Capítulo 62: Moral corrupta


Tras aquel incidente, Da Furen había encerrado a Zi Yan para venderla. ¿Quién iba a imaginar que Zi Yan se escaparía y aprovecharía esa oportunidad para importunar a Li Min Feng, amenazándole con que si la obligaba a marcharse lo contaría todo a las gentes, montando tanto alboroto?
–Una niñata ha arruinado un buen banquete como este. Lleváosla.
Alguien se acercó para levantar a Zi Yan de inmediato. Bai Zhi sujetaba su manga con firmeza, y ambos lados tiraron de ella hasta que las ropas de la joven se rasgaron en dos.
–¡Sacadla de aquí ya! – Fulminó Da Furen.
–¡Mirad! – Explotó Bai Zhi.
Las miradas de los presentes se movieron siguiendo sus palabras. Tanto los brazos como el cuello de Zi Yan estaban cubiertos de moratones azulones; se podía ver a simple vista que eran fruto de maltrato.
Li Zhang Le echó un vistazo rápido, se giró de repente, provocando que sus pendientes de rubí se balanceasen.
–Debe haber hecho algo desvergonzado, ¡algo muy libertino! – Comentó fríamente.
–Da xiaojie, no deberías mirar algo tan sucio, ¡podrías ensuciarte los ojos!
–Como es a ti a quién le dieron esta criada, es cosa tuya, sin embargo, esto es demasiado…–Añadió San Furen lentamente.
Lo que quería decir estaba muy claro. Aunque Zi Yan fuera una criada, no debería ser maltratada de esa forma, sin hablar de los incontables moratones. El hijo de una familia conocida debería ser educado, haciendo algo así…
Li Wei Yang suspiró profundamente como si no pudiese soportarlo.
–Dage, no te voy a culpar, pero Zi Yan vino conmigo desde Ping Cheng.  Era obediente, educada e inteligente, pero estando contigo ha acabado muriendo, ¿qué puedo decir?
Da Furen entrecerró los ojos, sus cejas estaban alzadas como cuchillos.
–Feng er suele estar ocupado con su trabajo, ¿cómo va a poder prestarle atención a una criada? – Declaró. – Las criadas de la familia Li tienen que controlarse para poder servir a sus señores. Zi Yan fornicó con un criado y se buscó problemas. Se ha debido matar para evitar que la culpemos.
–¿Oh, de verdad? – Li Wei Yang sonrió.
Li Min Feng era, por supuesto, quien mejor conocía esa situación. Zi Yan no dejó de intentar persuadirlo para que la tomase como concubina, pero no se había casado aún. ¿Cómo iba a quedársela? Por ello, endureció su corazón y ordenó que la atasen y, una de dos, o la matasen, o la vendiesen. Los secuaces se encargaron de ella silenciosamente. El asunto principal era que el cuerpo debería haberse sacado de la casa, ¿cómo podía aparecer en la casa principal, delante de todo el mundo? ¡Alguien lo estaba planeando!
Enrojeció mientras lo pensaba, cruzó los dedos y escupió:
–No sé nada sobre la muerte de Zi Yan.
–¡Lleváosla, rápido! – Gritó Da Furen.
Los criados empezaron a mover el cuerpo, no obstante, justo cuando iban a llevarse el cuerpo, se escuchó un sonido: algo se había caído de los brazos de Zi Yan.
Li Wei Yang sonrió y dijo:
–Dage, este es el monedero que llevas a todas partes, ¿esta muchacha te lo ha ensuciado, o…?
Una criada se había suicidado misteriosamente, su cuerpo estaba lleno de pruebas de maltrato, el monedero de Da shaoye había caído de sus brazos… La cara de todos los testigos cambió cuando conectaron todos esos hechos.
¡Da shaoye de los Li tenía una moralidad corrupta! ¿Quién se atrevería a casarle con su hija? Ahora, ¿cómo iba a avanzar a la siguiente fase y convertirse en un oficial de la corte? Eso sólo dejaría en evidencia al primer ministro.
El rostro de Li Xiao Ran era lívido, contuvo la mayor parte de su enfado, pero sus ojos estaban posados en Li Min Feng como si estuviese a punto de estallar.
Los criados se llevaron a Zi Yan, la expresión de los presentes volvió a ser tranquila, pero seguían con cierto rumor en sus corazones. Dirigieron las miradas a Li Min Feng que parecía extrañado y temeroso.
–¡Su er! – Exclamó Liu Furen.
Todos se dieron la vuelta para encontrarse con una criada acercando al joven de ocho años. Liu Furen corrió a su encuentro, le estrechó entre sus brazos y no cesó de repetir su nombre y llamarle: “cariño mío”.
–¿Qué ha pasado? – Preguntó Li Xiao Ran con el ceño fruncido.
La criada hizo una reverencia y respondió.
–He visto a Liu shaoye en la parte de atrás, estaba buscando el baño y se ha perdido-…
Todos rieron, pero tras aquel incidente era una risa deshonesta. ¿Cómo podían continuar con el banquete llegados a este punto? Propusieron un brindis y se marcharon.
La familia Li se quedó de pie en la puerta de entrada para despedir a los invitados. Da Furen y el resto forzaban la sonrisa, la única que sonreía como siempre era Wei Yang. Tuoba Yu se le acercó, sonrió y dijo con voz muy suave:
–Bien hecho.
La cara de Li Wei Yang siguió calmada, como si no le hubiese escuchado.
–Me despido, Séptimo príncipe. – Le saludó con solemnidad.
Sabía que, aparte de Tuoba Zhen y Tuoba Yu, nadie creería que Li Min Feng era ese tipo de persona, pero era indiferente que lo creyeran o no. Los rumores son más temibles que los tigres, al día siguiente todos en la ciudad sabrían lo corruptas e indecentes que eran las acciones y las palabras del heredero de la familia Li.
A partir de aquel día, tanto el matrimonio como la carrera de Li Min Feng estaba completamente arruinado. Este era el agradecimiento por haberla incriminado.

