Capítulo 2


Cuando Jin Xiu se despertó le dolía la cabeza, tenía el cuerpo entumecido y las manos le pesaban tanto que no podía levantarlas.
¿Dónde estoy?
Había una araña de cristal colgando del techo. Las paredes que la rodeaban estaban cubiertas por un papel de flores; la ventana daba a la puesta de sol y las cortinas blancas revoloteaban por la brisa. La sábana que la acariciaba era de seda, suave y cómoda; el jarrón de flores junto a su lecho contenía gardenias de pétalos blancos y con una esencia que abrazaba sus sentidos.
¿Estaba soñando? Jin Xiu miró a su alrededor, confundida, pero no había nadie, todo estaba en silencio. Con la fuerza que tenía levantó la mano y se tocó la cara para descubrir que estaba cubierta con una gasa. No era un sueño, alguien la había salvado y le había curado las heridas.
Poco después, escuchó el sonido de la puerta abriéndose y una mujer de mediana edad entró. Al verla despierta parecía extática:
-Señorita, por fin se despierta. Ha estado dormida un día y una noche, estaba muy preocupada. ¿Qué tal? ¿Se encuentra mejor?
Jin Xiu luchó por levantarse y sintió un dolor agudo en la mano antes de caer sobre el cojín.
-¡No se mueva!-La mujer se apresuró a volverla a tumbar.-Túmbese y descanse como es debido. Sólo he venido a comprobar si se había despertado.
Jin Xiu habló:
-¿Es usted quién me ha salvado?
La mujer estaba atónita.
-No, Ying Shao ordenó prepararle una habitación y buscar un médico. Yo tampoco sabía nada.
-¿Ying Shao?
A Jin Xiu le sonaba el nombre. Fuera de la residencia de los Yin también había un hombre al que habían llamado: “Ying Shao”, tal vez en Shanghai habían muchos “Ying Shao”.
-¿Podría saber dónde estoy?
-La alameda del león.-La mujer sonrió mientras respondía.-El hotel Alameda del León. Señorita, considérese suertuda por haber conocido a Ying Shao. ¡Las habitaciones son muy caras!
-¡¿Qué?!-Jin Xiu se sorprendió.-¡No tengo ni una moneda!
-¡No se preocupe!-La mujer se apresuró a tranquilizarla.-Este lugar le pertenece a Ying Shao, ¿por qué iba a pedirle dinero? Si quisiera dinero no la habría traído aquí.
Jin Xiu soltó un suspiro de alivio, pero de repente, se sintió inquieta.
-Ya que se ha despertado, coma algo.-La mujer cambió de tema.-¿Leche o gachas?-El hambre ardía en su estómago, la dejaba débil y le provocaba un sabor amargo en la boca.
-Pues… Cualquier cosa va bien.-Jin Xiu prosiguió con agradecimiento.-Gracias.
-Ni lo mencione, señorita. De todas formas, Ying Shao ha ordenado que cuidemos de usted. Sólo soy una empleada, puede llamarme tía Lan.
Jin Xiu sintió como si fuera a explotar de gratitud cuando la tía Lan cerró la puerta tras de sí. ¿Quién era Ying Shao? ¿Cómo iba a devolverle esa amabilidad y cuidado?
En ese preciso momento, Xiang Ying Dong y Zuo Zhen salían del banco Hua Long juntos. Mientras caminaban, Xiang Ying Dong preguntó:
-Ayer me pediste que llevase a la mendiga al hotel, le diera una habitación y un médico. ¿Desde cuándo te importan los asuntos que no te incumben?
Zuo Zhen contestó:
-Parece que has olvidado que hace dos días este chica salió corriendo y chocó contra ti en casa de Ming Zhu. La manoseaste tanto que la asustaste casi para matarla, ¿no te acuerdas?
-¿Es ella?-una expresión de sorpresa tomó el rostro de Xiang Ying Dong.-Debe ser alguien relacionado con Ming Zhu, parece que se han peleado. Pero apenas dos o tres días fuera de la mansión ¿y ya está en las calles pidiendo comida?
Zuo Zhen ya había llegado hasta su coche. Tang Hai le pasó el abrigo que aguantaba sobre los hombros a prisa mientras abría la puerta del coche.
-Er Ye, por favor.
-Será mejor preguntarle su parte de la historia ya que está relacionada con Ming Zhu.-Antes de subirse al coche la comisura de los labios de Zuo Zhen se curvó en una sonrisa jocosa.-Si tiene que ver con Ming Zhu no se puede considerar entrometerse, ¿no crees, Ying Dong?
El asistente de Xiang Ying Dong también le había abierto la puerta y le esperaba.
-¿El Sun Wu Kong de hace ochocientos años se ha rencarnado en Zuo?-Estaba extremadamente interesado en Ming Zhu pero era la mujer del jefe, no podía ni acercarse a ella. ¿Ni eso se le escapaba a Zuo Zhen? Ese par de ojos eran, simplemente, veneno.
-¿A dónde se dirige, Ying Shao?-Preguntó el conductor.
Xiang Ying Dong se animó.
-Al hotel a echar un vistazo.
