Capítulo 7: Picadura de chinche

 Kousaka pasó los primeros dos días como siempre. Entendiendo “como siempre” como cuando todavía no había conocido a Sanagi. Se tumbó en la cama a leer libros, y cuando se cansó de eso, se metió en el ordenador y se comió algo ligero cuando le entró el hambre. En vez de pensar y pensar, su prioridad era conseguir un estado mental en el que pudiese pensar con tranquilidad. Suponía que aclarándose la cabeza y tomándoselo todo con calma era la mejor forma de conseguirlo.
Razonablemente hablando, no podía negarse al tratamiento. No quería – ciertamente – que el gusano todavía incomprensible le manipulase y le obligase a matarse. Y lo más importante, exterminar al gusano curaría su misofobia que le había atormentado por tantos años. Sin embargo, había cierta resistencia. Era un miedo primitivo que todo el mundo experimenta antes de un gran cambio. Se había acostumbrado, ya fuera bueno o malo, a este tipo de vida centrada alrededor de su misofobia y soledad. Quitar esos dos pilares significaría tener que reconstruir su vida de cero. Eso para un adolescente estaría bien, pero él a finales de los veinte, ¿era realísticamente posible que pudiera reconstruirla?
A parte de esta preocupación, en general, estaba a favor de tratarse. Lógicamente estaba un noventa por ciento a favor y emocionalmente, un sesenta por ciento.
 Izumi se puso en contacto con él al tercer día. Su correo electrónico decía: “hay alguien que quiero que conozcas”. Kousaka fue a la cafetería especificada y se encontró con un joven. El rostro del joven todavía tenía rasgos infantiles, y no parecía haber estado mucho tiempo en la universidad. Pero era el primer paciente infectado por el gusano que Kanroji mencionaba ocasionalmente en los coreos, Yuuji Hasegawa: Y.
Kousaka se enteró de cómo los Hasegawas se conocieron. Cómo se conoció la pareja con una diferencia de edad de veinte años, cómo se sintieron atraídos por el otro, cómo se casaron y cómo su pasión se desvaneció. La forma en la que se conocieron sonaba exactamente igual a la de Kousaka y Sanagi. Cuánto más escuchaba Kousaka, más sorprendido estaba por el alto número de cosas en común. Un encuentro inesperado entre dos personas con personalidades opuestas que con el tiempo se atraen y descubren la enfermedad mental del otro. Los dos misantrópicos descubrieron a una persona del mundo que podía ser su excepción y en la que podían confiar. Los dos superaron la diferencia de edad y se casaron…
-Pero no era nada más que una enfermedad de amor,-Dijo Yuuji Hasegawa mirando en la distancia.-cuando empecé a tomarme la medicina desparasitaría que Urizane me dio, mis sentimientos por mi mujer se enfriaron en un abrir y cerrar de ojos. No recuerdo qué me cautivaba ni qué me convenció para casarme con ella. Al parecer para ella fue lo mismo. El divorcio fue cuestión de tiempo.
Kousaka vio su propio futuro ahí. Cuando no hubiese gusano, su relación se enfriaría y tal vez, lo más adecuado era volver a la normalidad. Porque esos sentimientos sólo los calentaría temporalmente un gusano.
Nuestro amor seguramente también es una enfermedad del amor, pensó Kousaka. Entonces, recordó el primer día que se encontró con Sanagi. Específicamente, al artista callejero fuera de la estación de trenes que hizo un espectáculo de marionetas. Un teatro absurdo donde las marionetas eran conscientes que no estaban enamoradas de verdad, era cosa del titiritero que les hacía enamorarse.
No sé, pero en cualquier caso, nuestro amor no es muy diferente al de esas marionetas. La única diferencia está en si se pueden, o no, ver los hilos.
