiosa sois, Da Furen. Ahora mismo voy.
Li Zhang Le, cuya horquilla dorada relucía, también se levantó. Su maravillosa belleza recordaba la de las peonias, espléndida. Miró a Jiu Yiniang, sonrió, se cogió del brazo de su madre y se marcharon.
–Qué augurio. – Li Chang Xi expresó su insatisfacción y continuó. – ¿Cómo puede dar tan mala suerte un cumpleaños? – En cuanto terminó de decir esa frase, se cogió a Li Chang Xi y se marchó con Si Yiniang.
A pesar de que al principio había habido una multitud de gente, las únicas que quedaban ahora eran Li Wei Yang y Jiu Yiniang.
En el mirar de Jiu Yiniang había un vago hilo de afecto; no pudo evitar recordar cuándo empezó a cantar, lo mucho que le pegaba y le reñía su señor por no hacerlo bien y cómo él había sido la única persona en consolarla. También pensó en aquella vez en la que su aliento le rozó los ojos, haciéndola estremecer mientras la abrazaba entre sus brazos y hundía su rostro en el suyo, depositando sus labios en los de ella. Jiu Yiniang pensó que se casaría con él, ¿por qué el primer ministro Li tuvo que encapricharse de ella? La muchacha estaba en trance.
Li Wei Yang vio su estado y suspiró.
–Las heridas del artista no son ninguna nimiedad, pero son todas externas, así que no será para tanto.
Cuando Jiu Yiniang escuchó su voz, su corazón dio un vuelco. El atuendo de Wei Yang y su piel blanca, sus labios rojos y dientes blancos, y ese par de largas pestañas que decoraban sus ojos profundos como un pozo y que emitían una luz gélida.
Era Li Wei Yang, la San xiaojie.
–Sí. – Jiu Yiniang la saludó.
–Jiu Yiniang, – Li Wei Yang sonrió. – madre ha organizado este banquete para ti, se ha esforzado muchísimo. Espero que puedas ver su empeño.
Jiu Yiniang se sorprendió y no se atrevió a mirar a la niña.
San xiaojie era hija de una concubina, pero el Emperador le había otorgado el título de Xianzhu, subiendo el rango de la familia hasta el punto de conseguir eclipsar a Da xiaojie. Sin embargo, su relación con Da Furen iba empeorando más y más. De hecho, parecía que su armonía y tranquilidad eran tan incompatibles como el agua y el fuego. Jiu Yiniang sabía que tenía que alejarse de la pelea entre esas dos, pero el comentario de Li Wei Yang fue inesperado. ¿Qué quería decir con eso?
Li Wei Yang estudió el rostro en duda de la nueva Yiniang. No explicó el problema, pero sí añadió lentamente algo más:
–¿Cómo se ha podido caer el escenario si estaba bien? –Después de preguntar algo como esto en voz alta, se alejó.
Jiu Yiniang la escuchó sin objetar nada y todo su cuerpo se quedó helado, como si hubiese caído a una cueva de hielo.
Ming Jie, el artista de artes marciales tenía el cuerpo repleto de heridas y su tropa se lo llevó para que se recuperase. Un grupo de extraños, después de que el médico se hubiese marchado, entró sin dar ninguna explicación y empezó a rebuscar por todos sitios. Buscaron por todos lados, pero no encontraron aquello que buscaban. Entonces, ataron a Ming Jie y se fueron.
Una hora más tarde, llamaron a Jiu Yiniang a la residencia de Da Furen.
–¡Vaya desgracia para la reputación de la familia! Al final, no eres más que un artista. No sabes lo que es la vergüenza ni la humillación. ¡Mira que haber hecho algo así!
Jiu Yiniang acababa de entrar en la habitación. Al escuchar las palabras de Da Furen, todo el color de su cara desapareció. Contuvo el miedo de su corazón y la saludó.
–Furen.
Da Furen alzó la vista y la miró. Los ojos de Jiu Yiniang se llenaron de lágrimas y, de repente, se arrodilló ante Da Furen y tosió.
–Furen, yo no…
Da Furen levantó su afilado mentón y se rio de buena gana.
–¿Qué ha pasado, Jiu Yiniang? – Preguntó con amabilidad y dulzura.
