Capítulo 6: Los bichos malígnos con tentáculos suelen salir mucho en los otome


-¡Un bicho tan raro…! ¡No! ¡P-Para..! ¡Ah..! ¡No…!
El insecto vuela desde la mano del hombre zumbando con todas sus piernas y aterriza en la piel blanca de Blancanieves. Como sabiendo dónde y qué tenía que hacer, desciende por el abdomen de la muchacha y se coloca delante de su agujero.
El hombre abre todavía más la vulva con la mano y la cuerda dejando los genitales aún algo inmaduros completamente expuestos. Sobre la colina, el bicho llega a un montón de carne y, como si quisiera asegurarse de sentir sus genitales, el insecto extiende las patas.
-¡¿Ah…?!
Cuando el insecto se fija bien sobre las carnes de la moza empieza a frotar la parte más débil de la chica con sus patas. Después, el insecto usa sus tentáculos amarillos con una excelente combinación de habilidades para empujar la piel de Blancanieves y entonces, directamente palpa la parte tan lasciva que hasta el día anterior nadie había tocado.
-¡Ah! ¡N..No! ¡Ah!
Una mucosidad muy oportuna que sale de los pinceles que tiene por patas impregna a Blancanieves. El flujo se ensarta en la zona desacostumbrada a la excitación.
Como cabía esperar de un bien usado por el primer ministro. La efectividad de aquel bicho es terrorífica.
-No, no. ¡No lo hagas…! Me siento rara… Miedo… ¡Tengo miedo!
Como ese bicho está en su clítoris, a la muchacha le es difícil mantener la compostura.
¡A este ritmo voy a enloquecer de placer...!
-P-Por favor… ¡Quítamelo! Quítamelo, por favor…
Aunque ruega con lágrimas en los ojos aquel hombre, el primer ministro, es un verdadero demonio que con una sonrisa apareciendo en sus labios habla:
-Si quieres que te lo quite, ¿por qué no me lo pides con más dulzura?
-¿Q-Qué dices…?
Lejos de quitarle nada, el hombre cubre el bicho con la cuerda para apretárselo todavía más y una vez más la cuerda muerde sus genitales.
-Deberías controlarte más.
¡Bastardo…! ¡Acaba de hacer que se me hunda más la cuerda…!
En cuanto suelta la cuerda, el bicho se apretuja mucho más contra su hendidura y ella eleva un grito sin voz de un grado increíble de placer.
-Qué excelente voz tiene este canario.
En realidad, Blancanieves no tiene experiencia masturbándose, ni conoce nada del sexo.
Desde recuperé los recuerdos de cuando era chico pensé que era una pena, pero durante los dieciocho años que llevo como Blancanieves no me he consolado nunca. Claro que cuando era chico me masturbaba. Sí, pero soy incapaz de dejar de llorar por la gratificante sensación que me hace enloquecer.
-¡Por favor…! Quítamelo… Por…favor… ¡No puedo… más!
-Ya veo, ya. Bien por ti.
Ella ruega derramando lágrimas pero lo único que hace el primer ministro es reírse a carcajadas.
-Ya casi es hora. ¿Estás lista para contarme qué ha pasado de verdad? Tú eres quién ha robado nuestras verduras, ¿no?
-N-No… ¡No!
-Vaya cabezona. Qué molestia.
Lo único que percibe la muchacha es un aura asesina y se pregunta qué tiene de bueno ese hombre.
No entiendo para nada el gusto en hombres de mi hermana de mi anterior vida.
Justo entonces las cuerdas vocales de Blancanieves tiemblan cuando algo entra en su henidura.
-¿Q-Qué…?
-Caray, parece que el bicho ha evolucionado.
-¿Eh?
Qué coño es eso. Qué miedo. Mi hermana no me había dicho nada de evoluciones.
-Los bichos machos crecen cuando absorben fluidos de hembras mamíferas. Los que les hacen evolucionar más rápido son los fluidos de hembras humanas.
-¿Qu…? ¡No puede ser!
-Cuando absorben los fluidos sexuales de mujeres humanas, mira, justo así. Sus tentáculos toman la misma forma que los genitales masculinos.
