Capítulo 59: Una súbita ráfaga de viento


Algo agitó a Tuoba Zhen conforme sonreía para decir:
–San xiaojie, eres la persona principal del banquete de hoy, ¿por qué has corrido a esconderte aquí?
Li Wei Yang se pasó los dedos por el cabello ociosamente, sonriendo.
–El banquete es para que DaJie se rodee de extravagancia. ¡Interponerme en su camino sería un crimen merecedor de cien muertes!
–¿Qué dices? – Tuoba Zhen se sorprendió pero mantuvo su cálida sonrisa en apariencia. – El banquete de esta noche no se ha organizado para ella.
Li Wei Yang sonrió con dulzura.
–San huangzi[1], hoy utiliza su buen nombre para felicitarme, pero en realidad, está calculando el valor de mis hermanas y de mí en el corazón de mi padre, ¿cierto?
–Tú…
Tuoba Zhen no esperaba que fuera tan directa. A pesar de lo perplejo que estaba, siguió sonriendo impasible como antes.
Li Wei Yang alzó una ceja.
–Su Alteza San, no hace falta que se preocupe. Aunque he ayudado a padre y al Emperador a resolver un asunto complicado, a ojos de padre siempre seré la hija de una concubina, indigna de su atención. An Ping Xian Zhu es un título que sólo es agradable al oído. Dajie es diferente. Dajie tiene el favor de padre y al abuelo materno y al tío con autoridad militar en sus manos. Por supuesto, también tiene una belleza sin igual. Dajie es la que le será más útil a Su Alteza San.
En su encantador rostro no había ni un ápice de emoción. Parecía haber una pizca de desdén en sus ojos. Tuoba Zhen se percató de esto y, de repente, tuvo un extraño sentimiento.
Esa chica era capaz de averiguar sus intenciones de una sola mirada.
–Parece que eres alguien con un intelecto peculiar. – Sonrió.
La mirada de Li Wei Yang continuó posada en él, pero parecía atraversaler, como si estuviese concentrada en otra cosa. Indiferente aunque hostil.
Era obvio que al renacer había reflexionado en todas las cosas. Aunque Li Zhang Le tenía una belleza indiscutible, lo que más valoraba Tuoba Zhen por aquel entonces era el apoyo del primer ministro y la autoridad que la familia Jang tenía detrás de su hermana. Este hombre no sólo tenía una gran ambición y bravura, sino que además albergaba una paciencia sin límites. Jugó con ella durante ocho años hasta que pudo extraerle hasta la última pizca de valor que le quedaba, y entonces, lo dejó todo.
Tuoba Zhen la miró con intensidad. En realidad, a Li Wei Yang se la podía considerar hermosa, a pesar de que en comparación con Li Zhang Le le faltaba algo. Además, en sus encuentros con él, jamás había mostrado ni el encanto, ni la gracia femenina de las mujeres. También estaba su determinación y su ambición.
El joven suspiró.
–Pareces odiarme desde lo más hondo de tu ser desde que nos conocimos…
La esquina de los labios de Li Wei Yang se curvó hacia arriba y, de mala gana, dijo:
–Su Alteza lo ha malinterpretado. Apenas nos conocemos, ¿cómo puede existir algo así como el odio entre nosotros?
Tuoba Zhen se tensó y descubrió que le sería imposible entender a esa chica, y mucho menos comprender su forma de pensar. Ese sentimiento era verdaderamente enervante.
–Debes asistir al banquete, aunque sólo sea para hacerle paso a Li Zhang Le. No puedes decidir no ir. El príncipe heredero ha traído regalos, e pretende entregártelos delante de todo el mundo durante el banquete. Si no vas, se podría considerar que te has puesto en contra de la voluntad del príncipe heredero.
Tuoba Zhen pensó que Li Wei Yang encontraría otra excusa para rechazarlo, no se esperó que la muchacha se levantase con una gran sonrisa.
–Gracias por el recordatorio, Su Alteza San.
Dicho esto, la niña se marchó en dirección al banquete.
Bai Zhi le hizo una reverencia al príncipe y se apresuró a seguir a Li Wei Yang.