–Yo… Yo…
Arrodillada en el suelo, fue incapaz de eliminar el horror de su expresión y se mordió el labio para retener las lágrimas. Su vida estaba en juego. Todo su cuerpo se enfrió y no pudo ocultar sus temblores.
La aguda mirada de Da Furen era como una espada, sin fondo. Continuó mirándola un buen rato hasta que, finalmente, habló con gentileza.
–Bueno, no ha sido para tanto. ¡Levántate!
La criada Lin sonrió y ayudó a Jiu Yiniang a levantarse quien, confusa por las intenciones de Da Furen, no pudo evitar sentir el horror. Se ruborizó, mantuvo la cabeza gacha, puso mala cara y se ató el cinturón con un par de ojos simpatizantes, como una perla temblorosa. ¡Qué apariencia tan inocente! ¡Justo como aquella zorra!
Da Furen no soportaba ver esa cara tan parecida, pero se las apañó para controlar su enfado y le ofreció un asiento con amabilidad. Jiu Yiniang se levantó y se sentó.
Aunque estaba sentada, no se atrevió a dejar todo su peso en la silla.
–¿Qué acabas de decir, Furen? – Sus manos, inconscientemente, se aferraron a su faldilla y le temblaba la voz.
–Oh, – Da Furen sonrió. – pues mira. La criada Lin me acaba de contar que han pillado a ese tal Ming Jie teniendo una aventura con la concubina de un aristócrata, así que le han atado y capturado.
–Ah… – Jiu Yiniang se sintió culpable desde un principio, estaba tan sofocada por sus palabras que no consiguió pronunciar ni un simple sonido. Entonces, en su rostro apareció el bochorno y se le empezaron a formar lágrimas en los ojos.
Da Furen rio como si no hubiese visto sus lágrimas.
– Es una pena que haya habido tanto alboroto en el banquete, pero tampoco es tan malo. ¡No podemos tolerar a un artista asqueroso como ese! ¡¿No estás de acuerdo, Jiu Yiniang?!
–Sí. – Fue lo único que consiguió decir.
Da Furen se mofó.
–Me han dicho que viste a Lao Ye antes de llegar a la residencia.
Jiu Yiniang se sorprendió.
–Una vez canté en el jardín de la corte. Un hombre quiso que me hiciera su concubina, yo no lo deseaba y, por pura casualidad, Lao Ye pasó por ahí y me ayudó a salir de la situación.
Da Furen la escuchó hablar de la anécdota. Era como si un príncipe hubiese ido a rescatar a la belleza. ¡Qué romántico! Alzó una ceja, disgustada. De repente, quiso burlarse de ella, pero se acordó que la había llamado por otro asunto, así que tenía que reprimir su hostilidad.
Jiu Yiniang se percató del cambio en su expresión y, asustada, no se atrevió a decir nada más.
–Entonces, cuando volviste a ver a Lao Ye en la residencia del ministro, le sedujiste para escalar puestos, ¿no?
Las mejillas de Jiu Yiniang se ruborizaron y ella se sintió anormalmente angustiada. La verdad es que sólo había visto a Li Xiao Ran una vez y nunca tuvo segundas intenciones con él, pero él le envió una caja de oro y plata al líder de su tropa. El líder intento persuadirla para que se casase con él porque era un gran honor. Como ella estaba reacia a aceptar el trato, el líder decidió vender a Ming Jie y fue entonces, cuando aceptó.
Da Furen vio su expresión y adivinó pequeñas partes. Sus ojos ardían con furia, su amabilidad de antes había desaparecido por completo y se mofó:
–¿Cómo has podido hacer algo así con el afecto que te guarda Lao Ye? – Exclamó en voz alta, con furia y vigor.
Jiu Yiniang no supo qué decir, levantó la vista con apariencia ignorante.
–Furen, no sé de qué me hablas.
–No hace falta que lo niegues, ya le tengo en mis manos. – La sonrisa de Da Furen era fría, rechinaba los dientes y estrujaba las palabras entre sus dientes.
Jiu Yiniang notó que las palabras de esa mujer eran muy maliciosas y entró en pánico. Aun así, en medio de aquel estado, seguía cuerda y sabía lo qué no debía admitir sin importar qué.
–Furen, ¿de qué hablas? ¡No te entiendo! ¡Si me quieres agraviar, ¿por qué no lo hablamos delante de Lao Ye?!
Da Furen no le permitió seguir hablando. Explotó y la interrumpió.
