Capítulo 103: Sobre su pueblo natal


–La raza Demonio… Vaya sí que se te da bien lo tuyo. No se oye mucho de ellos… Sobre todo de ir por un pueblo humano con los cuernos como si nada.
–No, llevaban los cuernos escondidos. Los tres llevaban una especie de sombrero de un país sureño.
–¿Y cómo lo supiste?
–Reaccionaron a esto. – Dicho esto, Rudolf sujetó el fragmento negro que colgaba sobre su pecho. – Supieron que esto era un cuerno.
Lo que Rudolf señalaba era el pedazo de cuerno que Latina se había roto ella misma. La única persona que lo había reconocido a primera vista a pesar de que parecía una joya era Latina.
–¿Mi cuerno?
–Al principio, parecían extranjeros por sus acentos tan marcados, así que los de la puerta este solicitaron ayuda.
Kroix era un pueblo conocido por ser tolerante con los viajeros, pero cualquiera no podía entrar. El trabajo de los porteros era vigilar los muros del castillo, recolectar el peaje de los que entraban y, además, asegurar que no hubiese individuos sospechosos. Por lo que, al ver a unos extranjeros incapaces de hablar correctamente, empezaron a sospechar de inmediato. No es que fueran sospechosos por ser extranjeros, sino por no conocer el idioma. El idioma del reino Raband era el idioma que se empleaba en la mayoría de los poblados del mundo, el idioma del continente oeste. Por eso, todos los que no usaban dicho lenguaje llamaban la atención. Y por tanto, la oficina militar principal debía interrogarles así que enviaron a Rudolf.
Cuando le vieron, su expresión cambió. Uno de ellos enrojeció de rabia y la cara del otro pareció contraerse hasta lo imposible con un odio incontrolable. El último parecía reflexionar y observaba el pequeño fragmento que colgaba del cuello de Rudolf. Al ver sus reacciones, Rudolf adivinó que se trataba de gente de la raza Demonio.
–Tú me dijiste que la raza Demonio tiene otro idioma y, además, su reacción disgustada por el cuerno también fue bastante razonable.
–¿Eh?
Latina estaba algo perpleja por lo que decía Rudolf. Rudolf, algo sorprendido por su reacción, se quedó pasmado.
–O sea, es por romper un cuerno, ¿no?
–Ah, sí.
Para la raza Demonio la mayor humillación posible era que les rompieran un cuerno. Cuando se exiliaba a alguien lo de romper el cuerno tenía el propósito de humillar al otro ya que el ganador podía quedarse con su cuerno. Para un guerrero era lo mismo que contarle al mundo su bochorno, y por tanto, también había algunos que preferían quitarse la vida.
–Uno de ellos fue capaz de controlar a sus compañeros y por eso no pasó nada.
La diferencia de edad entre los de la raza Demonio eran indistinguibles a simple vista, pero aquel que observó el cuerno que poseía Rudolf y reflexionó sobre ello parecía ser quien mantenía la calma del grupo.
–Chiquilla, ¿regalaste tu cuerno?
Gilbester, en la mesa de al lado, que había estado comprando todo el licor barato como siempre, interrumpió su conversación sorprendido.
–Tener eso es… es como si buscases pelea con la raza Demonio… Hasta para nosotros, los humanos, es un objeto maldito.
–¿Ah, sí?
–Según lo que me contó un tasador profesional que conozco, los cuernos tienen maldiciones y rencores sellados dentro. Pensando en cómo los rompen, no es raro.
Latina, que se había criado en Kroix, lejos de las costumbres y enseñanzas de la raza Demonio asintió y contestó:
–Ya veo…
Aunque hablaban de ella, era como si se tratase de los asuntos de otra persona.
–Yo… no soy humana, así que no puedo hechizarlo… – Susurró mientras tocaba el collar de Rudolf.
La técnica, o poder, llamada “hechizo” era una habilidad única que sólo poseían los humanos.
–Es una parte de mí así que… Todavía queda un poco de mi magia ahí dentro.
–¿De verdad?
