Capítulo 30


Qi Xiu Yuan siempre se había visto como alguien que parecía inteligente y elegante en cuanto a lugares escolares o relacionados con los estudios, pero que le retuvieran cautivo en una clase de una escuela de primaria abandonada le hacía querer explotar.
–¿Sólo usas el cerebro para comer fideos? – Bajó el tono y reprendió a Xiao Yang enfadado. – ¿Por qué no has avisado a la policía cuando te han soltado? ¿Para qué llamas a Susu?
Xiao Yang yacía de costado y estaba de cara a Qi Xiu Yuan que estaba sentado delante de él.
–No podía llamar a la policía, se habrían vengado de mí.
–¿No es peor no haber denunciado? – Qi Xiu Yuan bajó la cabeza y la sostuvo con su propia mano. – ¿Y no tienes a nadie más a quién poder llamar? Todo lo que has dicho que es que estabas herido en el distrito Shanshang y necesitabas que Susu te viniera a buscar. Menos mal que he venido yo porque me ha dado miedo que una chica saliera sola de noche. Si Susu hubiese venido, ni muriéndote cien veces me lo podrías compensar.
Xiao Yang se quedó callado un buen rato, entonces, en voz baja dijo:
–Perdona, yo… No lo he pensado mucho. Llamo y hablo con Susu cada día. Y hoy no lo había hecho, así que me temía que se hubiera preocupado. Además, pensaba que no había peligr-…
–¿Por qué hacéis tanto ruido? Si hacéis un sonido más, os cortaré la puta lengua. – El joven pelirrojo titubeó mientras les amenazaba, entonces, corrió a la ventana y miró afuera.
El hombre llamado Da Gui había dicho que no había buena cobertura y que se iría a la mitad de la montaña a hacer una llamada. Dicho eso, se había llevado tres hombres con él y se había marchado del lugar. Los cuatro hombres que quedaban vieron que Xiao Yang estaba débil y que le era imposible ponerse en pie, por lo que creyeron que no suponía ninguna amenaza y dejaron de prestarle atención. Dos de los hombres se aburrieron y se fueron al coche a ver DVD, así que con una expresión vulgar en el rostro, se alejaron. Y así, en esos momentos sólo quedaba el joven pelirrojo y un muchacho vestido de negro. Por la noche, en la montaña hacía mucho frío, además, esa clase estaba hecha para dejar pasar el aire. Los dos vigilantes se dedicaban a caminar de un lado al otro, dando pataditas y maldiciendo a los que se habían ido al coche.
Xiao Yang bajó todavía más la voz.
–Lo siento, Qi dage. Por mi culpa también te han pegado… Yo…
Ni caso, estas heridas las ha hecho tu hermano.
Qi Xiu Yuan se quedó callado dos segundos, entonces, resopló burlón:
–Me alegra que te des cuenta de eso. Ahora cállate y cierra los ojos. No hagas ningún sonido, pase lo que pase. – Instantes después, se quedó sin aire por el aire frío y con la voz temblorosa chilló. – ¡Hey! ¡Hey! ¡Dime algo! ¡Tú! ¡Oye! ¡Muévete y dime algo! ¡Hey! ¡No te mueras!
Cuando los dos de la ventana le escucharon exclamar aquello, se dieron la vuelta y vieron a Xiao Yang tumbado sin moverse y el rostro de Qi Xiu Yuan pálido como las cenizas. Alarmados, corrieron hacia él sin rastro de duda.
El muchacho de negro era bastante rápido, empujó a Qi Xiu Yuan para hacerle a un lado y se agazapó para sentir la respiración de Xiao Yang, pero entonces, dejó de moverse.
¿Quién se iba a imaginar que Qi Xiu Yuan se había desatado las manos? En milésimas de segundo, se apresuró a presionar el cuello del de negro con el brazo. Con la mano derecha se hizo con el borrador que había estado observando; como se había ido desgastando ahora era un metal afilado. Qi Xiu Yuan deslizó la punta del metal por la sien del hombre. El pelirrojo, testigo de todo aquello, se sorprendió. Qi Xiu Yuan ejerció todas sus fuerzas sobre el metal cuando el joven iba a decir algo.
–No hagas un solo sonido, o le mataré. – susurró.
El joven pelirrojo se quedó inmóvil; titubeó unos segundos entonces, hizo una mueca de desprecio.
–Tú… no eres un profesor… Tú… ¿De verdad le puedes sacar? No te cortes-…
El agarre de Qi Xiu Yuan se apretó todavía más hasta que las venas se volvieron de un color violeta. Ambos hombres se levantaron lentamente. Con una sonrisa siniestra en los labios dijo:
–¿Te da cosa que me haga daño? ¡Aunque me fuera a castrar me aseguraría de cargarme a este primero!