Para cuando Yuuji Hasegawa acabó de hablar, Kousaka ya se había decidido. Juró tratarse. Aunque terminase su amor por Sanagi no le importaba. Continuar su relación con ella sabiendo que el gusano le estaba usando, seguramente, le haría incapaz de tratarla con sentimientos tan genuinos como antes. En cierto modo, su relación había terminado cuando escuchó la historia de Urizane.
Kousaka le dio las gracias a Yuuji Hasegawa y se marchó. Cuando volvió a casa, colgó su abrigo y notó que la bufanda de Sanagi estaba ahí. Por un momento, el pensamiento de tirarla le pasó por la mente. Quizás jamás iba a conseguir deshacerse de su apego por Sanagi si eso seguía ahí, sin embargo, lo reconsideró rápidamente. No debía llevar a cabo ninguna acción extrema como dejar de fumar o de beber. Obligar a uno mismo a hacer algo que odias suele resultar en hacer más fuerte el encanto de aquella cosa.
Me olvidaré de ella con tiempo. No hace falta apresurarse.
Kousaka metió la bufanda en el armario, se puso ropa limpia y se metió en la cama. Cuando cerró los ojos los acontecimientos del mes pasado se alzaron y se desvanecieron tras sus párpados. Cada uno era un recuerdo irremplazable.
No titubees, esto es todo cosa del gusano, se dijo Kousaka. Era como el mono de un adicto a las drogas. Si lo aguantas desaparecerá pronto.

                  *         *        *        *        *

Y llegó el cuarto día.
A la tarde siguiente, Izumi le iba a pasar a buscar y empezaría el tratamiento. Cuando lo hiciera, seguramente no volvería a encontrarse nunca más con Sanagi. Al parecer cuando se deshicieran por completo del gusano se les permitiría volver a encontrarse, pero para entonces, ya habrían perdido el interés en el otro. Iban a seguir con sus propias vidas.
Debería verla una vez más. Si nos separamos de esta forma, su existencia seguramente me perseguirá en mis recuerdos. Tenemos que separarnos con el proceso adecuado, pensó Kousaka que creía que “adiós” al separarse significaba “olvídate de mí, por favor. Yo te voy a olvidar”.
Tenía que despedirse de ella.
Kousaka cogió el móvil se su escritorio y mientras se debatía entre llamarla o enviarle un mensaje, el móvil vibró en su mano. Era una notificación de Sanagi. Parecía que había estado pensando lo mismo que él.
Era un mensaje simple: “¿puedo ir?”. Kousaka escribió dos letras: “sí”, y las envió. Unos pocos segundos más tarde el telefonillo sonó. Kousaka, pensando que no podía ser, abrió la puerta y se encontró con Sanagi ahí de pie. Debía de haber estado ya allí cuando envió el mensaje. Llevaba un abrigo de algodón sobre su uniforme escolar. No llevaba sus cascos habituales. Sanagi parecía una chica normal con nada raro cuando se vestía de una forma tan del montón. Cuando los ojos de ella se encontraron con los de Kousaka, ella apartó la vista por reflejo, pero lentamente le devolvió la mirada e inclinó la cabeza suavemente. Era una modestia que no era típica de ella.
Aunque tan sólo habían pasado tres días, parecía que había pasado mucho tiempo desde que se habían visto. En cuanto la vio, su resolución vaciló rápidamente. A pesar de lo mucho que quería acabar con todo, era difícil resistirse al encanto de lo real.
Tuvo el fuerte impulso de abrazarla de inmediato, pero se contuvo desesperadamente. Kousaka se imaginó la escena de un gusano en su cabeza disparando cosas relacionadas con sentimientos románticos como señales nerviosas u hormonas y tal con una fuerza descomunal para tranquilizarse. Por supuesto, la realidad era algo más compleja que eso, pero lo importante no era conseguir la escena exacta, sino el ser consciente de que le estaba controlando.
Sanagi no fue hacia la cama. No se sacó el abrigo ni los zapatos, y simplemente se quedó en la puerta de la entrada, sin siquiera pasar al piso. Tal vez pensaba que ya no tenía el derecho a cruzar el umbral. Kousaka rompió el hielo.
