Capítulo 1


Era el año 1935 y Jin Xiu estaba aturdida ante la enorme valla de metal de estilo occidental en Shanghai. Sin lugar a dudas, esa era la dirección. Había mirado muchas veces pero en la placa de la puerta ponía claramente: Residencia Yin. Miró a través de las barandillas. Era un patio obviamente lujoso: la hierba verde, la fuente, la mansión de ladrillo rojo rodeada de tulipanes… ¿Cómo podía ser? Hace diez años, cuando echaron a Ming Zhu de la casa, a sus doce años, no podía ni siquiera permitirse una esquina de esa casa… Y pensar que ahora vivía en semejante lugar… Tal vez se había casado con alguien de buena familia, pero cuando el tío Tian había vuelto le dijo que todavía no se había casado.
Jin Xiu titubeó pero se atrevió y apretó el timbre. Al menos aclararía las cosas antes de decidir qué hacer.
Una criada de edad avanzada vestida con unos pantalones negros y una camisa blanca respondió, parecía tener unos cuarenta años, y llevaba el cabello recogido en un moño perfecto. La mujer miró a Jin Xiu con recelo a través de los barrotes.
-¿A quién buscas?
Jin Xiu respondió:
-¿Vive aquí Rong Ming Zhu?
-La dueña de la casa se llama “Yin” no “Rong”. Ni siquiera sabes su nombre, ¿quién eres?
¿Ming Zhu ya se ha cambiado el apellido?
Sorprendida, Jin Xiu exclamó:
-Soy su hermana pequeña.
Los ojos de aquella sirvienta se abrieron como platos.
-Mi señora es huérfana, ¿de dónde iba a sacar una hermana pequeña? ¿Qué tonterías dices?
¿Había dicho que era huérfana? El corazón de Jin Xiu se hizo pedazos. Después de viajar hasta Shanghai las cosas parecían ir de mal en peor. Ming Zhu había renegado por completo de su apellido, tal vez a causa de su odio, y prefería empezar de nuevo que recibir a su hermana a la que no veía desde hacía diez años.
-Señorita, pareces alguien remilgado y correcto. ¿Por qué mientes? Si lo que quieres es dinero la señora te podría dar algo por caridad, pero si vienes a engañarla, te arrancará la piel a cachos.
Jin Xiu sintió cómo ardía su rostro, no podía creer que esa criada le estuviera diciendo eso. Sabía que las ropas que llevaba eran andrajosas, pero había viajado desde Zhenjiang y soportado  el tormento de viajar en coche y barco, por eso ese vestido azul estaba demasiado sucio como para ser meramente reconocible, sus zapatos también estaban gastados. Pero era la primera vez que la tomaban por estafadora.
-Abre la puerta, que sea Ming Zhu quien decida si me conoce o no.-Jin Xiu alzó la voz.- ¿Quién eres tú para echarme?
-Caray, qué carácter. ¿Dónde te crees que estás? Ni siquiera los policías se atreven a decirle que no a mi señora. Si no te vas ahora mismo, no me culpes por actuar.
-¡Tú…!-Jin Xiu estaba tan enfadada que no podía ni hablar. Sacudió los barrotes mientras gritaba.- ¡Ming Zhu! ¡Ming Zhu, sal! ¡Soy Jin Xiu!
En medio de tanta conmoción, una señorita de traje verde salió del edificio. Era muy delgada y tenía un cabello en forma de nube. Desde lejos, alzó la voz y preguntó:
-¿Quién es? Hsu Ma, ¿con quién hablas tan fuerte? Ten cuidado de no perturbar el descanso de Ah Jie.-Su voz parecía molesta pero sonaba clara y agradable. Se acercó caminando deprisa, con una apariencia todavía más elegante. Sus largas piernas se veían entre sus ropas y soplaba una suave brisa.
Esa hermosa señorita era Ming Zhu, ¿verdad? Jin Xiu recordó que incluso a los doce años, Ming Zhu ya era una belleza y que Da Ma[1] siempre la regañaba y la llamaba: “listilla”.
