Capítulo 44:

Cuando Xiao Li salió por la entrada de la comisaría en la que había estado cautivo, había un coche negro esperándole.
–Xiao Li. – Un hombre vigoroso, con un par de gafas negras fuera del edificio le llamó antes de acercarse. –¿El señor Zhou[1] ya te lo ha contado?
–¿Vienes a buscarme? – Xiao Li levantó la cabeza para mirar a la persona. Su altura superaba la de una persona normal. Era de complexión robusta como Lin Zi y superaba el metro noventa.
–No sé si habrás oído mencionar el nombre: Haozhu Chen[2]. – El hombre le tendió la mano derecha y sonrió. – Pero, la reputación de Daoba Xiao es famosa por aquí.
Xiao Li le dio la mano con firmeza.
–No lo sabía, pero no me atrevería a pronunciar: “Haozhu Chen”, tan abiertamente.
–Me halagas. – Chen Wu indicó que anduvieran hasta el vehículo mientras hablaban. – Ha costado bastante sacarte de ahí, ¿por qué no estás contento?
Xiao Li no le miró, ni le respondió, se limitó a seguirle. Cuando abrió la puerta del coche se encontró con una sorpresa.
En el vehículo ya había una persona y, para empeorar las cosas, era alguien que conocía muy bien.
–Cuánto tiempo, Xiao Li. – Una mujer con el pelo rizado[3] alzó la cabeza y se le cayo la jeringuilla. – Cuando me he enterado de que te iban a recoger, he aprovechado la oportunidad para venir y continuar con nuestro encuentro del destino, como en los viejos tiempos.
Xiao Li retrocedió tirando el codo hacia atrás para poder atacar, sin embargo, ya tenía a alguien esperándole por detrás. Esa persona le agarró el brazo con mucha fuerza y, entonces, le obligó a caminar hacia adelante.
La mujer del coche se acercó rápidamente y, en cuestión de segundos, le clavó la aguja en el hombro. Empujó el líquido de la jeringuilla hasta el final, dejando que más de la mitad del contenido invadiese la piel de él.
La mujer de pelo rizado se relamió y se acercó al rostro de Xiao Li, que la miraba con ceño y se debatía.
–Cada vez que veo a Li ge… Quiero metérselo.
Xiao Li frunció el ceño mientras el último vestigio de sensatez se refugiaba en sus ojos.

*        *        *        *

Yan Ming esperaba en la intersección con un cigarro en la boca, impaciencia e inquietud.
Sun Ze Yu no se presentó en persona, pero contactó a Lu Wu. Y, en esos momentos, se hallaba en la localización donde los subordinados de Lu Wu iban a encontrarse con él. Sin embargo, había pasado más de una hora y media, y no habían aparecido ni contactado con ellos.
–Ming ge. – Su confidente sacó la cabeza desde el asiento del conductor. – ¿Llamamos a Qing Ye?
–Espera un poco más. – Yan Ming dio otra calada a su cigarro antes de arrugar la frente.
–Ming ge, sabes lo despiadados que son los puños de Li ge. Si ha atacado a los hombres de Lu Wu y ha huido, los esfuerzos de Qing Ye serán en vano. Y lo que es peor, nos culpará por ello.
–No somos los únicos que saben lo poderosos con son sus puños. No creo que Lu Wu sea el tipo de persona que no esté alerta. Además, sabe lo que ha llegado a hacer Xiao Li. – Dijo Yan Ming algo dubitativo. Cuánto más lo pensaba, más ansioso se ponía.
–¡Hey! ¡Ming ge, ¿es ese coche?!
Un vehículo negro se les acercó. Extrañamente, a pesar de que hacía buen tiempo, llevaban todas las ventanas cerradas.
Yan Ming esperó a que el coche se parase para acercarse. La ventana del conductor bajó y apareció un hombre robusto.
–¿Chen Wu? – Preguntó Yan Ming algo sorprendido por la cicatriz que tenía en la frente.
–Llegamos un poco tarde. – Se mofó Chen Wu. – He tenido que llevar a mi camarada al hospital. Se ha roto dos costillas.
Yan Ming no supo qué expresión mostrar. Chen Wu, por otra parte, entrecerró los ojos.
–Tu hermano pequeño tiene huesos fuertes. A pesar de drogarle, ha tenido las agallas de arriesgar su vida y atacarnos. ¿Ves? Casi me destroza el brazo. – Titubeó unos instantes. – Si no le queréis, recuerda dárnoslo a nosotros.
–¿Qué? ¿Te ha gustado?  – Yan Min se burló abiertamente. – No te preocupes, no os lo podréis llevar.
Chen Wu, sin decir nada más, mantuvo la boca cerrada y levantó la barbilla para indicarle a Yan Ming que abriese la puerta él mismo.
Yan Ming, al abrir la puerta, se encontró con dos filas de asientos destrozados y desgarrados y a Xiao Li tumbado en una postura extremadamente incómoda en el suelo. Tenía los ojos medio abiertos, estaba desorientado.
–¿Qué droga habéis usado? – Yan Ming inspeccionó los ojos de Xiao Li.
–¿Quién sabe?  – Dijo Chen Wu. – Mi compañera es la que lo ha drogado. Señor Yan, ¿no eras un experto en drogas? ¿No puedes adivinarla?
Yan Ming se burló.
Su confidente ya había corrido a su encuentro y estaba arrastrado a Xiao Li para sacarle del coche. Entonces, le cogió por la cintura y se lo subió al hombro.
Chen Wu miró transformó sus labios en una mueca mientras el subordinado se llevaba a Xiao Li.
Yan Ming cerró la puerta y dio un golpecito a la ventana del conductor.
–No hace falta que suspires con tanta tristeza. Que quiera irse de la banda es lo mismo que una traición. Da igual a cuál pertenezcas, la situación no acaba bien en ninguna.
Chen Wu le echó un vistazo, encendió el coche y se alejó conduciendo.