-¿Quieres hablar?
-Señor Kousaka, ¿vas a matar al gusano?-Le preguntó con la voz ronca.
-Creo que eso es lo que voy a hacer, seguramente.
Ella no celebró ni se lamentó de aquella respuesta y simplemente dijo sin emoción alguna:
-Ya veo.
-Tú también, ¿no, Sanagi?
Sanagi no respondió a esa pregunta, en lugar de eso, respondió de la siguiente manera:
-Hay una última cosa que quiero enseñarte, señor Kousaka.
Entonces, le dio la espalda y se fue por el pasillo diciéndole que la siguiera. Él cogió la cartera y el abrigo a prisa y fue detrás de ella.

Tomaron muchos trenes en dirección a su destino. Kousaka le preguntó dónde iban pero Sanagi no le respondió diciéndole que era un secreto. Tras cambiar a un rail privado, el paisaje fuera de las ventanas se fue simplificando. El tren aceleró sobre caminos que recorrían montañas cubiertas de nieve blanca. La distancia entre las estaciones incrementó y los pasajeros a bordo disminuyeron.
Kousaka miró fuera de la ventana y pensó:
Sanagi me ha dicho que hay una última cosa que quiere enseñarme…
La identidad de esa cosa estaba, por supuesto, rondándole la cabeza pero más que eso, estaba el significado de ese “última”. ¿Era un “última” temporal porque no se podrían encontrar durante el tratamiento, o era un “última” permanente que indicaba que Sanagi no tenía la más mínima intención de tratarse y que por lo tanto, no se volverían a encontrar…?
Escuchó el anuncio de la próxima parada. El tren se detuvo al poco tiempo y Sanagi alzó la vista. Los dos se bajaron del tren y se marcharon de la estación desierta.
Las montañas y las planas se extendían más allá de donde alcanza la vista. No había nada más a lo que mirar. Kousaka identificó tres casas, pero todas estaban en mal estado y era dudoso si alguien vivía en ellas. Todo lo que estaba a la vista estaba cubierto de nieve e incluso el centro del camino del tren estaba poco claro. Las nubes gruesas que colgaban del cielo nevaban y soplaban al suelo oscureciendo la visión como una niebla; una oscuridad distinta a la de la noche llenó el área.
Parece una foto monocroma, pensó Kousaka. ¿Qué pretendía Sanagi enseñándole un lugar como este al final del mundo?
Los fieros vientos enfriaron sus cuerpos – que habían estado calentitos en el tren – instantáneamente. Sus rostros y orejas estaban directamente expuestos al aire. Sin duda, hacía un frío que pela. Kousaka se abrochó el abrigo hasta el cuello. Cuando sacó el móvil para mirar la hora, el indicador de señal le indicó que estaba fuera de rango. Así de remoto era ese lugar.
Sanagi empezó a andar hacia una de las casas sin duda en sus pasos. La nieve perjudicaba su sentido de la distancia, era difícil de adivinar al principio, pero había una distancia considerable hasta la casa. Por el camino, Sanagi no dejó de comprobar repetidamente que Kousaka le seguía. Pero él no andaba a su lado. Si Kousaka empezaba a quedarse atrás, aceleraba, manteniendo siempre tres metros de distancia.
Después de caminar diez minutos, por fin llegaron a la casa. No podía estar más perfectamente desierta. Era un edificio de dos pisos de madera, con posters de las elecciones desgastados y señales de metal sin mucha consistencia en la pared de fuera. Las ventanas estaban algo rotas y el techo se hundía por el peso de la nieve, listo para derrumbarse en cualquier momento.
Sanagi llevó a Kousaka hasta la parte trasera de la casa. Allí había una cabaña azul claro. Una cabaña de unos tres metros y medio de largo, dos y medio de ancho y dos de alto. Tal vez el propietario de la casa la usaba de almacén.
Sanagi fue directa a la cabaña. Al parecer quería enseñarle su contenido a Kousaka.