-Ming Zhu, soy yo, ¿te acuerdas de mí?-La sorpresa y felicidad de Jing Xiu hizo que sonase incoherente.-Soy la pequeña Jin Xiu…
La señorita de verde se detuvo ante la puerta, miró a Jin Xiu de los pies a la cabeza y dijo:
-¿No conoces a Ah Jie? ¿Me has llamado: “Ming Zhu”?
Jin Xiu estaba aturdida. Fue justo entonces cuando se percató de su error, se tranquilizó a prisa para ver mejor, esa mujer era innegablemente hermosa, tenía un rostro delgado y piel de color miel, un par de ojos color sepia que se afilaban en las puntas y transmitían una dulzura indescriptible, pero no era Ming Zhu.
Ming Zhu tenía la piel blanca como la nieve, una cara pequeña y ojos en forma de almendra, no tenía doble párpado y en la comisura superior de sus labios tenía una peca. Aunque hubieran pasado diez años, no podría haber habido tanto cambio en una persona.
-Perdona, me he equivocado de persona.-Jin Xiu se disculpó rápidamente.-Soy su hermana pequeña de su pueblo natal, y no nos hemos visto en años… ¿Puedes dejarme verla?
La mujer en verde repitió las mismas palabras.
-Nunca he oído hablar a Ah Jie de esto. ¿Tenía familia en su pueblo natal?
Jin Xiu no era estúpida, sabía que si seguía así, no le dejarían pasar y tuvo que mentir.
-Prima, su prima por parte de padre.
-Oh.-La señorita pareció entenderlo todo y se dio la vuelta hacia la criada.-Hsu Ma, abre la puerta y déjala pasar, ya que ha venido hasta aquí.
La criada murmuró algo mientras abría la puerta de mala gana.
-Este año, de repente, todos los familiares vienen a por algo…
Jin Xiu comprendió lo que quería decir, pero no se molestó en enfadarse. La alegría de poder ver a Ming Zhu bloqueó toda infelicidad.
La mujer de verde dirigió a Jin Xiu por dentro, hacia la mansión de ladrillo rojo.
-Ahora que lo pienso, ¿cómo dices que te llamas?
-Jin Xiu, ¿y tú? He visto que te diriges a Ming Zhu como: “Ah Jie”, ¿eres pariente de la segunda madre?
La mujer de verde la miró inquisitivamente.
-No me atrevería. Mi apellido es Su, todo el mundo me llama Ah Di. Sólo soy una mera criada, no me atrevería a afirmar que soy pariente de Ah Jie.
¿Mera criada? Jin Xiu se sorprendió, con semejante hermosura se llamaba a sí misma “mera criada”.
Mientras pensaba en ello, entró en el comedor. Un olorcillo llegó hasta ella junto con una melodiosa música. Estaba oscuro, pero por alguna razón Jin Xiu no sintió pánico. Lo primero que vio cuando alzó la vista fue un conjunto de sofás de cuero largos donde dos chicas de entre dieciocho y diecisiete años estaban sentadas como si fuera un cuadro mirando un álbum. Cuando vieron que alguien entraba levantaron las cabezas para volver a mirar al álbum después como si se tratase de un gatito o perrito. Hablaban en voz baja con los ojos llenos de fulgor.
En un sofá más lejano había otra mujer, medio sentada, con una blusa suelta que sólo llevaría un hombre, pantalones negros y el cabello corto por el cuello. Un par de piernas sobresalían del sillón, y sólo se veían las uñas pintadas de rojo y unas zapatillas que colgaban de los pies de alguien. ¿Cómo puede ser que este lugar fuera así? ¿Quién era toda esa gente? En ese momento a Jin Xiu no le podía importar menos, sólo podía sorprenderse y admirar.
Ah Di la escoltó.
-Siéntate aquí, Ah Jie está haciendo la siesta, en un rato se despertará.
Jin Xiu era reservada. De camino hasta allí había imaginado muchas veces en qué tipo de lugar estaría viviendo Ming Zhu, pero nunca se imaginó que sería algo así. Se sentó en un sofá con incomodidad dejando su maletita de cuero a un lado. Ah Di le pidió a una sirvienta más joven que le sirviera té y la dejó sola.
El tiempo transcurrió extraordinariamente lento.
