Capítulo 83: Después del festival nocturno del dios Rojo

-Hasta la próxima.
-Sí, pásate también por la tienda, ¿vale?
Los nuevos reclutas se pusieron extremadamente tensos al enterarse de que Silvia era la hija del vice general. Silvia, en compañía de esos asistentes, se dirigió a casa tranquilamente con una sonrisa. Al parecer, aquel día tenía ganas de volverse a casa.
-Chloe, tú también.
-Sí. Latina, ánimos.
Latina se dirigió al distrito sur con Rudolf sonriéndole a la amiga que le había dicho eso. La próxima vez que fuera a recoger su ropa seguramente tendría que contarle los resultados.
La Chloe a la que habían dejado atrás le sonreía al hombre de su lado con amargura.
-Lo siento. Y pensar que os han mentido en esto para hacer de soldados para nosotras.
-No… Después de todo es mi trabajo.
Chloe sonrió mostrando su actitud brillante y despreocupada, y aunque no era tan hermosa como para dejar a la gente sin habla como Latina, seguía siendo bastante encantadora.
A pesar de estar al lado de una belleza sin igual como lo era su mejor amiga, Latina, no se sentía inferior en cuánto a apariencia se refiere, y el ver a la jovencita Chloe, irguiéndose con orgullo, tenía un encanto distinto al de Latina.
Lo que el joven pensó sobre la sonrisa mientras seguía a Chloe desde atrás al caminar paso a paso sólo lo sabría él.

-¿El entrenamiento en el ejército ha sido duro?
-Sí.
-Es verdad. Rudi es súper duro. Mucho más que los aventureros novatos que vienen a la tienda.
La sonrisa de Latina era inocente, indefensa. Ignoraba lo que su entorno pensase de ella lo que era peligroso. Siempre había estado persiguiendo a la misma persona desde pequeña. Sólo había tenido a una persona en sus ojos. Por eso, le ignoraba el interés que despertaba a su alrededor y tenía una baja estima de sí misma porque la persona que le gustaba la trataba como a una niña. Otra razón por la que tenía el autoestima bajo era por su pasado, por haber sido exiliada de su tierra natal. Además, era sensible al interés en sí mismo. A causa de la influencia de la habilidad con l aque había nacido, Latina era extremadamente aguda respecto a las intenciones negativas, y, por ello, también era sensible a lo opuesto, a las intenciones positivas. Por otra parte, parecía que era extremadamente lenta en cuanto a los detalles de las intenciones positivas.
Rudolf había notado un poco esa parte de ella. Incluso tras todos estos años, parecía que esa parte suya no había cambiado, eso es lo que pensaba.
-Hey, ¿qué pasa? Estás muy callado.
-Eh…
-Qué raro.
Era una chica que hacía que el resto pensase que brillaba, pero tal y como era de esperarse, como estaba al lado de alguien con un uniforme de soldado, ninguna persona grosera se les acercaba. No obstante, Rudolf podía sentir las miradas de muchos con segundas intenciones mirándola y mantenía un ojo en su entorno para asustarles.
La melena larga de Latina revoloteaba, emitiendo débiles destellos de luz y la muchacha se detuvo un poco antes de llegar a su destino.

En el Ocelote Bailarín, Dale estaba súper, súper, súper preocupado y caminaba en círculos, incapaz de calmarse. Sinceramente, estaba en medio.
-Latina no llega… ¡¿un poco tarde?!
-¿Los flores de fuego no acaban de terminar? La plaza central debe estar a reventar, así que el sólo volver va a costar. Además, Latina también ha dicho que llevaría a sus amigas a casa.
-Ya lo sé, pero sabes…
-Si lo sabes, compórtate.
Dale no cambiaría sin importar la razón que tuviese el argumento de Rita. Había estado así desde su regreso de ir a despedir a Gregor y a Rose. Al parecer, la paciencia de Rita estaba a punto de llegar a su límite.
-Si tan preocupado estás, ¿por qué no esperas delante de la tienda?
El significado detrás de las palabras de Kenneth que lo había dicho con cara de póker era, básicamente: “eres muy pesado, vete a algún sitio donde no tenga que verte”.

