Capítulo 60: Ondas en aguas primaverales

Todos, sorprendidos, movieron los ojos y vieron a un joven más allá de la puerta.
Sus ojos eran tan brillantes y claros como la luna llena. Su claridad y frialdad se podía ver de lejos, aislándole del mundo que le envolvía, cosa que le dificultaba al resto mantener los ojos abiertos. Su atuendo de un blanco vanal era exquisito, bordado con plata. Aunque era así de simple y natural, suscitó la admiración de los presentes.
El séptimo príncipe, Tuoba Yu, hasta él había venido. Li Wei Yang frunció el ceño.
Conforme Tuoba Yu entraba por la puerta, su mirada estaba fija en Wei Yang. Tal vez le había parecido algo irónico, sino cómico, que ella había estado maquinando algo contra su familia desde la primera vez que se vieron, e incluso ahora, la reconocía fácilmente entre la multitud de señoritas ahí reunidas.
Aunque se había vestido con una hermosa seda, su rostro era más claro y pulcro, e incluso mostraba una alegre sonrisa falsa, la reconocía de un solo vistazo. Efectivamente, se trataba de la chiquilla que había soltado a los cerdos a propósito y que había lloriqueado y lamentado al lado del pozo, además, había evitado que entrase a la tienda de té deliberadamente. Sin embargo, viéndola ahora le pareció muchísimo más bella que antes.
Después de todo, la seda embellece.
Los labios de Tuoba Yu se curvaron ligeramente mientras miraba a las xiaojie pasmadas. El séptimo príncipe era conocido como el miembro más atractivo de la familia Imperial, y por supuesto, también era famoso por ser frío e indiferente.
Su Alteza San, Tuoba Zhen sonrió y dijo:
–Séptimo hermano.
La alegre sonrisa de la cara de Tuoba Yu parecía tensa.
–Tercer hermano.
Los dos atractivos príncipes imperiales en el mismo sitio era, verdaderamente, una imagen digna de admirar. Li Wei Yang sonrió. ¿Quién se podría imaginarse que estos dos eran enemigos mortales de toda la vida? Los hermanos de la familia Imperial no podían evitar la inevitable lucha por el trono. Pensándolo bien, ella solía pensar sólo en el bien de Tuoba Zhen y por eso, siempre vio a Tuoba Yu como su propio enemigo, pero ese sentimiento, ahora, había cambiado.
En vez de permitir que Tuoba Zhen se alzase en el trono como Emperador, Li Wei Yang estaba dispuesta a hacer de Tuoba Yu el vencedor definitivo.
El quinto príncipe, Tuoba Rui, estaba evidentemente sorprendido.
–Hoy ha venido hasta el séptimo hermano.
La mirada de Tuoba Yu pareció repasar a Li Wei Yang.
–El primer ministro ha organizado un banquete para su querida hija, debo venir a celebrar sin falta.
En realidad, estaba en el palacio de su madre imperial cuando alguien comentó que el Emperador le había otorgado el título de Xian Zhu a alguien. Dio la casualidad que ese alguien era Li Wei Yang, la hija de una concubina de Li Xiao Ran.  Las criadas de palacio cotilleaban sobre esta tal “San xiaojie” que se había criado en un pueblecito cerca de Ping Cheng.
Tuoba Yu no comprendió porque al escuchar el nombre recordó aquellos claros ojos negros. Se marchó del palacio y, antes de poder darse cuenta, el carruaje de caballos ya había llegado a las puertas de la residencia del primer ministro.
Su intuición le decía que la chica que había visto antes debía ser Li Wei Yang. Quería confirmar sus sospechas y, al fin, lo hizo.
El rostro de Li Xiao Ran se iluminó. Sólo había enviado las invitaciones por cortesía. ¿Quién iba a imaginarse que aquellos tres distinguidos invitados vendrían? Eso era más que suficiente para demostrar su autoridad e influencia en la corte imperial… Con una gran sonrisa, alzó su copa de vino.
–Les agradezco a los tres príncipes que hayan venido; permítanme ofrecerles el primer brindis.
El séptimo príncipe había aparecido de repente, y además, el anfitrión del banquete estaba muy animado, hecho que mejoró el ambiente general del banquete, por lo que los invitados empezaron a brindar los unos con los oros.
Tuoba Zhen se puso en pie y dijo:
–Primer ministro, el príncipe heredero está ocupado con asuntos oficiales y no ha podido venir personalmente. Sin embargo, me ha hecho traer un regalo en su lugar.
Li Xiao Ran sonrió.
-El príncipe heredero es verdaderamente considerado.