Durante todo ese rato, la señorita sentada en la silla se había levantado a por una copa de vino y la jovencita en el sofá de enfrente había cambiado de álbum de fotos, pero nadie pareció verla, ni siquiera le dedicaron una mirada. Jin Xiu se sintió más y más incómoda. Viendo cómo se comportaban no parecían sirvientas, sino las dueñas de la casa pero, que siendo los dueños de la casa no se molestaran en preguntar quién era la desconocida que entraba en su casa era demasiado extraño.
Por fin, escuchó unos pasos por las escaleras. Jin Xiu se levantó apresuradamente. ¿Era Ming Zhu la que bajaba? Lo primero que vio fue un par de piernas delgadas en unas chanclas de estilo japonés  y un vestido de noche lila y entonces, un abanico en una mano exquisita. Ming Zhu había llegado.
Se había hecho la permanente, su cabello era negro y rizado. No esperaba que tuviese una figura tan buena después de tantos años sin verla. Su rostro era níveo y pequeño, aunque no estaba muy maquillada, el tono de sus labios era elegante y en la comisura de sus labios tenía una peca. Fue entonces cuando Jin Xiu comprendió lo que significaba tener unos ojos capaces de hechizar.
Jin Xiu siguió mirándola descender por las escaleras, paso a paso, y hasta que no le vio la cara no se dio cuenta que había estado aguantando la respiración.
-Ah Jie.-Las dos chicas que miraban el álbum se levantaron a la vez, una de ellas sacó un cigarrillo de un paquete mientras la otra corría a por té.
Ming Zhu abrió el mechero, encendió el cigarro e inhaló con profundidad. El movimiento de sus manos fue tan elegante que parecía que una suave brisa hubiese apartado las ramas de un árbol. Jin Xiu se quedó ahí en blanco, incrédula. ¿Esa era Ming Zhu? Quién iba a pensar que cuando llegase Ming Zhu la mansión llena de fragancias y colores empalidecería en comparación a pesar que Jin Xiu ya se había quedado asombrada con solo ver a Ah Di y al resto. Ni en sus sueños habría podido imaginarse a una señorita más bella.
Cuando Ming Zhu la miró, Jin Xiu sintió como si la mitad de su ser se desmoronase.
-Ming Zhu…
En realidad, Jin Xiu quería llamarla: “hermana mayor”, pero las palabras no le salieron, no sabía por qué. Después de llamarla por su nombre, le pareció mal y entonces, añadió el: “hermana mayor”:
-No me atrevería.-Una sonrisa apareció en los labios de Ming Zhu, algo mofosa.- Eres la tercera señorita de la familia Rong, mi apellido es Yin, no estoy a la altura de las palabras: “hermana mayor”.
Al escuchar aquello, Jin Xiu sintió como si le echaran una jarra de agua helada encima. Su corazón se enfrió y se obligó a sonreír.
-¿Por dónde empiezo? He venido aquí explícitamente ahora…
Ming Zhu la interrumpió.
-Lo sé. Me encontré con el tío Tian la semana pasada; quería que vinieras. Quédate a comer en honor al tío Tian.
Jin Xiu estaba perpleja. Qué tono tan indiferente, qué frialdad tan a la vista. Era como si se estuviese librando de una vagabunda. Ming Zhu no tenía intención alguna de dejar que se quedara.
-Cheng Zhen, pídele a la cocina que prepare un arroz tres delicias y tortuga. Que el resto de platos también sean exquisitos.-Ming Zhu miró a Jin Xiu.-El señor Xiang viene a cenar esta noche.-La señorita sentada en el sillón dejó escapar un sonido de comprensión, se levantó y pasó por el lado de Jin Xiu.
-¡Hermana!-Jin Xiu entró en pánico.- ¿Te molesta que haya venido sin avisar? Pero padre ha muerto y madre ha vuelto a Xiang Shan con Shu Hui…
Ming Zhu abrió el abanico que llevaba en las manos con un ruido seco.
-¿Qué tiene que ver conmigo que se haya muerto tu padre? Por fin empieza a morirse la familia Rong, qué feliz estoy. ¿Qué pasa? ¿Esperas que lloré o algo?
