Capítulo 49: Todo el mundo tiene sus razones

Da Furen sonrió y dijo confusamente:
–Por supuesto, tu padre no abandonará sus esperanzas. El plan no terminará con un fracaso: continuará, la única diferencia será quién lo ejecutará. Si no puedes hacerlo, siempre estarán Chang Xiao y Chang Xi. Si ellas no lo consiguen, todavía queda Chang Ru de Erfang, sin hablar de la inteligente y lista Li Wei Yang. Lo de ser hijos de una esposa o de una concubina sólo influye en el nombre. El derecho a decidir todavía está en manos de tu padre.
Los dedos de Li Zhang Le temblaron cuando el pánico llegó a su corazón.
Da Furen se percató del efecto que tuvo en ella y decidió que no hacía falta asustarla más.
–Para serte sincera, Chang Xiao, Chang Xi, o quien sea, son sólo piedras con la utilidad de comprobar el camino antes de que la familia Li tome cartas en el asunto. Cuando crezcan serán mucho más útiles, pero al final, sólo son piedras para pavimentar el camino para ti. ¿Lo entiendes? Por eso no debes cometer errores y, sobretodo, no involucrar a tu Dage y hacerle caer contigo.
En los ojos de Li Zhang Le rebosaban las lágrimas. Bajo la luz de la vela éstas eran mucho más encantadoras y capaces de remover el corazón de uno.
–Madre…
Da Furen le acarició la mano con suavidad.
–Eres una atesorada jade y muy bella. ¿Por qué quieres que una cualquiera te arruine? Yo puedo soportarlo; tú también puedes hacerlo y esperar pacientemente a que llegue la oportunidad.
Li Zhang Le bajó la cabeza y no respondió durante unos instantes. Al fin, farfulló un suave asentimiento.