Quería saber cuál era la relación de esa chica a la que le había puesto las manos encima la última vez con Yin Ming Zhu.

*        *        *        *

Jin Xin bajó el tazón de huevo y gachas de carne y empezó con sus elogios.
-Tía Lan, tus habilidades son suficientes como para ser la cocinera jefe de la Alameda del León. ¡Hasta unas gachas están buenísimas!
La señora sonrió tanto que sus ojos se llenaron de arrugas.
-Este hotel es un lugar de clase alta, si sólo sirviéramos gachas, ¿no seríamos una simple tienda de gachas?
Jin Xiu abrió los ojos con curiosidad.
-¿Un lugar famoso? Tía Lan, ¿qué es lo que más se conoce de este sitio?
-Permíteme ser yo quien te conteste a esa pregunta.-La voz de Xiang Ying Dong llegó desde el pasillo.
La tía Lan se sorprendió mucho y se levantó de inmediato, curvó la espalda noventa grados para saludar.
-¡Ying Shao!
Jin Xiu también estaba pasmada. Ying Shao, ese era el Ying Shao que la tía Lan había mencionado. ¿Cómo podía haber semejante coincidencia en este mundo?
-Puedes retirarte.-Despidió a la tía Lan, caminó hasta la cama y miró a Jin Xiu.-Mira que hacer añicos una cara tan bonita. ¿Me reconoces?-Su atractivo rostro tenía una mueca despreocupada y la miraba burlonamente.
La cara de Jin Xiu enrojeció de repente. Conocía la mirada y la intención de Ying Dong, ya lo había experimentado en la residencia Yin y esos recuerdos todavía estaban muy claros en su mente. Jamás había conocido a un hombre así, con esa aura tan maligna, carente de normas y modales. Esos ojos eran capaces de manipular a las mujeres, avergonzar y confundir, pero hacían que fuera imposible enfadarse con él.
Ella quería darle las gracias pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta, no se las podía tragar ni sacar.
-Hace unos días fuiste a casa de Ming Zhu, ¿por qué?-no tenía intención de andarse con rodeos.-Y estás en este estado después de tan pocos días. ¿Has ofendido a Ming Zhu y te ha castigado?
Jin Xiu no sabía qué hacer con ese hombre tan audaz. Tosió, se tranquilizó y respondió:
-No tiene nada que ver con Ming Zhu, no hay nada entre nosotras.
-¿Oh, sí?-Xiang Ying Dong estaba seguro que su relación no se podía definir con un “nada”. Se inclinó y miró a los ojos de Jin Xiu aduladoramente.-No pareces ser muy buena mintiendo.
Jin Xiu empezó a sentirse desfallecer. Estaba demasiado cerca. Se sentía como un gorrión asustado entre las garras de un halcón; desde donde estaba él podría contar hasta las pestañas que tenía.
-El deudor vino a por el dinero. Gran madre cogió a nuestro hermano pequeño y se lo llevó con el poco dinero que quedaba para volver a Xiang Shan. Me dejaron atrás y como no pude pagar me echaron de esa casa. No me quedó de otra así que le hice caso a mi tío y vine a buscar a Ming Zhu a Shanghai. Contaba con el hecho de que éramos hermanas y pensaba que podría quedarme con ella unos cuantos días. Shanghai es un sitio grande y pensaba que quizás podría encontrar algo que hacer aquí. No esperaba que a pesar de que la familia Rong se hubiera desintegrado el odio de Ming Zhu por esa familia no, y así, me rechazó.
Xiang Ying Don escuchó con intensidad y una expresión solemne. Sabía que Ming Zhu había tenido un pasado infeliz pero hasta ahora no supo de los detalles de este.
A pesar de que el rostro de Jin Xiu estaba cubierto de heridas, tenía la sien inflada y los labios agrietados todavía tenía cierto parecido con Ming Zhu. Los acontecimientos en la residencia Yin también demostraban que su historia era cierta.
-En realidad no se puede culpar a Ming Zhu.-Dijo Jin Xiu con suavidad.-Yo fui la que cometió el error de venir a Shanghai. Estos días que he estado deambulando por las calles he pensado en cómo se debió sentir Ming Zhu cuando llegó aquí: abatida. Y ella sólo era una niña. Si yo estuviera en su lugar, todavía guardaría ese odio.
Xiang Ying Dong se levantó y caminó hasta la ventana, dándole la espalda.
-A lo mejor Ming Zhu lo hizo en un arrebato, te ayudaré a hablar con ella de aquí unos días, cuando se lo haya pensado bien.
-Gracias, Ying Shao.-Jin Xiu por fin ofreció sus palabras de agradecimiento.-Pero no tienes por qué molestarte. Ming Zhu es terca, no va a cambiar de idea por lo que le digan los demás. Sólo estaré aquí temporalmente, tengo otro plan para cuando se me curen las heridas.
Xiang Ying Dong río.
-¿Crees que no puedo permitirme alimentar a una cosita como tú? No creo ni que comas tres tazones de arroz en un día.
-Pero no puedo quedarme de brazos cruzados en la cama el resto de mi vida.-Jin Xiu sonrió.-No quiero ser una molestia para ti.
