Capítulo 12

Ha vuelto con heridas.
Cuando entra a mi habitación, alzo la cabeza para ver su atractivo rostro inexpresivo. Tiene la esquina de los labios hinchada y roja, la ropa maltrecha y va lleno de arañazos… Mientras que yo estoy con una camisa larga mirando la televisión en el sofá.
–Ya estoy aquí. – Dice.
Me levanto, le miro los labios y le pregunto:
–¿Te has peleado?
–Sí.
–¿Con quién?
Ye CanSheng se sienta a mi lado, mirándome como si estuviera en su propio mundillo. Me acaricia la cara con solemnidad y cambia de tema.
–¿Por qué tienes tan mala cara?
Le aparto la mano y digo:
–Si me quitas la cadena, a lo mejor mejora.
–No te voy a soltar. Tú eres quien dijo que hay cosas que se tienen que conseguir cueste lo que cueste.
–Me refería a objetos, no a personas.
Me quita el mando de la televisión de las manos y, mientras cambia de canal, manifiesta:
–Tú eres mío.
Impotente ante su terquedad insisto:
–CanSheng, desátame.
–No.
–¿Quieres volverme loco?
Su mano vuelve a acariciarme la cara.
–XiYan dice que los humanos tenemos la capacidad de adaptarnos a nuestro entorno. Te acostumbrarás en nada.
–¿Quién es XiYan? – me sorprendo.
–Yo. – responde una voz conocida.
¡Es el chico de las gafas!
–XiYan, ¿cómo has entrado? – Le pregunta Ye CanSheng mientras se levanta y mira al hombre que sigue apoyado contra el marco de l apuerta con una expresión seria que es de todo, menos negligente.
La actitud tranquila y relajada de antes desaparece por completo.
El hombre en traje que sigue en la puerta habla:
–El segundo joven amo[1] le invita mañana a una reunión.
Dicho esto, se marcha sin dedicarme una sola mirada y cierra la puerta sin hacer ruido.
CanSheng que todavía sigue dentro de la habitación empieza a reírse en voz baja, se palpa la sangre de los labios y habla como si nada.
–Vaya, qué rápidos son.
Ni siquiera tengo fuerzas para reírme con amargura. Ha dicho con toda claridad que soy un objeto, y aun así, no sé nada.
–Ye CanSheng, si no me cuentas nada, ¿cómo voy a tener el valor de quedarme a tu lado?
–Si te enteras, ya no me querrás más.
Se siente en el sofá, lamiéndose la herida holgazanamente como si estuviese disfrutando del momento. Su expresión hace que la sangre parezca dulce y deliciosa.
Se me pone la piel de gallina y no puedo evitar admitir que este Ye CanSheng es realmente bello.
–Si no me dices nada, te abandonaré ahora mismo. – Le cojo del hombro y le empujo para que me mire a la cara. – ¿Quién te ha pegado?
–Mi hermano.
Él sonríe y presiona sus labios contra la esquina de los míos y empieza a mordisquearme. No sé cómo se puede excitar en estos momentos.
–¿Por qué? – Alejo su cabeza y le miro totalmente serio. – Cuéntamelo, CanSheng, quiero saberlo.
Ye CanSheng estira la mano y me toca los ojos.
–Esa expresión preocupada que tienes ahora mismo me da ganas de comerte.
Tiemblo y me echo para atrás por instinto. Sin embargo, él me empuja a sus brazos. Puedo oler la sangre.
Siento su aliento contra mi cuerpo mientras me dice lentamente:
–Mi madre me ha querido siempre. Tenía miedo de que me mataran, así que le pidió a un profesor que me enseñase defensa personal. Desde entonces empecé a tener heridas por todas partes. Sé que hizo todo eso porque me quiere. Tengo un hermano mayor, pero creo que no me aprecia demasiado. Pero mamá dice que mientras sea más fuerte que él, me respetará y me querrá. Así que, para gustarle a mi hermano, mamá me envió a una isla pequeñita. La isla tenía bosques, flores y hierba; un paisaje precioso y un mar azul. Había un profesor que me enseñó a matar gente. La vida era muy dura, pero sé que mamá lo hizo por mi bien, así que luché y me esforcé por sobrevivir.