Kousaka ni siquiera llegados a este punto tenía la menor idea de qué podía ser. No había encontrado ninguna pista. ¿Qué podía estar aquí, en este lugar remoto, almacenado en una cabaña en la parte trasera de una casa? Seguramente no iba a enseñarle un tractor.
Sanagi entró en la cabaña sin decir palabra, Kousaka la siguió. El interior estaba bien conservado, pero a pesar de ello, olía a metal oxidado. Kousaka esperaba encontrar basura esparcida por ahí, pero la cabaña estaba casi vacía. Sólo había estanterías de hierro a ambos lados de las paredes sin nada encima.
Kousaka estaba confundido. ¿Esta cabaña vacía era lo que quería enseñarle?
Se dio la vuelta para preguntárselo casi al mismo tiempo que ella cerraba la puerta. En un instante, todo se volvió oscuro. Justo después, hubo un extraño sonido. Él corrió y empujó la puerta, pero estaba firmemente cerrada.
Parecía que la habían cerrado desde fuera. Al principio, Kousaka pensó que Sanagi había salido y le había encerrado, pero entonces, notó una risita aguda a su lado. Estaba encerrada con él, lo que significaba que les había encerrado otra persona. Aunque no había sentido su presencia.
-Bueno.-Sanagi se aclaró la garganta. – Ahora no nos podemos ir.
-¿Esto es cosa tuya, Sanagi…?-Preguntó Kousaka enfrentándose a la oscuridad.- ¿Me has mentido sobre tener que enseñarme algo?
-Perdona. Pero no te preocupes. No te voy a obligar a suicidarte o algo, señor Kousaka.-Dijo Sanagi como burlándose de su desconcierto. – Sólo quiero negociar. Si aceptas mis condiciones, te dejaré marchar de inmediato.
-¿Condiciones?
-Es muy simple.
Los ojos de Kousaka se fueron acostumbrando a la oscuridad. Una débil luz iluminaba tenuemente la cabaña.
Sanagi expuso sus condiciones.
-No mates al gusano. Prométeme que te negaras al tratamiento.
Era un giro fácil de predecir. Aunque hubiera fallado, posteriormente ya había intentado transmitirle el gusano a Kousaka. Por lo que Sanagi era una chica que no odiaba del todo al gusano, y tenía ideas de usarlo.
-Hey, Sanagi.-Kousaka empezó con prudencia.- ¿Por qué le tienes cariño al gusano? Urizane te lo tiene que haber dicho. Si le dejamos a su aire, nos matará.
Sanagi sacudió la cabeza.
-Dudo que sea verdad. Puede que sea coincidencia. Después de todo, el primer infectado, Yuuji Hasegawa, está perfectamente bien, ¿no?
-Pero al fin y al cabo, está claro que el gusano hace que sus huéspedes sean misantrópicos. A este ritmo no encajaremos con el mundo jamás. ¿Te da igual, Sanagi?
-Sí.-Respondió Sanagi sin dudar.-Yo ya era misantrópica antes de que el gusano me infectase. Tenía muchos amigos, pero por dentro, estaba hartísima de todos ellos. No me gustaba ninguno de ellos. Así que no podía evitar estar ansiosa de qué pensaban de mí. Tarde o temprano, este habría sido mi destino. Deshacerme del gusano no solucionara lo fundamental.
-Puede que tengas razón, pero solucionarlo por encima podría hacernos mucho más fácil vivir.
-No lo hará.
Kousaka suspiró.
-¿Tan importante es el gusano?
-Sí, porque me ha gustado mucho el tiempo que he pasado contigo, señor Kousaka.
Las sinceras palabras de Sanagi sacudieron el corazón de Kousaka con violencia. Él lo refutó, en parte para convencerse a sí mismo.
-A mí también. Mi tiempo contigo es irremplazable y maravilloso, pero hasta eso es una ilusión que ha causado el gusano. No nos hemos enamorado por voluntad propia, han sido los gusanos.