-Da igual qué, tú céntrate en ponerte buena. Ya haré planes para ti.
Jin Xiu sintió una calidez en el pecho. Se dio la vuelta rápidamente, no podía volver a llorar. Este año había derramado demasiadas lágrimas, ¿y para qué? ¿En quién podía confiar además de sí misma? En nadie.
Ese hombre ante ella era muy atractivo, alto y justo, como una deidad entre las nubes. Aunque la había molestado antes, le había ofrecido una mano amiga. Jin Xiu sintió un sentimiento vasto de agradecimiento y calidez pensando en cómo aquella persona la había salvado. Siendo ella tan pequeña e insignificante no necesitó mucho para poner a aquel hombre en un pedestal.

*        *        *        *

A la noche siguiente, el club nocturno de hombres Zhen Feng Bai Le hospedó un banquete extravagante.
En la habitación privada Osmanthus todo el mundo iba de punta en blanco y brindaban. Zuo Zhen acababa de brindar y anduvo hasta el sofá para apoyarse contra él. Xiang Ying Dong también estaba ahí y le explicó lo que había ocurrido el día anterior.
-La chica a la que pegaron es Rong Jin Xiu, la hermana pequeña de Ming Zhu. Pero Ming Zhu se niega a reconocerla.
Zuo Zhen alzó las cejas inquisitivamente. Xiang Ying Dong le resumió la historia.
-No me habría imaginado que Ming Zhu tenía una infancia tan dura. Rong Jin Xiu también da pena, casi pierde la vida.
Zuo Zhen hizo girar el líquido que había en su copa de cristal.
-Parece bastante inteligente.-Esa fue la conclusión de Zuo Zhen.-Al menos no lloró ni rogó o insistió en quedarse. No se ha desalentado después de que la echaran a la calle y la intimidaran, y tampoco le guarda rencor a Ming Zhu; no es una chica molesta.
-¿Qué piensas hacer con ella?-Xiang Ying Dong le lanzó el asunto a Zuo Zhen.-¿Buscas problemas y los dejas en mi casa para luego lavarte las manos? No podemos dejar que siga deambulando sola por ahí, ¿no?
Zuo Zhen estaba tranquilo y despreocupado.
-Veamos qué planes tiene para ella misma. Por el bien de Ming Zhu no podemos tirarla  a la calle y dejarla morir.

*        *        *        *

La hinchazón del rostro de Jin Xiu y las heridas mejoraron a los tres días gracias de un tratamiento muy cuidado, sin embargo, la torcedura de tobillo era más seria y un inconveniente para poderse mover sin las muletas.
Xiang Ying Dong llegó cuando Jin Xiu intentaba andar por la casa.
-No puedes esperar a salir de la cama.-Xiang Ying Dong habló desde la puerta.-¿Te aburres?
-¡Ying Shao!-Jin Xiu se sorprendió y se dio la vuelta a prisa.-¡Estás aquí!
Xiang Ying Dong había ido un total de tres veces durante esos pocos días y solía conversar con ella antes de marcharse. Cada vez que Jin Xiu le veía la albergaba la alegría y cuando no estaba sus días rebosaban anticipación.
Jin Xiu no era una idiota. Sabía lo que significaban el anhelar a alguien de esa forma y las palpitaciones de nerviosismo que tenía por él. Sí, le gustaba.
Tenía su forma de hablar incrustada en la cabeza. Una y otra vez rememoraba sus expresiones en la cabeza, e incluso imitaba la sonrisa siniestra de aquel hombre. Hasta añadía a la colección los cigarrillos que fumaba y dejaba en el cenicero.
Sabía que jamás sería suyo pues era irresistible y encantador para todas las mujeres, pero ella parecía estar bajo un hechizo que hacía que su alma perdiese toda lógica. No comprendía cuál era el estatus de Xiang Ying Dong, no obstante, sabía al detalle de su atención, cualidades nobles y naturaleza generosa. Toda esa gente que trabajaba para él demostraban que tenía algún estatus, no pertenecía al mundo de Jin Xiu. Ella sabía que no debería recordar ese rostro, y que no le poseería jamás, pero con tan sólo acercarse un poquito, e incluso una simple mirada, la hacía feliz.
En esta ocasión, Xiang Ying Dong no vino solo. El hombre a su lado era atractivo y gentil, y a Jin Xiu le parecía haberle visto antes, recordaba verle en la residencia Yin. Se quedó ahí de pie como si nada, medio engreído, medio frío. ¿Quién era?
-Soy Zuo Zhen. “Zhen” como en “asombro[1]”.-Así es como se presentó.-Ya nos habíamos visto.
-Oh.-Jin Xiu estaba algo confundida.-Eres… amigo de Ying Shao, ¿verdad?
Zuo Zhen sonrió.
-No está mal.
