Capítulo 33: Enseñando a la hija

Li Wei Yang extendió una tira de papel en la que se leía: “Tengo algo urgente de lo que hablar, es un secreto. Ven rápido.” Era el pedazo de papel original con el remitente: Xian Hui.
Li Wei Yang sonrió débilmente y dijo:
-Esto estaba en el cuerpo de Gao Jin Biaoge, y Xian Hui…
El semblante del primer ministro Li, después de echarle un vistazo, cambió. “Xian Hui” esas palabras eran el nombre de su hija.
Wei Guo furen y Gao Min, al verlo, parecían confundidos. Wei Guo furen había estado pensando en todo momento que Li Wei Yang había herido a su hijo, pero jamás se imaginó que aparecería un pedazo de papel. Ella tampoco era tonta y de inmediato lo comprendió todo: Li Zhang Le y su madre querían deshacerse de la hija de la concubina a través de sus manos. Pero aunque ese fuera su deseo, ¡no debían poner en peligro la vida de su hijo! Su complexión empeoró momentáneamente y con el rostro helado observó la situación ante ella.
El semblante de Da furen se ensombreció y habló con una voz imponente ante la que todo el mundo se giró:
-¡Paparruchas!
La expresión de Li Wei Yang siguió igual y dijo:
-Madre, todas las señoritas y criadas aquí presentes pueden testificar. Todas han visto con sus propios ojos como este papel estaba en el cuerpo de Gao Jin Biaoge.
Los ojos de Da furen repasaron todos los allí presentes.
-¡¿Quién ha visto esto?!
Nadie se atrevió a alzar la voz, intimidados por su mirada. Da furen señaló a una criada al azar y preguntó con frialdad:
-¿Lo has visto?
Hubo cierto desconcierto en los ojos de la criada que dejó caer la cabeza y habló con tristeza:
-La situación ha sido muy caótica… Yo… Yo… No me acuerdo…
Un rayo de satisfacción cruzó los ojos de Da furen, pero Bai Zhi comentó:
-Furen, yo lo he visto con mis propios ojos.
Da furen la miró con frialdada.
-Eres la criada de Wei Yang, no se puede confiar en tus palabras.-Después miró al primer ministro Li.-Ya sabes qué clase de persona es Zhang Le, ¡¿cómo iba a cometer semejante falta?!
-¡Padre, cree a tu hija!-Li Zhang Le no pudo esconder su alarma, estaba muy frenética.
¡Este asunto ha involucrado a dos xiaojies y cada vez es más absurdo!, Lao furen tosió.
-¡Callaos todos! Lo que ha pasado hoy es simplemente que los criados han confundido a Jin Er con un ladrón y le han pegado. Han agraviado a este niño. Buscaré un día para ir a hacerle una visita personalmente y ofrecerle mis disculpas. Wei Guo furen, será mejor que volváis ya por hoy, lo más importante es atender las heridas de Jin Er.-Decidió Li Xiao Ran y habló directamente. No podía permitir que gente externa viese los escándalos de su familia así que no podía interrogarlas delante de ellos para poder distinguir lo que era verdad o mentira.
Todo el mundo supo por su expresión que ese era el veredicto final. Wei Guo furen gruñó y se levantó.
-¡Vámonos!
Da furen habló a prisa.
-Lin, lleva a mi hermana a mi habitación para que pueda descansar.
-¡No es necesario!-Wei Guo ni siquiera se dio la vuelta, ordenó a los suyos que trajeran el carruaje y se marchó.
Da furen no la persiguió, sabía que lo más importante en esos momentos no era calmar a su hermana, sino ayudar a su hija a demostrar su inocencia.
Los ojos de Da furen bailaron por todos los presentes y dijo:
Luo, haz que todos se vayan. ¡Ya sabes qué hacer!
-¡Sí!-Luo obedeció y se llevó con ella a todos los criados que no estaban involucrados en el asunto.
-¡Arrodillaos!-Dijo Li Xiao Ran enfadado.
Li Wei Yang se arrodilló con sinceridad en el suelo de piedra, bajó la cabeza y miró al suelo. Li Zhang Le, por otra parte, todavía estaba en pie, sin moverse. Era verdad que Li Xiao Ran la mimaba pero todavía era más cierto que ahora estaba ciego por la ira y dirigió su enfado hacia Li Zhang Le.
-¡Pequeña bruta! ¡Arrodíllate tú también!
Era la primera vez que su padre le alzaba la voz. Al ver a su hija arrodillada, Da Furen dejó caer unas lágrimas y dijo con suavidad:
-Laoye, has visto crecer a nuestra hijita, con este frío que hace no será bueno que se enferme, deberíamos dejar que se levante…
Li Xiao Ran miró a Li Zhang Le, era imposible oprimir su favoritismo por su hija. Su cuerpo níveo, sus labios como pétalos… Parecía tan extremadamente frágil y débil que su corazón empezó a ablandarse, quería permitir que se levantase, pero al mismo tiempo, vio a Wei Yang mirándole. Los ojos de la muchacha emitían un deseo desconocido anhelando justicia.
Li Wei Yang abrió la boca para hablar:
-He sido imprudente. He hecho que pegasen a alguien sin asegurarme primero de si era un ladrón o Biaoge. He molestado a padre y a madre. Estoy absolutamente avergonzada, espero con ansias el castigo de padre.
Su voz era puramente fría, cada acento era particularmente crispante[1].
¡¿A qué se refiere esta muchacha…?! Li Xiao Ran estaba gratamente perplejo.
¡Ha pedido que la castiguen elocuentemente, pero tiene segundas intenciones!
Da furen miró furtivamente a Li Wei Yang, la odiaba muchísimo pero comprendía que si se investigaba aquel asunto, al final, Li Zhang Le sería expuesta.
-Oh, querida hijita, tu padre sabe que acabas de volver a la finca y que todavía eres ingenua. ¿Cómo iba a castigarte? Levántate, rápido.-Da furen indicó a los suyos que la ayudasen a levantarse.
-Si padre no me castiga, no me levantaré.-Li Wei Yang apartó las manos de los otros, mirando delante de ella pero sin centrarse en nadie. Con los labios apretados, su tono era monótono pero hacía que el resto notase la presencia especial de su persistencia.
Su actitud anhelaba, obviamente, un veredicto; hasta entonces no iba a rendirse. Había pedido que la castigasen pero, al fin y al cabo, su objetivo era Li Zhang Le. A su hermana le sería difícil explicarse por culpa de esa tira de papel. ¿Cómo iba a admitir que esa tira era para incriminar a Li Wei Yang pero que de repente alguien había escrito las palabras: “Xian Hui” al final? Siendo así, daba igual qué, ¡no podría demostrar su inocencia!
Da furen vio la situación, apretó los dientes e, inesperadamente, también se arrodilló. Li Zhang Le se apresuró a sujetarla y dijo:
-Madre, ¿qué haces?
Da furen miró a Li Xiao Ran con cautela y dijo:
-Es culpa de mi disciplina que hayan arrastrado a nuestras dos hijas a este asunto. Si Laoye tiene que culpar a alguien, entonces, cúlpame a mí. El cuerpo de Zhang Le es débil y Wei Yang es ingenua…-Llegados a este punto, la mujer se ahogaba entre sollozos como si la estuvieran agraviando.
Li Zhang Le se dio la vuelta y miró a Wei Yang con frialdad al escuchar las palabras de su madre.
-¡¿Por qué no ayudas a madre a levantarse?! ¡¿De verdad tienes que ser tan desobediente e impía?!
Sin embargo, Wei Yang continuó arrodillada con la vista en el suelo como si no hubiese visto nada.
Li Xiao Ran estaba altamente sorprendido. Las mujeres de esa familia tan respetado aprendían a ser virtuosas y modestas y a tener sentido de la propiedad. Esa niña iba tan lejos como para no dejar paso a ninguna retirada.
Durante toda esa escena el loro estuvo callado; sólo se escuchaban las perlas budistas de Lao furen. Acababa de llover así que el suelo estaba totalmente mojado. Con ese tiempo tan frío, estar de pie ya era una tortura pues las manos se helaban, así que estar de rodillas era inimaginable. Sin embargo, Li Wei Yang ni siquiera se había secado su melena empapada y se había arrodillado directamente en el suelo.
Li Xiao Ran observó a su hija, que estaba a menos de diez pasos, y se sorprendió.
Todo el mundo estaba en silencio mirando a Li Xiao Ran, esperando su veredicto final. ¿Favorecería a su querida Li Zhang Le o investigaría el asunto hasta el final para dar justicia a Li Wei Yang?


[1] “Cada tono era particularmente crispante”: el chino es un idioma tonal, es decir, dependiendo de qué entonación tenga puede cambiar el significado de la palabra en cuestión. En la obra original la autora no escribe “acento”, sino “tono”. Simplemente quería hacéroslo saber.

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