*        *        *        *

Cuando ya no quedaba nadie, Li Xiao Ran abofeteó a Li Min Feng de repente. Usó tanta fuerza que le tiró al suelo, le rompió varios dientes y le llenó la boca de sangre.
Da Furen corrió a ayudarle a levantar.
–Lao Ye, ¿no ves que alguien lo ha preparado todo?
A Li Xiao Ran no le importa si era una trampa o no, sólo sabía que había quedado en evidencia delante de toda esa gente. Li Min Feng había arruinado la buena reputación centenaria de la familia Li con sus propias manos; no pudo evitar arder de ira.
–¡Trampa! ¿Quién lo ha preparado todo? ¡¿Quién?! ¡Aunque sea inocente de esto, al fin y al cabo, ha seducido a la criada de su hermana! ¡Aunque no sea culpable sigue siendo un desvergonzado!
Da Furen fue incapaz de controlar sus lágrimas y lloriqueos.
–Lao Ye, es nuestro hijo mayor, ¿cómo puede ser que no le creas-…?
–¿Creerle? ¡Lo he visto con mis propios ojos! ¡De todos los momentos que hay para que sea una vergüenza, ha tenido que elegir cuando estaba todo el mundo delante! – Li Xiao Ran volvió a patear a Li Min Feng violentamente.
Li Min Feng, de repente, giró la cabeza para mirar a Li Wei Yang con los ojos inyectados en sangre.
–¡Serás zorra! ¡Tú eres la que incitó a esa chica a-…!
Li Wei Yang miró a Li Xiao Ran y dijo con gran pesar:
–Padre, Dage me culpa de todo.
Li Xiao Ran estaba en la cima de su enfado, señaló a Li Min Feng y anunció:
–¡Encerrad al joven amo en el salón ancestral para que arrepienta durante cien días!
El rostro de Da Furen se tornó de un blanco mortal, miró para atrás, a Wei Yang, con ojos maliciosos como si se la fuera a comer, pero Li Wei Yang sonrió y posó su mirada en Li Zhang Le que seguía parada en el mismo sitio, sin palabras.
–Dajie, estoy cansada. Voy a volver a mi habitación, déjame pasar, por favor.
Li Zhang Le miró a Li Wei Yang a los ojos como si hubiese visto al diablo arrastrarse desde el infierno y, entonces, retrocedió un paso involuntariamente. 

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