–¿Lao Ye? Ese artista y tú intimasteis, os negasteis a admitirlo y tú has tenido la osadía de casarte con Lao Ye. Si tan inocente eres, nos enfrentaremos delante de Lao Ye. ¡Todo el mundo le ridiculizaría si se enterase! Y que le ridiculizasen no sería lo peor, algunos enemigos suyos podrían usar esto en su contra. ¿Comprendes?
Las palabras de Da Furen eran como látigos atacando a Jiu Yiniang, dejándole rígida e incapaz de moverse de la silla. Su cara era como la de una baldosa a punto de caerse.
Da Furen vio que se había quedado quieta y supo que sus palabras habían funcionado.
–Creo que eres una persona comprensiva y ya sabes qué tienes que hacer. ¡Ya deberías saber quien puede salvarte si tienes cerebro! ¡Y a quién deberías hacerle caso!
Jiu Yiniang se quedó atónita.

*        *        *       *       *

Mientras andaba por el pasillo, Li Wei Yang vio a Jiu Yiang sentada al lado de una mesa llena de pétalos frunciendo el ceño.
–Jiu Yiniang, – le avisó la chiquilla que tenía al lado. – ha venido Xianzhu.
Asustada por verla, Jiu Yiniang se apresuró a hacer una reverencia.
–¡Saludos, Xianzhu!
–Te has casado con mi padre, eres parte de la familia. No hace falta que seas tan cortés. – Li Wei Yang examinó su expresión.
Jiu Yiniang no parecía nada feliz de escuchar esas palabras, el miedo se apoderó de su rostro. Li Wei Yang notó que no estaba bien y, sintiéndose rara, le preguntó:
–Tenías el ceño fruncido, ¿hay algo que te moleste?
–No… No… – Jiu Yiniang le contestó algo presa del pánico. – El viento y los pétalos me han puesto triste.
La apariencia de la muchacha no era tristeza por lo que la rodeaba. Jiu Yiniang miró a Li Wei Yang a los ojos al terminar de hablar, temerosa de que no la creyese. Su expresión se torció al ver a Wei Yang dudando de ella. De hecho, la melancolía de su corazón era culpa de Da Furen. Las palabras que le había dicho permanecían en su corazón. Hasta ahora había creído que podría escapar de la residencia, pero ahora sabía que le sería imposible y por ello, sufría. Además, por ahora Li Xiao Ran la estaba favoreciendo, pero si llegase el día en que no tuviese su favor, ¿cuán miserable sería?
Li Wei Yan notó la horrible expresión de Jiu Yiniang y le ordenó a Bai Zhi que le sirviese té.
–Jiu Yiniang, – sonrió. – todavía no ha llegado el nuevo té, este es el té chen del año pasado: pruébalo.
Jiu Yiniang saboreó el té, que era un poco mejor que el que solía tomar, y estudió con atención a Li Wei Yang.
Todo lo que la joven llevaba últimamente era mejor que los demás. No era de extrañar que Da Furen odiase a la hija de una concubina con una vida tan buena hasta el punto de querer destruirla. Jiu Yiniang reflexionó en la severidad de las palabras de Da Furen y bajó la vista. Entonces, levantó la cabeza de repente.
–Xianzhu, quiero pedirte ayuda para una cosa.
Li Wei Yang la miró y alzó las cejas involuntariamente.
–Dime.
Apenas se puede considerar sonrisa a lo que Jiu Yiniang mostró.
–Este no es un buen sitio, ¿podemos ir a otro?
Li Wei Yang sonrió y le contestó directamente:
–No hace falta, no tenemos nada que ocultar. No creo que Jiu Yiniang tenga nada malo que decir de los demás.
Jiu Yiniang no se había imaginado que la muchacha se negaría tan deprisa y, durante un rato, no supo cómo seguir.
–La gente dice que Xianzhu es amable y que le gusta ayudar a los demás, ¿por qué no me quieres escuchar-…? – Li Wei Yang se rio. Aunque los agasajos de Si Yiniang eran incomparables, esta niña estaba aprendiendo rápidamente. Jiu Yiniang se sintió aliviada de verla reír y añadió. – Tengo algo urgente que pedirte, si estás dispuesta a ayudarme, seré tu esclava y moriré por ti-… –Li Wei Yang frunció el ceño y Jiu Yiniang le cogió las manos. – Xianzhu, hay una vida en juego, ¡¿no me puedes ayudar?!
