Capítulo 47: Regalando



Li Xiao Ran se levantó y dijo:
–Ahora que somos una familia harmoniosa, ¿sabéis en qué os habéis equivocado?
Li Zhang Le dijo con timidez.
–No soy refinada y he hablado irresponsablemente.
Li Min Feng observó con respeto.
–Yo he sido imprudente y he malentendido a mi buena hermanita.
Lao Furen sonrió con gentileza y dijo.
–¿Y qué ha hecho mal Wei Yang?
Li Xiao Ran se quedó perplejo. En aquel momento, una vocecita dijo:
–Sanjie ha hecho una cosa mal.
Todo el mundo se sorprendió y miró al chico que estaba al lado de Li Wei Yang. Vestía un traje rojo, un cinturón de jade en la cintura y la alegría de su sien no le llegaba a los ojos ligeramente alzados. Cuando sonreía, su hermosa apariencia hacía imposible que la gente pudiese apartar la mirada.
San Furen se sorprendió.
–Min De, ¿qué dices?
Li Min De habló bien alto.
–¡Sanjie ha hecho una cosa mal! ¡Es demasiado pobre y por eso los otros sospechan de ella! Si Sanjie tuviese suficiente dinero, ¿cómo iba alguien a pensar que ella podría cambiar el ginseng rojo de Lao Furen por dinero? ¡Sanjie es pobre!
Sonaba como cháchara de niño, pero los presentes se quedaron atontados, incluido Li Xiao Ran que estaba listo para criticar la inflexibilidad de Wei Yang. Ese movimiento de Li Min De tenía el propósito, sin lugar a dudas, de ayudar a Li Wei Yang evitando que Li Xiao Ran la regañase y además, conseguir algún beneficio.
Lao Furen, por supuesto, dijo:
–Desde hoy, la paga de San xiaojie será el doble.
Li Chang Xi se levantó de repente.
–¡Lao Furen!
Si se hacía eso, ¿no sería inferior a Wei Yang?
Lao Furen comentó como si nada.
–Olvidad lo de hoy, que nadie vuelva a hablar de lo ocurrido.
Li Wei Yang dio dos pasos para atrás, manteniendo la sonrisa apropiada de toda nieta. Ya no había nada más que hacer ahí.
El tercer príncipe aún tenía que hablar con la gente y Li Wei Yang se excusó diciendo que estaba cansada y que quería marcharse. Justo entonces, Zi Yan salió corriendo y, atosigada, clamó:
–¡San Xiaojie, llévame contigo! ¡Soy culpable! ¡Perdóname, por favor!
Da Furen no iba a perdonar  a Zi Yan ahora que se había sacado a la luz la conspiración. Zi Yan no era tan estúpida como para no saber algo así, sin embargo, ¿creía que era una filántropa? Se había atrevido a traicionarla, y por tanto, debía pagar el precio.
Li Wei Yang sonrió con dulzura.
–Ahora eres de Da ge, así que no puedes volver conmigo. ¡Sírvele bien desde ahora!
Dicho esto, se fue sin mirar atrás. Zi Yan se hundió en el suelo con la cara pintada de desesperación.
Tuoba Zhen la observó irse y lo que pareció una sonrisa apareció en su expresión. Li Wei Yang… La recordaría.

*        *        *        *

Li Wei Yang salió de He Xiang Yuan y, entonces, soltó la mano de Li Min De.
–¿Por qué has venido?
Li Min De parpadeó, sus largas pestañas revolotearon.
–Sanjie, estabas en peligro, ¡tenía que protegerte!
Li Wei Yang no pudo evitar reír. Apretó esa mejilla blanca tan parecida al tofu. Estiró tanto las mejillas de Min De que estaban a punto de sangrar. El niño, levantó la cabeza y la miró directamente.
–Sanjie, ¡¿cómo te metes siempre en tantos líos?!
Li Wei Yang miró sus brillantes ojos negros. En un principio le había ayudado porque era conveniente, útil y porque se parecía a Yu Li. Pero ahora, sus rasgos eran más destacables sin el más mínimo parecido a Yu Li. Después de todo, se trataba de Min De.
Li Min De volvió a cogerle de la mano.
–Sandi, en el pabellón hay rocío de rosas. Ven conmigo.