*        *        *        *

Li Zhang Le estaba conversando alegremente con las hijas de las otras familias aristócratas en el banquete, mientras que al otro lado, las mujeres hablaban tranquilamente.
El marqués de la casa Hechang, Dong Furen, tenía casi cuarenta años e iba cubierta de joyas y perlas. Sonrió suavemente y le dijo a Da Furen:
–Este banquete es para San xiaojie, ¿no? ¿Por qué la estamos esperando aún?
Da Furen sonrió pero no dijo nada. Que Li Wei Yang no se hubiera presentado era bueno. Ninguna señorita se podía comparar con Li Zhang Le, y como ella ya carecía de mucho respecto a sus otras hermanas, no tenía motivos para asistir y perder aún más la dignidad.
Wei Guo Furen acabó resintiendo muchísimo a Li Wei Yang tras el incidente. Entre sonrisas se cubrió la boca con un pañuelo y, en mofa, comentó:
–Una jovencita de campo debe desconocer poesía y pintura, y no debe conocer la etiqueta. Al parecer el primer ministro Li tendría que esconder a esta pueblerina para no quedar en evidencia.
Dong Furen se cubrió la boca con su pañuelo.
–Puede ser, pero ahora mismo es An Ping Xian Zhu. He oído decir que la Emperatriz Viuda también la vio con otros ojos.
Wei Guo Furen sonrió con frialdad.
–An Ping Xian Zhu. No hubo ninguna ceremonia oficial, ni ningún honor parecido, ¿qué Xian Zhu va a ser? Es sólo que Su Alteza tiene una opinión muy buena del primer ministro Li y la sosegó, ¡qué jovencita tan ingenua! Lo mejor será que no aparezca para que no quede en evidencia y se convierta en el hazmerreír.
De repente, Dong Furen dejó de sonreír, señaló a una figura grácil y dijo con miedo:
–Esa… ¿Quién es esa?
Da Furen siguió la mano de Dong Furen y no pudo evitar fruncir el ceño.
Todo el mundo miró con los ojos como platos a Li Wei Yang, atónitos.
Ahora que Li Wei Yang poseía el título y el estatus de Xianzhu, todas y cada una de las furen y xiaojie sin rango de nobleza tenía que saludarla ceremonialmente. Sonrió suavemente y les devolvió el gesto a todas. Sus movimientos fueron impecables y además albergaban un aire refinado y noble, hasta la pequeña sonrisita era suficiente, sorprendiendo a todos los presentes.
–¿No habían dicho que ha crecido en el campo?
–Sus modales y postura no es para nada como dicen. Mirad sus gestos. Sus movimientos son delicados y gráciles como nubes a la deriva y como el agua corriente, muy parecidos a los de las concubinas imperiales y a las princesas.
Da Furen estaba perpleja y se había quedado muda. Su dura mirada seguía fijada en Li Wei Yang, como si no la conociera. No podía entender por qué Li Wei Yang no parecía una pueblerina, sino una princesa de alta cuna.
Dong Furen observó a Li Wei Yang. Esa niña, aunque su apariencia no era como la de Li Zhang Le, sus acciones eran tan tranquilas como el agua, refinadas y sosegadas. Su presencia era distinta a la de Da xiaojie.
Ser demasiado hermosa inquieta al resto, pero Li Wei Yang era agradable y lo suficientemente alegre como para no ser una potencial amenaza. Sus ojos eran claros, y su sonrisa parecía dulce. Su presencia era mucho más fuerte en comparación con su hermana. Esto sentían todas las furen y xiaojie de la sala.
La mirada de Li Zhang Le siguió cada gesto de Li Wei Yang.  No se imaginó que esa niñata se atrevería a aparecer en el banquete. Li Chang Xi se puso a su lado y miró a la silueta de Wei Yang.
–Mira esa cara triunfal. ¡Se cree una princesa sólo por tener el título de Xian Zhu! – Dijo rencorosa.
Li Zhang Le no dijo nada, sólo hizo una mueca.
Li Xiao Ran sonrió a todo el mundo.
–Os doy la bienvenida a todos. Antes que nada, espero que todos podáis socializar y beber a gusto, y ahora, me gustaría presentaros a mi tercera hija…–Dicho esto, se dio la vuelta hacia Wei yang y dijo en un murmuro. – Wei Yang, ven a saludar a todo el mundo.
Li Wei Yang sonrió con gentileza, se inclinó un poco y saludó a sus invitados.
–Bienvenidos.
Todos pensaron que verían a una pueblerina que ignoraría la etiqueta y se atrevería a crear problemas. Jamás se hubieran esperado que sería una señorita tan encantadora. De repente, la admiración por la belleza de Li Zhang Le desapareció y la atención de todos los presentes se centró en Li Wei Yang.
Aun así, San xiajie, la hija de una concubina, era una leyenda. Para empezar, no la habían favorecido y la habían enviado al campo. Después de eso, había vuelto y había conseguido mantenerse firme, milagrosamente, en la casa Li. Había ofrecido un gran servicio para su país y había conseguido que SU Alteza la nombrase Xian Zhu. Jamás se había escuchado algo así en Da Li, era un milagro.
Los ojos y las miradas rebosaban admiración y curiosidad. Li Wei Yang tenía una expresión amable, refinada y cortés, provocando que Tuoba Zhen, que acababa de llegar, la observase intensamente, sin apartar la vista. Li Wei Yang era una chiquilla valiente, algo que se podía reconocer por las palabras que le había dedicado antes. No obstante, al llegar al banquete, parecía haber convertido en una persona totalmente distinta con una sonrisa impecable en la cara.
En ese momento, resonaron los gritos de una chica.
–¡Su Alteza! ¡Su Alteza!


[1] Huàng Zi (皇子): príncipe 

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