Él evaluó a Jin Xiu. Era por la tarde y Jin Xiu estaba de pie a contraluz, los cálidos rayos de la puesta de sol parecían un halo dorado que envolvía su figura. Parecía estar en mejor forma. Llevaba un fino qipao[2] de lana  y un par de hermosas trenzas le caían por el pecho. Se apoyaba con dificultad sobre las multas; tal vez estuviera cansada a juzgar por el sudor de su frente y sus encendidas mejillas. Al igual que Ming Zhu tenía un par de hermosos ojos claros e iris negros de apariencia perpleja, con un poco menos de estilo que Ming Zhu pero con más dulzura. Quizás fuera por su pureza que su encanto no se podía ni comparar con el de Ming Zhu – cada sonrisa, cada vez que movía los ojos y bajaba la cabeza, era hipnotizante como la niebla y asombroso.
-¿Nos sentamos y hablamos?-Xiang Ying Dong le ordenó a la tía Lan que trajese té.-¿Por qué seguís de pie? No es que no os conozcáis.
Jin Xiu sonrió con timidez, se aguantó con las muletas y se sentó en la silla que estaba cerca de ella.
-Lo siento mucho, como todavía no se me ha curado la pierna Ying Shao se tiene que tomar la molestia de venir cada dos o tres días.
-No está tan mal.-Xiang Ying Dong estaba despreocupado.-Al principio no podías ni mover los dedos. Creo que en unos ocho o diez días estarás completamente recuperada.
Zuo Zhen bajó la taza de té.
-Señorita Rong, estás muy preocupada, ¿te falta algo?
Jin Xiu sacudió la cabeza.
-Acabo de llegar a Shanghai, no conozco sus gentes ni lugares, nada requiere mi atención. Es sólo que, cuanto antes me recupere, antes podré encontrar algo para hacer. Estar aquí cada día sin hacer nada me inquieta.
-¿Quieres encontrar algo qué hacer?-Xiang Ying Dong le miró a Zuo Zhen.-¿Qué clase de trabajo te va bien?
La cara de Jin Xiu enrojeció.
-No estoy segura. Vosotros conocéis Shanghai mejor, quizás podríais recomendarme algo.
-Entonces, ¿qué sabes?-Xiang Ying Dong posó la mano en su regazo.-Por ejemplo, cuentas, inglés, tocar el piano, ¿o algo así?
Jin Xiu abrió los ojos.
-¿Tocar… Tocar el piano? Las partituras occidentales son totalmente distintas a la chinas, no sé.
No sabía nada, ¿pero quería dinero?
Xiang Ying Dong río, incluso el inexpresivo Zuo Zhen no pudo evitar esbozar una mueca siniestra.
-Pues será difícil.
Jin Xiu enrojeció todavía más por el rídiculo.
-¿Para trabajar en una fábrica se necesita inglés o contabilidad? ¿Y tocar el piano…? Tengo manos y piernas que pueden trabajar para ganarse la vida.
Zuo Zhen miró sus pequeñas manos que tenía en el regazo; tenía los dedos delgados, blancos como la nieve y suaves, no parecían manos que hubiesen trabajado.
-¿Y entonces, qué clase de trabajo quieres hacer? ¿Sabes devanar seda o hacerla? ¿Sabes algo de las máquinas de las fabricas? –Zuo Zhen ya no la miraba.-Y no hablamos de si el dinero que ganarás será suficiente para alquilar algún sitio o alimentarte, me temo que en el momento en que alguien te vea las manos te descalificarán.
Qué chica tan ingenua. Si las cosas fueran tan fáciles como imaginaba, entonces, el mundo no sabría de tristeza. En aquellos tiempos sobrevivir era cuestión de suerte.
Jin Xiu estaba aturdida. Se desanimó pero no iba a admitir la derrota y le contestó.
-Pero… He aprendido a bordar; cuando iba a la escuela aprendía  cantar… Eso es, también sé tocar la flauta muy bien, y he estado aprendiendo desde los cinco años…-Conforme hablaba fue bajando más y más la voz.
Esos truquillos de la gente de campo, eran meras tonterías que tal vez entretenían a los de casa, pero era imposible ganarse la vida con ellos, sobretodo en un lugar como Shanghai. ¿Para qué servían?
Zuo Zhen la miró y nada escapó de su escudriño: sus pequeños dientes mordiendo su labio inferior, la ansiedad y confusión que expresaban esos ojos tan brillantes que tenía la muchacha y su continuo atrevimiento a devolverle la mirada sin admitir la derrota y el pánico que sentía en su corazón. Inconscientemente, se le ablandó el corazón.
Xiang Ying Dong río y esperó a que Zuo Zhen diera un paso en falso. Esta vez se había metido en un buen lío. Rong Jin Xiu era la hermana pequeña de Ming Zhu, lo admitiese o no ésta, era distinta a otras mujeres. No podían dejarla tirada pero seguir manteniéndola no parecía apropiado aunque no les costase mucho. El problema era, ¿cómo respondería Ming Zhu a todo esto?
La he recogido de las calles así que podría hacerla mía. Además, esta chica, Jin Xiu es una inconsciente, ni siquiera sabe cómo captar la simpatía de los hombres, no es para este mundo.
-Ya lo hablaremos cuando te recuperes.-Zuo Zhen continuó.-Ya prepararé algo.