-No puede ser… ¡¿Qu… qué demonios…?!
Los tentáculos del insecto se vuelven más gruesos y largos, y se convierten en algo con forma de pene erecto que sobresale de la cuerda.  Los tentáculos se arrastran por todo el cuerpo de Blancanieves, y en sus pechos y en su boca y empiezan a revolverse con un movimiento indecente.
-¿No te hacen sentir bien? Esos tentáculos.
-No, sálvame, quítamelos… ¡Ah!
Los tentáculos que ya han invadido el tarro de miel de Blancanieves muestran una actividad violenta bajo las cuerdas. Cada vez que los tentáculos entran y salen, la cuerda que está enganchada a su parte secreta se levanta. Y hasta este momento, no se ha cesado de estimular el clítoris.
Es tal y como ha dicho ese hombre: este insecto ama los fluidos sexuales de las mujeres. Como si quisiera sacar más néctar, los tentáculos del bicho estiran su cuerpo y se mueven dentro y fuera de su vagina incansables.
-Sin embargo, así no está haciendo su trabajo como tiene que ser…
-Por favor, haré lo que sea, pero esto… Quítamelo…
-¿Sí? Pues atiéndeme.
Illuminato se lame su labio inferior y ríe, se quita el cinturón y se abre la parte delantera de los pantalones. Los ojos de la muchacha se le salen de las órbitas al ver semejante miembro ahí, tieso y rígido.
Supongo que aquí es donde toca decir lo de: “tal y como cabía esperar de un extranjero”.
El príncipe Amir tiene una cosa muy, pero que muy espléndida pero este hombre no perdía contra él… Es algo demasiado exagerado.
¿Sus penes son tan grandes porque no son asiáticos? ¿O la medida suele ser esta? ¿O es una compensación por ser un  protagonista de este juego? No sé. Es imposible que lo pueda saber pero… ¿A lo mejor mi pene era pequeño o algo…? Ahora quiero llorar.
Cuando el hombre afloja las cuerdas, acerca el rostro de Blancanieves a su escroto.
-¿Sabes hacerlo?
Entre lágrimas, la moza sacude la cabeza de un lado al otro; el hombre le coge la parte de atrás de la cabeza y le introduce eso en la garganta.
-Sí, con mucha saliva… Eso es. Usa los labios y la lengua, con cuidado, chúpala. No uses los dientes.
Nunca me habría imaginado que llegaría el día que le chuparía la polla a un tío…
Blancanieves cae en un estado de éxtasis cuando la punta del hombre libera unas secreciones viscosas y amargas. ¿Será culpa del bicho ese? No hay ni disgusto ni odio hacia la cosa del hombre. Todo lo contrario, la chiquilla hasta piensa la polla arqueada y atroz es un tesoro. De hecho, quiere que se la meta rápidamente en el sitio que lleva un rato doliéndole y palpitando.
-Sí, sí, así es como va, se te da bien. Para ser tan buena con el sexo oral debes tener lo que hay que tener para ser una zorra.
Las palabras de este hombre son duras y llenas de desdén, pero ahora le cosquillean los oídos con cariño.
¡Pues no! ¡Es porque soy un tío! ¡Por eso sé dónde da gustito…!
Ella mueve la lengua desesperadamente tragándose la voz de su corazón. Tiene las manos atadas a la espalda y todavía está medio suspendida en el aire.
En serio, me voy a volver loco…
Él le sujeta la cabeza y mueve las caderas, es como si tratase la boca de Blancanieves como un agujero… Aun así, a pesar de ese trato humillante el cuerpo de la muchacha reacciona. Justo entonces, el bicho ya ha llegado a la uretra y el ano de Blancanieves.
Date prisa… Quiero que me la metas…
En esos momentos, ella agradece tener la cosa robusta de un tía en la boca. Si no estuviera callada se la habrían escapado esas palabras.
Joder, ya no sé qué me pasa. De momento sólo sé que tengo que comérsela al tío este de aquí.
Y así, Blancanieves sigue atendiendo al hombre.
Los sonidos lascivos resuenan por el bosque como algo surrealista.

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