Capítulo 37

–Qing Ye. – Xiao Li se levantó.
Li Shi Qing echó un vistazo a Han Jia, sereno y tranquilo, y entonces, volvió a posar su mirada en Qi Xiu Yuan.
–Sal, tenemos que hablar.
Xiao Li observó como el hombre se daba la vuelta y salía de la habitación, entonces, se giró y susurró:
–Quédate aquí y no salgas. Es cosa nuestra. – Y, mirándole con cierta inquietud, añadió. – Si me sigues, sólo me harás las cosas más difíciles.
Dicho esto, puso rumbo a la puerta e hizo ademán de salir, pero Qi Xiu Yuan le detuvo, cogiéndole por el brazo.
–¿Es tu jefe? – Preguntó ansioso. – ¿Del que me habías hablado? ¿Él-…?
Xiao Li sintió una chispa al deshacerse de su agarre y suspiró.
–No tiene nada que ver contigo.
No miró la expresión de Qi Xiu Yuan, no dijo nada más, y salió para encontrar a Li Shi Qing no muy lejos. Su guardaespaldas estaba cerca de la entrada del pasillo para barrar el paso a los demás.
–Qing Ye. – Dijo al acercarse, e hizo una reverencia.
Pam.
Li Shi Qing le cruzó la cara de un golpe.
Li Shi Qing había sido una persona feroz y despiadada cuando era joven y, en esos momentos, hervía de rabia. El golpe fue tan fuerte que Xiao Li fue incapaz de soportarlo y se tambaleó unos pasos.
Li Shi Qing continuó: su mano aterrizó en la barbilla de Xiao Li mientras apretaba los dientes.
–¡Te he mimado demasiado!
Xiao Li bajó los ojos.
Li Shi Qing tenía el pulgar sobre sus labios.
–Mi trato con Lu Wu era darle a Han Jia como compensación. Y a pesar de todo, me estás obligando a estar en malos términos con Lu Wu yendo allí corriendo para salvarle tú solo.  – Le escupió con frialdad, mirándole directamente.
Xiao Li no se atrevió a pronunciar ni una sola palabra.
Li Shi Qing tenía los ojos fijados en los suyos.
–Le has salvado con tanto estilo que hasta has causado una conmoción. Toda la provincia sabe que has explotado la casa de Luo Dong. ¡Todo para salvar a una persona que va a morir!
Xiao Li frunció el ceño con un vestigio de tristeza en el rostro.
–Temía que Luo Dong matase a Han Jia, así que le pedí a Lu Wu que le vigilase. – Li Shi Qing se rió sombríamente y le soltó la barbilla. – El enfado de Dong acabaría disipándose y acabaría devolviéndole, fueran cuales fuere sus condiciones. – El hombre habló con lentitud. – ¡Pero tú, no te has parado a pensar ni por un momento cómo me repercutiría!
Xiao Li bajó la cabeza en silencio, sin saber qué decir durante un buen rato.
–¿Por qué no dices nada? – Escupió Li Shi Qing. – ¿O es que acaso te crees que no has hecho nada?
–Qing Ye, – Xiao Li por fin empezó hablar en voz baja. – No puedo hacerle eso a Han Jia…
–¿Cuántos años te ha costado convertirte en el líder? – Li Shi Qing se mofó. – ¿No me digas que nunca has sacrificado a nadie? ¿Qué más da que tengas tan buena relación con Han Jia? ¡Si no tienes un corazón cruel en la mafia, no sobrevivirás ni con diez vidas!
Xiao Li volvió a guardar silencio. Li Shi Qing le miró un rato y, entonces, suspiró. Su tono de voz se apaciguó un poco.
–Si te pones así no puedo hacer nada. – Extendió la mano y tocó la mejilla hinchada. –Ya he enviado a Zi Cheng a negociar con Luo Dong. Luo Dong es una persona astuta y traicionera. No puedes enfrentarte a él tú solo. Esta vez has conseguido escapar, debe haber pasado algo para que te dejase ir así como así. Da igual qué as tenga en la manga, ya le he pasado el asunto a Zi Cheng. Tienes que venirte conmigo.
Xiao Li había estado inclinándose a un lado cada vez que Li Shi Qing le tocaba desde un principio.
–Si la negociación falla… Este es el territorio de Luo Dong…
–Si Luo Dong insiste en querer a Han Jia, se lo tendremos que dar. – Li Shi Qing frunció el ceño. – Mientras consigamos recuperar a Han Jia vivo, ya vale. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo para que lo entiendas?