*        *        *        *

–Vale… Traedle. – Li Shi Qing colgó y miró a Sun Ze Yu a la cara con una sonrisa. – Gracias, primer ministro Sun. Xiao Li ya está de camino.
Sun Ze se limitó a murmurar un: “de nada”, y entonces, miró a Li Shi Qing con el rabillo del ojo.
–No lo olvides, ya no forma parte de la mafia.
–Sí. – Li Shi Qing sonrió débilmente, entonces, entre pausas preguntó. – ¿Quién tiene tanto poder e influencia como para conseguir que el primer ministro Sun venga a verme y a pedirme a esta persona?
–¿Quién ha dicho que sea yo quien le quiere? ¿Eh? – Sun Ze Yu habló casi ausente.
–Primer ministro Sun, ¿para qué necesita un mafioso? – La sonrisa de Li Shi Qing no cambió en ningún momento. – Quien le haya pedido este favor debe tener buena relación con usted.
–¿Una buena relación? – El semblante de Sun Ze Yu se ensombreció. Resopló y continuó. – En resumen, quiero que sueltes a Xiao Li, pero… No me han pedido en ningún momento que no estuviera herido, ¿me entiendes?
Li Shi Qing se limitó a sonreír.
Sun Ze Yu se levantó impaciente a los pocos minutos.
–Córtale la mano, la pierna o sácale los ojos. Haz lo que te venga en gana. Sólo he prometido que le sacaría de la mafia, pero no he dicho nada de su condición.
Li Shi Qing se levantó y le acompañó a la salida con todo el respeto.
–Entonces, me ocuparé de él tal y como ha dicho el primer ministro.

*        *        *        *

–Hola, primer ministro Sun. – Qi Xiu Yuan habló. – Quería preguntarte cómo van las cosas con lo que te pedí.
–Profesor Qi, me has estado preguntando lo mismo cada día, tu rival amoroso te debe preocupar mucho. – Sun Ze Yu respondió sin prisa.
La verdad era que Qi Xiu Yuan no tenía el más mínimo deseo de hablar con él.
–Respóndeme, por favor.
–Xiao Li ya ha vuelto y le he dicho a Li Shi Qing que le quiero fuera.
Qi Xiu Yuan suspiró aliviado.
–¿Entonces, ya está a salvo?
Sun Ze Yu sonrió y susurró:
–¿Ya? Profesor Qi, me dijiste que le querías, pero nunca establecimos un límite de tiempo, ¿no?
Esas palabras obligaron a Qi Xiu Yuan a fruncir el ceño.
–¿Qué quieres decir?
–Profesor Qi, lo hago por tu propio bien. – Sun Ze Yu hizo una pausa antes de volver a hablar. – Si Xiao Li volviese con las manos y las piernas intactas, podría escaparse con Han Jia. Tu amor fracasaría.
Qi Xiu Yuan se quedó callado un buen rato, entonces, dijo entre dientes:
–¿Estás de coña?
–¿Cómo iba a estarlo? Profesor Qi, ya comprenderás mis esfuerzos, sólo te estoy ayudando-…
–¿Dónde está la casa de Li Shi Qing? – Qi Xiu Yuan le interrumpió de inmediato.
–¿Qué?
–¡¿Dónde está la casa de Li Shi Qing?! – Qi Xiu Yuan gritó, exasperado y aturdido.
Sun Ze Yu se quedó callado y, unos momentos después, le contestó con frialdad.
–Lo siento, no lo sé. – Y entonces, colgó antes de que pudiera decir nada más.
Qi Xiu Yuan rechinó los dientes con furia. Primero, marcó el número de Xiao Li, como hacía cada día desde que estaba bajo custodia, pero como cabía esperar, seguía apagado.
Al no tener alternativa, se sintió obligado a llamar a Han Jia, pero antes de poder hacerlo, recibió otra llamada.
–¡Ge, ge! ¡Ven a buscarme! ¡Rápido! – La voz de Susu revelaba confusión.
–¿Qué pasa? Tengo un asunto urgente-…
–Ge, – estaba al borde de las lágrimas. – hay un pervertido acosándome. Cuando he ido a trabajar esta mañana, le he visto fuera, mirándome. Ahora mismo estoy en un teléfono público en la calle Yu Xin. Está muy oscuro y no me atrevo a salir. ¡Ge, ven a buscarme!
–…Quédate ahí y no te muevas. Ahora mismo voy.
Qi Xiu Yuan cerró el móvil y se volvió hacia el conductor.
–Cambia de sentido y ves a Yu Xin.
El conductor parecía ser alguien que había presenciado todo tipo de escenas bizarras, pues no sintió la más mínima curiosidad y, lo que es todavía más curioso, no le dedicó ni una sola mirada a Qi Xiu Yuan.



[1] “El señor Zhou”, es el abogado del capítulo anterior.
[2] “Hozhu” o en chino “豪猪”, significa “puerco espín”, así que, Haozhu Chen se está presentado como, literalmente, “Chen el puerco espín”. Por motivos estéticos dejaré “Haozhu”.
[3] La mujer del pelo rizado es la misma que había perseguido a Xiao Li en el Arco del Triunfo. 
Title: Capítulo 44:
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