Capítulo 88: Vagando como un muerto en vida

Ya hacía cinco días que Latina iba  a trabajar a la Panadería del Callejón. También se puede decir que ya habían pasado cinco días desde que Latina y Dale habían dejado de hablar básicamente.
Durante ese tiempo, Dale había pensado muchísimas veces de ir a la panadería del distrito este para ver cómo iba, pero no lo hizo porque sentía que ella podría acabar odiándole de verdad si le pillaba y le preguntaba sus motivos. Su miedo era mayor al que hubiese sentido jamás aunque se estuviera enfrentando al monstruo más gigantesco.  Para Dale, Latina era una “cura”. Verla sonreír, hablarle, pasar tiempo tranquilo aunque íntimo juntos – todo eso era su energía para vivir su vida además de unos momentos muy alegres.
Al perder algo como eso, el joven hombre estaba delgado – no había perdido peso, sino su vigor – y parecía un lisiado, cubierto de polvo, en el asiento de la esquina del Ocelote Bailarín.
-Latina… No hay suficiente Latina…
Según sus amigos era lo que llamaban: “una enfermedad terminal”.
Hasta cierto punto era decepcionante, sin embargo, si estuviese en una batalla, ni siquiera en estas condiciones, Dale iba a permitir bajar su poder de combate ni su poder de decisión. Precisamente el motivo por el que le llamaban: “el mejor de los mejores”, era porque a pesar de ser tan joven era capaz de cortar de raíz todas sus emociones y mantener la calma. No obstante, eso era en el campo de batalla. En esos momentos, el joven que estaba claramente consumido a ojos del público, sólo era increíblemente inútil.
-Rita… ¿Cuándo se acaba esa fase de las chicas…?
-No se llamaría “fase” si fuera algo que terminase en unos días.
-Morir… Me voy a morir… Ugh… ¿Cuán horrible es el castigo que los padres del mundo sufren…?
-No pasa nada. ¿No te ha dicho que no piensa en ti como su padre?
-¡Buaaah!
Dale soltó un grito trágico y se postró en la mesa sin entender la “espina” de las palabras espinosas de Rita. La sonrisa de Rita, que se encargaba del papeleo sin poder tomar un descanso, al ver semejante reacción por parte de Dale se volvió más y más irritada.

-Kenneth…
-¿Qué?
-¿Todo bien por ahí?
Gilbester, un cliente habitual, miró en dirección a la cosa – Dale – que señalaba y Kenneth dejó escapar un gran suspiro.
-Mi intención es cuidarle hasta que Latina se calme, pero…
-La chiquilla es…-Suspiró. Gilbester mostró una expresión difícil y se cruzó de brazos.-Como es una niña lista – volvió a suspirar.- creo que se acabará rindiendo…
-Sí…
Dale no era el único que había visto a Latina crecer y que la quería. Gilbester también estaba en la cima de esa lista.
-Estoy preocupado. Siento que la chiquilla preferiría esconderse detrás del disfraz de ser: “una buena hija” a  “no tener nada”.
Kenneth también era alguien que siempre había mirado a Latina por lo que entendía muy bien las preocupaciones de Gilbester. Kenneth también se había percatado que desde pequeña la muchacha había sido “demasiado buena niña”. Latina era una chica lista. Que ella fuera honestamente obediente desde un principio significa que, seguramente, así es como era. No obstante, no era sólo eso. Siempre había sabido cuál era su lugar, desde joven. Por eso los adultos a su alrededor, siendo conocedores de este hecho, se preocupaban de que lo que la niña pensase es que “tenía que ser una buena niña”.
Latina era ese tipo de persona. Si con semejante muestra evidente de amor la persona a la que amaba no lo entendía, entonces simplemente cogería aire y acabaría sonriendo. Como siempre. La niña era práctica e inteligente, por lo que sin lugar a dudas, sabría llevarlo a cabo sin problemas aunque fuera una decisión tan dura.
-Después de todo, la chiquilla es una buena niña… Al menos quiero darle una buena hostia[1], ¿sabes?
-Sí…
Aunque la rechazara, los dos hombres querían una respuesta apropiada. ¿A quién le importaba ese muerto en vida que tenían ahora mismo por camarada? Ambos reflexionaron sobre el estado mental de la muchacha, cruzaron los brazos otra vez y suspiraron.