¡Vaya zorro astuto! Xiang Ying Dong se río en silencio. Y pensar que esa estúpida mujer, Jing Xiu, tenía gratitud escrita por toda la cara. Ciertamente, no había aprendido a entender y comprender la situación  como Ming Zhu, estaba muy lejos de ser como ella.

*        *        *        *

Al anochecer salió la luna llena. El viento de otoño aullaba y parecía más frío a causa de los oscuros cielos sombríos. El cielo había sido gris desde aquella tarde y al llegar la noche las nubes se volvieron más densas, pero no llovió. Las gentes de las calles se apresuraban a llegar a sus hogares para cenar, las luces y las sonrisas de la familia acababan con el cansancio del día.
Jin Xiu caminó por las calles a un buen ritmo. Los caminos de Shanghai eran demasiado complicados. Sujetó el mapa y preguntó las direcciones y finalmente encontró la escuela de primaria Hua Ying. Los requisitos del anuncio no parecían muy estrictos. Pero justo al llegar allí se dio cuenta que sin haber dado clases nunca y sólo habiendo estado escolarizada unos años era imposible ser profesora sin ningún benefactor.
Se fue de la escuela, tan abatida que no podía ni levantar la cabeza. Había estado anticipando aquel momento todo el día llena de esperanzas pero sólo había sido un sueño. Anduvo por unas pocas calles más  y entonces, Jin Xiu se percató de que se había perdido. Volvió por donde había venido todo lo deprisa que pudo pero cuánto más caminaba, más se confundía. Los vendedores ambulantes se acercaban a ella para ofrecerle sus productos, ¿pero cómo iba a comprarles nada si no llevaba ni un céntimo encima?
El aire húmedo y el frío la dejaron sin respiración.
Jin Xiu sólo vestía un qipao muy fino que la tía Lan le había dejado en el último momento, pero hasta que no salió a la calle no se dio cuenta que era demasiado fino y se le puso la piel de gallina. Lo que más le preocupaba era que lloviese y se hiciera oscuro. Tenía que darse prisa en llegar a la Alameda del León. Se había escabullido sin avisar para ir a buscar trabajo, ¿Ying Shao la buscaría? Aquellos últimos dos días había estado tan ocupado que no le había ni visto.
Aunque ya no necesitaba las muletas para el tobillo, después de caminar tanto empezó a dolerle tanto que parecía que la estuvieran apuñalando. En los cruces había tanta gente y caos que Jin Xiu  no pudo ni entender qué ocurría.
La lluvia por fin empezó a caer. Al principio era una mera llovizna, pero las gotas empezaron a ser más duras al poco tiempo. El cabello y los hombros de Jin Xiu estaban empapados, se chocaba con los transeúntes a izquierda y derecha y sólo podía correr entre el mar de gente a esconderse en una iglesia. Quién se iba a imaginar que la lluvia no sólo no pararía, sino que caería más fuerte. Jin Xiu estaba muy preocupada, pero cada vez que pensaba en correr a casa se contenía al reconocer que no sabía cuál era el camino.
Jin Xiu se abrazó a sí misma con fuerza, hacía tanto frío que no dejaba de temblar. Las luces de neon se encendieron y el cartel de enfrente a Hua Long se iluminó en la lluvia. Su cabello goteaba.
Pasó un coche muy rápido y salpicó al pasar por los charcos, por suerte, Jin Xiu se apartó rápidamente y sólo se mojó la parte inferior del qipao. Jin Xiu se inclinó para secarse con un periódico cuando el coche de repente dio marcha atrás y se detuvo justo delante de lla.
El chófer se bajó del coche y abrió la puerta trasera mientras sujetaba un paraguas. Un par de zapatos de cuero salieron del coche y pisaron el suelo mojado. Jin Xiu se puso en pie atónita con los ojos como platos. ¡Era Zuo Zhen! El cielo estaba cada vez más oscuro y la lluvia fría era triste pero su cálida voz penetró en el corazón de la muchacha.
-Jin Xiu, sube.-Era imposible rehusarse a su tono de voz. Cogió el paraguas de las manos del chófer y lo sujetó sobre Jin Xiu.-No vayas por ahí cuando llueve.
Era la primera vez que Jin Xiu se subía a un coche privado. Los asientos de cuero eran grandes y cómodos y había un ambiente cálido. Se movió hacia adelante con curiosidad para mirar cómo conducía el chófer. Supuso que aquella rueda enorme servía para dirigir el coche y se sorprendió de ver que el hombre usaba tan bien los controles. Zuo Zhen era alguien de pocas palabras, pero por alguna razón, parecía cercano a ella a pesar de que tan sólo se habían encontrado dos veces. Shanghai era muy grande y la forma en la que Zuo Zhen la trataba no estaba mal.
El cabello de Jin Xiu, incluido su flequillo, goteaba y se pegaba a su cuerpo. Sus cejas parecían brillar y el aire húmedo que la envolvía hacía que sus iris parecieran dos perlas negras sumergidas en el agua.
Zuo Zhen le habló mientras ella miraba con ojos de niña.
-¿Te has recuperado?
Jin Xiu asintió con la cabeza.