*        *        *        *

Una niñera corrió a su encuentro en el pabellón.
–Caray, ¡por fin has vuelto, San Shaoye! ¡Hubiera tenido que volver a buscarte!
Li Wei Yang se sentía rara. ¿Cómo se había enterado Li Min De de sus dificultades? Era como si la estuviese vigilando. No obstante, Li Min De ya se había sentado en el pabellón y estaba concentrado en comerse el rocío de rosas. El jugo de sus labios rosados le hacía muy atractivo.
Li Wei Yang le miró, la frialdad de sus ojos fue desapareciendo. No pudo evitar la cabeza de Li Min De, quien río y le devolvió la mirada con los ojos algo iluminados. Entonces, inclinó la cabeza como si se acabase de dar cuenta de algo.
–No soy un niño. – Dijo con terquedad. Se inclinó hacia ella. – He crecido, ¡no me mires como a un niño!
En ese momento se le extendió un carmesí por su piel blanca, su voz sonaba infantil pero su apariencia era solemne.
Li Wei Yan río de repente, sólo un niño diría que ya era mayor. Li Min De viendo que Wei Yang no le creía, le cogió la mano y dijo, totalmente serio:
–Me haré fuerte. Nadie te podrá molestar.
Los ojos de Wei Yang parpadearon, incapaz de contenerse, estalló en carcajadas.
Li Min De se puso mohíno. Los ojos de su Sanjie eran los más hermosos de este mundo: oscuros como la tinta, dulces como la luz de la luna y solitarios… como las estrellas en invierno. Eso es lo que su corazón decía.
Estaba enfadado por la incredulidad que mostraba la muchacha en cuanto a ese asunto.
Bai Zhi suspiró mientras miraba a San Shaoye y al devoto niñito.
Tuoba Zhen salió desde la distancia y dejó de caminar en medio del pasillo. Observaba a la jovencita sonreír como una flor, incapaz de conectarla con la imagen de la chica fría con garras que había visto en el salón principal anteriormente.
Era una chica que todavía tenía que crecer, pero albergaba la incertidumbre y las complicaciones de un adulto, era muy interesante. Detrás de él, un Li Min Feng que no tardaría mucho en tener que arrodillarse en el salón ancestral dijo con odio:
–¡Maldita niñata!
Tuoba Zhen giró la cabeza.
–¡Qué poca astucia has tenido en esta ronda, hermano Min Feng!
La mentalidad de Li Min Feng en un principio era simplemente engañar a alguien y pensó que de un solo golpe podría llevar al borde de la muerte a Wei Yang. Sin embargo, no se paró a pensar que si robaba el pollo, perdería arroz[1] y terminó quedando en evidencia delante de la familia entera obligando a su hermana a arrodillarse y a admitir sus malas acciones. Fue un momento acongojante. Incapaz de contener su desdén continuó:
–¡Ya llegará el momento de hacerla gritar de dolor!
Tuoba Zhen le respondió como si nada.
–Los hombres deberían concentrarse en la corta imperial, no en la casa. No deberías meterte en una batalla tan innecesaria.
Li Min Feng se sorprendió y se sumió en silencio, su expresión cambió y finalmente respondió.
–Sí.
Tuoba Zhen volvió a echarle un vistazo a Li Wei Yang que, a lo lejos, sonreía.

*        *        *        *

Cuando la cena acababa de empezar aquella noche, Mo Zhu entró a la casa e informó:
–Xiaojie, el Tercer Príncipe ha enviado a un regalo para todas las señoras y señoritas.
Li Wei Yang alzó las cejas visiblemente disgustada. Mo Zhu continuó:
–Xiaojie, mira-…
–¿Qué es? – Preguntó Bai Zhi tras echarle un vistazo al rostro de Li Wei Yang.
–Un jarrón de begonias.



[1] “Robar el pollo y perder arroz” o en chino “偷鸡不成蚀把米”, es un dicho que significa querer ganar algo pero acabar perdiendo. 
Title: Capítulo 47: Regalando
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Writed by Nana L15R1

3 comentarios

familia harmoniosa? el padre no sabe que casa tiene si pudieran usarian cuchillos pero ya llegara el momento de ajustar las cuentas con los hermanos prepotentes

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Anónimo

¡Gracias por el nuevo capitulo!

Gracias por el capítulo!!