Capítulo 81: Al festival nocturno del dios Rojo [parte 4]

La atracción principal del festival nocturno se llevó a cabo cuando el sol bajaba ya que el color del cielo simbolizaba a Ahmar, lo más bonito; la visualización del mundo natural – en otras palabras, el fuego.
Los sacerdotes guerreros de Ahmar bajaron por la ciudad de Kroix en fila en su uniforme cuya armadura emitía una reluciente luz. Aunque la escena del avante de los soldados, orgullosos de su dios, el del de la guerra, atraía la atención, en medio de las tropas había bailarinas  con su danza de victoria. Estas sacerdotisas, vestidas de seda, también estaban maquilladas de una forma exquisita. El grupo salió del templo, rodeó la calle principal que tenía el ayuntamiento como centro antes de entrar por fin a la plaza de la ciudad. La ceremonia final se llevaría a cabo en el templo, pero a parte de los discípulos beatos, la gente de a pie disfrutaría dirigiéndose a la plaza centrar o a la calle principal.
El vaivén de las llamas iluminaba la ciudad y era un símbolo de sus creencias. Aunque intentases esconder tus pecados en la oscuridad, ante Ahmar te sería imposible hacerlo – por eso mismo, había una gran cantidad de hogueras y la ciudad que, normalmente, quedaría sumida en el silencio de la noche brillaba iluminada.
-Increíble…
Sin que la multitud les obstaculizase ni les empujase, las jóvenes, miraban esa particular escena desde una localización segura. Aunque había una gran cantidad de gente, no nadie estaba creando problemas ni actuando de forma temeraria ya que era un ritual esencial. A pesar de ello, ni aun estando al lado de alguien se le podía escuhar.
Las chicas disfrutaban del ambiente en el bullicio de la ola de gente, separándose de sus vidas diarias. Tal vez fuese precisamente por lo especial que era esa ocasión, que Chloe consiguió decirle a su mejor amiga algo que normalmente no podría.
-Hey, Latina.
-¿Sí?
-¿Cuándo le dirás que le amas?
Latina se quedó sin habla al escuchar las palabras de Chloe. Latina, iluminada por las llamas rojas, parecía no saber cómo reaccionar a esas palabras.
-Tiene razón. ¿Por qué no lo haces? No es como si la persona en cuestión tuviese a una mujer a su lado o algo. ¿Por qué dudas?
Latina bajó la cabeza con timidez cuando Silvia también se lo preguntó.
-Ya lo he hecho, jo.-Puso énfasis en el tono infantil. – Yo siempre… Siempre se lo he estado diciendo, constantemente. Siempre he dicho que amo a Dale… Que es a quién amo sobre todas las cosas… Que es distinto al resto y que es especial… Pero él… No lo entiende…
Era un sentimiento que no había cambiado desde hacía mucho y precisamente por eso, era un sentimiento que ella le había dicho a él un incontable número de veces ya. Latina les explicó sus sentimientos a sus mejores amigas a sabiendas de que si no fuera por estar bajo la luz de la hoguera, estaría totalmente roja de la vergüenza.
-Para Dale yo sólo soy su “pequeña Latina”… Por eso, no me entiende. Da igual que le diga que le amo o que es especial… Las palabras… no le alcanzan.
¿Cómo se puede reaccionar cuándo ni siquiera las palabras transmiten la confesión de amor? No era un simple: “amor”, ella le amaba más que a todo el mundo. Er aun amor especial, a diferencia del amor que tenía por otra gente. Pero daba igual lo mucho que lo dijera, ¿cómo podía transmitir sus sentimientos que no le alcanzaban? ¿Y por qué no lograba transmitírselo?
Tras haber comprendido eso mucho tiempo atrás, la respuesta a su pregunta llegó al hacerse adulta. Había pensado que cuando creciese y se convirtiese en una adulta, las palabras que no pudo transmitir de niña le alcanzarían, así que quería crecer lo antes posible.
La diferencia de edad entre él y ella era enorme, no importaba lo desesperada que estuviese por alcanzarle, jamás llegaría. No obstante, al menos, quería que él la viese como a una mujer para poderle decir sus sentimientos.
-Latina…
Chloe, sentada a su lado, le cogió la mano y la apretó. Silvia dijo las palabras que Chloe se había estado tragando sin dudar.
-De verdad que eso… ¿es todo?
-¿Silvia…?
-Latina, sabes el por qué, ¿verdad? El por qué tus confesiones no le llegan. Pero tienes miedo, ¿a qué sí?
-¿Eh?
-Temes que no podáis seguir juntos como hasta ahora.
Latina miró a Silvia estupefacta. No porque hubiese dado justo en el blanco, sino más bien porque había notado los pensamientos que tenía muy dentro.
-Yo…
A pesar de todos sus temblores, la razón por la cual Latina consiguió volver en sí tranquilamente fue porque Chloe estaba sentada a su lado, abrazándola en silencio. Su mejor amiga, Chloe, sabía que el gran miedo de Latina era separarse de su entorno.
