Especial: Luchando contra comida picante

-Dale, ¿qué ser eso?
Sí, fue durante su primer verano en Kroix cuando Latina le preguntó eso a Dale señalando su plato.
-Mmm… Todavía no estás preparada para esto, Latina…
-¿Mmm?
Latina parecía tener curiosidad e inclinaba la cabeza.
-Es rojo.
-Porque es picante…
-Las cosas rojas están buenas.
Latina escaló el asiento al lado de Dale y le miró sonriendo. Escrito en la expresión de ella había una mirada triunfal como si dijera: “Lo sé todo sobre esto”.  Hasta ese aspecto jactancioso de la niña era adorable.
-Bueno, es diferente al rojo del tomate, así que…-Respondió Dale recordando el otro día cuando Latina comió pasta con salsa de tomate tan feliz e incluso se ensució las mejillas con la salsa.
-Latina quiere probar. ¿No puedo?
-Puede que sea demasiado picante para ti… No creo que puedas soportarlo aún… Así que…
-¿Latina no puede?-Volvió a preguntar ella con la pregunta: “por qué no puedo” escrita por toda la cara.
Tal vez Latina no comprendía el significado de “picante”. Explicar un sabor es difícil. En ese caso, quizás era bueno dejar que lo experimentase por sí misma.
También estaba el problema de que Latina estaba demasiado adorable cuando le miraba y le pedía: “dame, dame”. Era imposible decirle que no.
-Sólo un poquito. Pica mucho.
Dale cogió una cucharadita suficiente para una lamida y se la llevó a Latina que abría la boca.
En consecuencia, Latina se puso completamente roja al momento siguiente y corrió a la cocina a por agua.
Desde entonces, Latina se dio cuenta de que la comida picante no iba con ella. Parecía que la persona en sí estaba decepcionada por ello, pero no podía evitarlo. Dado que no “la odiaba”, sino que “no iba con ella”, Latina pensaba que podría comer comida picante si quería. Por el bien de poder cocinar comidas picantes, quería poder probarla y pensaba en que quería saber lo que era una comida picante buena para poder hacer algo todavía más delicioso.
Si le hubiese dicho todo eso a Kenneth, seguramente le habría dado una respuesta distinta, pero así de seria y motivada era la jovencita.
La Latina de diez años, con tales ambiciones por mejorar, se preparó para el desafío de aquel día.
-Latina… eso es…
-Latina le ha pedido a Kenneth que le haga la cena.
-¿Estás… segura…?
-Latina va a esforzarse al máximo.
¿Qué significa esforzarse al máximo en comer? Dale frunció el ceño al ver el plato de Latina; judías con chorizo cocidas a fuego lento y con chili por encima. El Ocelote era una tienda conocida por tener clientes habituales que eran hombres mayores a los que les gustaba la comida picante y el alcohol. No era raro que una comida así apareciera en el menú de “aperitivos”, sin embargo, Dale sintió que era un obstáculo demasiado difícil para alguien como Latina, que no podía aguantar la comida picante, y estaba ansioso, pero no podía echarle agua fría a la cálida motivación de Latina por lo que se quedó callado.
Observando la escena, con el corazón palpitando.
Conforme Latina cortó el chorizo con el cuchillo, los jugos de la carne sobresalieron y su maravillosa piel se rompió. Latina conocía muy bien el sabor de las salchichas que Kenneth escogía a consciencia personalmente. Estaban muy buenas.
Se metió un chorizo en la boca.
-¡Mmm…!
Sorpresa. Latina empezó a abrir la boca resoplando e inflando las mejillas con el ceño fruncido. Los latidos del corazón de Dale se aceleraron aún más.
-Qué… bueno…
-No creo que “bueno” sea la palabra que buscas…
En la frente de Latina ya había sudor. No era que el sabor de la carne fuese demasiado fuerte, sino que la salchicha iba bien con las especias y la mostaza, y era mucho más picante de lo que ella podía aguantar.
Latina fue a por el chili después de disipar la preocupación de Dale. Era comida que la Latina del pasado no podía comer. Delante de ella, teñida de rojo con una buena cantidad de mostaza, estaba el sabor de la carne y de las verduras, algo que ella, antes, no podía entender.
Había llegado tan lejos. Ella, en ese momento, conseguiría hacerlo.
Emocionada, Latina se llevó la cuchara a la boca… y se desmayó.
-La… ¡¡Latina!!
Latina cogió su arma secreta que había preparado con esmero al sentir la voz en pánico de Dale. Sacó la lengua y se la curó con lecha fría y dulce.
Latina sabía, más que nadie, lo mal que se le daban las comidas picantes y precisamente por eso, para neutralizar lo picante que era, había preparado mucha leche. Además, le había puesto miel. Ese dulzor neutralizaría el picante tal y como había planeado.
-¡Estoy bien…!
Esa respuesta no es algo que se diga cuando acabas de comer. Dale guardó ese comentario en su corazón. Con solo probarlo, Latina se había puesto llorosa y su ceño estaba empapado de sudor. En semejante situación, parte de Dale quería apoyar a Latina que se estaba esforzando tanto.
Latina, resuelta, cogió otra cucharada de chili.
En realidad, la leche endulzada con miel podía cubrir la lengua y la boca restando el dolor que causaba el picante, sin embargo, era una espada de doble filo.
El picante, después de eso, se volvía mucho peor y Latina, que no comía comida picante no tenía ni idea que eso se usaba para hacer la comida más picante aún. Fue increíble, se desmayó. No podía hacerlo.
Latina dejó la cuchara y se tragó el resto de leche con miel de un golpe. Derrotada.
-No ha funcionado… Tal y como pensaba…
Kenneth salió de la cocina con platos en ambas manos después de un rato. Ante Latina, dejó un plato con una tortilla gigante. Encima de esta, para ocuparse del chili, había muchas verduras y salsa para controlar el picante.
-Dale, cómete lo que Latina no se ha terminado.
-Lo sabía, lo habías planeado desde un principio.
Dado que Latina no comió mucho, su plato seguía lleno. Al parecer Kenneth no confió nunca en que la niña pudiese terminarse el plato. En el otro plato había más comida para Dale y pan para dos.
-Mira, Latina, si te lo comes con huevo seguramente podrás.
-Huevo… Qué bueno.
-Ya veo, me alegro.-Le contestó el hombretón con dulzura.
Kenneth, probando el gusto de Latina, hizo una salsa de chili poco picante que añadió a su comida favorita, la tortilla,  y estaba extremadamente buena. No obstante, Latina se sintió triste por haber sido derrotada.
A pesar de todo eso, el inútil de su tutor, Dale, seguía pensando que era adorable.
A partir de ese momento, de vez en cuando, se veía a Latina retar la comida picante muchas veces en el Ocelote Bailarín, sin embargo, nadie la vio jamás venciéndola.
Sus desafíos continúan hasta el día de hoy.


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