Capítulo 32

–Llama a Susu. – Xiao Li bajó a Qi Xiu Yuan fácilmente, entonces, sacó el móvil de su bolsillo y se lo pasó. – Ves ahí y llama.
Qi Xiu Yuan sabía muy bien que quería hablar con Xiao Yang así que se forzó a estabilizar el paso y anduvo hasta un lado. Pero, siguió intranquilo incluso después de echarle un último vistazo a Xiao Li. Titubeó unos segundos y decidió no alejarse demasiado.
Xiao Yang se levantó y se apoyó contra el coche al ver a su hermano acercarse. Irguió el pecho enfadado pero la expresión de sus ojos no daba miedo; sólo albergaban cierta incertidumbre.
Xiao Li se situó ante él y levantó la mano.
Xiao Yang se escondió instintivamente, sin embargo, Xiao Li se limitó a cogerle de la mano izquierda. A Xiao Yang le embargó la sorpresa al verle semejante expresión complicada. En un segundo, se calmó y al siguiente momento, parecía terriblemente decepcionado. Xiao Li, por fin, suspiró. Le soltó la mano y retrocedió un paso; alzó la vista y le miró directamete.
–¿Dónde está Han Jia?
Xiao Yang giró la cara.
–¿Y yo qué sé? Sólo he hablado con él por teléfono. No me lo he encontrado.
–¿Qué le dijiste cuando le llamaste? – Xiao Li frunció el ceño inquisitivamente.
–Sólo le dije que se dirigiera a la entrada de la mansión Feng Mao, que alguien iría a buscarle. – Contestó Xiao Yang.
–¿Por qué te hizo caso?
–Sabía que tenía un amante así que le dije que si no venía y se intercambiaba por mí, le contaría a Luo Dong lo de su amante.
–¿Tiene pareja? – Xiao Li tartamudeó y volvió a preguntar.- ¿Cómo sabes que tiene un amante?
–¡Les he visto! – Xiao Yang enterró el rostro entre sus manos e intentó controlar su propio humor. – ¿Podrías no interrogarme como si fuera un criminal? Sabía que sería así. Deja que Qi dage venga, se lo contaré todo. ¡No quiero verte!
Xiao Li le cogió la mano, apartándosela de la cara y se contuvo.
–Eso no es lo que pretendía. ¿Le dijiste a Luo Dong quién era su amante?
–¡No!
–¿De verdad? ¿Luo Dong no te lo preguntó? – Las arrugas del ceño de Xiao Li se estrecharon todavía más.
–¡Ya te he dicho que no! – gritó Xiao Yang. – Luo Dong me dijo que no se lo contase. También me dijo que cuando capturase a Han Jia se lo preguntaría él mismo. Entonces, me dijo… Me dijo que sería divertido sonsacárselo lentamente.
La complexión de Xiao Li empalideció y apretó todavía más la mano de Xiao Yang. Xiao Yang gritó adolorido.
–¡Suelta! ¡Suelta! – Se liberó de su agarre. – No es culpa mía. ¿Cómo va a serlo? ¿Preferirías que me hubieran cortado la mano? ¿O que me muera? ¿Te sentirías mejor si me hubieran matado? Intercambiarme por esa putita te haría sentir mejor, ¿no?
–¡Tú…! – La expresión de Xiao Li empeoró con sólo escuchar a su hermano hablar de cortar manos, pero la última frase que había dicho fue lo que más le enfadó.
Alzó la mano con la intención de golpearle, no obstante, la detuvo en el aire.
–¡Venga! ¡Pégame! – Xiao Yang levantó la cara. – Ese tío ya me ha pegado mucho. ¡¿Cuántos golpes más me vas a dar?! ¿Tanto odias cuando me meto con él? ¡Ni siquiera sabías que tenía pareja y que te lo estaba escondiendo! ¿Quieres pegarme por alguien así? ¡De verdad que no tienes vergüenza!
–¡No tenemos ese tipo de relación! – Replicó Xiao Li. – Da igual cómo te ha podido ofender, tú eres el cobarde por traicionarle. Así que al menos ten un poco de respeto.