-Me pregunto si es eso de verdad.
-Seguramente.
Silvia confirmó la conclusión a la que Latina había llegado poco después mientras Chloe la abrazaba.
-Antes de convertirte en adulta, lo que necesitas para transmitir tus sentimientos es romper vuestra relación actual.
-Ya veo…
Hasta ahora siempre había atesorado que la persona que amase la tratase como a su adorable pequeña hija, era algo cómodo que le servía de apoyo. Sin embargo, si deseaba tener una relación distinta a esa, seguramente eso sería lo primero que tendría que cambiar.
-Sin embargo, no pasará nada… ¿De verdad  no pasará nada si le digo a Dale que le amo de verdad…?
Hasta Silvia que intentaba contestarle con palabras opuestas como:
-¿Qué dices?
Se quedó callada después de ver la expresión descorazonada de Latina. Chloe parecía preocupada.
-¿Latina…?
-Como soy de la raza demonio… Da igual lo mucho que lo intente, no puedo volverme humana… Así que…
-Aun así, tú siempre serás tú, Latina.
La razón por la que Chloe no pudo evitar contenerse de decir eso fue porque sabía lo que Latina había hecho en el pasado.
-Sí… Por eso me preocupo. Aunque el tiempo que Dale y yo pasaremos juntos será el mismo, es totalmente distinto… Aunque Dale diga que a pesar de todo no pasa nada, le haré daño porque es muy amable.
Era una verdad que había comprendido en su cabeza. Sin embargo, al mismo momento, también era una verdad de la que había intentado apartar la vista. La verdad de que algún día tendría que decirles a su gente importante que su tiempo junto tendría que acabar. Todos envejecerían mientras que ella se quedaría atrás. No podía escapar de esa verdad aunque la evitase, pero era tan feliz en esos momentos que  no quería pensar sobre esa verdad.
-Y además… La raza demonio… es una raza que no da a luz a muchos niños.-Al decir eso, Latina parecía a punto de llorar.-Dale me ha dado… muchas cosas pero aun así, aunque Dale aceptase mis sentimientos yo no podría ni siquiera… ni darle un bebé.
Latina sabía que a Dale le gustaban los niños y no sólo porque la había acogido y criado. Incluso en el Ocelote, daba igual lo que dijera, ella lo sabía porque no odiaba cuidar a Theo y porque cada vez que oía anécdotas de los hijos de su hermano siempre sonreía dulce y apaciblemente.
Dado que no podría darle hijos a alguien como Dale, realmente ella no deseaba estar a su lado. Ese sentimiento había estado rondándola mucho tiempo.
De repente.
-Ay.
Latina alzó la vista sorprendida después de sentir un ataque sobre su cabeza. Delante de ella estaba el rostro enfadado de su mejor amiga.
-Estúpida Latina.
Y otro golpe. La mano de Chloe, en forma de cuchillo, golpeó la cabeza de Latina y la dueña la mano sonrió con ironía al ver a Latina estupefacta y atónita.
-¿Cómo piensas en cosas tan malas con ese cerebrazo que tienes?
-Chloe…
-Incluso entre los humanos no es raro que una pareja no tenga hijos, ¿verdad? A pesar de eso, ¿no son felices? ¿No viven juntos felizmente?
-Pero…
-¡Sería un terrible desperdicio de que mi mejor amiga estuviese con un perdedor que decidiera el valor de una mujer por algo tan trivial!
La sorpresa de Latina cambió a algo enteramente distinto al escuchar la afirmación de Chloe. Silvia chilló en pánico al notarlo.
-¡No! ¡Latina, no llores! ¡Se te estropeará el maquillaje y será un lío!
-¿No hay alguien a quién quieres enseñarle esto cuando vuelvas?
-Sí…
Latina se dio la vuelta y miró hacia arriba para que sus cálidas lágrimas no cayesen, aferrándose con fuerza a las manos de sus mejores amigas para no olvidar esa noche jamás, esa calidez.
-Dale no es un perdedor.
-Exacto.
-Así que… Me esforzaré al máximo.
Ante la determinada Latina, el festival estaba a punto de llegar a su clímax. Las enormes bolas de fuego mágicas bailaban alrededor de la ciudad como si estuvieran vivas mientras se dispersaban en llamas más detalladas. Las llamas elevaban el nerviosismo y la conmoción de las gentes; ardiendo con la gente.
Durante ese momento, Silvia les mostró una sonrisa como si estuviese pensando en alguna travesura, como siempre.
-Hey, Latina. Aunque es cierto que las razas con una longitud de vida grande tienen una baja tasa de nacimientos, no significa que sea completamente imposible.
-Pero…
-Así que, ya sabes, ¿por qué no incrementas las posibilidades juntándote lo antes posible?
-¿Eh?
-Podrías tener algo. Puedes empezar esta noche y acercarte tú primera.
-¡¿Eh…?!
Al escuchar la terrible, terrible sugerencia de su amiga, Latina se olvidó por completo de su llanto y gritó con nerviosismo.


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