A pesar de ser de noche en la ciudad, todavía había mucha gente paseando en comparación a lo normal. Desde la multitud, Dale buscaba su objetivo, la jovencita, y la razón por la que el hombre se puso rígido fue porque no estaba sola.
Llevaba un vestido que no reconocía pero era imposible confundirla. Le sonreía íntimamente a un jovencito de su edad, más o menos. Para Dale, no importaba si era un soldado que un aventurero, no había diferencia alguna. Un jovencito que mirase a Latina de forma pervertida no era nada más que un insecto.
-¡Dale!
En cuánto descubrió la silueta delante del Ocelote, la voz de ella resonó.
Rudolf sintió un dolor punzante en el pecho al escuchar la voz de Latina que no escondía en absoluto su regocijo. El muchacho lo sabía, por eso, no podía descorazonarse por algo así. Un escalofrío le recorrió al sentir una mirada de sospecha sobre él, distinta a la que le daban cuando iba a jugar como “amigo de la niña”, pero no fue nada que no pudiese soportar.
La presencia de Dale rezumaba con instinto asesino, y Rudolf, a pesar de no saber la razón, pudo resistirla gracias a su entrenamiento infernal y pretendió no notar el sudor que le goteaba en la frente.
Latina no se percató del mal humor de Dale. Para ella, quién estaba a su lado era su amigo de la infancia, Rudi. El encontrarse con un amigo que no había visto en mucho tiempo, hablarle felizmente, y volver a casa, caminando el uno al lado del otro tranquilamente no era algo por lo que sentirse culpable. Dale, también pensaba que Latina era una jovencita a la que no le importaba quién caminase a su lado, sin embargo, al verla así de incauta, no conseguía tranquilizar su corazón. Su irritación era una reacción obvia que nacía de la preocupación.
-Latina.
Por eso mismo, la voz de Dale fue rígida, como si tuviese un hueso en algún lugar de la garganta.
-Llegas tarde.
Al escuchar las palabras de Dale, Latina inclinó la cabeza, perpleja.
El comportamiento de la muchacha no era particularmente extraño ni nada, pero esa situación, en la que un chico cualquiera la había llevado a casa, hacía hervir la sangre de Dale. Y entre todo eso, además de sus preocupaciones y su ansiedad, lentamente, su paciencia se agotaba.
-Venga, date prisa y entra.
La expresión de Latina se enfrió al ver como la trataba como a una niña pequeña.
Si había algo que agotaba la paciencia de Latina, era eso.
Era su primera vez saliendo de noche, y el ambiente del festival estaba en su punto culminante. Además, de que sus amigos la habían animado, Latina estaba mucho más agitada de lo normal. Como si estuviese reaccionando al disgusto de Dale, escupió sus pensamientos de forma emocional. Excepto que esos pensamientos no aparecieron en forma de enfado.
-Dale, ya no soy una niña pequeña…
-Seguirás siendo una niña mientras sigas diciendo cosas como estas.
-Te equivocas…-Con fuerza, apretó los puños.
Sinceramente, ella no estaba del todo preparada. Sin embargo, aquel día, con los ánimos de sus amigas, y el poder del maquillaje y de su nuevo vestido más maduro pensó que si no lo decía entonces, no lo haría jamás.
Pensó en dar el primer paso para transmitir sus propios sentimientos y así, cambiar la relación que habían tenido hasta ahora. Ya no era su “pequeña hija Latina”. El amor que quería de él era distinto al de un padre.
-Ya no soy una niña… Y…
No obstante, no podía mirar a Dale directamente a la cara. Con los ojos fuertemente cerrados, Latina se esforzó al máximo por transmitir en voz alta sus sentimientos.
-No quiero que tú me digas eso, Dale… Dale no es mi padre… Nunca he pensado en Dale como un sustituto de mi padre…
Rudolf se sorprendió al escuchar las palabras de Latina, ante él, totalmente roja hasta las orejas. Aunque supiera lo que iba a pasar, era duro escuchar a la chica decirlo delante de él. Sin embargo, precisamente porque estaba a un paso de ella es que fue la primera persona en notar lo que estaba ocurriendo.
-Latina…
De vez en cuando, llamaba a su amiga de la infancia, no obstante, ella no escuchó su voz ni vio la escena trágica que acontecía ante ella.
Latina no pudo soportar la situación al no escuchar ninguna reacción de Dale y abrió los ojos lentamente para mirar justo delante de ella.
Fue entonces cuando por fin lo vio.
Dale estaba tan blanco como el papel. Latina siempre había visto a Dale como a un adulto más mayor y tranquilo. Esta era la primera vez que le veía tan pálido.
-¿Eh?
Sorprendida, dio un paso adelante, intentando acercarse a él y al ver Dale retroceder un paso como si quisiera huir, hizo que quisiera llorar.
Pensó:
“¿Tan increíblemente difícil es aceptar mis sentimientos?”
Sin embargo, quien terminó llorando fue Dale.
-Latina está…-Las palabras que consiguió escupir lo explicaron todo.-Latina… por fin está… ¡en su fase rebelde…!
Hasta cierto punto, era algo terrible pero esperado.
-¿Eh?
Latina entendió lo que murmuraba Dale después de un latido y en su corazón chilló como nunca. Era tan demencialmente ridículo que se quedó sin habla.
Sin percatarse de lo tensa que estaba Latina ni de lo mucho que estaba gritando por dentro, Dale se cogía la cabeza con una apariencia de estar a punto de llorar.
“Soy yo la que quiere cogerse la cabeza.”, pensó Latina.
Fue trágico.
-Santo Ahmar.-Murmuró Rudolf sin pensar, pero las otras dos personas de la escena, cada una en pánico a su propio modo no lo notaron.
-Latina por fin está en la famosa “fase rebelde”… Había oído hablar de ella, pero esta reacción de la pubertad… ¿Qué hago…? ¿Qué voy hacer… con esto?-Diciendo esto, Dale volvió a girarse hacia Latina y mostró una expresión indescriptiblemente patética y se dio la vuelta.
Encima de todo, huyó.
No se detuvo ni un solo momento, demostrando  los movimientos reflejos bien merecedores de su título.
Rudolf puso la mano sobre el hombro de Latina que gritaba por dentro. Aunque se había dicho a sí mismo que se aferraría a las últimas esperanzas que tuviese, su voz se le escapó antes de poder pensarlo bien.
-Bueno… O sea… ¿Ánimos?
-Eh…
Rudolf pensaba que, aunque no eran padre e hija de verdad, eran extrañamente iguales. Era difícil de explicar; era como si él hubiese influenciado a la muchacha. Aunque, honestamente, no tenía ni idea de qué estaba diciendo.
Latina miró a Rudolf con ojos vidriosos mientras la patética voz de Dale resonaba por la noche de Kroix. 

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