Jin Xiu se quedó ahí de pie, sonrojada de la vergüenza. ¿Qué estaba pasando? Eran hermanas de sangre que no se habían visto en diez años. ¿Ming Zhu la odiaba también a ella? ¿Qué tenía que ver ella? En aquel entonces tan sólo tenía nueve años.
En aquel entonces era pequeña y no recordaba mucho, sólo sabía que gran madre era extremadamente feroz y tenía un mal carácter, que la segunda madre solía estar enferma, era delgada y se pasaba las noches y los días tosiendo. Ming Zhu tuvo una fase rebelde y gran madre solía pegarle y regañarle. El día en que echaron a la segunda madre y a Ming Zhu se ordenó tirar todas sus pertenencias, ropas, maquillajes y otros artículos. Los criados estaban tan asustados que no se atrevieron a acercarse y Jin Xiu sólo podía llorar. Poco después se supo que habían diagnosticado tuberculosis a la segunda madre y gran madre las obligó a marcharse con la excusa de ser para evitar contagios.
No esperaba que Ming Zhu la recibiera con los brazos abiertos, simplemente, tampoco había esperado que ese rechazo fuera tan intenso y visible.
-Ming Zhu.-Jin Xiu se obligó a soportar esa humillación, no era el momento de preocuparse por su dignidad.-He usado todos mis ahorros para el viaje, me temo que tendré que abusar de tu hospitalidad hasta que gané dinero, en cuanto lo haga volveré de inmediato a Zhen Jiang…-Sus orejas y rostro se habían vuelto completamente rojos.
-¿Oh?-Ming Zhu sonrió con frialdad.- ¿Dinero?-Alzó el tono de voz.- ¡Cheng Zhen!-Cheng Zhen se acercó y le puso un fajo de billetes en las manos. Ming Zhu levantó la mano lentamente y todo el dinero cayó de cualquier manera por el suelo.-Aquí tienes el dinero, tu misma.
Jin Xiu abrió los ojos como platos y sintió un pitido en los oídos, en ese momento toda la sangre de su cuerpo corrió a su cabeza. No sabía qué hacer, ¿enfadarse?, ¿seguir rogando lamentablemente? Se dio la vuelta y apresuró el paso hasta la puerta principal. La velocidad a la que se marchó Jin Xiu fue la misma que un encendedor.
Jin Xiu se chocó contra una pared y un objeto duro y enorme la tiró al suelo. Ella cayó de cualquier manera y una mano de repente le sujetó la barbilla, levantándole el mentón.
-Qué torpe. ¿Eres nueva?
A JIn Xiu le daba vueltas todo. Se quedó pasmada al ver el rostro tan atractivo de un hombre. Su cálido aliento acarició su rostro a pesar de que estaba inclinado. Su par de ojos ambarinos albergaban cierta magia que rozaba la cara de Jin Xiu.
¿Quién es?
En ese momento, Jin Xiu se olvidó de que estaba tumbada en el suelo de cualquier manera y se dedicó a mirar con intensidad a ese rostro tan cerca del suyo. ¿Cómo podía ser tan atractiva una persona y tener ese par de ojos hipnotizante y capaces de robarte el alma?
Hasta que no notó como flotaba en el aire, la muchacha no se percató que la estaban llevando en brazos.
Jin Xiu entró en pánico.
-¡Bájame! ¡Suéltame!
-Gatita salvaje,-él se comportó de una forma muy cariñosa.-eres tú la que se ha chochado conmigo, ¿y aun así te atreves a sacar las uñas?
-¡Ying Shao[2]! ¡Señor Ying Young!-Ah Jie al escuchar la conmoción ya había corrido hasta el lugar.-No es de aquí.
-¿No?-El hombre llamado Ying Shao parecía sorprendido y bajó a Jin Xiu.-¿Hay desconocidos?
Ah Di sonrió.
-Es del pueblo natal de Ah Jie, ya se iba.-Se dio la vuelta hacia Jin Xiu.-Todavía tienes el maletín ahí.
Jin Xiu se acordó por fin del maletín de cuero que se había dejado en el comedor. Por fin, se tranquilizaba. Volvió en sí y dio dos pasos para atrás ya que estaba tan cerca de aquel hombre que casi podía apoyarse en su pecho.