–No puedo hacerle eso a Han Jia. – Afirmó Xiao Li, resuelto.  – Qing Ye, si te preocupa que implique a la banda, la dejaré y me llevaré a Han Jia-…
Pam.
Li Shi Qing volvió a pegarle. Esta vez, usó más fuerte que antes. Xiao Li chocó contra la pared que tenía detrás.
–¡Xiao Li!  – Qi Xiu Yuan abrió la puerta y corrió a ayudarle. Atacó a Li Shi Qing con los ojos antes de hablar. – ¿Qué te da el derecho a pegarle?
Li Shi Qing todavía no le había contestado, cuando Xiao Li le apartó. Entonces, le maldijo.
–¡Vete a la mierda! ¡Esto no tiene nada que ver contigo!
Li Shi Qing los miró con frialdad.
–¿Que, qué derecho tengo? Xiao Li, cuéntale a tu amigo qué derecho tengo.
–No es mi amigo. – Se apresuró a responder Xiao Li. – Sólo ha venido a cuidar de Han Jia. No tiene nada que ver con esto.
–¿Ah, sí? – Li Shi Qing les repasó con la vista. – Pues hasta hace un momento parecía que te estaba “cuidando” a ti, ¿no?
Se acercó con los ojos fijos en Qi Xiu Yuan. Un par de ojos asesinos y afilados como un cuchillo se conectaron con los de Qi Xiu Yuan. En los ojos del joven no había miedo, pero Li Shi Qing continuó impasible. Se burló y le mantuvo la mirada mientras cogía a Xiao Li por la barbilla.
–Xiao Li. – Le llamó con una sonrisa maliciosa y burla en su mirar. – ¿Has olvidado lo que me prometiste delante de la tumba de tu madre?
Xiao Li se apoyó contra la pared, contemplando el espacio blanco que había ante él con una expresión adolorida, como si estuviese volviendo a una noche inolvidable.
–Dilo. – El tono de Li Shi Qing era tranquilo.
Qi Xiu Yuan quería avanzar un paso para detenerle, pero la intensa mirada de Li Shi Qing le dejó plantado en el suelo.
–Juré… Juré seguir a Qing Ye, obedecerle y no traicionarle jamás. – Xiao Li habló con sudor en la frente.
–Obedecerme y no traicionarme jamás. – Li Shi Qing se acercó al oído de Xiao Li, mirando a Qi Xiu Yuan con el rabillo del ojo, presumiendo. – ¿Y si no lo cumples?
–Si te traiciono, el espíritu de mi madre caerá en el infierno para siempre y… No podrá reencarnarse.
–Bien. – A pesar de que los labios de Li Shi Qing estaban, prácticamente, pegados a la oreja de Xiao Li, sus ojos seguían pegados a Qi Xiu Yuan.  – Buen chico, ¿Y qué tienes que hacer ahora?
–Irme contigo.
–¿Y lo de abandonar la banda?
Xiao Li apretó los puños, abrió los ojos y rogó.
–Qing Ye…
Li Shi Qing miró condescendientemente a Qi Xiu Yuan antes de proseguir relajado:
–No sabía que pensases así. ¿Quieres dejar la mafia?
–No. – Xiao Li tembló. – No, no lo haré.
–Me alegro. – Li Shi Qing se retiró un poco y le sonrió a Qi Xiu Yuan. – Cuando la banda te atrapa, es imposible cambiar. No te relaciones con los que no siguen el mismo camino que nosotros.
Xiao Li se quedó callado. Li Shi Qing le soltó muy satisfecho. Entonces, se puso de cara a Qi Xiu Yuan y sonrió, como si acabase de notar su presencia.
–¿Has venido a cuidar de Han Jia? Pues te lo agradezco.
Qi Xiu Yuan se quedó perplejo por lo que acababa de hacer. Entonces, observó la dolorosa expresión que cubrió el rostro de Xiao Li, frunció el ceño y no dijo nada más.
–Pues me voy a ir ya, Xiao Li. – Li Shi Qing se despidió con educación. – Me gustaría poder agradecértelo personalmente si se me presenta la oportunidad.
Qi Xiu Yuan volvió a mirar a Xiao Li en silencio, no obstante, Xiao Li no le devolvió la mirada. Entonces, como si hubiese tomado a una decisión, la sorpresa de la cara de Qi Xiu Yuan fue desapareciendo y se reemplazó por una sonrisa amable y gentil.

–Claro. – Sonrió y llegó a tenderle la mano a Li Shi Qing. – Lo esperaré con ganas. 
Title: Capítulo 37
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