-Dale… ¿Hasta cuándo vas a estar así?
Eso es lo que Kenneth le había preguntado la noche anterior cuando escuchó los débiles pasos en las escaleras de su hermano pequeño que tenía una expresión odiosa. A pesar de que era obvio que tenía curiosidad de cuándo iba a llegar la niña y de dónde estaba, no tenía el valor de estar cara a cara con ella. Era patético.
-A lo mejor… Hasta que… ¿Termine la fase rebelde de Latina…?
-¿Estás diciendo que depende de ella?
Dale, al escuchar las palabras de Kenneth, pareció apurado.
-O sea… Yo… Sólo tengo un hermano… Y cuando una chica llega a este punto de su vida, de verdad que no sé… Cómo lidiar con ello…
Kenneth suspiró al ver que su hermano pequeño estaba diciendo eso con sinceridad.
A este ritmo parece que la cosa terminará como Gilbester dice. Es imposible que una niña tan lista no haya notado la condición actual de este tío. Seguramente le pondrá una tapa a sus sentimientos y le sonreirá. Ese es el tipo de chica que es. Si ese fuera el caso, entonces, si él acabase esperando a que ella estuviera lista, podría ser demasiado tarde. – Sin embargo, si Latina escogiera tragarse todo eso para seguir con su relación actual, seguramente tendría que tragarse unos pensamientos muy dolorosos. No obstante, podría seguir para siempre bajo esa cálida luz del sol llena de felicidad y entonces, desde ese punto, ambos podrían disfrutar de una suave felicidad. Eso también es una opción.
Mientras Kenneth pensaba eso, sirvió un alcohol de color ámbar en dos vasos con hielo y los dejó delante de él y de su hermano pequeño.
Si hacía lo que quería hacer, entonces se entrometería para contentarse a sí  mismo.
Dale le miró curioso al ver a Kenneth sentándose delante de él.
-¿Kenneth?
-Ya se han ido la mayoría de los clientes así que mi trabajo casi ha terminado también.-Respondiéndole así, se humedeció los labios con el contenido del vaso. – Dale, deja de ser tan estúpido y date cuenta.
-¿De qué hablas…?
-Latina nunca te ha mirado como a un padre. No tiene porqué haber dicho eso sólo por estar en la pubertad.
-Kenneth… ¿Qué estás…?
-Aunque te tuviese como su tutor, desde hace mucho tiempo, nunca ha pensado en ti como en un reemplazo para su padre.
Kenneth se molestó al ver que Dale tenía una cara atónita y le miraba sin comprender a pesar de todo lo que le había dicho.
-¿De verdad no lo pillas?
-Por eso te lo pregunto. ¿Qué dices?
-Digo que, Latina lleva pensando en ti como “hombre” desde hace mucho tiempo.
-¿Eh…?
Dale dejó escapar una voz extraña con una expresión como si fuese el epítomo de la estupidez y tras pensar en el significado que escondían las palabras de Kenneth, sonrió amargamente.
-¿Qu-…? ¿Qué dices, Kenneth…? Algo así es…
-¿Imposible? ¿Por qué lo dices?
-O sea, Latina… Para mí es una niña adorable y… O sea, por supuesto que… que no tenemos relación de sangre, pero…
-Latina no es tan niña como tú crees. Aunque la raza demonio tiene una esperanza de vida larga, no falta mucho para que la chiquilla se vuelva adulta.
-Lo sé, por eso siempre estoy preocupado…
Kenneth se llevó la copa a los labios viendo que Dale no terminaba de darse cuenta y volvió a interrumpirle.
-Aunque dices eso, siempre la has tratado como a una hija, ¿verdad?
Dale hizo ademán de refutarle pero Kenneth no le permitió intervenir, y supuso la molesta razón que había notado hacía mucho.
-La razón por la que lo haces, es porque quieres que Latina sea una niña para siempre.


[1] “Al menos quiero darle una buena hostia, ¿sabes?”: ¡No os alarméis! Gilbert quiere patear a Dale no a Latina. 

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