-¿Y? ¿Qué más da si es sólo una ilusión?-La voz de Sanagi se volvió chillona.-¿Qué tiene de malo un amor de mentira? Si puedo ser feliz, no me importa ser una marioneta. El gusano ha hecho por mí cosas que yo sola no habría podido. Me ha enseñado a que me gusten las personas. ¿Por qué tengo que matar a mi benefactor? Sé lo de los hilos de las marionetas, y me voy a abandonar a ellos. Si eso no es mi voluntad, ¿entonces qué es?
Kousaka no tenía ni idea de cómo responderle porque el argumento de Sanagi era una afirmación clara de algo que vagaba por alguna esquina de su mente. Cuando una marioneta aprueba el hecho de serlo, ¿se le puede llamar voluntad propia? Quién sabe.
Hay un experimento de neurociencia que funciona así. Los experimentadores ordenan a los sujetos que muevan los dedos de la mano que ellos quieran. Cuando eso pasa, la corteza motora del lado derecho o izquierdo del cerebro se estimula magnéticamente. Y el sujeto mueve los dedos de la mano opuesta al hemisferio cerebral que ha recibido el estímulo. Pero no son conscientes de que el estímulo magnético es quién les controla y están convencidos que son ellos los que deciden qué mano usar por voluntad propia.
Este experimento demuestra lo fidedigna que es la voluntad humana. Dependiendo de tu perspectiva, se puede decir que demuestra la corrección del determinismo. Pero algunos científicos declaran: ¿y si el estímulo no lo ha causado el intento, sino la preferencia y el deseo, y el sujeto meramente considera estas cosas al decidirse? Tal vez la estimulación magnética simplemente limita las opciones, y al final la elección es cosa de la persona en sí.
Lo mismo se podría decir de la decisión de Sanagi. Se puede decir que se trataba de una decisión influenciada por el gusano, pero también que era una decisión influenciada con el gusano. Eso es lo que decía.
Era un estancamiento. Por mucho que discutieran no llegarían a ninguna conclusión. Ella no retrocedería ni un solo paso y Kousaka tampoco.
Siendo así, el resto era cosa de la terquedad. Era cosa de quién se rendiría antes al frío. Una prueba de resistencia.
Él volvió a repasar el interior de la cabaña. Había muchos huecos para prevenir la condensación y la luz que provenía de estos creaba una oscuridad imperfecta en el interior.
Al menos no hay riesgo de sofoco, pensó aliviado.
Kousaka se sentó en el suelo. El suelo era de madera pero estaba lo suficientemente frío como para hacerle sentir que estaba sentado sobre hielo. La cabaña oxidada era un lugar agonizante para un misofóbico como Kousaka, pero el frío de la tormenta de nieve acabó con parte de la incomodidad. Supuso que con este frío hasta las bacterias se calmarían.
Sanagi también dejó de hablar al sentir lo que Kousaka intentaba, y se sentó a su lado.
Kousaka sintió que esto no iba a durar mucho. Dentro hacía casi tanto frío como fuera, como si estuvieran en una nevera natural. El final de esta prueba de resistencia llegaría pronto. Y generalmente hablando, las mujeres son más susceptibles al frío que los hombres. Ella se tendría que rendir antes.
Seguramente había sido Izumi quién había cerrado desde fuera. Kousaka no podía imaginarse a nadie más que la ayudase con sus trucos. Y Izumi, que seguramente veía a su difunta hija en ella, priorizaría su vida sobre su voluntad. E incluso si Sanagi enloqueciera y cambiase el plan de negociación a suicidio, Izumi seguramente entraría a detenerla. Por eso Kousaka era optimista. Lo qué no tomó en cuenta era que era un día horriblemente frío que había hecho que se debilitaran rápidamente y que, a causa del accidente de tráfico que había congelado las carreteras, Izumi que había ido a poner gasolina no podría volver.