-Sí, ayer dejé de usar las muletas.-Miró a Zuo Zhen y sonrió.-Mira, ya casi no tengo arañazos. La tía Lan me cuida muy bien; nunca repite las comidas y no deja ni que me lave la ropa. Cada día como después de dormir y duermo después de comer.-Suspiró.-Me siento mal por ello. ¿Cómo no me voy a recuperar cuando me tratan así? Tampoco era para tanto, sólo unos hinchazones y unos arañazos, no me hice daño en ningún músculo ni hueso.
Jin Xiu habló con un ápice de nerviosismo y regañina como si estuviera hablando con alguien de su pueblo. En realidad, a Zuo Zhen sólo se le podía considerar un conocido y apenas habían hablado hasta entonces. Pero ahora mismo, para Jin Xiu, hasta un mero conocido era un tesoro.
Zuo Zhen no la interrumpió y tampoco parecía importarle que ella se explayara, en cambio, se limitó a preguntar:
-¿Tienes algo que hacer esta noche?
Jin Xiu se sorprendió.
-¿Qué iba a hacer yo además de domir?
-Entonces, puedes llegar más tarde a casa.-Respondió Zuo Zhen con suavidad.
Hasta que no bajó del coche Jin Xiu no se dio cuenta que estaba en un hotel. Era un hotel muy distinto a la Alameda del León. Era un edificio de dos plantas con el nombre: “Hotel Xiang Tan” en el cartel.
-A Ying Dong y a mí nos encanta  la cocina Hunan, lo que sirven aquí es muy auténtico.-Le dijo Zuo Zhen.-Y aunque los muebles no son muy sofisticado, es bastante tranquilo.
Sin embargo, Jin Xiu estaba que no cabía en sí de alegría. ¿Cómo podía considerarse todo aquello poco sofisticado?  Era un lugar simple con dos farolas rojas colgadas de la puerta, paraguas de papel y escaleras de bambú que emitían un entrañable sonido. ¿A Ying Shao también le gustaba ese lugar?
Subieron las escaleras hasta llegar a un comedor donde no había mucha gente a causa de la lluvia. Su mesa estaba estaba de una ventana medio cerrada para protegerles de la lluvia. El sonido de las gotas de lluvia transmitía una calma sutil. Jin Xiu de repente dijo:
-Aviones de papel, lluvia de media noche. Ninguna camino deja un amor amargo. Una hoja, un sonido, gotas de vació existencial.
Las gotas que chocaban contra el bambú eran poéticas en medio de aquella paz.
Una suave sonrisa apareció en los labios de Zuo Zhen. La muchacha desde que había entrado parecía fuera de sí. Le dio unos golpecitos a la mesa.
-¿Te gusta la comida picante?
Jin Xiu alzó la cabeza con orgullo.
-No puedo vivir sin picante.
Zuo Zhen pareció algo sorprendido.
-He oído que las mujeres a las que les gusta la comida picante no tienen buen carácter.
Jin Xiu río de repente.
-¿No me digas que temes que sea verdad?-Cuando reía las esquinas de sus labios se levantaban.
Zuo Zhen miró la carta aunque en realidad sabía que lo que había sin necesidad de mirarla. Le pidió al camarero que estaba al lado de su mesa toda una mesa de platos, por fin miró a Jin Xiu y dijo:
-Todavía faltan unos pocos, ahora te toca a ti.
Sinceramente, Jin Xiu casi no había tenido la oportunidad de experimentar esto de pedir en un restaurante y mirando el menú parecía que Zuo Zhen ya había pedido casi todo. ¿Cómo sabría qué platos estaban buenos y cuales no? Después de reflexionar, preguntó con cautela y seriedad:
-¿Puedo… pedir la tortita de la abuela?
¿Qué? ¿Tortita de la abuela? ¿Qué era eso? Tanto el camarero como Zuo Zhen estaban perplejos. Ambos se miraron mutuamente y estallaron en carcajadas. Zuo Zhen acababa de coger su taza de té y gracias a la risa casi la derramó.
El camarero contuvo la risa.
-Señorita, ese plato que desea no parece ser de Hunan.
Jin Xiu sabía que había hecho el rídiculo y se sonrojó antes de proseguir de una forma completamente incómoda:
-No, si no hay, pues vale, eh…
Zuo Zhen vio que su mano se había cerrado en un puño, no lo pudo soportar más y se apresuró a continuar:
-Y la sopa de gambas.
Zuo Zhen encendió un cigarro cuando el camarero se marchó.
-¿Eso de la tortita de la abuela es algo de tu pueblo?-Preguntó.
Jin Xiu asintió.
-No he comido de eso durante mucho tiempo, en Shanghai no lo venden.
De repente sintió nostalgia al pensar en la tortita de Zhenjiang. No podría volver a su hogar nunca más.
-¿Cómo has acabado en la entrada de Hua Long?-Empezó a preguntar Zuo Zhen.-No sabes las rutas pero te vas a correr sola por ahí.
Jin Xiu contestó:
-Sólo he ido a la escuela de primaria Hua Ying, en un periódico han puesto un anuncio de que buscaban profesores.
¿De veras quería salir y trabajar? No se rendía. Zuo Zhen alzó las cejas sorprendido.
