Capítulo 51: Adjudicarse lo que es de otro


–Habrá que reducir los impuestos. Hay que enviar un mensajero a todas las regiones para anunciar una excepción de tres años a las víctimas, esto hará que las gentes recuerden al Emperador con gratitud. Si lo hacemos así, lo importante no es reducir los impuestos, sino demostrarles a los ciudadanos que nos importan. Por último, lo suyo sería crear más graneros de emergencia. Cuando se haya dado las ayudas las existencias habrán disminuido, así que podemos comprarle los cereales a nuestros campesinos para prepararnos para las catástrofes futuras; cuando el precio de los cereales empiece a subir, podemos vender lo que hemos comprado para que bajen los precios. También podríamos vender lo que hemos comprado a las áreas afectadas en caso de otra catástrofe… Es una buena estrategia para todos.
Todo el mundo la escuchó y se miraron entre ellos pasmados. Tuoba Zhen aplaudió y exclamó:
–¡Genial! ¡Genial! ¡Esto es maravilloso!
Li Zhang Le todavía tenía su expresión habitual pero en su bello par de ojos apareció el odio y el enfado. No podía creer que se le pudiera haber ocurrido un plan así a Li Wei Yang y lo más importante era que tenía que admitir que era muy racional. No podía creérselo, ¡no podía!
–Aunque hay alguna parte que no está del todo bien, esta estrategia es muy buena.
En ese momento una persona entró en el pabellón sorprendiendo a los presentes. Era Li Xiao Ran con el rostro rebosante de alegría.
Li Min Feng se puso en pie de repente, tras recomponerse del susto y sonrió.
–Sí, la estrategia de Zhang Le es, sin lugar a dudas, extraordinaria. ¡Mucho me temo que la compararán con los hombres!
Li Chang Xi, mientras los demás seguían sorprendidos, saltó:
–Sí, qué increíble es Da jie para tener una idea así. ¡Es un modelo ejemplar para todas las mujeres!
Li Xiao Ran estaba confundido pero se quedó dónde estaba, callado. Tuoba Zhen frunció y su mirada repasó a Li Zhang Le que estaba ruborizada, pero al final no dijo nada.
–Ha sido nuestra xiaojie la que ha-… – exclamó Bai Zhi.
Li Min Feng le reprochó:
–¡Silencio! ¡Los señores estamos hablando, cómo osas hablar!
Bai Zhi se asustó de sus palabras y de su expresión intimidante y miró a Li Wei Yang desconcertada. No fue la única en mirarla, todos lo hicieron.
Li Min Feng dio un paso, su atractivo rostro reveló un ápice de frialdad.
–San mei, ¡¿no crees que Zhang Le es extraordinaria?!
Estaban proclamando el mérito de otra persona como suyo, ese par de hermanos no tenían vergüenza. Tuoba Zhen ya había bajado la cabeza para sorber su té. Los problemas internos de la familia Li no le incumbían, lo que quería era un resultado.
Li Xiao Ran miró a Li Wei Yang, que seguía callada, y una pizca de lamento pasó por su corazón. Entonces, soltó unas carcajadas.
–¡Sí, Zhang Le es increíble! ¡Ni siquiera yo, el primer ministro, he podido resolver este problema pero ella lo ha conseguido como si nada! ¡Es como una versión femenina de Zhuge Liang[1]!
Li Zhang Le sonrió, repasó su falda con el dedo índice escondiendo la mofa que habitaba en sus labios.
¿Qué más da que hayas sido tú, Li Wei Yang, quién haya pensado esta estrategia? Madre tiene razón, ¡sólo eres una hija ilegítima cualquiera destinada a abrirme camino!
–Padre, no merezco tanto elogio. Lo hago por la gente, no es nada de lo que presumir. – Li Zhang Le sonrió con dulzura.
A Li Wei Yang casi se le escapa la risa al escuchar a su hermana tener la imprudencia de admitir aquello.
En su vida pasada, justo un mes antes a que Tuoba Zhen ascendiera al trono la región Da Li se inundó de repente; Tuoba Zhen visitó las áreas afectadas personalmente y ella también le acompañó. Al enfrentarse a la vista agonizante de millones de sintecho, quince estrategas se reunieron para trazar este plan durante tres días sin descansar. El plan no era completamente sistemático, estaba en fragmentos, pero después de reorganizarlo a ella se le ocurrieron todas esas estratagemas.
Li Xiao Ran miró a Li Wei Yang con pena, nunca se habría imaginado que esa hija tan poco destacable tenía un cerebro así, pero… Había estado entrenando a Zhang Le durante años y esa era la oportunidad perfecta para brillar. De esta forma conseguiría ganarse una buena reputación entre las gentes y captaría la atención de la familia real. Tal vez si Wei Yang también se hubiese criado a su lado, si hubiese tenido una cara bonita, entonces no habría ignorado sus esfuerzos, pero como la situación se le había ido de las manos, sólo podía seguir el rollo.
Tuoba Zhen sonrió al presenciar el resultado.
–Entraré a palacio para entregar esta estrategia a mi padre imperial y me aseguraré de que recompensen los méritos de Da xiaojie.
Li Zhang Le alzó las cejas y sonrió totalmente satisfecha por primera vez. Li Wei Yang no musitó palabra desde el principio.

