Capítulo 84: Después de la terrible tragedia

Dale pensaba que el momento que había estado temiendo había llegado por fin. Había estado pensando en cuándo llegaría y, finalmente, estaba ahí. No quería pensar en ello, pero últimamente las acciones de Latina parecían distanciarla de él.
Latina ha… Mi adorable Latina por fin ha entrado en su fase rebelde…
Dale pareció volar al Ocelote Bailarín, y sonaba como si estuviese escupiendo sangre antes de derrumbarse en el suelo impotente. Instantemente, varios clientes habituales le rodearon. Aunque parecían simpatizar con él, había algo oscuro flotando detrás de ellos, como si no fuese simpatía todo lo que sentían.
-Las chicas de su edad son bastante complicadas…
-La que tengo en casa también es un coñazo.
Muchas voces llegaron a Dale pero ninguna con la intención de tranquilizarle, sino de agitar sus preocupaciones todavía más.
-La mía dice: “tu ropa apesta, no la laves con la mía”. Y si le digo que las acabo de lavar me dice que mi mera existencia apesta, dime, ¡¿qué quieres que haga?!
-¡Con la mía estamos igual! ¡Mi mujer y mi hija están hablando felizmente pero en cuanto entro en la habitación se callan y se van corriendo! ¡Mi loro es el único que se queda conmigo!
-¡Yo también tengo algo que decir! Después de días de trabajo y más trabajo, justo cuando llego a casa por fin, mis hijos sólo me dicen: “nos vemos”.
-¡Bebed! ¡Hoy os lo pago todo! ¡Pagaré por todos vosotros! ¡Bebed todo lo que queráis!
No cabía duda que los verdaderos héroes eran los padres que soportaban la crueldad de sus hijas en plena pubertad. Justo cuando Dale gritaba, medio llorando, medio empatizando, y agitado por los padres del mundo…
-¡Rita…!
Latina fue y abrazó a Rita entre lágrimas en la cocina.
-¿Qué pasa, Latina? Qué maquillaje tan bonito. Si haces esto lo echarás a perder, ¿sabes?
-Rita… He intentado confesarme a Dale…
-¿Confesarte?
La trágica escena que se oía en el establecimiento estaba bastante lejos de temas amorosos. No había ni pizca de feminidad.
-¡No ha ido para nada bien! ¡No se lo he podido decir! ¡Ni siquiera se ha enterado de que era una confesión!
-Guau…
La cara de Rita decía claramente: “Ese idiota sí que la ha liado ahora”.
-¡Me ha dado tanta vergüenza que no he podido ni mirarle a la cara!
Rita acarició la cabeza de Latina, consolándola, con una expresión estupefacta, pero por supuesto, no dirigía su expresión a la jovencita.
Rita ya había notado hacía mucho que la jovencita veía a su tutor como alguien de otro sexo. Desde su punto de vista, quién estaba en falta era Dale por no conseguir notar algo así. Ya sabía que su marido Kenneth también era tan increíblemente lento, pero, ¿por qué todos los hombres eran tan estúpidos?
Bueno, tampoco es que se pudiera esperar mucho de los organismos conocidos como aventureros que ni siquiera sabían de la palabra: “delicadeza”.
-Es verdad. Da vergüenza. Después de todo que una chica se confiese es una cosa grande.-Rita sonrió con amargura y le echó un ojo a Latina.
Rita consideraba a Latina su hermana pequeña. La miraba con mucha más dulzura que a los clientes.
Rita era hija única y no tenía hermanos. Tal vez la aparición de la hermana pequeña que había ganado por unas circunstancias inesperadas era una materialización de un deseo impulsivo suyo de cuando era más pequeña.
-Es normal que hayas querido huir y no es raro que no quieras mirarle, ¿vale?
No es que Latina estuviese diciendo que no quería mirarle, pero para Rita era obvio que lidiar con idiotas era una gran presión.
-No tienes que forzarte. Sé lo mucho que te has esforzado.
-Rita…
Rita abrazó a Latina que lloraba con grandes gotas de lágrimas y la llevó a la trastienda.
-Te tienes que quitar bien el maquillaje, ¿sabes? Porque es malo para tu piel.
-Sí…
Rita miró como Latina se lavaba la cara en la zona de ducha detrás de la tienda y entonces, volvieron a la cocina.
Su marido, Kenneth, al ver la expresión de Rita decidió que no debía interrumpirla diciendo algo innecesario.
La sala parecía un banquete enloquecido. Kenneth no conseguía entender qué había sucedido mirando a Dale, que estaba en medio. Había entrado en la cocina donde parecía estar Latina para pillar la situación, pero al ver a su mujer, parecía que Dale, a quién trataba como a su hermano pequeño, había sido quién había hecho algo estúpido.
-Rita…
-Kenneth, a partir de mañana voy a dejar que Latina se tome unas vacaciones. La chiquilla no ha hecho nada más que trabajar, así que de vez en cuando le vendría bien descansar, ¿no crees?
Seguramente lo que quería decir la buena mujer era que aquel día no contaba como “descanso”.  El detector de peligro de Kenneth seguía funcionando por lo que no era lo suficientemente tonto como para mostrar lo que pensaba en la cara.
-Latina, ¿por qué no subes a tu habitación? ¿Vale?
Dándose la vuelta, su mujer miró a la chiquilla que tenía los hombros caídos y una expresión de querer llorar, con una cara dulce como si fuese otra persona.
Kenneth miró como Rita llevaba a Latina arriba, entonces, echó un vistazo a la sala que parecía estar a punto de perder el control por demasiado alcohol y suspiró. Cuando el festival terminó, entraron más clientes al establecimiento y todo se volvió más caótico.
Suspiró lleno de compasión por su propio hermano pequeño, que parecía otro en comparación a cuando la pequeña estaba ahí.

Después de beber y liarla, Dale volvió a su habitación en el ático como siempre, y tragó saliva al encontrarse el interior de su cuarto vacío.
No podía ver a Latina.
Tímidamente, echó un vistazo a la cama. Dale había pensado que Latina estaría mohína en la cama, pero se quedó frío al no ver a nadie, y en silencio, empezó a mirar nerviosamente a su alrededor.
Obviamente, había sentido que algo iba mal conforme subía al ático, pero lo pasó por alto pensando que tan sólo eran imaginaciones suyas por estar borracho.
Se había movido parte de su equipaje. Todas las cosas que habían estado allí amontonadas parecían haber desaparecido.
Ni siquiera entonces dejó escapar un chillido e intentó examinarlo mejor, un biombo estaba allí en medio, impidiendo que Dale continuase mirando. Normalmente, usaban el biombo cuando Latina se cambiaba de ropa.
Dale tranquilizó su respiración y buscó con esmero una presencia. Normalmente, no tenía que hacerlo y estaba seguro que sería la presencia de ella la que iba a encontrar, pero con todo aquello, estaba en pánico.
¡Su fase rebelde quiere quitarme lo mucho que me cura!
En consecuencia, algo caliente empezó a fluir de sus dos ojos, y Dale dejó escapar un grito inaudible cayendo sobre sus rodillas con el corazón roto, débil.
La razón por la que contuvo su voz en su corazón fue por consideración a Latina pues ya había pasado su hora de irse a dormir. Eso podría considerarse como una prueba irrefutable de su naturaleza de padre mimoso.


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