*        *        *        *

Hacia finales de año, Da Li estaba envuelta por una enorme nevada. Todos los oficiales y nobles de la capital bebían vino y observaban la nevada con mucho ánimo pero, con el tiempo, dejaron de poder sonreír.
La nevada había durado ya medio mes y se había convertido en una tormenta de nieve. Decenas de cientos se vieron afectados en las fronteras. El Emperador, sorprendido, ordenó que redujeran los gastos, se facilitasen ayudas y que los militares y los civiles pusieran en marcha contramedidas. Poco después, las propuestas aterrizaron sobre los escritorios del Emperador como nieve.
Tuoba Zhen, en el pabellón, vestía un changpao azul marino. El yijin y las mangas estaban delicadamente bordadas con grullas volando entre las nubes con hilo de plata, lo que decoraba el cinturón dorado y el adorno de jade de color del bambú. Su presencia dejaba una gran impresión con sólo echarle un vistazo, mucho mayor que la de los demás. La pieza de ajedrez de su mano se quedó suspendida en el aire sobre el tablón.
Li Min Feng le miró, sonriéndole un poco mientras decía:
–¿San dianxia sigue preocupado por el estado de la tormenta?
Una expresión extraña cruzó la cara de Tuoba Zhen. Sonrió mientras depositaba la pieza.
–Para nada. El príncipe heredero será quien se ocupe de todos los asuntos urgentes. Yo sólo tengo mucho tiempo entre manos y me dejó hundir en mi prestigio y riqueza.
–San dianxia, nos conocemos desde hace muchos años, ¿y sigues ocultándome cosas? – Comentó Li Min Feng como si nada.
Tuoba Zhen no podía seguir escondiendo sus sentimientos, pero se limitó a sonreír y decir:
–Min Feng xiong[1], ¿ya tienes una solución para esta tormenta en la cabeza?
Li Min Feng colocó una pieza blanca y habló.
–Sólo hay una forma, entre esto y aquello, y es abrir el granero de emergencia. Bixia está preparado para cerrarse al mundo.
Tuoba Zhen asintió sonriente.
–Es cierto. En los últimos días, Fu Huang ha regañado a los oficiales muchas veces. Ha ordenado que las contra mesuras estén dirigidas a la tormenta. Qué pena que nadie se atreva a presentar su propuesta.
Puede que no estuvieran asustados, pero, ¿quién estaba dispuesto a arriesgar su autoridad y su estatus por esto? Li Min Feng no dijo lo que pensaba, simplemente, insistió:
–San dianxia, esta es tu oportunidad.
Tuoba Zhen no dijo nada. Estaba mirando más allá de Li Min Feng, a lo lejos. Sorprendido, Li Min Feng se giró para ver a tres jovencitas que dirigían a criadas y niñeras a través del largo pasillo lleno de curvas en su dirección. La jovencita y líder vestía unas prendas rojas con un exquisito bordado de peonias y cada uno de sus movimientos albergaban mucha vida. Los lados del pasillo estaban cubiertos de flores exóticas en viva coloración. El paisaje de flores de melocotón florecidas era impresionante, pero la presencia de la belleza de Li Zhang Le fácilmente se hizo con el estrellato.
Li Min Feng se apresuró a volverse para mirar a Tuoba Zhen y, como esperaba, Li Zhang Le le había cautivado.
Li Min Feng sonrió para sí. Su hermana pequeña había fascinado a todos los hombres que la habían visto a lo largo de su vida. Aunque la personalidad de Tuoba Zhen era fría y desinteresada, no era más que un hombre corriente.
Li Min Feng alzó una ceja.
–Zhang Le, como se nota que sabes escoger el momento y la hora oportuna. No has llegado ni tarde, ni pronto. ¡Has escogido este momento para hacer que San dianxia se olvide del ajedrez por completo!
Li Zhang Le miró a Tuoba Zhen con una sonrisa reservada.
–Me ha retrasado un asunto, así que he llegado tarde. Le ofreceré una copa de vino a San dianxia como disculpa.
Tuoba Zhen rió a carcajadas y se levantó.
–¿Cómo puede ser? Da xiaojie es encantadora. Estaría dispuesto a esperarla hasta una vida entera.
Esas palabras albergaban su propio significado. El rostro de Li Zhang Le se ruborizó. Entonces, recordó lo que había dicho su madre. Hasta que él tuviera asegurado el trono, no podía tomar ninguna acción. Recompuso su expresión y se dijo con lentitud:
–Estas son mis dos hermanas: Chang Xi y Chang Xiao.  El príncipe San las conoció la última vez.
Tuoba Zhen repasó a Li Chang Xiao que mostraba cierta vergüenza en su rostro y a Li Chang Xi, cuyos ojos brillaban de admiración. Sonrió un poco y asintió. Sólo eran hijas de concubinas. No era necesario prestarles atención.
Li Chang Xiao bajó la cabeza. La muchacha sólo había ido como apoyo. No hacía falta que hablase ni participara, y no debía restarle atención a su Dajie. Eso era suficiente.
Li Chang Xi no pudo esconder el rubor de su cara. Solía preocuparse de que la cicatriz afectase a sus propuestas de matrimonio pero, el día anterior, Da Furen había ido a visitarla en persona y le había dicho que debía tratar a San dianxia bien y ofrecerle toda su cortesía. En sus palabras pareció sugerir un arreglo matrimonial, hecho que llenó de alegría a Chang Xi. Aunque San dianxia no era noble de nacimiento, seguía teniendo a su madre adoptiva, Wu Xian Fei, y su estatus de prestigio. Aunque no pudiera llegar a Emperador en un futuro, al menos, sería un príncipe muy respetado y de gran autoridad. Al ver semejante buen matrimonio, ignoró lo que su madre pensase de Da Furen y su resentimiento amainó.
–¿San dianxia ha estado contemplando el estado de la tormenta?
En el pabellón había una hoguera. Las largas pestañas de Li Zhang Le se cubrieron de perlas de nieve, sus encantadores ojos eran turbulentos. Su presencia parecía todavía más noble y extravagante, estimulando a los otros a querer acercarse a ella y protegerla.
Tuoba Zhen asintió mirando cada enorme copo que caía al suelo con una pizca de preocupación en sus ojos.
Li Zhang Le sonrió, con la intención de conversar, pero entonces, vio a una chica en la nieve cogiendo un paraguas de bambú. Debajo de dicho paraguas se hallaba una jovencita vestida de rojo, con prendas de piel y cuya presencia era como un jade intrincada al detalle.
Los labios de Li Zhang Le temblaron al ver a esa persona, pero se contuvo. Una rayo de miedo apareció en su mirada y, en un instante efímero, esa expresión vehemente desapareció como si nunca hubiese existido.
Li Chang Xi frunció el ceño.
–Li Wei Yang, ¿qué estás haciendo aquí?
Li Wei Yang alzó la cabeza y miró a los que estaban sentados en el pabellón. Sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa y, deliberadamente, se acercó a un ritmo despreocupado y lento.
–Saludos a San dianxia, dage y dajie.
Li Chang Xi miró desdeñosamente la taza de té que tenía en sus manos.
–La gente sufre por la tormenta y este frío extremo, y tú, mientras, te dedicas a recoger flores. Qué inconsiderada e indiferente eres a sus problemas.
Li Wei yang sonrió.
–Puede que hayan muchos principios, pero la piedad está por encima de todos. Estoy recogiendo flores de ciruela para Lao Furen. ¿Tienes algo que decir, Wu mei?
Sorprendida, Li Chang Xi se burló fríamente y se dio la vuelta.
Li Zhang Le miró a Li Wei Yang y dijo con suavidad:
–Meimei, el clima es frío e implacable, tienes que cuidar tu salud.


[1] Aunque xiōng () es un honorífico que puede traducirse como “hermano mayor”, en este contexto yo me lo tomaría como: “amigo”. 

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