Li Wei Yang no haría ninguna buena acción sin motivo. Se quedó quieta y dijo:
–Jiu Yiniang, Lao Furen me espera, tengo que irme.
Jiu Yiniang estaba inquieta y dijo desesperadamente:
–Xianzhu, quédate, por favor. ¡Lo diré aquí mismo…! Te ruego que dejes que me vaya.
–¡¿Qué has dicho?! – Exclamó Li Wei Yang por la sorpresa.
–¡Te ruego que dejes que me vaya! – Jiu Yiniang apretó los dientes.
Se habían movido un poco y, aparte de las criadas personales de Li Wei Yang, nadie podía escuchar su conversación, sin embargo, Wei Yang ladeó la cabeza y vio a unas cuantas chicas caminando por el pasillo. No podían escucharlas, pero sí ver a Jiu Yiniang acelerada. ¿Qué significaba esto?
–Eres la concubina favorita de padre, – Li Wei Yang sonrió. – tienes riqueza y prosperidad eterna, ¿y quieres que te deje marchar? ¿Dónde quieres ir?
Jiu Yiniang se quedó pasmada.
–Aquí se está muy bien, pero es un ambiente complejo. Ahora soy la favorita, ¿pero cuánto tiempo voy a seguir siéndolo? ¡Ser pobre y poder irme es mejor!
Li Wei Yang mantuvo una expresión neutra y se dio la vuelta para irse. Hasta entonces, Jiu Yiniang lo había hecho muy bien pero, por alguna razón, la cara de la xiaojie había cambiado.
–¡Xianzhu! – dijo tirándole de la manga. – ¡Te ruego que me salves la vida! ¡Si me quedo moriré!  – Li Wei Yang la miró con frialdad y Jiu Yiniang se apresuró a añadir. –Da Furen me ha vuelto a llamar para regañarme, hasta ha sacado cosas del pasado, yo… ¡No lo aguanto más!
Li Wei Yang se liberó de su agarre y le habló con frialdad.
–Si te quieres ir, ves a buscar a padre o a madre. ¿Por qué me lo pides a mí? – Después de hablar se alejó caminando, sin pararse a escuchar la explicación de la nueva concubina.
Jiu Yiniang se arrodilló delante de ella y dijo:
–Salvar una vida es mejor que construir una pagoda de siete pisos para los dioses. ¡Por favor, Xianzhu, sé amable y permite que me vaya! ¡Sino, Da Furen encontrará las pruebas y me pegará hasta matarme!
Los demás podían pensar dos cosas al ver a Jiu Yiniang allí arrodillada. La opción buena era que pensasen que Li Wei Yang estaba tratando mal a la nueva concubina; la opción mala era que podían pensar que tenían un acuerdo ilícito entre ellas.  ¿De verdad no conocía las normas de una familia aristocrática, o acaso lo estaba haciendo a propósito para que las vieran?
Li Wei Yang miró a Bai Zhi que, de inmediato, la entendió y con Mo Zhu, ayudó a Jiu Yiniang a levantarse.
–Si tanto te gusta la libertad, no deberías haberte venido con padre. Ahora que eres su concubina tienes que ser diligente y servirle como es debido.
–Xianzhu ha crecido entre riqueza y prosperidad, – lloró la muchacha. – ¿cómo ibas a poder entender las dificultades de alguien como yo? Soy de Changzhou y, aunque no era rica, era la xiaojie de una buena familia. Pero cuando mi madre murió, mi madrastra le mintió a mi padre y me vendió a un grupo de teatro. He crecido cantando en el grupo, no sé ni cuántos sudores y dolores he tenido que sufrir durante todos estos años, pero eso no me daba miedo, porque soñaba con ahorrar el suficiente dinero para comprar mi libertad algún día, cobijarme con mis parientes pobres y casarme. ¿Quién se iba a imaginar que le gustaría al ministro y acabaría con Lao Ye? Pensaba que tendría una buena vida mientras que Lao Ye me mimase, pero Da Furen me ha obligado a admitir que tenía una aventura con un artista y también me ha amenazado con contárselo a Lao Ye. Xianzhu, si de verdad tiene pruebas…
Li Wei Yang estaba callada, como si estuviese planteándose la credibilidad de sus palabras.