-¿Tanta prisa tienes por encontrar un trabajo?
-¡Por supuesto!-Jin Xiu no dudó en contestar.-Ya he abusado de la hospitalidad de Ying Shao muchos días. Me ha dado un lugar donde estar, comida que comer y ropa que ponerme. Y aunque ignore lo de la comida y el techo, no puedo pedirle dinero para maquillaje, periódicos y ropa, ¿no?
Zuo Zhen soltó una bocanada de humo.
-Me temo que no te será fácil, eres una jovencita que no conoce a nadie.
Jin Xiu, descorazonada continuó.
-Sí. Después de pasarme el día corriendo hoy no he conseguido nada, pero no te preocupes, voy a encontrar algo, seguro.
-Te dije que te ayudaría.-Indicó Zuo Zhen.-Tienes estudios, trabaja para mí.
-¿De verdad?-Jin Xiu estaba llena de alegría, incrédula.-¿Es por lástima?
Zuo Zhen sonrió.
-¿Por qué iba a tenerte lástima? Si tuviera que ayudar a cada persona lamentable que veo en Shanghai, habiendo tanta, acabaría muerto de cansancio. Si no quieres, puedes pedírselo a Ying Dong.
-Ah, ¡eso no es lo que quería decir!-Jin Xiu se apresuró a explicarse.-Es que no sé mucho y me da cosa darte problemas.
Zuo Zhen no respondió. Desde que la había salvado ya se había responsabilizado de todo aquel asunto. Fuera o no problemático, era demasiado tarde para pensarlo.
Jin Xiu se preguntó si Ying Shao se alegraría de saberlo. No podía seguir holgazaneando, ya la habían cuidado demasiado tiempo. ¿Pero podrían volverse a ver en el futuro? Después de todo, era amigo de Zuo Zhen. Seguramente Ying Shao se había sentado en el sitio donde ahora estaba ella muchas veces.
Entonces, creyó haber escuchado a Zuo Zhen decir algo y levantó la cabeza aturdida.
-¿Qué?
Zuo Zhen no sabía si reír o molestarse. Ninguna mujer que hubiese llevado a comer se había atrevido a despistarse. Esa muchacha no estaba para nada concentrada en él.
-Tú… ¿Trabajas con Ying Shao?-Jin Xiu hizo todo lo posible para sonar casual.
-No.-Zuo Zhen continuó.-Suele estar en Bai Le.
Jin Xiu no pudo evitar sentir un poco de decepción aunque se la escondió a Zuo Zhen este hombre había estado viviendo en Shanghai durante veinte años así que por mucho que intentases esconder algo, no le engañarías. En cualquier caso, en comparación con él, Jin Xiu era tan clara como el agua.
Zuo Zhen estrechó los ojos.
-¿Quieres estar con él?
Jin Xiu se sorprendió tanto que le temblaban las manos.
-No, no, me has malentendido. Sé cuál es mi lugar y todavía no soy capaz de nada.
Zuo Zhen sonrió suavemente y fumando formuló la segunda pregunta.
-¿Eso significa que quieres ser su mujer?
-¿Ah?-La expusieron en un momento y se sonrojó hasta las orejas, con la dignidad por los suelos empezó a negarlo.-¡Nunca! ¡Nunca! Ying Shao… Ying Shao con su estatus, yo…
Zuo Zhen disparó.
-¿Qué estatus? Quieres decir que si bajaran su estatus, ¿estarías dispuesta?
Jin Xiu estaba sorprendida y reaccionó unos segundos más tarde.
-¿Te estás burlando de mí?
¿Cómo podía ser así? Zuo Zhen se limitó a responder:
-Ya están aquí los platos. Prueba este pato ahumado es el plato estrella.
Jin Xiu le miró con mala cara, hirviendo de rabia.
-¡Señor Zuo! Le estoy agradecida por su ayuda, pero no bromeé con esas cosas, no soy ese tipo de…
-¿Para qué quiero tu gratitud?-Zuo Zhen alzó los ojos con frialdad.-¿Qué puedes hacer por mí? ¿Quieres que bromee contigo? No creo que estés a la altura.-Su tono era tranquilo, incluso cálido, pero sus ojos eran gélidos como el hielo.
Jin Xiu no pudo evitar temblar al escuchar su voz.  No entendía Shanghai y mucho menos a Zuo Zhen. Él era el tipo de hombre que aceptaba la coquetería con amabilidad y mucho menos las órdenes o era fácilmente manipulado.
-Yo…-Jin Xiu se sonrojó.-Puede que no conozca vuestras normas. No sé qué tipo de personas sois Ying Shao y tú, ni qué hacéis. Pero como me habéis salvado y ayudado quiero devolveros el favor. Así de simple. Sé que lo que yo pueda hacer es limitado, y que no pertenezco a vuestro mundo. ¿Crees que estoy loca como para pensar así?-Bajó la voz.-No lo merezco, pero tengo orgullo. No conozco a nadie en Shanghai y no tengo donde ir, así que tengo que abandonar mi pequeño orgullo por vuestra empatía y calidez.
Zuo Zhen se sumió en el silencio más absoluto. Su expresión era demasiado profunda como para comprenderla y era imposible determinar si estaba o no enfadado.