-La has sorprendido, Ying Dong.-Dijo otra voz dulce.
Justo entonces, Jin Xiu se dio cuenta que había otro hombre al lado de Ying Shao. No era nada amenazador y vestía un traje casual aunque caro. Era un hombre atractivo, de rostro despreocupado y pelo corto. Su tranquilidad suavizó el corazón de Jin Xiu y le cortó la respiración.
¿Qué estaba pasando? Casi la echan como a una pordiosera pero se quedó ahí en la puerta. Bajó la cabeza y volvió al comedor a por el maletín de cuero a prisa.
Preferiría morirse de hambre en las calles que quedarse ahí y permitir a saber qué gente humillarla. La dueña de todo aquello era la única persona con su misma sangre, la única persona en la que podía confiar y pesé a ello, la había abandonado. Jin Xiu no sabía si el punzante dolor de su corazón era por la humillación o por la decepción.
Xiang Ying Dong y Zuo Zhen entraban en el comedor justo cuando ella salía. El suelo estaba cubierto de dinero, había un ambiente extrañamente silencioso y la expresión de Ming Zhu se oscureció. En este tipo de ocasiones, Shuang Xiu y Ah Xi habrían estado llenas de regocijo, llamando a Ying Shao, el señor Ying Young y a Er Ye, el segundo amo, y dándoles la bienvenida.
-¿Qué es esto?-Xiang Ying Dong se río mientras se sentaba en el sofá con las piernas abiertas.- ¿Esa señorita ha venido a arruinar el espectáculo?
La expresión de Ming Zhu se suavizó un poco.
-¿Cómo iba a ser eso? Shuang Xiu, que alguien venga a limpiar esto. Ah Di, Cheng Zhen, ¿por qué estáis ahí paradas? Id a por aperitivos y té para Er Ye y Ying Shao.
En cuanto Zuo Zhen se sentó ya tenía un par de manos en sus hombros masajeándole los músculos del cuello y de la nuca.
Ah Di sonrió y dijo:
-Hace unos días que no vienes. ¿Estabas ocupado o te habías olvidado de nosotras?
Zuo Zhen suspiró cómodamente.
-Me podría olvidar del camino a casa, pero no del que trae hasta aquí.
Ming Zhu sonrió.
-Mira ese tono de voz, es como el de Ying Dong, ni un poco serio.
Zuo Zhen respondió:
-Hablar con seriedad es una molestia.
-Al parecer, Er Ye no está de mal humor hoy.-Cheng Zhen sirvió té rojo, miel, uvas y melón mientras Ah Xi se sentaba en al lado de Xiang Ying Dong. Usó la cucharita para echarle miel al té antes de ofrecérselo a Xiang Ying Dong.-Hoy hace frío y el ambiente es seco, con esto se te suavizará la garganta.
-Sí, ya le he dado órdenes a la cocina. Esta noche tendremos peras del desierto de postre para aclararnos los pulmones y la garganta.
Cheng Zhen preguntó:
-¿No dijiste que el señor Xiang vendría? No le veo.
Xiang Ying Dong contestó mientras bebía el té que le sujetaba Ah Xi con las manos.
-Había mucho trabajo así que no se ha podido ir, vendrá luego. Así Ming Zhu tendrá tiempo para bañarse y perfumarse mientras le espera.
Ming Zhu sonrió molesta.
-¡Sacamos el mejor de los vinos para ti y me chinchas como si nada!

*        *        *        *

De pie en las calles principales a Jin Xiu le dolían las piernas del cansancio, todavía le quedaba algo de calderilla. Primero se compró un tazón de fideos fritos para llenarse el estómago y después se preguntó dónde debería ir.
Allí donde estaba se reunía una gran multitud de gente, era un lugar muy vivo. Había señales de neón por todos lados que se mezclaban entre ellas en viva coloración. El paisaje nocturno de Shanghai era verdaderamente hermoso. No cabía dudo de a qué se refería la letra de esa canción: “noche de Shanghai, noche de Shanghai, la ciudad que nunca duerme…”. ¡Qué lujo! ¡Qué extravagancia!