Durante las primeras horas estaba constantemente pensando en el frío. El aire helado y el suelo húmedo minaban su calor. Kousaka no dejaba de fregarse las menos y los pies, arañándose para ralentizar el frío.
Pero pasado cierto estado, el frío dejó de ser un problema. Con el teimpo, empezó a sentir una incomodidad más similar al dolor. Una señal peligrosa. Su cuerpo se iba entumeciendo y no podía moverlo cómo quería. El latido de su corazón iba a un ritmo extraño y sus piernas y brazos estaban tan frías que ya no las sentía como suyas.
Kousaka mantuvo el silencio durante mucho rato. Consideraba que en este tipo de prueba de resistencia, si abrir la boca primero era una desventaja. Era como confesar que te estabas debilitando. Supuso que Sanagi estaba callada por las mismas razones y eso había sido verdad las primeras pocas horas. Ella mantenía un rostro indiferente para mostrar que no le iba mal. Kousaka se percató que la respiración de Sanagi empezó a ser extrañamente débil alrededor de la cuarta hora. Se preocupó y la llamó.
-¿Sanagi?
No hubo respuesta.
-¿Estás bien?
Él le sacudió el hombro y la mano de ella apartó la suya con lentitud.
Cuando la mano de ella tocó la de Kousaka, él se estremeció. Esa mano estaba tan fría que no parecía humana.
Kousaka rodeó las manos de ella con las suyas para calentarlas. Aunque no tanto como las de Sanagi, las suyas también estaban frías así que fue bastante inútil.
-Hey, Sanagi, ¿por qué no te rindes?
-No.-Respondió Sanagi en un tono apenas audible.
Kousaka suspiró profundamente.
-Vale. Admito la derrota. No pasaré por el tratamiento. No mataré al gusano, así que vámonos. A este ritmo será demasiado tarde.
Entonces, Sanagi soltó una risita. Tenía un sentimiento desesperado.
-Te ha costado mucho. No pensaba que ibas a durar tanto.
-Ahora vámonos ya. ¿Cómo abrirnos la puerta?
Sanagi se quedó callada un momento. Entonces, habló.
-Eh, bueno… Mi plan inicial era que Izumi iba a volver y sacarnos hace una hora.
Kousaka parpadeó.
-¿Qué quieres decir?
-Supongo que le ha pasado algo. A lo mejor ha tenido un accidente. Y si Izumi no está aquí, significa que la puerta no se va a abrir. Vaya, vaya.
-O sea, que… Si no tenemos suerte, ¿puede que no nos podamos ir nunca?
Sanagi no lo confirmó ni lo negó, lo que quería decir, que no era implausible.
Kousaka se puso las manos en las rodillas, se levantó y corriendo desde la otra punta de la pared, pateó la puerta. Lo intentó una docena de veces, pero la cabaña ni siquiera se agitó. Se deslizó por la pared, exhausto, y cayó al suelo. Con un rayo de esperanza, sacó el móvil pero, efectivamente, no tenía señal.
Entonces, hubo un golpe. Un momento después se dio cuenta que Sanagi caía al suelo. Kousaka corrió por la oscuridad y levantó el cuerpo de ella. Entonces, la llamó para confirmar que seguía consciente.
-Sanagi, hey, Sanagi.
-Estoy bien. Sólo me he tropezado.
Estaba empeorando rápido. Su temblor había cesado pero eso sólo significaba que las cosas iban peor. Su cuerpo empezaba a dejar de intentar calentarse. Si se dormía, definitivamente, moriría de hipotermia.
Kousaka abrazó a Sanagi y le susurró un “lo siento” al oído. Todavía podía sentir el débil calor de su respiración.
Entonces, escuchó algo golpeando la puerta. Era un mechero. Sanagi había tenido el mechero que usaba para encender los cigarros en el bolsillo de su abrigo.