Jin Xiu se preparó lo mejor que pudo, cogió aire y sonrió.
-Muy bien, me invitas a comer y yo sólo estropeo el ambiente. Será mejor no hablar de eso. Voy a probar la comida de Hunan a ver qué tiene de especial.-Cogió una ostra a la brasa y le dio un buen bocado.-¡Guau! ¡Picante y sabrosa! ¡Esto sí está bueno!
Las lágrimas amenazaron por brotar mientras comía. En realidad, estaba exagerando. A pesar de que la comida sí era picante, sus lágrimas no eran falsas. ¿Pero cómo podía esconder unas lágrimas tan bochornosas?
La mano de él le apartó los palillos y un pañuelo suave le cubrió la boca y la nariz.
-Si pica demasiado no te fuerces.
Ella levantó la cabeza sorprendida y vio la dulce sonrisa que Zuo Zhen tenía en su cara.
-Límpiate la cara, una señorita tiene que comer con recato. No me estaba riéndo de ti, sólo quiero ayudarte.-Zuo Zhen no tenía por qué explicarse, pero lo hizo de todas formas.-He sido hermano[3] de Ying Dong durante muchos años. Creo que no vas a encontrar mejor que persona que yo para conseguir tu objetivo con él, ya sea devolverle el favor, queriéndole o trabajando para él.
Jin Xiu aceptó su pañuelo y se secó la cara y su pátetico estado.
-Imposible.-Dijo con suavidad.-Nunca he deseado poseerle de verdad. Acercarse a él no es cosa fácil. Puedo ser tonta, pero hasta ahí llego.
Zuo Zhen arrugó la frente.
-Estás comiendo conmigo, ¿por qué no te sientes indigna de ello? ¿Qué diferencia hay entre Ying Dong y yo?
Jin Xiu contestó:
-No es lo mismo.-Dejó los palillos y mirando las cortinas de bambú por la ventana melancólicamente prosiguió.-Tú te has topado conmigo por las calles de pura casualidad y me has invitado a comer; es pura coincidencia, esto no significa nada para ti y yo no te pido nada. Pero cuando tengo un motivo para acercarme a Ying Shao, aunque sólo sea para devolverle el favor, espero su atención, ese sentimiento quiero que dure más… ¿Cómo va a ser lo mismo?
Zuo Zhen se sirvió una copa de licor y se la tragó lentamente. Lo comprendía.
-Tienes razón. Si crees que vas a poder, puedo ayudarte a entrar en Bai Le, ahí es donde está Ying Dong.
Jin Xiu no lo acababa de entender.
-¿Por qué no iba a poder?
Zuo Zhen miró la copa que tenía entre sus manos.
-Bai Le es uno de los clubes nocturnos más famosos de Shanghai, sobretodo el gran salón de baile.
Jin Xiu le miró intentando descifrar sus palabras.
-Tú… Quieres que vaya a Bai Le y sea bailarina.-Se sorprendió.
-Eso no es lo que quería decir.-Zuo Zhen lo negó con suavidad.-Sólo digo que puedo ayudarte a llegar hasta ahí. Dónde tú quieras ir depende de ti.
-Pero, ¿no acabas de decir…?-Jin Xiu estaba atónita por su comportamiento. Acababa de decir que podría trabajar para él.
-¿No crees que esta solución es mejor?-Preguntó Zuo Zhen.
Él no podía jugar con la mujer de Xiang Ying Dong, y en cualquier caso, ¿acaso Jin Xiu no quería acercarse a él? ¿Qué esperanza tendría si trabajaba para él?
Jin Xiu cayó en silencio.
No podía ocuparse de sus comidas y no tenía ni un céntimo, ¿qué más podía hacer? No podía seguir apoyándose en Ying Shao y Zuo Zhen el resto de su vida. Al fin y al cabo, todo lo que tenía que hacer una bailarina era bailar, si mantenía sus principios no pasaba nada, ¿no?
-Si hago esto… ¿me corromperé?-Se preguntó aturdida.
¿Estaba sacrificándose para sobrevivir o por Ying Shao?
-Eres distinta a las otras.-Zuo Zhen se apoyó en el respaldo de la silla.-Si quieres irte, siempre puedes venirme a buscar.
Él mismo se sorprendió cuando esas palabras salieron de su boca. ¿Qué quería decir con eso? ¿Por qué decía algo así? Ella sólo era una conocida, ¿por qué tenía que ayudarla tanto? Era raro. No es como si tuviese mucho tiempo o energía para arreglárselas con esas tonterías.


[1] “Asombro” o “choque” en chino es Zhènjīng (震惊).
[2] El Qipao (旗袍), o cheongsam en cantonés, es un tipo de vestido chino originario de Manchu que gobernó China en el siglo XVII.
[3] Zuo Zhen dice ser hermano de Ying Shao, Por “hermano” no se refiere a hermano sanguíneo, sino más bien como un juramento de lealtad. Es algo así como cuando en américa te refieres como: “bro” a tu amigo, simplemente sois muy cercanos, tanto, que casi son familia.

Title: Capítulo 2
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