–¿Cobarde? – Xiao Yang hizo una mueca. – ¿Así es como me ves? ¿Por qué tendría que comportarme como un héroe por ese criminal que se pisa la cola con el que te has enrollado? ¿Qué ha hecho Han Jia para que yo tenga que protegerle? Xiao Li, podría haberte llamado a ti y podría haberte cambiado por mi libertad. ¿Has pensado en por qué le llamé a él? ¡Y ahora hasta quieres pegarme! – Perdió el control de sus emociones. – ¿Por qué nunca te metes en tus propios asuntos? Si no estuvieras con esta gentuza, con la mafia, ¿me habrían secuestrado? Si no estuvieras en la mafia, ¿me pasarían todas estas cosas tan despreciables? ¡Te dije que no te metieras con ellos, ¿pero me has hecho el más mínimo caso?!
Xiao Yang se cubrió la cara sorprendido. Xiao Li también se sorprendió al mirar a la persona que había dado el puñetazo.
Qi Xiu Yuan agarró el cuello de la camisa de Xiao Yang y se lo acercó.
–Xiao Yang, el mundo entero puede acusar a Xiao Li de ser un miembro violento y despiadado de la mafia, y decir que se merece lo que sea que le pase, pero tú no.
–¿Quién eres tú para-…? – Xiao Yang disparó un golpe fruto de la vergüenza y el enfado.
–Yo también soy el hermano de alguien. – Qi Xiu Yuan le miró directamente a los ojos. – Abusas de la amabilidad de tu hermano. Desde un principio has cerrado los ojos a los sacrificios que ha hecho por ti. Lo que es más, nunca has hecho nada por él, sólo has dejado que tu ego y tu egoísmo creciera. Has sido irrespetuoso, cruel y extremadamente inmaduro. Tengo mucha experiencia con adolescentes rebeldes e ignorantes como tú. Vuelve y estudia bien cómo funciona el mundo, entonces, ves y vive dos días, por lo menos, con la gente con alguna desventaja económica; ves y mira cuánto se preocupan de tu bienestar. Lo más importante es que entiendas que el mundo no gira a tu alrededor. Tu hermano ha permitido que su mundo gire a tu alrededor porque no entiende cómo funciona el mundo. – Le tocó la cara a Xiao Yang. – Si vuelves a ser un inmaduro, no me culpes por llevarme a Susu. Ningún hermano se quedaría tranquilo dejando a su hermana con alguien como tú.
El enfado y la ansiedad de Xiao Yang se plasmaban en su rostro que estaba de un rojo distintivo. Qi Xiu Yuan cortó lo que fuera que quería decir con una risa repentina.
–No puedes pegarle a tu hermano y no puedes replicarme. Así que, ¿puedes tener un poquito de por favor e ir a sentarte y esperar en el coche mientras hablo con tu hermano un momento?
Xiao Yang resopló unas cuantas veces, escupió al suelo y le tendió las manos a Xiao Li.
–¡Las llaves!
Xiao Li le echó un vistazo rápido a Qi Xiu Yuan antes de pasarle las llaves a Xiao Yang. Cuando este entró al coche, Xiao Li, de repente, abrió la puerta del acompañante y sacó un maletín negro.
–No hace falta que estés tan alerta. ¡No me interesan los secretos de la mafia! – Dijo Xiao Yang con voz ahogada.
Qi Xiu Yuan suspiró.
–Al parecer he perdido unos cuántos quilos en estos dos días de tanto lío. A lo mejor dejar que se vaya a otra provincia no es tan mala idea. ¿Tú qué dices?
–Vaya un experto eres en esto. – Una nube de sonrisas acaeció sobre Xiao Li.
En cuanto Qi Xiu Yuan le vio sonreír, se puso nervioso y sintió como si su espíritu ascendiese al cielo.
–Si tienes alguna duda sobre asuntos educativos pregúntame.
Xiao Li bajó la cabeza y recapacitó unos instantes, entonces, volvió a sonreír y contestó con suavidad.
–Pues tendré que dejarte a Xiao Yang.
Qi Xiu Yang no notó la amabilidad en el tono de Xiao Li hasta quince horas más tarde.
Xiao Li llevó a Qi Xiu Yuan a casa, y cuando se bajó del coche, incitó a su hermano a hablar sobre el amante de Han Jia.