El cuerpo de CanSheng tiembla un poco, coge aire y continua.
–Cuando volví era fuerte, pero mi hermano siguió menospreciándome. Mamá me dijo que era porque no tenía poder, así que empecé a conseguir poder e influencia. Y así, empecé a tener poder poco a poco, pero cuando mi hermano volvió a aparecer delante de mí… Me dijo que sólo era una rata y que no tendría que haber nacido… Me ha dicho que ha venido a sacar la basura… Mamá también me había dicho eso… Pero, creo que me quieren…
Le abrazo, atónito, sin decir nada. No puedo ni imaginar cuánto dolor y angustia se esconde en esas pocas frases. ¿Una islita? Es donde le entrenaban para matar, ¿cómo podía ser un sitio bonito? ¿No debería ser el mismo infierno? No puedo ni comprender cómo puede describirlo de una forma tan dulce. ¿De verdad es amor? No, no lo es. Pero, aun así, le digo:
–Te quieren.
Levanta la cabeza con vigor y me llama.
–¡YunSheng!
No puedo ni imaginar cómo ha logrado sobrevivir. Su pasado es lo que ha debido destrozar su personalidad, por eso es tan ansioso y temperamental.
En estos momentos ignoro que XiYan también estaba escuchando la conversación desde el otro lado de la puerta, entre lágrimas.
Por la noche, CanSheng vuelve a montarme. Me muerde con fuerza y entra en mí cargado de excitación y deseo carnal. Tal y como Xi Yan había dicho, me vuelve a destrozar.
Siempre es así, le gusta que duela. Usa tanta fuerza para doblarme las rodillas que casi me díscola el hueso. Aunque me debata, sólo conseguiré que me domine con más fuerza. Después de todo eso, vuelvo a desmayarme.
No sé lo que siento, pero sé que me es difícil dejar ir a Ye CanSheng.
No pasa mucho tiempo hasta que sé el verdadero pasado de CanSheng.
Aquel día, Ye CanSheng me besa y una vez se marcha, XiYan entra poco tiempo después fumando.
–¿Quieres conocer el verdadero pasado del joven amo? – Es lo único que dice.
El hombre ante mí se fuma dos cigarros y me narra una historia totalmente distinta.
–Había una vez una prostituta que se enamoró del jefe de la mafia y se quedó embarazada. Los buenos momentos no duraron mucho porque, con la barriga ya bien redonda, se enteró de que la mujer a quien el mafioso amaba ya había fallecido y de que ahora estaba con otra mujer en las últimas etapas del embarazo. Esa mujer también tendría un chico. Aunque era prostituta, su personalidad era distinta a la de la mayoría. Era arrogante, virtuosa y se sentía sola, sin embargo, era fiel al amor. Con las cartas de sobre la mesa, el mafioso dejó de mimar a la prostituta como solía hacer…  y tiempo después, dio a luz al niño. No obstante, no fue por el bien del bebé, sino por venganza, para pagar su enfado con alguien… por eso, le puso: “CanSheng”. Nadie llamaría así a su hijo. Era brutal y lo único que deseaba era que el niño muriese lo antes posible… El niño era adorable y quería muchísimo a su madre, a pesar de lo mucho que esa mujer le pegase y le maldijera. Así que, el niño fue a buscar a su padre, pero este le apartó y le dijo: “es porque tu madre te quiere”.



[1] XiYan menciona a un “segundo joven amo”, a pesar de que CanSheng es el más joven, el motivo es que para los lacayos su amo siempre será el número uno, y el resto se posiciona detrás de él. Así que, para XiYan, el joven amo mayor es el segundo. 
Title: Capítulo 12
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Writed by Nana L15R1