Capítulo 87: Trabajando en otra tienda (segundo día)

-¿Oh? ¿Qué pasa, Rudi?
-Eso es lo que debería preguntar yo, ¿no? ¿Por qué estás en casa de Marcel?
Justo al empezar la tarde del segundo día en el que Latina había estado trabajando en la Panadería del Callejón, la muchacha se divirtió conversando con su amigo de la infancia. Ya había acabado el frenesí de la hora punta y la tienda estaba tomándose un respiro, aliviada.
Al escuchar la pregunta de su amigo, Latina sonrió algo turbada. Él, al verla sonreír de esa forma, recordó “la terrible tragedia” y apartó la vista incómodo. De repente, expuso el motivo por el que había ido de una forma extraña.
-Oh, bueno, me han dicho que venga. Ya sabes, los de arriba. Para comprar comida.
Sus superiores del ejército le habían ordenado ir a comprar a esa tienda en concreto. Como su sociedad estaba basada, básicamente, en un sistema jerárquico no podía interrumpir una orden o replicar.
-Soy nueva así que voy a tardar un poquito. Después de todo has pedido mucho.
-Sí, claro.
Latina empezó a hacer el pan cuando escuchó su respuesta.
La muchacha sacó la cantidad de pan que él había pedido y dejó un cuchillo a su lado. Su habilidad para untar la mezcla de mostaza y mantequilla seguramente era el resultado de que, desde niña, hubiera estado puliendo sus habilidades en la cocina.
-¿Hay algo que no te guste?
-No me importan esos detalles.
-¿Oh, sí?
Ella tendió unos trozos de carne ahumada encima de la montaña plena y, en un abrir y cerrar de ojos, el apetitoso bocadillo estaba listo.
Al ver cuántos pedidos había, la madre de Marcel salió a ayudarla, y empezó a envolver los bocadillos que ella terminaba en un trozo de papel fino. Tras mirar qué hacía la madre de Marcel, Latina volvió a untar rebanadas de pan.
-Esto… ¿Ya lo podrás llevar tú solo, Rudi?
Como la montaña de bocadillos que acababa de hacer era tan alta, Latina tuvo que inclinar la cabeza para mirarla.
-Uh…
-¿Te ayudo?
-N-No hace falta por sólo esto. Tú eres la que necesita ayuda. No digas que te vas a ir de la tienda donde trabajas como si nada.
-Ah, es verdad. Bueno, cuídate, Rudi.
Latina le abrió la puerta a Rudolf que cargaba una bolsa con todos los bocadillos con los brazos y se despidió de él.
Latina le miraba con preocupación mientras él se dirigía a los cuarteles del ejército pero pensando que no podía hacer nada más por él, volvió a la tienda una vez más.
Aunque Latina le había ofrecido su ayuda, Rudolf, cuyo entrenamiento era severamente duro por alguna razón, la rechazó. Los superiores estaban llenos de energía después de comerse los bocadillos que había hecho la muchachita a mano.
Si Latina hubiese ayudado a Rudolf a llevar los bocadillos a los cuarteles, era obvio con solo mirar a ese puñado de hombres que parecían completamente diferentes a como solía ser – unos borrachos – y que intentaban mostrarse lo más entusiastas posible por ella, que el entrenamiento vespertino de Rudolf habría sido muy duro.
Habría sido una tragedia sin importar cómo acabaran siendo las cosas.