Kousaka consideró el quemar un trozo de tela para calentarse, pero las paredes eran de madera, no podían hacer un fuego demasiado grande. Kousaka encendió el encendedor y lo puso en medio del fuego. Una luz naranja iluminó la cabaña, y las grandes sombras de Kousaka y Sanagi aparecieron en las paredes. Era una llama pequeña, pero una diferencia increíble.
Entonces, Kousaka volvió a abrazar a Sanagi con fuerza. No parecía haber ninguna otra opción a parte de intentar ralentizar el proceso de pérdida de temperatura mientras esperaban a Izumi.
Sanagi continuó desmayada, con una respiración irregular cerca del rostro de Kousaka. Mientras él la escuchaba respirar, Kousaka casi olvidó que intentaba deshacerse de su afecto por ella. El gusano de su cuerpo parecía encantado con esa situación en la que ambos estaban abrazados. Su regocijo también llegó a Kousaka, y temporalmente se olvidó del frío.
Efectivamente, iba a ser una pena perder esta felicidad. Kousaka también tenía que admitir eso. Pero esa era la estrategia del gusano. Si sucumbía a la tentanción, estaría haciendo lo que él quería.
Sanagi volvió a susurrar entre sus brazos mientras Kousaka se encargaba de su discordia interna.
-Hey, señor Kousaka.
-¿Qué?
-¿Puedo creerme lo que has dicho? ¿De verdad no matarás al gusano?
-No, he mentido.-Kousaka respondió con sinceridad. No había motivo para engañarla.-Sólo quería engañarte para que nos sacaran de aquí.
-Lo sabía… Qué mentiroso.
-Lo siento.
-No te puedes disculpar, no te lo voy a perdonar.
Inmediatamente después, el cuerpo de Sanagi que había estado tan lacio como una marioneta recuperó la energía. Agarró los hombros de Kousaka y lo empujó al suelo. Kousaka, pillado por sorpresa, al principio no sabía qué estaba pasando. Antes de poder comprenderlo, los labios de Sanagi tocaron los suyos.
Uno de sus cuerpos golpeó el encendedor y lo hizo caer, y la llama se apagó al tocar el suelo húmedo. Así que Kousaka no sabía qué tipo de expresión mostró ella cuando separaron  lso labios.
Después de apartarse de Sanagi y volver a encender el mechero, recuperando el aliento, la miró.
-A lo mejor nuestros gusanos han pasado al estado de reproducción sexual.-Dijo Sanagi con apariencia triunfal.-Y a lo mejor se esparcirán más y más, y podrán controlarte más.-Entonces sonrió burlonamente.
-Es inútil. Me tomaré la medicina antes de que ocurra eso.
-No, no dejaré que te bebas ninguna medicina. Me voy a entrometer.
Entonces, Sanagi intentó tirar a Kousaka otra vez, pero su estamina ya estaba al límite. Se desmayó delante de él, y no se movió. Kousaka levantó su cuerpo rápidamente, pero los ojos de ella estaban cerrados y cada aliento parecía ser el último. Cuando la abrazó, no sintió ninguna calidez, era como abrazar una muñeca.
Qué niña tan tonta. Kousaka se mordió el labio.
Rezó porque Izumi llegase en cualquier momento, pero Izumi apareció casi dos horas más tarde. Para entonces, tanto Sanagi como Kousaka habían perdido el conocimiento. Cuando Izumi abrió la puerta de la cabaña, los encontró tumbados, acurrucados juntos, en el suelo.

                  *         *        *        *        *

Llevaron a los dos a la clínica de Urizane y les hospitalizaron durante unos cpocos días. Kousaka se recuperó lo suficiente como para caminar al día siguiente, pero Sanagi necesito cinco días para recuperarse tanto.
Al segundo día de estar hospitalizados, Izumi visitó a Kousaka y se disculpó por poner sus vidas en peligro. La tormenta de nieve provocó que se amontonaran tres coches y entre ellos había un autobús que cortaba la carretera, por eso tardó tanto en llegar. A causa de la falta de comunicación, Izumi tenía la impresión de que Sanagi tenía alguna forma de escapar de la cabaña por sí misma.
