Capítulo 21:


A las once de la mañana del día siguiente, Qi Xiu Yuan estaba sentado en el sofá tecleando en su portátil cuando Xiao Li salió de la habitación.
–Creo que deberías dormir un poco más. – Qi Xiu Yuan apartó el portátil. – ¿Cómo te encuentras?
–Todavía me duele un poco la cabeza. – Xiao Li frunció el ceño. – ¿Dónde está el baño? ¿Y mi ropa?
–Te devolveré la ropa cuando esté limpia, puedes ponerte la mía. – Dijo Qi Xiu Yuan. – El baño es la puerta blanca del medio. Dúchate, te voy a preparar algo para comer.
Cuando Xiao Li se dio la vuelta, Qi Xiu Yuan descubrió que en la espalda tenía un tigre escalando una montaña enorme tatuado. Le rodeaba un sentido del poder arrogante y abrumador y conforme el brazo de Xiao Li se movía para adelante y para atrás, el tire parecía moverse; como si en cualquier momento fuera a saltar.
La tranquilidad emocional que Qi Xiu Yuan había construido con tanta meticulosidad se agitó.
Conteniendo sus sentimientos, anduvo hacia la cocina para calentar el caldo de arroz que había hecho antes. Entonces, volvió a su propia habitación en busca de ropa y ropa interior nueva. Por fin, buscó en el armarito una toalla.
Llamó a la puerta del baño.
–Xiao Li, dejo la ropa y la toalla en el taburete al lado de la puerta, puedes-…
Se escuchó un sonido al otro lado de la puerta antes de que Xiao Li la abriese de una sentada, cogiera la toalla de sus manos y empezase a secarse delante de él.
Qi Xiu Yuan se quedó atrapado, en ese tortuoso momento, en una batalla entre su deseo de mirar y no hacerlo. Desconocedor de esto, Xiao Li empezó a gruñir.
–Te duchas con agua muy fría. He empezado a temblar en cuanto he encendido la ducha.
–El agua fría es buena para la salud. – Contestó Qi Xiu Yuan al no ocurrírsele nada mejor que decir con los ojos fijos y se arrepintió de ello cuando Xiao Li se empezó a vestir.
Unos segundos después, Qi Xiu Yuan dio un giro completo y entró a la cocina.
–Antes que nada, bebe una taza de té negro para calentarte el estómago.
Entonces, volvió a sentarse con las piernas cruzadas en el sofá y a teclear en su portátil.
Xiao Li le dio vueltas al té porque quemaba demasiado mientras le preguntaba:
–¿Hoy no vas a clase?
–Estamos a domingo.
–¿Por qué Susu no está?
–No tiene fiesta los domingos, así que se ha ido a trabajar.
Xiao Li siguió girando la taza y unos minutos después volvió a preguntar.
–Ella y Xiao Yang…
Qi Xiu Yuan suspiró y levantó la cabeza para mirarle.
–¿Sabías que Xiao Yang se quiere ir a otra provincia a trabajar?
Era evidente que no a juzgar por su expresión atónita.
–¿De verdad?
–Y quiere llevarse a Susu con él.
Xiao Li siguió preguntando.
–¿Y tú estás de acuerdo?
Qi Xiu Yuan se apoyó contra el respaldo del sofá pensativo y entonces, añadió con suavidad:
–Hey, ¿por qué os habéis discutido para llegar a este punto?
Xiao Li no dijo nada durante un rato así que Qi Xiu Yuan exhaló y volvió a suspirar.
–En realidad, cuando Susu y yo éramos más pequeños no nos llevábamos bien. Siempre me molestaba y no me gusta esa parte de ella así que siempre me metía con ella. Con el tiempo cada vez que me veía, lloraba. Incluso ahora sigue teniéndome miedo. Entonces, mis padres se murieron y se fue a vivir con nuestros abuelos. No nos vimos mucho durante nueve años, entonces, nuestra abuela se murió y poco después también se murió mi abuelo. Así que fui a mi pueblo a buscarla. Había muchos familiares de su edad con ella, reconocí a las otras pero no a ella.
Xiao Li por fin se bebió el té; seguramente pensó que no estaba malo a juzgar por los sorbos que le dio.
–Pues debe haber sido duro ocuparte de ella tú solo.
Qi Xiu Yuan forzó una sonrisa amarga.
–Te equivocas. Aunque mis padres murieron prematuramente, nos dejaron una herencia. No diré la cifra pero es suficiente como para cubrir las necesidades básicas de los dos durante la mitad de nuestras vidas. Creo que lo tuyo fue más difícil.
Xiao Li rió.
–¿Qué dificultades hubieron? Me pasaba el día peleando. Todo lo que sabía hacer era darle dinero. En realidad, no le cuidé para nada; él se dedicaba a estudiaba. Nunca me dijo nada cuando le molestaban los vecinos porque no tenía padres o cuando le evitaban por tener relación con la mafia. Cuando vi como un tío le pegaba y fui a defenderle se enfadó conmigo y que hacía que los demás le menospreciasen. Hasta me dijo que no merecía ser su hermano. – Se rió como burlándose de sí mismo. – Si hubieras visto la expresión de sus ojos… Ni siquiera sé cuánto tiempo me lleva odiando para que me mirase así.
Qi Xiu Yuan resopló. 
Xiao Li continuó.
–Nunca me contó nada de su relación con Susu. Un día fui a un restaurante y les vi juntos, así que fui a saludarles y también le pasé mi número a Susu. Si te digo la verdad, en cuanto la vi supe de inmediato porque le gusta tanto a mi hermano.
Qi Xiu Yuan se desconcertó al escuchar aquello.
–¿Por qué?
–¿Cómo no le entiendes? – Xiao Li lo dijo como si fuera un hecho clarísimo. – Le gusta el tipo simple y puro, con una familia simple y pura. – Entonces pareció ausente por un momento. – ¿Le has contado lo de tu abuelo?
Qi Xiu Yuan contestó sin admitir ni negar nada.
–Tendrías que darle menos motivos para preocuparse, ya es adulto.
La expresión se entristeció ligeramente hecho que hizo a Qi Xiu Yuan suspirar y consolarle.
–Le has dado la oportunidad de ir a la universidad, al extranjero y de encontrar un trabajo. Desde este punto de vista, has hecho mucho por él, más que suficiente. Aunque Xiao Yang no lo comprenda ahora mismo, tus padres sí.
–Nunca conocí a mi padre. Mi madre… – Xiao Li giró la cabeza de inmediato y hasta un momento más tarde no continuó. – Espero que me entienda. Si lo que dices es verdad, mientras me comprenda, está bien.
Qi Xiu Yuan no pudo evitar sentir un dolor en su pecho al ver esa silueta tan triste así que no preguntó nada más. Se limitó a levantarse y coger la taza vacía.
–¿Quieres otra taza?
Xiao Li sacudió la cabeza con lentitud.
Cuando Qi Xiu Yuan fue a la cocina a por un tazón de caldo de arroz podía ver a Xiao Li mirar por la ventana. Seguía sentado en la misma postura que antes y, cuando sintió la mirada de Qi Xiu Yuan, alzó la cabeza y le sonrió.
Qi Xiu Yuan quería preguntarle dos frases más de palabras muy simples:
“¿Y tú qué? ¿Cuál es tu tipo?”
Pero no preguntó, porque no saber la respuesta le dejaba sentir que todavía quedaba esperanza.

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