–Sé que – se aventuró a decir Jiu Yiniang viendo la duda en la expresión de Li Wei Yang. – Xianzhu es la única buena persona de la familia, sino, no cuidarías de San Shaoye. Además, ¿no quieres ver a Da Furen exaltada? ¡Ayúdame, por favor!
Li Wei Yang pensó para sí que la razón por la que estaba ayudando a Li Min De era por su promesa a San Furen, no porque tuviese un buen corazón. En su segunda vida no iba a ser amable.
Jiu Yiniang notó que la joven seguía callada y pensó que no la ayudaría, por lo que se apresuró a decir:
–Xianzhu, tendrás tus beneficios. ¡No me negaré a hacer nada de lo que me pidas! – Justo entonces, Jiu Yiniang vio a la criada Lin acercándose a ellas. – Xianzhu, – dijo con urgencia. – me lo tomaré como un sí. Hablaremos de los detalles luego. – Dicho esto, se marchó corriendo como si hubiera visto un fantasma.
Li Wei Yang observó la figura de la nueva concubina pensativa.
–Xiaojie, – preguntó Bai Zhi. – ¿sus palabras te parecen muy creíbles?
Li Wei Yang sonrió.
–La parte sobre ella no era mentira.
–Da Furen ha descubierto algo, – adivinó la criada. – Jiu Yiniang tiene miedo así que no le queda de otra que huir.
–No lo sé. – Li Wei Yang sacudió la cabeza.
Da Furen debía saber que el artista al que se le había caído el escenario encima era el amante de Jiu Yiniang, sin embargo, no debía haber conseguido pruebas de ello. Por eso, debía haber usado esa oportunidad para asegurarse y ver cómo Jiu Yiniang se ponía blanca. A juzgar por la apariencia de Jiu Yiniang, debía haber resistido y seguramente, no lo admitiría por el momento. No obstante, estaba lo suficientemente asustada como para ir a buscar a una desconocida como ella.  Jiu Yiniang sabía que ella podría ayudarla. Todo el mundo de la casa sabía que la matriarca y ella no se llevaban bien y que Li Wei Yang no perdería la oportunidad de molestarla. No era de extrañar que Jiu Yiniang la hubiese venido a buscar a ella.
Pero, a pesar de todo le parecía razonable y lógico, todavía había algo raro que no conseguía explicar. Da Furen no atacaría si no estuviese segura, ¿por qué iba a dejar que Jiu Yiniang se fuera de rositas con tanta facilidad y que viniera a pedirle ayuda a ella? Cuánto más lo pensaba, más dudas tenía.
–Prestad atención a los movimientos de la familia durante estos dos días. – Susurró.
–Sí. – Respondió Bai Zhi.
Li Wei Yang pensó en ello y, entonces, le preguntó a Mo Zhu:
–¿Conoces a Qiu Ju de Jiu Yiniang?
Mo Zhu hizo una pausa y susurró:
–Antes hablábamos y nos cuidábamos mutuamente.
Li Wei Yang asintió, le indicó que se acercase para poder hablarle al oído y le susurró un par de palabras.
–Sí. – respondió Mo Zhu con una sonrisa en la cara.

*        *        *       *       *

–¿Le ha pasado algo a Jiu Yiniang?  – Mo Zhu buscó la oportunidad para hablar con Qiu Ju.
El corazón de Qiu Ju dio un brinco de repente y se rio.
–Sus rutinas siguen igual, ¿por qué le iba a pasar nada?
Mo Zhu sonrió y le tiró de la mano. Entonces, le depositó un tael de plata en la palma.  Qiu Ju se sorprendió, pero prosiguió:
–Yiniang lleva teniendo pesadillas desde que volvió de hablar con Da Furen.
Mo Zhu permaneció callada, entonces, le susurró un par de cosas al oído. QIU Ju titubeó.
–Soy su criada, eso no estaría bien.
Mo Zhu se rio pero no dijo nada, miró el dinero que Qiu Ju tenía entre manos. Qiu Ju lo escondió y se debatió sobre si debía quedarse callada o no.
–Un lingote de oro. – Prometió.
–Vigilar a tu amo es irrespetuoso. – Se quejó Qiu Ju.
–Que sean dos lingotes. – Mo Zhu asintió.
Qiu Ju lo comparó con su paga mensual y susurró.