*        *        *        *

Bai Zhi, ya de vuelta, estaba rabiosa. Li Wei Yang la miró y sonrió.
–¿Qué te pasa?
–¡Xiaojie, ¿cómo puedes hacer como si no hubiera pasado nada?! ¡Está claro que has sido tú la que ha pensado en ese plan! ¡¿Cómo puedes dejar que Da xiaojie se lleve el mérito?! ¡He oído que el Emperador ha enviado un edicto de que a quien se le ocurra un plan para resolver esta crisis, si es chico subirá de rango y si es chica será recompensada!
–¿Ah, sí? – Li Wei Yang la escuchó despreocupadamente.
Bai Zhi siempre estaba tranquila, era difícil verla tan inquieta.
–Xiaojie, ahora mismo en la familia tienes a Lao furen de tu parte, pero Da xiaojie es también es su nieta, no puede ignorarla. Además está envejeciendo, ¡¿qué harás cuando no pueda seguir protegiéndote?!
Li Wei Yang no podía creer que Bai Zhi pudiera decir esas palabras.
–Bai Zhi, me alegra que me digas esto.
Bai Zhi tuvo el impulso de patear el suelo.
–Xiaojie, ¿qué hora es? ¡¿Cómo no te preocupas por eso?! ¡¿De verdad quieres estar en peligro antes de preocuparte?!
Mo Zhu que estaba a su lado intentó persuadirla.
–Xiaojie, deberíamos contárselo a Lao Furen…
–No hace falta. Siempre la molestamos por mi culpa, no podemos seguir haciéndolo por asuntos tan triviales. – Li Wei Yang se levantó, miró la nieve que había fuera de su ventana y sonrió.
¿Estrategia? Li Zhang Le, espera tu premio…
Tuoba Zhen no mentía, propuso el plan de inmediato.  En cuanto el Emperador lo vio se alegró muchísimo; elogió al primer ministro al enterarse que se trataba de la estrategia de su hija de quince años y le prometió que cuando terminase la catástrofe se les recompensaría. Los poetas y los escolares no tardaron mucho en crear poemas y canciones que describían la belleza, la inteligencia y el patriotismo de Li Zhang Le. Se puede decir que la hija del primer ministro, habilidosa en artes y literatura, acababa de entrar en los registros históricos.
Da Furen no podía ocultar su regocijo. Tanto a ella como a sus criados se les dobló la paga y por ello los criados de las otras casas empezaron a envidiarles.
Entre toda esa alegría, Li Wei Yang era la única que aguardaba en silencio, esperando a que la tragedia acaeciese sobre la cabeza de Li Zhang Le.


[1] Zhūgě Liàng (诸葛亮) fue un militar y estratega chino.

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