El joven pelirrojo retrocedió unos pocos pasos y le desapareció el color de la cara.
– Ves y desata a Xiao Yang. No intentes hacer nada raro. Si eres aunque sea un poco lento, le haré unos cuantos agujerillos a este.
El pelirrojo al escucharle corrió a desatar a Xiao Yang.
–Xiao Yang, átale.
Xiao Yang se levantó algo mareado, en duda. Qi Xiu Yuan enrojeció de rabia.
–¡¿A qué esperas?!
Xiao Yang por fin ató al pelirrojo. Entonces, siguiendo las órdenes de Qi Xiu Yuan, encontró unos harapos en uno de los escritorios y se los metió en la boca. Parecía que iba a ahogarse.
–Quítale el cinturón y átale los pies, después, ven a ayudar a atar a este.
Ataron a los dos mafiosos tan fuerte que parecía que no podrían sacarse el nudo nunca más. Lo último que hicieron fue tirarles al medio de la clase donde no se podían apoyar contra nada.
Qi Xiu Yuan se agazapó y le dio una palmadita en la espalda al pelirrojo.
–Ahora que te miro bien, no pareces tan mayor. ¿Qué haces que no estás en la escuela? ¿Eh? Hay un límite para la juventud, apréciala más.
Dicho eso, los dos saltaron por la ventana de la clase.
Como los pies de Xiao Yang no estaban bien, Qi Xiu Yuan tuvo que saltar primero y ayudarle desde fuera. Entonces, se movieron por la parte oeste de la escuela para evitar a los otros hombres y siguieron colina abajo.
Para entonces, los primeros rayos de luz empezaban a emerger por el horizonte. Xiao Yang jadeaba.
–Qi dage, no puedo moverme más. Espera un momento.
A Qi Xiu Yuan le habían pegado por la mañana y por la noche había tenido que irse a esta aventura. Ya había soportado suficiente agotamiento. Tan cansado estaba que ya no sentía que las piernas fueran suyas. A cada paso que daba se ahogaba pero no podía detenerse.
Giró la cabeza para ver la miserable apariencia de Xiao Yang y no pudo evitar simpatizar con él. Aunque él mismo se hallaba en un estado lamentable pensó qué que le pegaran despiadadamente y que le pegaran con misericordia eran cosas diferentes.
Xiao Yang se apoyó contra un árbol y jadeó durante un buen rato.
–Ese tal Han Jia que has mencionado antes, ¿es el hombre alto que trabaja con tu hermano? – preguntó Qi Xiu Yuan cuando volvieron a empezar a tambalearse.
–¿Por qué preguntas?
–¿No has dicho que si le capturaban te soltarían?
–¿Crees que he hecho mal…?
Qi Xiu Yuan no respondió, se limitó a decir:
–¿Por qué no estaba atado con nosotros?
Xiao Yang se mantuvo en silencio un rato y entonces, habló:
–Su estatus es más importante que el mío. Le han llevado a otro lado.
Ambos anduvieron y descansaron medio día hasta llegar a la carretera y al pie de la montaña.  No pudieron evitar apresurar los pasos gracias al nerviosismo de tener esperanza.
De repente, Qi Xiu Yuan se detuvo.
–Ah. – exclamó. El sonido tenía un agradable tono de sorpresa y una mirada con segundas.
–¿Qué pasa? – preguntó Xiao Yang.
Qi Xiu Yuan extendió el brazo y le indicó donde debía mirar.
–¿No es el coche de tu hermano? – Al percatarse, frunció el ceño. – Esto no está bien. No puede ser que haya subido a la montaña, ¿no? ¿Qué le pasará si le pilla el grupo en medio de la montaña?
Xiao Yang miró al coche y volvió a posar la vista sobre Qi Xiu Yuan.
–Xiao Yang, – se limitó a decir Qi Xiu Yuan. – espera en el coche de tu hermano. Si puedes, llama a la policía y no temas represalias. Si no lo denuncias tampoco te estarás dando la oportunidad de vengarte.
Dicho esto, se dio la vuelta en un amago de irse pero Xiao Yang tendió la mano y tiró de él.
–¿Dónde vas?
–Voy a ir a ver si puedo parar o no a tu hermano.
Xiao Yang frunció el ceño.
–Tú y Xiao Li…
–Se me ha olvidado decírtelo. – Antes de darse la vuelta y alejarse, Qi Xiu Yuan sonrió. – Le voy detrás.

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