–Madre mía. – Asintió. – Vale, informaré a Xianzhu de cada movimiento que haga Yiniang.

*        *        *       *       *

Li Wei Yang estaba tumbada en un sofá con un libro en la mano a punto de quedarse dormida cuando una desconocida entró.
–Bai Zhi jiejie, acabo de echar un vistazo y he visto un jarrón de flores. ¡No sé quién se lo habrá enviado a la Xiaojie!
Li Wei Yang alzó la vista y miró a la muchacha. Estaba sentada en su residencia y su voz no era ni muy aguada, ni demasiado baja; tampoco la molestaba pero era destacable.
Bai Zhi se le acercó y la reprochó:
–¡¿No conoces las reglas?! ¡Xiaojie todavía está aquí!
La chica fingió inocencia, entró en pánico y bajó la cabeza.
–Xiaojie, – Le explicó Mo Zhu a Li Wei Yang. – es la chica que barre.
¿Barrer? ¿Y por qué estaba ahí? Li Wei Yang abrió los labios y mostró una mueca burlona muy sutil. Si no supiese quién le había enviado aquel jarrón, lo habría tirado, pero esa chica parecía saber algo sino no lo habría entrado.
La chica le acercó el jarrón y Li Wei Yang le echó un vistazo: era un jarrón de begonias.
Li Wei Yang cogió una flor, la olió y descubrió que su esencia era diferente, tenía un polvo muy especial. Examinándola más a fondo, la begonia estaba cortada, atada con un cable de oro y plata y atado al tallo. Cada una de las ramas de la flor y sus hojas estaban envueltas con perlas cristalinas, amarillas, verdes o rosadas ocultad en el ramo. No era fácil de descubrir, pero precisamente esa era la razón por la que el ramo era tan incomparablemente magnifico.
Li Wei Yang giró la flor delicadamente, lo dejó bajo el sol y le dio la vuelta. Sus perlas rosadas relucieron bajo la luz.
–¡Guau, xiaojie! ¡Es precioso! – Bai Zhi estaba sorprendida.
En efecto, las begonias eran mucho más hermosas que las flores de verdad. Li Wei Yang se mofó y un atractivo rostro emergió de inmediato en su mente con un par de ambiciosos ojos: Tuoba Zhen.
De un simple vistazo al jarrón supo que se trataba de esa persona y que su intención era ponerla de su lado. El hombre se negaba a que lo ignorasen y demostraba sus afectos hacia Li Zhang Le proactivamente, no estaba dispuesto a perderla y creía que haciendo esto conseguiría matar dos pájaros de un tiro. Li Wei Yang se burló. El príncipe tenía el poder militar de la familia Jiang y lo usaría al máximo.
Justo entonces, Li Min De entró al jardín. Al ver a Li Wei Yang delante de las flores, sonrió y movió las mangas de donde apareció un pajarito. Li Wei Yang escuchó las campanitas en su oído y alzó la vista.
 Li Min De sonrió con ternura y silbó, entonces, el pájaro dio una vuelta y se detuvo en su dedo.
–Para ti. – Anunció el muchacho mientras le daba el pájaro.
Li Wei Yang miró al pájaro y observó su plumaje brillante. Con un simple vistazo se podía adivinar que se trataba de un ave cara. El pájaro tenía una campanita atada a su pata: una campana de plata de la mejor calidad atada con un lazo rojo.
–¿Qué es esto?
Li Min De no le daría un pájaro como mascota.
–Es más seguro que Bi Si y mucho más fidedigno para enviar mensajes. – Li Min De sonrió, mirándola.
Li Wei Yang se sorprendió por dentro.
–Esto… ¿es para mí?
Li Min De asintió con la cabeza.
Li Wei Yang miró de arriba abajo al pájarito, sonrió y comentó:
–Qué encantador.
Li Min De se ruborizó.
–Gracias por cocinarme los fideos.
Li Wei Yang le había preparado un tazón de fideos a Li Min De. Mantuvo su promesa y, además, no le mencionó a nadie lo que había ocurrido, ni preguntó nada más sobre la identidad de Li Min De.
–¡Hay dos personas más! – Li Min De miró para atrás. – ¡Entrad!
Un niño y una niña entraron y se pusieron a su lado.
