Capítulo 26


La oscuridad borró la luz del día como una cascada. El cielo asalmonado desapareció en un tramo negro como la tinta que envolvía la ciudad. Las estrellas iluminaban la oscuridad marina mientras que el viento frío acariciaba la superficie del agua y creaba pequeñas olas que rompían la tranquilidad. Todo aquello con un suave aroma a río.
Xiao Li ya llevaba un buen rato sentado en la orilla del río fumando el mismo cigarro. No pudo encontrar ningún lugar al que ir y, de alguna forma, mientras miraba las aguas había llegado a aquel sitio. Sin embargo, cuando llegó descubrió que no había muchas diferencias entre la superficie del agua y la de un coche. Estaba indiferente y un sentimiento desesperado todavía estaba fuertemente arraigado en su interior.
Observando el agua se perdió en sus sentimientos. Escuchó unos movimientos detrás de él; alguien también se acercaba por detrás a la orilla del río.
Xiao Li no se movió hasta que los pasos se detuvieron no muy lejos de él.
–Xiao Li.
Finalmente, la persona que había estado en silencio durante tanto rato le llamó. Xiao Li movió la cabeza al reconocer su voz y posó los ojos en la figura maltrecha del hombre.
–¿No te había dicho que haría ver que no te conozco? ¿Eh? – Dijo enfadado. – ¿No me digas que quieres otra tanda?
Qi Xiu Yuan sacudió la cabeza y empezó a explicarse ansiosamente.
–No sabía que estarías aquí. Quería dar un paseo. Yo… antes… antes… ¿No solíamos venir aquí a menudo?
Xiao Li permaneció un buen rato en silencio, entonces, se levantó con intención de irse.
–Xiao Li. – Qi Xiu Yuan se acercó un paso. – Si no quieres verme, me iré.
Xiao Li le observó varios segundos con el cigarro todavía en los labios. Qi Xiu Yuan seguía en el mismo sitio, sin atreverse a moverse, cuando escuchó su voz.
–¿Qué te gusta de mí?
Esas palabras dibujaron asombro en la expresión desolada de Qi Xiu Yuan mientras dejaba que su mirada reposase en él.
–Soy un hombre. – Añadió Xiao Li.
–Nunca te he visto como una mujer. – Respondió Qi Xiu Yuan casi instantáneamente.
Xiao Li resopló.
–Entonces, ¿te gusta mi polla? ¿O es que quieres follarme o que te folle?
–No me importa, las dos me van bien. – Qi Xiu Yuan avanzó unos pocos pasos mirándole directamente a los ojos. Entonces, empezó a quitarse la ropa. – Lo que me gusta eres tú. Mientras sea lo que tú quieres, me irá bien lo haga quien lo haga.
Xiao Li no pudo evitar quedarse sin habla; no esperaba esa respuesta. Maldijo en voz alta cuando le volvió el dolor de cabeza mientras le observaba desvistiéndose.
–Vete de aquí, no quiero acompañar a un bastardo loco.
Dicho esto, se sentó en la orilla del río e inhaló una bocanada de su cigarro.
Qi Xiu Yuan no sabía por qué había corrido hasta allí pero cuando reconoció su figura se puso extremadamente feliz.
“¿Estaba preocupado por mí?”, había pensado entonces y seguía pensándolo. A pesar de que Xiao Li hablaba en un tono cruel y a pesar de que todavía le dolían las heridas del cuerpo a cada paso que daba, se negó a alejarse.
Observando a Xiao Li en silencio, notó las botellas vacías al lado de Xiao Li hecho que le dificultaba el irse.
Reflexionó unos segundos y entonces, dijo en voz baja:
–¿No-…? ¿No se supone que no puedes beber?
Xiao Li se sentó de espaldas a él, callado. El agua delante de él emitía destellos de luz que le iluminaban la piel por momentos y desaparecían al otro, dejando atrás una línea que delimitaba su silueta. En aquellos momentos, parecía una figura de papel, ensombrecida por la oscuridad y querida por las luces.
Qi Xiu Yuan le miró embelesado intentando grabarse esa imagen en la mente. Tal vez fuera el dolor que había estado graznando su corazón, tal vez fuera el tener a Xiao Li delante de él de nuevo lo que animó el sentimiento de ir a por él con todas sus fuerzas pero, al final, dijo en voz baja:
–Xiao Li, te amo.
–¡Vete a la mierda! – respondió Xiao Li apenas habiéndole escuchado.
–Xiao Li-…
–¡Te he dicho que te vayas! – Xiao Li se levantó irascible, su cuerpo emitía un aura peligrosa cuando se acercó a él. – ¿No te he pegado lo suficiente esta mañana?
Qi Xiu Yuan tentó a la suerte contradiciendo todo lo que haría una persona normal. Sus ojos siguieron los pasos de Xiao Li con tranquilidad y mientras esperaba a que acabase de acercase habló.
–Me duelen las heridas, pero la mayoría son leves. Xiao Li, ¿no eres parte de la mafia? Entonces, ¿por qué no me has roto ni un solo hueso después de pegarme tanto?
Xiao Li le miró con incredulidad y entonces rió con frialdad.
–Ahora te partiré los huesos.
Dicho eso, le pateó con el pie pillándole por sorpresa. Qi Xiu Yuan retrocedió unos pocos pasos hasta chocar contra el tronco de un árbol. Siseó, bajo la sombra del árbol, por el dolor repentino. Entonces, volvió a hablar con una sonrisa de oreja a oreja y la voz cargada de alegría.
–No tengo nada roto.
La ira de Xiao Li se negó a echarse para atrás y Qi Xiu Yuan no dejaba de echarle leña al fuego. Enfadado, se acercó a él y se inclinó para pegarle. En cuanto Xiao Li puso un pie bajo la sombra del árbol, una mano vigorosa se extendió, le agarró del brazo y tiró de él para abrazarle.
El enfado de Xiao Li aumentó a un nivel imperecedero. Justo cuando iba a devolverle el golpe, Qi Xiu Yuan le estrechó todavía más.
Qi Xiu Yuan se acercó a un lado de su oreja, estrechando a Xiao Li sin dejar espacio entre ellos.
–Simpatiza un poco conmigo, ¿vale? Déjame abrazarte un rato, no te haré nada más. Xiao Li, Xiao Li, ten compasión.
Era una voz difícil de describir; era firme aunque frágil, amable aunque inflexible, y además, albergaba cierta tristeza. El corazón de Xiao Li palpitó y sintió una extraña punzada de miedo escuchándole hablar.
–No te enfades conmigo. No te mentí a propósito, sólo quería gustarte. Desde la primera vez que te conocí… Aunque seas parte de la mafia, aunque me de miedo meterme en líos, sigo queriendo gustarte…
Un estallido de tristeza apedreó a Xiao Li sin motivo aparente. Sorprendentemente, relajó el cuerpo y dejó de debatirse. Sintiéndolo, la felicidad de Qi Xiu Yuan creció. No le siguió aguantando los brazos con tanta firmeza, en lugar de ello, suavizó los brazos y le abrazó con cariño, sintiendo su respiración y su calidez.
La oscuridad les envolvió, todo lo que podían escuchar a parte de la respiración del otro era el sonido del agua y del viento.

Title: Capítulo 26
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