–Sí. Creo que lo que llaman maldición es la magia que queda en el cuerno. Seguramente la magia se acaba transformando en algo lleno de dolor, incomodidad… desesperación, ¿no? – Dicho esto, Latina sonrió a Rudolf. – Pero, ¿sabes? Seguramente este está bien. Chloe me dijo que era bonito y yo me puse muy contenta, así que seguramente he reemplazado todos esos sentimientos.
–No… No es que me preocupe, ¿vale?
Era imposible que Rudolf fue infeliz a sabiendas que el cuerno era algo similar a la esencia de Latina.
–Después de todo, lo que puse aquí dentro fueron mis sentimientos de felicidad por haberme podido quedar con mis amigos. Creo que seguramente es un amuleto. ¿No crees que cualquiera que lo mire con atención podría entenderlo?
Rudolf escondió el collar de inmediato. El escuchar que ese objeto maldito era un amuleto hecho personalmente por Latina había provocado que la mirada de los que les rodeaban cambiase.
–Es sólo que, lo mejor sería que no salieras demasiado por ahora. Esto… Eh, creo que lo mejor sería que… no te encontraras con los de tu pueblo, ¿sabes?
El motivo por el que Rudolf dijo eso fue porque cuando se unió al ejército aprendió la costumbre de la raza Demonio de exiliar y romperle el cuerno a sus criminales. Empezando por él, ninguno de los que visitaban el Ocelote, sobretodo aquellos que conocían a Latina desde pequeña, la veían como a una criminal. Sin embargo, no cabía duda que debía haber alguna razón por la que la habían echado de su propio pueblo. No importa cuánto lo pensase, era un asunto turbulento y no quería que Latina se viera involucrada.
–Verás, cuando era pequeña sólo me relacionaba con un número limitado de personas, así que… No creo que haya muchos que me conozcan, aunque podrían saber… que me exiliaron. – Latina respondió tal que así y le sonrió. – Pero, gracias por preocuparte por mí, Rudi.
–Oh…
Rudolf volvió a llevarse la copa a la boca para ocultar su sonrojo. Después de eso, Latina informó a Dale de lo que se había enterado.
–Eso es lo que me ha contado Rudi.
–Sobre eso… ¿No tenías tu cuerno?
–¿Por qué? Es algo que no necesito. Como Chloe y Rudi lo querían, prefiero que lo tengan ellos.
–Si a te da igual…
Precisamente era porque Dale conocía la cultura de la raza Demonio de proteger sus cuernos, que pensó que Latina los trataría con más importancia. Daba igual lo cercanos que fueran, jamás se habría imaginado que se lo daría como si nada a otras personas.
–¿La persona que buscas está en Vasirio?
–No lo sé… Pero no puedo ir.
Latina sonrió con aspecto solitario.
–Para Vasirio mi presencia sería una catástrofe. Ese país por fin ha sentado a un nuevo primer rey demonio que todo el mundo ha estado esperando y deseando… Estoy segura que conseguirá que el país se convierta en lo que todo el mundo ha deseado…
–¿Latina? ¿Tú…?
–No quiero convertirme en su desgracia.
–¿Esa es la profecía que te dieron?
Dale se la acercó al escucharla murmurar. La depositó entre sus brazos como cuando era pequeña para facilitarle un sentimiento de seguridad, diciéndole que estaba a salvo.
Ella, que cierta vez había respondido ignorar el contenido de su profecía, sacudió la cabeza ligeramente.
–No lo sé, pero pienso en ello… He recordado cosas que mis padres me dijeron… Así que supongo que esa es el motivo…– Posó los ojos en Dale, que la abrazaba desde un lado, y ella prosiguió con voz menuda. – Creo… que mis padres intentaban protegerme… Que si me hubiese quedado en ese país habría ocasionado una desgracia… Y que por eso me sacaron de allí, para protegerme.
–Sólo con mirarte sé… Que te criaron con amor.
–Por eso, ¿sabes? Yo… No puedo volver a ese país.
Dale volvió a pensar en las cosas que esta chica había perdido poniendo más fuerza en los brazos que abrazaban a Latina quien sonreía con un aire de soledad a su alrededor.

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