Mientras miraba a su alrededor alguien la golpeó desde atrás. Jin Xiu dejó escapar una exclamación de sorpresa, totalmente desprevenida, se tambaleó unos cuantos pasos y casi cayó al suelo.
-¿Quién ha sido?-Se dio la vuelta y vio a un hombre recoger su maletín de cuero que había dejado en el suelo y huir.-¡Mi maletín! ¡Devuélvemelo!
Sorprendida, Jin Xiu persiguió al hombre pero una señorita como ella, que nunca había estado muy lejos de su casa, después de tanto lío estaba exhausta. ¿Cómo iba a atraparle?
El cielo estaba oscuro y no conocía las calles, después de perseguirle un poco le perdió de vista. Jin Xiu se arrodilló a un lado de la carretera, jadeando y llorando, pero la gente que la rodeaba siguió a lo suyo. La mayoría le miraban con curiosidad pero nadie se acercó a preguntarle qué había ocurrido.
Jin Xiu se cansó de llorar y se puso en pie a duras penas recordando un dicho: “la empatía humana es tan fina como el papel”. Sí, sentía que no era más que un pedazo de papel en el viento otoñal, llevado por la brisa sin pesar lo más mínimo. A causa de los acontecimientos de aquel último año – los problemas en casa, la muerte de su padre, los deudores yendo a llamar a su puerta, la imposibilidad de ponerse en contacto con sus familiares – Jin Xiu por fin comprendió que no todas las desgracias abrían la puerta para las cosas buenas. Ciertamente, en ocasiones la valentía y la esperanza quedan fuera del alcance de uno.

*        *        *        *

Deambuló durante tres días.
En el nuevo territorio de Shanghai había un restaurante famoso llamado: “el séptimo cielo”. El dueño era francés y se decía que su bistec de pimienta negra y las langostas eran de las mejores especialidades en Shanghai además de su variedad de vinos franceses viejos. Los diferentes aromas del restaurante mecían sus alrededores.
A escasos pasos del restaurante, en cuclillas había una sombra: dos mendigos cuya mirada no llegaba muy lejos pedían dinero a los transeúntes. En sus manos sólo había un sombrero hecho trizas al revés. De vez en cuando le tiraban una o dos monedas acompañadas de miradas acusatorias y regaños humillantes. Pero ambos parecían acostumbrados a ello, y repetían inmutables:
-Señor, señora, caridad…
Si ella tuviese un sombrero también le habría dado la vuelta, pero no tenía. El hambre hacía que todo le diera vueltas. Había pasado tres noches seguidas en la estación de bus; el frío, la suciedad y el ruido no le dejaron dormir. Jin Xiu ya se sentía desfallecer, tenía la mente en blanco y no le quedaba energía ni ambición suficiente como para pedirles limosna a los demás. En ese momento estaba dispuesta a levantar las manos para rogar, sin embargo, si se movía una se mareaba por lo débil que estaban sus extremidades. Hasta levantarse era demasiado esfuerzo, ¿de dónde iba a sacar la fuerza para rogar?
-¡Compren un bollo de carne! ¡Arroz y carne!-Llegó el sonido de un vendedor ambulante. El carrito lo empujaba una pareja mientras gritaba.
Jin Xiu levantó la cabeza mareada, mirando el cubo de madera y los boles del carrito. El aroma de la carne y el arroz la abrumaban.
-El bol grande, dos céntimos, viene con arroz blanco y salsa de carne.-Los gritos eran particularmente energéticos. Cada uno de ellos se clavaba en Jin Xiu cuyas piernas la arrastraron hasta el carro.
-Señorita, ¿le gustaría un tazón?-El vendedor intentó vender.-¡Es barato!
Jin Xiu observó la carne y el arroz que había dentro de la cazuela, el aroma hizo enloquecer sus sentidos e incontrolablemente, asintió. Ni siquiera tenía la energía para percatarse que había dicho que sí con la cabeza.
Le pusieron un bol rebosante entre las manos y, antes de que el vendedor le pasara los palillos, ella ya se había lanzado a ello, devorando su comida. El vendedor sintió que había algo extraño en todo ello y gritó:
-¡Págame! ¡Primero el dinero!