–Susu y yo estábamos yendo al parque de atracciones… – Xiao Yang, por fin, sintió un ápice de culpa apoyado contra la ventana del coche. – Iba vestido de calle; casi no le reconozco. Estaba haciendo cola en la atracción del barco pirata con un chico que parecía una chica. Después de eso, les volví a ver dos veces más. La primera vez fue al bajar de la montaña falsa; era obvio que habían hecho algo por como llevaban la ropa. El chico jadeaba y parecía que había abofeteado a Han Jia. Pero, más tarde, en la entrada vi como el chico abrazaba a Han Jia en público y le besaba. Al parecer se habían reconciliado.
–¿Y cómo te enteraste de quién era?
–Le volví a ver. – Xiao Yang resopló. – Nunca me habría imaginado que era él.
Después de dejar a Xiao Yang, Xiao Li volvió a Jin Ting para encargarse de un par de cosas. Siempre había pensado que Han Jia lo hacía todo a medias, pero ahora que lo estaba haciendo él se daba cuenta que no era tan fácil de hacer como parecía.
El hombre que Li Shi Qing había dejado para substituir a Han Jia era uno de sus lacayos: Zhang Xue Ming. Normalmente, siempre estaba vestido de negro y seguía a Han Jia. Aquel era el primer día que se ponía una camisa dorada. Xiao Li tuvo ganas de darle un puñetazo al ver esa expresión socarrona, pero no le quedó de otra que llamarle para preguntarle algo.
–Cuando estabas con Han Jia le seguías muy de cerca. ¿Sabes si tenía un amante o algo?
Zhang Xue Ming repasó sus recuerdos y se quedó callado unos minutos.
–Nada en especial, la verdad. Han Jia tiene amantes por todos lados. No le seguía las veinticuatro horas del día, así que aunque tuviera pareja no me enteraría.
En una sola noche “Han ban[1]” se había convertido en “Han Jia”. Al principio Xiao Li quería patear a Zhang Xue Ming, pero ahora sentía que no era necesario. Si no sabía lo que era la modestia o cómo respetar a un superior, aunque fuera un mafioso o un bastardo, no era aceptable. Habría oportunidades más que suficientes en el futuro para pegarle.
Xiao Li se alivio un poco al ver que el lacayo más cercano a Han Jia desconocía el asunto. Justo en ese momento le sonó el móvil: era Li Shi Qing.
–Qing Ye. – respondió la llamada.
La voz de Li Shi Qing parecía exhausta.
–Zi Cheng te lo ha contado, ¿no?
–Sí.
–Luo Dong se ha impacientado y ha capturado a Han Jia. No hay nada que Zi Cheng o yo hayamos podido hacer…
–Lo entiendo, Qing Ye.
Li Shi Qing se sumió en silencio unos segundos antes de continuar.
–He oído que ayer encontraste a Da Gui.
–Sí, Xiao Yang ya se había escapado.
–Me alegro… No debes haber dormido nada esta noche. ¿Quieres descansar en mi casa un rato? No puedo volver, pero puedo avisar a la ama de llaves-…
–No hace falta, Qing Ye.  Todavía tengo asuntos de los que encargarme en Jin Ting. – Xiao Li reflexionó unos instantes. – Tú también has pasado un mal rato, Qing Ye.
Li Shi Qing suspiró.
–Xiao Li, tu hermano escape solo. ¿Ibas a romper la promesa que me habías hecho?
–Qing Ye-…
–No tengas tanta prisa por responderme. – Suavizó la voz. – Zi Cheng y yo todavía tenemos unas cuantas cosas de las que ocuparnos. Mañana cogeré el avión. Hablaremos entonces, ¿de acuerdo?
–Sí, Qing Ye…
Xiao Li colgó y llamó a Lin Zi. Le dijo que no se encontraba bien y que volvería a su casa para descansar así que tendría que vigilar Jin Ting por el momento.
En cuanto llegó a casa se ocupó de ciertos asuntos rápidamente, comió, se duchó y se fue a dormir. De esta forma podría recargar y perseverar su fuerza para estar en un buen estado mental para enfrentarse a lo que debía enfrentarse.


[1] El “ban” es un honorífico que se suele usar para referirse a los dueños de las tiendas. Podría traducirse como “jefe” o “dueño”, pero no creo que sea una buena traducción del todo, así que he optado por dejarlo en “ban”.

Title: Capítulo 32
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