*        *        *        *        *

Cuando acabó de trabajar en La Panadería del Callejón, Latina se dirigió a casa de Chloe. La noche del Festival Nocturno Latina se había cambiado en casa de Chloe y se había dejado lo que llevaba puesto allí además de su kit de maquillaje. Aunque sabía que tenía que ir a buscarlo, Latina se sentía algo tristona.
Cuando Chloe abrió la puerta y salió a recibirla le preguntó qué había ocurrido después de que se separaran aquella noche a lo que Latina dejó caer los hombros y suspiró. Entonces, Chloe le dio un golpecito en la cabeza a su amiga.
-¡Ay!
-Latina, de verdad…. Aunque tienes una buena cabeza eres una idiota para según que cosas.
-P-Pero…
-Ningún “pero”.
Y una vez más, le dio otro golpecito. Aunque las pupilas grises de Latina se humedecieron por el ataque, su mejor amiga no se sintió mal por ello.
-¿Por qué… tuviste que decirlo así?
El estado atónito de Chloe se debía a la confesión de la muchacha cuyo guardián había definido como “rebeldía”. En cambio, no dijo ninguna palabra más importante que debería haber dicho.
-O sea…
Latina bajó la vista desanimada al escuchar la voz estupefacta de su amiga. Sin embargo, no se quedó callada; repasó los detalles lentamente, poco a poco.
-Siempre uso con él la palabra: “amor”, jo… Es por eso, ¿sabes? Que pensé que tenía que decírselo de otra manera…
Y esa era precisamente la razón por la que en aquel momento Latina le dijo a Dale que jamás le había visto como su padre. Para ella, él era el “hombre importante” a quien amaba. Era algo muy íntimo que no podía tener con su “padre”, eso es lo que le había intentado decir.
-Pero nunca habría pensado que dudase de mi: “te quiero”, jo…
La reacción que tuvo Dale tras escuchar sus palabras fue de: “mi hija me rechaza”. A pesar de que ella pensaba que el “te quiero” que tantas veces le había dicho era algo definitivo e inquebrantable, Dale había acabado dudando de esa parte. Al enfrentarse a semejante ridícula sorpresa, no consiguió soltar ninguna palabra más y una vez más, se sumió dentro de una enorme nube de confusión.
-A lo mejor tendría que haberle dicho que se equivocaba, o a lo mejor debería haberle insistido con lo de “te quiero”… Pero me quedé en blanco… Y no supe qué decir…
Verla abatida y con la vista bajada era una imagen típica desde que era pequeña.
-Bueno… ¿Y por qué sigues de morros por eso?
-Eh…
Latina posó su mirada con los ojos lacrimosos sobre Chloe al enfrentarse a sus intensas preguntas.
-Después de eso… Yo… Ni siquiera sabía qué estaba haciendo…
-¿Eh?
-Decidí confesarme… Y quería establecer una relación distinta a la que habíamos tenido hasta entonces y eso era la verdad, pero… Pero…-Contenía la voz, definitivamente no era una voz alta, no obstante, parecía que estaba gritando todo lo que tenía en su corazón y Latina le contó a su mejor amiga sus verdaderos sentimientos.-Cuando Dale no se dio cuenta de que era una confesión, yo me sentí muy aliviada…
-¿Latina…?
-Me sentí tan bien de que esto fuera a seguir… De que nuestra vida de cada día continuase… Es como dijo Silvia, pero más que eso… Me he dado cuenta que quiero seguir así con Dale…
Para Latina los brazos de Dale eran el lugar más seguro del mundo. Desde que la salvó y la llevó en brazos, a ella que lo había perdido todo e incluso había renunciado a su vida, siempre había sido así. Cuando se sentía sola, cuando sufría, él era el cálido lugar que siempre la apoyaba. En tiempos de necesidad y en las ocasiones en las que sus lágrimas no se detenían, era el lugar que la llamaba y le decía: “no pasa nada” mientras la abrazaba.
Mientras fuera su hija, Dale seguramente, continuaría protegiéndola, atesorándola. Abrazándola con sus brazos y acariciándole la cabeza suavemente con la palma de sus cálidas manos.
Sin embargo, si dejase de ser su adorable hijita… Para empezar, Dale nunca la había visto como alguien del sexo opuesto pues en su mente ella todavía era una niña muy, muy pequeña. No obstante, no era sólo eso. Para Dale, tal vez ella no fuese alguien a quien pudiese profesarle sentimientos amorosos. No tenía nada – a diferencia de la mujer adulta con quien solía trabajar, no tenía su madurez, ni su tranquilidad, ni su encantadora figura.  Si al menos fuera humana, no pasaría nada. Parecía que por el simple hecho de ser humanas como él, todas las chicas de su alrededor eran mucho más maravillosas. No dejaba de contar todo de lo que carecía. Si alguien como ella se le confesase a Dale, no le causaría más que problemas y por tanto, su relación acabaría volviéndose incomoda. Si Dale la rechazase, entonces, perdería el lugar al que regresar, el único lugar donde se sentía a salvo. Y para Latina, ese era el pensamiento más espantoso.
Sus verdaderos sentimientos también consistían en estar desanimada y avergonzada hasta el punto de no poder mirarle a la cara porque él no se hubiese dado cuenta de que había sido una confesión. A pesar de ello, al mismo tiempo se sentía aliviada, sin duda, esos también eran sus sentimientos.
-Por eso… Quiero separarme un tiempo. Hasta que pueda sonreír y decirle que lo siento y que no pasa nada y que ya vuelvo a ser la de siempre. Hasta entonces, voy mantenerme a cierta distancia de Dale…
Si esto continuaba, si no podía transmitir estos sentimientos de querer contarle sus pensamientos y cambiar su relación, entonces, también podía aferrarse a estos sentimientos que tenía de querer, en secreto, seguir como estaban. Ambos sentimientos estaban en las profundidades de su corazón.
Sus verdaderos sentimientos, de los que se había percatado después de que Silvia los señalase, también le habían hecho darse cuenta de varios sentimientos contradictorios que albergaba dentro de sí. Ni siquiera la misma Latina sabía qué hacer con su corazón que estaba atrapado en las olas del caos.
-Sólo quiero… Un poquito de tiempo…
Hasta que pudiese encontrar la respuesta a qué quería hacer.

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