Tuoba Zhen ordenó que abrieran una caja cubierta de seda para revelar su contenido que todo el mundo alabaría de inmediato. Al parecer, allí dentro había un hermoso pavo real dorado. Se había trabajado con una seda frágil y dorada para las alas que temblaban suavemente por el viento, como si fueran alas reales. Los ojos eran un par de esmeraldas del tamaño de un grano de arroz que brillaban misteriosamente bajo la luz de la vela. En la cola del pavo había hermosas gemas muy coloridas incrustadas, todas astutamente juntas para provocar un efecto similar al de un arcoíris bajo la luz.  Era un tesoro digno de admiración.
Semejante regalo parecía lo suficientemente valioso como para que los demás vieran que el príncipe heredero respetaba a esta Xian Zhu, o mejor dicho, que había notado que se había nombrado Xian Zhu a Li Wei Yang.
Li Wei Yang mantuvo una sonrisa neutral en su rostro y aceptó la caja de seda.
Tuoba Zhen la estaba mirando cuando captó, vagamente, una pizca de burla en sus labios, pero como una débil impresión, desapareció rápidamente.
En ese momento, Li Min De llegó corriendo con la respiración irregular. Su mirada se movió de un lado al otro hasta que encontró a Wei Yang. Sus formas ya no eran tensas, y se acercó rápidamente a su lado. Cuando vio a Tuoba Zhen no muy lejos, su mirada pareció tornarse hostil.
Tuoba Zhen sintió una mirada extraña pegada a él e, instintivamente, se giró para ver al muchacho de extraña belleza ahí de pie.
Era el joven shaoye que San Fang había adoptado. Tuoba Zhen no pensó demasiado en el niño, pero miró atrás inconscientemente unas cuántas veces. Aparte de su apariencia extraordinaria, los animados ojos del niñito parecían albergar una animosidad oculta.
¿Animosidad? ¿Hacia él? No recordaba haberle ofendido de ninguna manera.
Intentó tomarse la mirada del joven como si nada, pensó que podría olvidarla, pero la mirada de Li Min De era bastante inusual. Le inquietaba inconscientemente.
Hizo lo que pudo para evitar la mirada, se dio la vuelta y volvió a su asiento. Un rato más tarde, notó como esa ferviente mirada le dejaba.
Li Wei Yang vio el sudor en la frente de Li Min De y preguntó con curiosidad:
–¿Algo va mal? ¿Por qué estás tan sudado?
Una luz extraña apareció en los ojos de Li Min De.
–Nada. He ido a los jardines de flores a buscarte, pero no estabas.
La mirada de Li Wei Yang cayó sobre las ropas bordadas de oro de Li Min De, particularmente en una mancha, y se preocupó notablemente.
–¿Te has caído?
Li Min De sonrió con alegría.
–Para nada.
Una niebla extraña pareció vidriar sus ojos. Tal vez se acababa de enterar de algo, pero aun siendo el caso, eso no explicaba la mancha.
–Min De. – Empezó con dulzura.
El contorno de la boca de Li Min De era extraordinariamente hermoso, sus labios estaba algo curvado hacia arriba. Cuando no sonreía, parecía haber una luz vagamente cruel y retorcida.
–Sanjie, antes me he encontrado con una persona muy rara-…
¿Una persona muy rara? Li Wei Yang se quedó perpleja por su forma de decirlo, pero justo cuando iba a indagar más, Li Min De cambió de tema. Sus ojos eran tan inocentes y claros como el día mientras le ofrecía un tazón de sopa de pera.
–Vamos a dejar ese tema. Toma, prueba esto, está muy bueno.
Li Wei Yang recordó que quedaban asuntos más importantes. Por esa razón, lo dejó ir.
En ese momento, San Furen miró en su dirección. Intercambiaron una sonrisa, comprendiendo a la perfección las intenciones de la otra.

*        *        *        *

Cuando se hubieron terminado el té, resonó un grito terrorífico que les asustó a todos.
El rostro de Li Xiao Ran se volvió solemne. Estaba a punto de ordenar a alguien que fuera a ver qué había ocurrido cuando vio a Da xiaojie, de la familia Wang de gran autoridad política, con el rostro totalmente lívido, apoyándose en una criada joven como si estuviera por desmayarse.
Da Furen, al verla, frunció el ceño de inmediato.
–¿Qué ocurre, Wang xiaojie?
Wang xiaojie dejó escapar un chillido, temblaba de los pies a la cabeza mientras su rostro se iba tornando blanco, incapaz de decir palabra.
Wang Furen se levantó. Era su madrastra por lo que viendo a una hija que ni siquiera era de su propia sangre hacer un alboroto en el banquete, dijo con severidad:
– Eres la xiaojie de una familia de prestigio y aun así, no tienes modales. Vete, rápido.
Justo entonces, Wang xiaojie rompió a llorar y gimoteó:

–Madre, no tiene nada que ver conmigo, pero cuando me he retirado para estar a solas con mis pensamientos, he visto… ¡He visto a una muerta colgada de un árbol!
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