Capítulo 4


Xiao Li estaba de pie al lado del secador con la mano debajo del grifo. La piscina de agua que había en la pica se había vuelto de un rojo claro mientras él se frotaba las manos de una forma casi dura.
-¿Estás herido?-Preguntó un hombre alto y delgado que apareció en el marco de la puerta del baño de repente.
Xiao Li continuó, ya había sentido su presencia y no le dedicó ni una mirada.
-No es mi sangre.
-¿Quién te ha hecho enfadar?-El hombre se apoyó holgazanamente contra la puerta.-Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hiciste el trabajo sucio tú personalmente.
El costado de los labios de Xiao Li se curvó en una sonrisa.
-No estoy de buen humor.
-No me mientras, ¿quién tiene la habilidad de joderte el buen humor de esta forma? ¿Eh?-Una sonrisa encantadora agració el rostro del hombre que se reía con un tono hechizante.
-No preguntes, son asuntos familiares.-Dijo Xiao Li mientras cogía una toalla que estaba colgada a un lado de la pica y se secaba las manos.-¿Qué tal las cosas por ahí? Todo bien, ¿no?
-Algo mejor que a vosotros. No somos el tipo de gente que usa un método violento como este.-Dijo el hombre bastante satisfecho y complacido consigo mismo.-Además, desde que las campañas que conducía la policía contra la prostitución se acabaron, todo lo que tienen que hacer las chicas es abrirse de piernas y dejar que el dinero fluya. Sin embargo-…
-No abras demasiado las piernas.-Se mofó Xiao Li mirándole con malicia.-Han Jia, ya no eres joven. No estás para seguir abriéndote de piernas.
-Que te jodan.-Han Jia arqueó las cejas y se irguió con desaprobación.-Hijo de puta, estoy hablando en serio. Luo Dong podría volver, ¿sabes?
Las cejas de Xiao Li se alzaron de repente, inquisitivamente.
-¿Para qué? Le dimos una paliza una vez y la policía le atrapó dos veces. Aunque volviese no conseguiría nada.
Han Jia miró a derecha e izquierda un momento antes de acercarse a Xiao Li, bajó el tono de voz y dijo:
-La semana pasada un cliente me dijo que las chicas de Jin Ting se drogaban. Al principio no me lo podía creer. Ya sabes, Jin Ting no es un nido de prostitución privado. Todos los clientes son gente influente, rica y poderosa; y algunos de ellos son jodidamente quisquillosos. Así que las drogas están fuera de lugar, aunque sólo tuvieran una pequeña marquita de una aguja, los clientes las evitarían e ignorarían. Todos los que van temen y van con cuidado de coger SIDA. Quién iba a decir que esas zorras se drogarían bajo semejantes circunstancias. Contuve mi enfado e investigué por mi cuenta, ¿sabes qué descubrí?
-¿Qué?
-Por lo menos tres de mis bienes están mal.-dijo Han Jia mientras apretaba los dientes con enfado.-Joder, ¿dónde voy a encontrar tres chicas guapas, además de educadas, para reemplazarlas en tan poco tiempo, eh?
Xiao Li frunció el ceño.
-¿Has descubierto cómo llegaron las drogas a sus manos?
-Sí, lo he descubierto, ¿vale? Me cago en la put-… Se ve que quien se las dio fue uno de los mejores subordinados de Luo Dong. Le llaman: “el demonio”.-Han Jia bajó la voz todavía más.-Todavía no he hablado de la situación con Ming ge. Primero quiero observar la situación. De momento, ¿puedes enviar más hombres a Jin Ting para que vigilen? ¿O para comprobar las cosas?
Xiao Li reflexionó durante unos instantes.
-¡Li ge!-Un subordinado corrió a la puerta del baño.
-¿Por qué estás tan nervioso?-Preguntó Han Jia con un tono rencoroso al mirar al hombre.-Li ge os mima. Parece que aquí no hay reglas, haz el favor de comportarte.
El rostro del subordinado enrojeció del bochorno.
-Eso no… Li ge, Lin ge ha llamado. Dice que el profesor de ayer ha vuelto-…
Xiao Li le echó un vistazo que hizo que el subordinado cerrase la boca y no se atreviera a musitar nada más.
-Me voy.-Xiao Li pensó por un momento y entonces, dijo.-Haré que Lin Zi y unos cuantos más vayan a Jin Ting a echar un vistazo mañana.
Han Jia, con la espalda apoyada contra la pared, se río con arrogancia.
-¿Qué pasa? ¿Por qué tienes tanta prisa por irte? ¿Eh?
Xiao Li estrechó los ojos con una expresión extremadamente malévola.
-Asuntos familiares.

*        *        *        *

Qi Xiu Yuan miró el reloj y la manecilla muchas veces. Por fin, cuando volvió a mirar otra vez más su reloj le sonó el móvil. Lo cogió de inmediato, sin dudar.
Al otro lado de la línea resonó la fuerte y suave voz de Xiao Li.
-¿Profesor Qi? Soy Xiao Li.
-Xiao Li, exactamente, ¿qué es-…?
-No se preocupe, profesor Li. Tengo a alguien siguiendo a Xiao Yang desde un principio. Tanto él como Qi Susu están juntos y bien.
Qi Xiu Yuan suspiró con alivio.
-¿Dónde están?
-Pásele el móvil a Lin Zi, haré que le traiga hasta aquí.
Qi Xiu Yuan miró a los hermanos inexpresivos que le rodeaban. Levantó el móvil en el aire y preguntó:
-¿Cuál de vosotros es Lin Zi?
Un chico de figura pesada y fuerte avanzó y cogió el móvil.
-Li ge.-un momento después volvió a hablar.-Entendido.
Después de aquello, le devolvió el móvil a Qi Xiu Yuan respetuosamente.
-Yuan ge, venga conmigo, por favor.
Qi Xiu Yuan tardó cinco segundos en darse cuenta de lo que acababa de pasar.

Title: Capítulo 4
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