Jin Xiu levantó la cabeza entre ruegos:
-No tengo dinero, por favor, tengan compasión de mí…
Antes de que pudiera terminar la frase, el vendedor ya le había arrebatado el tazón de las manos y la regañaba enfadado:
-¡Si no tienes dinero, piérdete! ¡También tenemos que comprar arroz y carne para cocinar!
Jin Xiu, sin querer soltarlo, se dio la vuelta y corrió.
No llegó muy lejos antes de que la atraparan y sufrió dos bofetadas.
-¿Osas robar? ¿Crees que somos fáciles de engañar?-La mujer la atacó con las manos y Jin Xiu soportó el dolor, desquitándose inconscientemente aunque sin saber a quién le había dado, y de inmediato, le llovieron los golpes. Jin Xiu, durante esa humillación tan extrema, chilló:
-¡Mamá, sálvame! ¡Ming Zhu, Ying Ming Zhu, sálvame, por favor!
Tiraron de ella y la pisotearon, le cayó encima una lluvia de patadas y golpes sin un ápice de compasión. Jin Xiu rodó por el suelo patéticamente con un sabor metálico en la boca y en la nariz. Las gentes de los alrededores se detuvieron a mirar, pero nadie tendió una mano de ayuda.
-¡¿Qué estáis haciendo?!-Un hombre alzó la voz para detenerles.-¡Si seguís pegándole perderá la vida!
Jin Xiu escuchó un zumbido en el oído, a pesar de que era un simple eco. La conmoción se relajó de inmediato. Un par de brazos fuertes la ayudaron a levantarse y al ver su rostro cubierto de sangre la persona en cuestión entró en pánico:
-Hey, ¿cómo estás? ¿Estás bien?
Jin Xiu intentó con todo lo que tenía abrir los ojos, pero su sien palpitaba del dolor y estaba hecha un deastre.
-¿Qué ha pasado?
Shi Hao bajó a Jin Xiu rápidamente al ver una luz blanca detrás de ella, se giró y dijo:
-Han pegado a esta mendiga, parece que se ha desmayado. Mira, Er Ye…
Zuo Zhen le echó un vistazo y frunció el ceño.
-Despiértala y dale dinero.
Shi Hao sabía que a Zuo Zhen no le gustaba meterse en estos asuntos, pensando en ello, no podían llevarse a una señorita ensangrentada que se había desmayado. Se sintió algo incómodo y explicó en voz baja:
-No es que quiera entrometerme, pero la he oído llamar a la señorita Ming Zhu…
Zuo Zhen que ya se había alejado, se detuvo.
Recordó cómo se había chocado en la residencia Yin con una señorita vestida con una camisa azul, una faldilla negra y una larga trenza negra que había conseguido que Ming Zhu tirase dinero por los suelos. Tenía cierto parecido con Ming Zhu, pero no preguntó y Ming Zhu no sacó el tema, no obstante, sabía que ambas tenían algún tipo de relación especial.
-Un momento.-Zuo Zhen se acercó y la observó de arriba abajo. Sin lugar a dudas, se trataba de esa señorita.-Tang Hai.-Se dio la vuelta y le dio órdenes a la persona que le seguía.-Conduce el coche y llévala a Alameda del León. Cuéntaselo a Ying Shao y dale una habitación, y busca un médico que la atienda. Di que son órdenes mías.
Tang Hai era una persona joven e innovadora, a pesar de que era joven, llevaba siguiendo a Zuo Zhen cuatro o cinco años por lo que no pudo evitar sorprenderse. Él no solía interferir, ¿qué estaba pasando? De repente mostraba tanta misericordia… ¿Una mujer en la Alameda del León? Las habitaciones allí costaban cincuenta dayang por noche.
Shi Hao, que también parecía atónito, le dijo a Tang Hai:
-Date prisa, Er Ye irá en mi coche.


[1] Da Ma: “Gran madre”. Es la primera esposa del padre.
[2] Creo que puede ser confuso, así que permitid que os lo aclare. “Er Ye” significa “segundo señor/amo” y es como se refieren en ocasiones a Zuo Zhen. Ying Shao significa “señor Ying” y es como llaman a Xiang Ying Dong.

Title: Capítulo 1
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Writed by Nana L15R1