-Si hubiera sabido que no era el caso, habría llamado a la policía o a los bomberos.-Dijo Izumi lamentándose mucho.
-No te preocupes.-le dijo Kousaka.-Al final, Sanagi y yo seguimos vivos así que, no hay porqué culpar a nadie. Querías que Sanagi se rindiera del todo, ¿no?-Le preguntó.
-Sí, más o menos.-Afirmó Izumi.-Si la obligamos sólo se negará más, ¿no?
-¿Qué pensabas hacer si Sanagi me convencía?
-No sé. No se me había ocurrido esa posibilidad. Confío muchísimo en ti.-bromeó.
Al día siguiente, Kousaka le contó a Urizane lo que había ocurrido en la cabaña y él se quedó callado durante un rato con el ceño fruncido.
-¿Me tengo que tomar esto como que el tratamiento será más duro?-preguntó Kousaka.
-No, eso no es ningún problema. Es sólo que…-Urizane cerró los ojos con fuerza, entonces, los abrió lentamente unos segundos.-Pensar en que llegaría a tal extremo…
Entonces, Urizane le explicó el proceso del tratamiento del gusano. Después de un mes tomándose la medicina desparasitaría, tenía que estar medio mes de reposo – este ciclo se tenía que repetir una y otra vez. Urizane dijo que tardaría entre tres y seis meses en completar la desparasitación. Sanagi haría lo mismo.

El día de marcharse del hospital llegó. Antes de irse de la clínica, se le dio la oportunidad de decirle unas últimas palabras a Sanagi.
Llamó a la puerta de Sanagi, esperó cinco segundos, y entró. Ella llevaba un pijama azul pálido de hospital y estaba leyendo un libro gordo en la cama. Tenía los auriculares que Kousaka le había dado en la cabeza.
Cuando notó la presencia de Kousaka, Sanagi cerró el libro, se quitó los casocs y le miró con soledad. Parecía sospechar que él estaba ahí para despedirse.
-Hoy me dan de baja.-Informó Kousaka con los ojos apartados de Sanagi.-No creo que te vaya a volver a ver hasta dentro de un tiempo.
Por supuesto, puede que tampoco te vea cuando se acabe el tratamiento así que puede que este sea nuestro último adiós, pensó Kousaka.
Sanagi también parecía plenamente consciente de ello. No respondió, sólo dejó caer la cabeza en silencio. Poco después, empezó a sollozar.
Era un sollozo regular, como si una llovizna le humedeciera la piel. Kousaka posó las manos sobre la cabeza de Sanagi y la acarició con dulzura.
-Después del tratamiento, volveré a venir a verte.-Kousaka se permitió una mentira de consolación.- Si el gusano de nuestros cuerpos muere y nos seguimos gustando, entonces seremos pareja de verdad.
Sanagi se secó la cara con la palma de la mano y alzó la vista.
-¿De verdad…?
-Sí, te lo prometo.-Kousaka sonrió.
Sanagi extendió los brazos hacia él, apoyándose en la cama. Kousaka abrazó su delgada figura y dijo:
-No pasa nada. Estoy seguro que sin el gusano nos seguiremos llevando bien.
-Me lo prometes, ¿verdad?-Le preguntó Sanagi entre lágrimas.
Y así, los dos se separaron. Kousaka, marchándose de la habitación y dejando la clínica atrás, vio el cielo azul por primera vez en mucho tiempo. El fulgor de la luz del sol que se reflejaba en la nieve le picaba en los ojos, y miró de soslayo. El aire era frío; sintió que se estaba despertando.
Se han acabado mis días en la enfermería. Es un buen momento para despertarme del sueño. Puedo tomármelo con calma. En poco tiempo me acostumbraré a este mundo carcomido por los gusanos, pensó Kousaka. 
Title: Capítulo 7: Picadura de chinche
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Writed by Nana L15R1