–San jie, ayer vi a este par de hermanos a un lado del camino muertos de hambre, les compré y han resultado ser artistas callejeros y saben artes marciales. Deja que te sigan.
Li Wei Yang se sorprendió al escuchar sus comentarios. Sus ojos se posaron sobre las dos personas. El par de hermanos parecían tener unos trece años. La chica tenía un rostro exquisito con unos rasgos dulces, cosa que era buena, porque su belleza no atraería demasiado la atención, pero tampoco pasaría desapercibida. El otro joven era muy alto y, a pesar de su corta edad, ya se podía apreciar su comportamiento autoritario. No eran pilluelos callejeros.
–Él es Zhao Nan y ella Zhao Yue, son muy listos e inteligentes. Zhao Nan se quedará fuera de la residencia y te seguirá cuando salgas, y la hermana se quedará aquí y te servirá como una criada más, ¿qué te parece?
Li Wei Yang miró a los dos y sacudió la cabeza lentamente.
–¿No… te gustan? – Li Min De frunció el ceño.
–No. – Li Wei Yang parpadeó. – Te los han regalado a ti, ¿por qué me los das?
Li Min De se sorprendió por unos instantes, entonces, se ruborizó. No había imaginado que Li Wei Yang descubriría sus estratagemas tan rápidamente. Sin embargo, no fue presa del pánico porque lo estaba haciendo por su seguridad.
–Jiejie, no es fácil lidiar con esa gente, deberías estar preparada para defenderte.
Li Wei Yang lo rechazó de todas formas.
–Ya buscaré yo misma si lo necesito.
–No, este par de hermanos no son del montón. Jiejie, te van a gustar, ya me he puesto unos soldados, no hace falta que te preocupes por mí, deja que se queden, por favor. Si no los quieres, los echaré.
Los hermanos se miraron entre ellos y se arrodillaron al suelo.
–Xianzhu, le rogamos que nos dejes quedarnos.
–Tenéis que llamarla: “señora”, si vais a servirla. – Dijo Li Min De de repente. En sus pupilas del color de la tinta surgió unos colores inesperadamente fieros.
–Acójanos, Xianzhu. – Repitieron a unísono.
Li Wei Yang estudió la situación y vio la persistencia de Li Min De, por lo que suspiró y dijo:
–Si os queréis quedar, pues quedaos.
Li Min De movió la mano y los dos niños se retiraron.
–En realidad, el hombre de gris es… el subordinado de mi padre biológico. Se llama Jiang Lei. – Dijo Li Min De de repente.
Li Wei Yang se sorprendió y rio de buena gana.
–Pensaba que no me ibas a contar nada.
–Si no fuera por mí, no te habrían atacado, y aun así te lo he ocultado todo, perdona. – Li Min De se disculpó en voz baja, como culpándose a sí mismo.
Era un muchacho con una apariencia destacable. Su piel, a pesar de ser tan joven, era transparente como un jade blanco, sus ojos eran juveniles y su cuerpo parecía contener el fulgor del sol y la luna, como si hubiese nacido en este mundo para conquistar la oscuridad con su luz. Nadie se atrevería a culpar a un chico así, por lo que Li Wei Yang le acarició la cabeza con suavidad.
–No pasa nada, sigo viva, ¿no?
–Jiang Lei me dijo que si quiero que estés a salvo tengo que alejarme de ti… – Escupió de repente.
Li Wei Yang movió las pestañas, sus pupilas emitían una luz suave y no pudo evitar tender la mano para tocarle la cabeza. Los ojos de él relucieron pero, después de aquello, Li Wei Yang no supo qué pensar y él ladeó la cabeza a un lado y, al final, la mano de ella se quedó en la nada.
–¡Yo… Yo ya soy un adulto! – Le echó un vistazo furtivo.
Li Wei Yang rio. En sus ojos él seguía siendo un niño, pero Li Min De clamaba ser un adulto. La apariencia de Li Min De se puso roja.
–Sí, – ella rio con ganas pero habló con seriedad. – ya eres adulto, así que puedes protegerte a ti mismo y a mí, ¿no?
Li Min De se quedó perplejo, entonces, se dio cuenta de algo y sus ojos perdieron su brío momentáneamente antes de que se percatase de lo que significaban esas palabras.

–¡Sí! – Dijo alzando la cabeza y mirándola. 
Title: Capítulo 75: Segundas intenciones
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Writed by Nana L15R1